11-08-2023, 05:02 AM
(Última modificación: 11-08-2023, 05:03 AM por Terence Blackmore.)
La dupla que me acompañaba se sorprendió al verme, antes de comenzar nuestro camino y no es para menos, pues ya se estaban habituando a mis ausencias injustificadas que ellos respetaban sorprendentemente.
El fornido de la eterna sonrisa que nos acompañaba, Legan Zaid era un muchacho peculiar. La fortuna había querido que nos juntáramos personas con edades similares y algunas afinidades muy únicas, pero también formábamos un grupo variopinto. El muchacho de aspecto feral, cuernos incluidos, era uno de los pocos demihumanos que se habían ganado mi respeto pues a pesar de que no aprobaba demasiado sus métodos poco lógicos, eran soluciones que demostraban ser eficientes.
Junsho Mihasy era un tipo silencioso y frío, aunque todavía no sabía medirle bien del todo. Ocasionalmente tenía ademanes toscos y asociales, algo que en cierto modo compensaba la extrema efusividad de Legan, y otras veces algo de humanidad parecía brotar de aquel individuo. Le había observado mirar a los animales, y era cierto que parecía gozar de una afinidad mucho mayor con la naturaleza de lo que quizá yo era capaz de comprender. Su barba de aspecto tosco, aunque no del todo desaliñada le hacía parecer bastante más mayor de lo que sus rasgos finalmente mostraban, y era una persona que, a diferencia de mí, buscaba la comodidad sin importar la estética… ¿Criado en una condición límite de supervivencia quizá?
- “Pues… ¡La verdad es que no lo he pensado Blackmore! Aunque esta es una ciudad muy importante, hay que tener cuidado. Hay mucha gente interesante, pero no te quepa duda alguna que esto estará repleto de marines también” – comentó perspicaz Legan- “Me gustaría encontrar una manera de poder a travesar la Reverse Mountain y llegar al Grand Line, así como conocer la ciudad a fondo. No creo que sea nuestro momento de llegar al Grand Line todavía, pero estaría bien tener información cuando vayamos a dar el salto ¿No creéis?”- finalizó dejándose llevar por el pulso de la conversación, visiblemente ilusionado y con la mirada que tendría un niño dentro de una tienda de golosinas.
-“Este es el punto comercial por antonomasia de todo el East Blue muchachos, pues aquí el flujo marítimo es tan inmenso que incluso contando con el que se dice que es el mayor Cuartel General de la Marina, podemos encontrar cualquier mercancía ilícita a nada que escarbemos un poco en sus mercados”- comenté de forma natural y algo interesada, mientras dedicaba una mirada al puerto al cual nos acercábamos y señalaba con la mano tendida y la palma hacia arriba a una zona en especial, correspondiente al mercado –“Tengo también entendido que no muy lejos de aquí se encuentra uno de los astilleros más amplios de este mar, quizá sería una buena idea si queréis que nuestra relación mutuamente beneficiosa pase a un nuevo nivel de comodidad y dejemos de navegar en buques ajenos. Si quieres cumplir tu… sueño… quizás deberíamos priorizarlo” – sentencié con una voz un poco hastiada, pero al mismo tiempo ofreciendo toda mi visión del espectro que pudiera aportar algo a mis camaradas.
Me disponía a abandonar el barco, pues estábamos ya atracando y guardé el dado en el interior de mi bolsillo derecho tras juguetear con él unos instantes, cerca del lugar donde portaba mi fiel látigo, el cual se encontraba recogido en forma de lazo, formando una suerte de número ocho y haciéndolo parecer más pequeño y manejable de lo que era.
- “Podemos encontrarnos en la taberna más cercana al centro de la ciudad si os parece, justo antes del anochecer. Y si en algún momento nos encontramos en problemas estaría bien que todos estemos cerca del centro. Así podemos alertarnos los unos a los otros y echar una mano”- contempló el hombre del pelo argénteo, sabiamente – “Por cierto Blackmore ¿Tú a dónde vas? El oeste es muy general y si necesitamos buscarte para reunirnos podemos vernos en problemas”- finalizó, como quitándose un peso de encima al juzgar por su cara.
Saqué una pequeña carta negra lacrada con un sello rojizo en el que se dibujaba una letra ‘B’ de caligrafía soberbia del interior de mi chaleco, al lado del corazón, y a continuación la volví a guardar.
- “Negocios familiares me temo. Hay personas con las que a veces se es más difícil que tratar que otras” – dije pronunciando aún más mi sonrisa, y reprimiéndola a los segundos pues había mirado inconscientemente al señor Mihasy y había encontrado la mirada de Legan a medio recorrido de la retirada – “Pero no tardaré mucho. Es la zona baja del barrio oeste próximo al mercado, pero me temo que si os cuento más tendría que mataros” -bromeé falsamente quitándole hierro al asunto, pero lo cierto es que conocer esa información si podía traer potenciales problemas y el mejor recurso para ellos ahora mismo era la ignorancia.
Comencé a caminar entonces apenas saliendo del barco por la zona habilitada, mientras dejaba tras de mí una última frase – “Nos encontraremos entonces en dicha taberna”- susurré para predisponerme al camino.
-“Pero qué co…” - maldije, al tiempo que al voltearme y caminar apenas un metro más allá entre la muchedumbre, un demihumano con olor a sardina se chocaba contra mí y se disculpaba.
No podía contener una mirada mezcla de furia y asco, con ganas de aprehender a aquel trío de sirenos que se situaban entre mis pasos y mi objetivo, mientras la muchacha de rasgos similares a un tiburón rayado llena de alegría sonreía intentando restar hierro al asunto.
