Birth of a Wish - Pasado Social
#8
Me cautiva ver la manera en la que sonríe. No sé si se debe a que es ajena a los peligros que esconde el mundo, en las sombras o a simple vista, o simplemente porque es una persona llena de bondad. Y al menos es lo que parece cuando veo su expresión. Me sorprendo a mi mismo al notar cómo yo también estoy sonriendo al escuchar sus preguntas, inocentes y llenas de curiosidad, como las de un niño que está descubriendo el mundo y deja salir sus mejores ocurrencias.

—Nunca probé uno, a decir verdad —rio ante su pregunta—. Pero apostaría lo que fuera a que sabe a pollo. Es más, le apuesto 100 berries a que si algún día probamos uno sabrá como un pichón —contesto con ironía, antes de que mi ánimo cambie por completo con su otra pregunta—. Por desgracia, sí que es común. Y no solo hay cazadores entre los animales, no. Las ciudades están llenas de ellos. En todos lados es lo mismo: el pez grande se come al pequeño.

Las aves aletean de manera enérgica para levantar el vuelo y huir de nosotros, aunque en su intento nos regala una escena digna de un cuadro. El peso de sus cuerpos, al abandonar las ramas, provoca un vaivén que agita las hojas, lo que hace que la luz se filtre entre ellas creando rayos danzantes, como si viniesen a celebrar el fin del canto del songbird. Siento pena de que mi acompañante no pueda disfrutar de estos pequeños detalles que nos regala la naturaleza.

—¿Un tigre? Sí, creo que esa es la mejor manera de describirlo —contesto mientras rasco mi barbilla con la mano que aún me queda libre—. Siempre que los gatos midiesen tres metros, tuviesen las zarpas tan grandes como para poder tapar mi cara y se comiesen un ciervo para merendar —rio yo solo ante mi comentario. Ya ni logro recordar cuál fue la última vez que tuve un rato ajeno a preocupaciones, un instante solo dedicado a conversar. Y mucho menos aún cuándo fue que bromeé con alguien—. No estoy seguro de que quisiera cruzarse con ninguno, señorita Gwendolyn. Nunca se puede saber cuándo fue la última vez que ha comido un animal de la selva.

Se acerca hacia mi y noto cómo mis defensas se vuelven a levantar, como por una mala costumbre adquirida después de tantos años bajo el «manto» de la familia Reena. Su mano palpa el aire en dirección a la mía, como la lengua de una serpiente que examina el ambiente en busca de algún ratoncillo. Y me agarra. Mi brazo se tensa y comienza un gesto, apenas perceptible, para liberarse. Sin embargo, no puedo notar agresividad en ella y me paro a pensar en que su invasión de mi espacio vital no es más que la manera de mantenerse conectada con el mundo, la única forma que tiene para saber dónde estoy o quién soy si cabe. Pero noto un cambio en su actitud. ¿Es duda? ¿Decepción? Tan pronto como su piel roza mi pelaje, una expresión de sorpresa sale disparada de sus labios. Así que al final resultó ser eso. Tan solo era amable conmigo porque no me había visto. ¿Cómo iba a pensar que alguien me tratase como algo distinto a un animal? Soy un necio por haberme dejado engañar por su sonrisa amable. Me entrar ganas de salir corriendo y huir de una nueva humillación, cuando me detengo a escuchar sus palabras. No hay asco, ni miedo en sus palabras. Más bien fascinación por haber encontrado algo nuevo para ella. Decido perdonar que su mano este en mi cara, incluso que me haya comparado con un gato, pues se que nunca habrá visto un hurón. Su emoción llena mi pecho de una extraña sensación. Es algo que no se identificar, cálido, algo que me recuerda a días pasados.


—No soy un gato, señorita Gwendolyn. Soy un mink. Un humano, solo que con pelaje y características animales —contesto mientras rasco mi rostro debido al picor producido por la sensación de suciedad que ahora corre por toda mi cara—. El invierno no es un problema para mi, aunque el verano... Es como si siempre llevara un abrigo.


Me siento completamente desarmado, pese a llevar mi rifle al hombro y mis agujas en la pernera, pero por muy raro que parezca, por primera vez en mucho tiempo, siento que puedo relajarme, que no debo estar alerta. Siento que puedo ser yo mismo. No muchas personas me tratan como a un igual y no son pocas las que no ven algo distinto a una bestia cuando me miran. Pero hoy es un día distinto. La selva, esta mujer... ¿Será esta una de esas maldiciones de las que hablaba mi padre? Si es así agradezco estar maldito.


—¿Sabría indicarme dónde se hospeda? —pregunto con sinceridad, mi voz entrecortada—. He de volver a la capital y me gustaría asegurarme de que no se vuelve a perder por la selva.


Me gustaría poder pasar más tiempo con ella, pero el encargo del jefe Reena ha de llevarse a cabo esta noche. Y se bien lo que me espera de no conseguir el cuadro que me ha pedido. Ese hombre rabioso... Seguro que me quitaría todo, una vez más.

—¿Alguna vez ha estado en la ciudad? Si decide visitarla me encantaría poder recibirla en mi tienda de antigüedades. Estoy seguro de que usted podría apreciar el arte de una manera similar a como yo lo hago.


No estoy seguro de lo que hago. La vida de ladrón no es compatible con nada más. Pero su extraño embrujo me hace pensar que tal vez haya encontrado alguien en quién confiar.
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Birth of a Wish - Pasado Social - por Gwendolyn - 29-09-2025, 08:31 PM
RE: Birth of a Wish - Pasado Social - por Gwendolyn - 30-09-2025, 05:22 AM
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