Es un abrazo, un gesto inesperado que le sacó un respingo suave y le quitó el aire, no es lo que esperaba. No es susto, no es angustia, es la nostalgia de que alguien haga eso con ella. Porque desde que ha partido no se recuerda con un gesto así para ella.
Sus palabras las escuchó, mientras que según su acompañante el cielo arde. Aunque más bien pareciera que amenaza con llover para ella. Sorbeteó la nariz con suavidad, porque esa dedicación tan simple ha provocado más de lo esperado — El mundo es fantástico si lo dices así — suena a que se está perdiendo mucho, pero finalmente alguien le permite sentir la envidia de no poder ver. De querer conocer más.
¿Es malo tener tantos anhelos?
—No odio a Dios por cerrarme los ojos. — no hay rencor con el destino, ni con un ser mayor. Tal vez lo fue en el pasado, en un resentimiento que escondió por años hasta que ese fuego se apagó al escuchar los pesares de otros. — Pero agradezco que tu me ayudes a hacer lo que tanto quiero. Gracias, no sabría cómo pagártelo — pareciera que el pago depende de ella, no existe Dios, iglesia o creyente para hacerse cargo, ésta vez debe ser independiente.
Se limpió la cara con la manga de la camisa, volvió a hacerlo una vez más a pesar que las gotas no cesan. No hay mal tiempo, sino una alegría que se rebalsa, engañando a la gente que se queja llevar por las impresiones.
El narrador favorito.
¿Es eso posible? Hasta ahora no hay uno y quizás es posible que llegue a serlo. Porque el mundo que le cuenta la gente es simple. Existe belleza en ese tipo de experiencia, pero cuando Rosse parece hablar, todo es más, tanto que pareciera que las cosas no necesitan ser observadas para que estén ahí.
—No es necesario que lo hagas por mi, yo… yo no necesito ninguna de esas cosas — porque por ahora, no hay ambición de lo material o lo carnal. Seguro por eso su mano subió cuando lo sintió cerca. Posó la mano en la mejilla, pasando por suavidad por la misma, en un gesto amable — Con un lugar para mi es suficiente, capitán ¿Así debo decirte ahora?
Nunca pensó que podría decir algo así, porque cuando está sobre el barco se siente a esperar que todo llegue a su fin. Los viajes en el mar hasta ahora han sido un trago amago que escuece las heridas por la sal ¡Más en el último! Pero el mismo le ha traído una libertad que nunca creyó tener.
—Haré que no te arrepientas — su mano se encontró con el brazo ajeno y se rió con suavidad, esperando que sea su guía — ¿A dónde iremos ahora? ¿Hay más gente contigo? — no le importa quién sea o cómo, no temió a la gente, no lo ha hecho antes, menos razones ahora para hacerlo.
Perdóname Dios, porque seguro he perdido el camino que has querido para mí.
Pero he encontrado uno que va conmigo.
—¿Los otros también son estrellas? ¿Cómo las del cielo o del mar? ¿Crees que me lleve bien con ellos? Ya quiero conocerlos, no puedo esperar. A que llegue mañana y el día siguiente ¡Y el siguiente a ese!
Quiero saberlo todo, cada cosa y detalle. Hasta que finalmente Dios pueda responderme de vuelta.
Sus palabras las escuchó, mientras que según su acompañante el cielo arde. Aunque más bien pareciera que amenaza con llover para ella. Sorbeteó la nariz con suavidad, porque esa dedicación tan simple ha provocado más de lo esperado — El mundo es fantástico si lo dices así — suena a que se está perdiendo mucho, pero finalmente alguien le permite sentir la envidia de no poder ver. De querer conocer más.
¿Es malo tener tantos anhelos?
—No odio a Dios por cerrarme los ojos. — no hay rencor con el destino, ni con un ser mayor. Tal vez lo fue en el pasado, en un resentimiento que escondió por años hasta que ese fuego se apagó al escuchar los pesares de otros. — Pero agradezco que tu me ayudes a hacer lo que tanto quiero. Gracias, no sabría cómo pagártelo — pareciera que el pago depende de ella, no existe Dios, iglesia o creyente para hacerse cargo, ésta vez debe ser independiente.
Se limpió la cara con la manga de la camisa, volvió a hacerlo una vez más a pesar que las gotas no cesan. No hay mal tiempo, sino una alegría que se rebalsa, engañando a la gente que se queja llevar por las impresiones.
El narrador favorito.
¿Es eso posible? Hasta ahora no hay uno y quizás es posible que llegue a serlo. Porque el mundo que le cuenta la gente es simple. Existe belleza en ese tipo de experiencia, pero cuando Rosse parece hablar, todo es más, tanto que pareciera que las cosas no necesitan ser observadas para que estén ahí.
—No es necesario que lo hagas por mi, yo… yo no necesito ninguna de esas cosas — porque por ahora, no hay ambición de lo material o lo carnal. Seguro por eso su mano subió cuando lo sintió cerca. Posó la mano en la mejilla, pasando por suavidad por la misma, en un gesto amable — Con un lugar para mi es suficiente, capitán ¿Así debo decirte ahora?
Nunca pensó que podría decir algo así, porque cuando está sobre el barco se siente a esperar que todo llegue a su fin. Los viajes en el mar hasta ahora han sido un trago amago que escuece las heridas por la sal ¡Más en el último! Pero el mismo le ha traído una libertad que nunca creyó tener.
—Haré que no te arrepientas — su mano se encontró con el brazo ajeno y se rió con suavidad, esperando que sea su guía — ¿A dónde iremos ahora? ¿Hay más gente contigo? — no le importa quién sea o cómo, no temió a la gente, no lo ha hecho antes, menos razones ahora para hacerlo.
Perdóname Dios, porque seguro he perdido el camino que has querido para mí.
Pero he encontrado uno que va conmigo.
—¿Los otros también son estrellas? ¿Cómo las del cielo o del mar? ¿Crees que me lleve bien con ellos? Ya quiero conocerlos, no puedo esperar. A que llegue mañana y el día siguiente ¡Y el siguiente a ese!
Quiero saberlo todo, cada cosa y detalle. Hasta que finalmente Dios pueda responderme de vuelta.
![[Imagen: Gwendolain.gif]](https://sig.grumpybumpers.com/host/Gwendolain.gif)
