02-10-2025, 10:11 PM
Aquella muchacha, que hablaba con tanta calma y tan dulce como yo, parecía bastante perdida. Carecer de visión tenía que ser un gran impedimento en su día a día, o eso creí. Aunque perdida, también parecía resuelta, utilizando el resto de sus sentidos. Si había llegado hasta el Reino de Sorbet, no era por pura suerte; algo debía esconder tras esa venda. "¿Y si en realidad era capaz de ver a través de ella? ¿Y si tiene rayos X? ¿Tendrá ojos de mosca?" Me acerqué a ella, en concreto mis manos, y mis dedos volaron hacia la venda, peligrosamente cerca de su rostro. ¿Sería capaz de notarlo? Por si acaso no pudiera, cogí una pequeña montaña de hojas del suelo que caían de los árboles y soplé en su dirección, comprobando si me paraba antes de hacer tal tontería. -Vaya. Se ha levantado el viento.- Independientemente de lo que ella hiciese, mis acciones quedarían suspendidas en el aire, como una mala broma si me preguntaban, al igual que su extraña broma acerca del bambú. -Pues el bambú es... como un tubo... así de largo- alcé los brazos para dar la medida referida en mi diálogo -pero... no son muy flexibles... y son verdes, cilíndricos, así- juntando los pulgar e índice de la mano derecha hice un círculo, en referencia al cilindro -y, oh, perdona. - Tras todo el diálogo, caí en la tonta cuenta de que la chica no podía ver. Nada de lo que había dicho o hecho, valía la pena.
Corrí un tupido velo tras aquella escena que acababa de montar. Si Cao estuviese delante, se reiría de mí, o quizás lo empeoraría. -Gracias por entenderlo. Hay quienes no lo hacen y... bueno, me quitan la flauta, hacen bromas pesadas.- Lo común entre gente de nuestra calaña, consideraba a veces, aunque eso no lo hacía menos desagradable.
Tras eso, vino la improvisación, la música llenando el silencio que nos rodeaba, con una melodía alegre y risueña, la gente a nuestro alrededor no pudo evitar bailar a nuestro son. Todo distaba de ser aburrido y monótono. No lo hacía bien, tampoco lo hacía mal. No me pilló desprevenido que afirmase saber tocar el arpa. Quienes tocan instrumentos, llevan en muchas ocasiones el ritmo en la sangre. Al son de la música, mis pies se movían, mi cuerpo lo hacía. No había un estilo que seguir, tan solo el sonido llenando cada poro de mi cuerpo, mi propia danza. Agradable. Alegre. Vivaracho. Los aplausos llenaron mi alma al finalizar. -¡Gracias, público!- Exclamé al dar por finalizado el espectáculo, alzando los brazos al público a modo y posteriormente con una reverencia, a modo de agradecimiento al público.
Al finalizar, volví con la chica. Parecía preocupada por sus propias manos. Efectivamente, suaves, ni un callo, ni una porosidad en su palma. -Sí, si no tienes costumbre, es normal que duelan. Pero lo importante es: ¿lo has disfrutado?- La música no es un "sota, caballo y rey", la música se vive, se disfruta. Curiosamente ella misma me decía que la música que había tocado antes era mucho más sacramental. "Vaya, nunca había conocido a alguien que tocase en una iglesia". Medité mientras la escuchaba hablar. -¡Un arpa! Wow. Jamás había conocido a nadie que tocase el arpa. De hecho... ¡creo que jamás he escuchado un arpa!- Puse mis brazos en jarra mientras sonreía, aunque ella no pudiera verlo. -Debe tener un sonido increíblemente dulce, eso me han dicho, jeje.- Ríe de manera apurada, admitiendo su ignorancia.- Encantado, yo soy Han, solo.- Al saber que venía de tocar en ceremonias religiosas y que había hecho una vida en la fe. La miré curioso, y con la voz tierna como un niño ignorante, pregunté.- ¿Has tocado en la iglesia? ¿Cómo es eso?
Corrí un tupido velo tras aquella escena que acababa de montar. Si Cao estuviese delante, se reiría de mí, o quizás lo empeoraría. -Gracias por entenderlo. Hay quienes no lo hacen y... bueno, me quitan la flauta, hacen bromas pesadas.- Lo común entre gente de nuestra calaña, consideraba a veces, aunque eso no lo hacía menos desagradable.
Tras eso, vino la improvisación, la música llenando el silencio que nos rodeaba, con una melodía alegre y risueña, la gente a nuestro alrededor no pudo evitar bailar a nuestro son. Todo distaba de ser aburrido y monótono. No lo hacía bien, tampoco lo hacía mal. No me pilló desprevenido que afirmase saber tocar el arpa. Quienes tocan instrumentos, llevan en muchas ocasiones el ritmo en la sangre. Al son de la música, mis pies se movían, mi cuerpo lo hacía. No había un estilo que seguir, tan solo el sonido llenando cada poro de mi cuerpo, mi propia danza. Agradable. Alegre. Vivaracho. Los aplausos llenaron mi alma al finalizar. -¡Gracias, público!- Exclamé al dar por finalizado el espectáculo, alzando los brazos al público a modo y posteriormente con una reverencia, a modo de agradecimiento al público.
Al finalizar, volví con la chica. Parecía preocupada por sus propias manos. Efectivamente, suaves, ni un callo, ni una porosidad en su palma. -Sí, si no tienes costumbre, es normal que duelan. Pero lo importante es: ¿lo has disfrutado?- La música no es un "sota, caballo y rey", la música se vive, se disfruta. Curiosamente ella misma me decía que la música que había tocado antes era mucho más sacramental. "Vaya, nunca había conocido a alguien que tocase en una iglesia". Medité mientras la escuchaba hablar. -¡Un arpa! Wow. Jamás había conocido a nadie que tocase el arpa. De hecho... ¡creo que jamás he escuchado un arpa!- Puse mis brazos en jarra mientras sonreía, aunque ella no pudiera verlo. -Debe tener un sonido increíblemente dulce, eso me han dicho, jeje.- Ríe de manera apurada, admitiendo su ignorancia.- Encantado, yo soy Han, solo.- Al saber que venía de tocar en ceremonias religiosas y que había hecho una vida en la fe. La miré curioso, y con la voz tierna como un niño ignorante, pregunté.- ¿Has tocado en la iglesia? ¿Cómo es eso?