- “De donde yo vengo por menos os habrían colgado de los pulgares y os hubieran abandonado al sol. Yo tendría más cuidado la próxima vez”- me limité a susurrar al oído de la rosada figura femenina, que, si bien me sacaba altura, lo más llamativo era un musculoso apéndice en forma de cola y finalizada como aleta caudal, en un tono que no era del todo amenazante, pero sí tosco y frío.
Puede que sintiera profundo asco por esos seres, pero por el bienestar de mis objetivos y también por cierta responsabilidad y fidelidad con mis camaradas, que apenas se encontraban a un par de metros decidí obviar dicha insolencia y proseguir con mi camino.
El fornido de la eterna sonrisa que nos acompañaba, Legan Zaid era un muchacho peculiar. La fortuna había querido que nos juntáramos personas con edades similares y algunas afinidades muy únicas, pero también formábamos un grupo variopinto. El muchacho de aspecto feral, cuernos incluidos, era uno de los pocos demihumanos que se habían ganado mi respeto pues a pesar de que no aprobaba demasiado sus métodos poco lógicos, eran soluciones que demostraban ser eficientes.
Junsho Mihasy era un tipo silencioso y frío, aunque todavía no sabía medirle bien del todo. Ocasionalmente tenía ademanes toscos y asociales, algo que en cierto modo compensaba la extrema efusividad de Legan, y otras veces algo de humanidad parecía brotar de aquel individuo. Le había observado mirar a los animales, y era cierto que parecía gozar de una afinidad mucho mayor con la naturaleza de lo que quizá yo era capaz de comprender. Su barba de aspecto tosco, aunque no del todo desaliñada le hacía parecer bastante más mayor de lo que sus rasgos finalmente mostraban, y era una persona que, a diferencia de mí, buscaba la comodidad sin importar la estética… ¿Criado en una condición límite de supervivencia quizá?
- “Pues… ¡La verdad es que no lo he pensado Blackmore! Aunque esta es una ciudad muy importante, hay que tener cuidado. Hay mucha gente interesante, pero no te quepa duda alguna que esto estará repleto de marines también” – comentó perspicaz Legan- “Me gustaría encontrar una manera de poder a travesar la Reverse Mountain y llegar al Grand Line, así como conocer la ciudad a fondo. No creo que sea nuestro momento de llegar al Grand Line todavía, pero estaría bien tener información cuando vayamos a dar el salto ¿No creéis?”- finalizó dejándose llevar por el pulso de la conversación, visiblemente ilusionado y con la mirada que tendría un niño dentro de una tienda de golosinas.
-“Este es el punto comercial por antonomasia de todo el East Blue muchachos, pues aquí el flujo marítimo es tan inmenso que incluso contando con el que se dice que es el mayor Cuartel General de la Marina, podemos encontrar cualquier mercancía ilícita a nada que escarbemos un poco en sus mercados”- comenté de forma natural y algo interesada, mientras dedicaba una mirada al puerto al cual nos acercábamos y señalaba con la mano tendida y la palma hacia arriba a una zona en especial, correspondiente al mercado –“Tengo también entendido que no muy lejos de aquí se encuentra uno de los astilleros más amplios de este mar, quizá sería una buena idea si queréis que nuestra relación mutuamente beneficiosa pase a un nuevo nivel de comodidad y dejemos de navegar en buques ajenos. Si quieres cumplir tu… sueño… quizás deberíamos priorizarlo” – sentencié con una voz un poco hastiada, pero al mismo tiempo ofreciendo toda mi visión del espectro que pudiera aportar algo a mis camaradas.
Me disponía a abandonar el barco, pues estábamos ya atracando y guardé el dado en el interior de mi bolsillo derecho tras juguetear con él unos instantes, cerca del lugar donde portaba mi fiel látigo, el cual se encontraba recogido en forma de lazo, formando una suerte de número ocho y haciéndolo parecer más pequeño y manejable de lo que era.
- “Podemos encontrarnos en la taberna más cercana al centro de la ciudad si os parece, justo antes del anochecer. Y si en algún momento nos encontramos en problemas estaría bien que todos estemos cerca del centro. Así podemos alertarnos los unos a los otros y echar una mano”- contempló el hombre del pelo argénteo, sabiamente – “Por cierto Blackmore ¿Tú a dónde vas? El oeste es muy general y si necesitamos buscarte para reunirnos podemos vernos en problemas”- finalizó, como quitándose un peso de encima al juzgar por su cara.
Saqué una pequeña carta negra lacrada con un sello rojizo en el que se dibujaba una letra ‘B’ de caligrafía soberbia del interior de mi chaleco, al lado del corazón, y a continuación la volví a guardar.
- “Negocios familiares me temo. Hay personas con las que a veces se es más difícil que tratar que otras” – dije pronunciando aún más mi sonrisa, y reprimiéndola a los segundos pues había mirado inconscientemente al señor Mihasy y había encontrado la mirada de Legan a medio recorrido de la retirada – “Pero no tardaré mucho. Es la zona baja del barrio oeste próximo al mercado, pero me temo que si os cuento más tendría que mataros” -bromeé falsamente quitándole hierro al asunto, pero lo cierto es que conocer esa información si podía traer potenciales problemas y el mejor recurso para ellos ahora mismo era la ignorancia.
Comencé a caminar entonces apenas saliendo del barco por la zona habilitada, mientras dejaba tras de mí una última frase – “Nos encontraremos entonces en dicha taberna”- susurré para predisponerme al camino.
-“Pero qué co…” - maldije, al tiempo que al voltearme y caminar apenas un metro más allá entre la muchedumbre, un demihumano con olor a sardina se chocaba contra mí y se disculpaba.
No podía contener una mirada mezcla de furia y asco, con ganas de aprehender a aquel trío de sirenos que se situaban entre mis pasos y mi objetivo, mientras la muchacha de rasgos similares a un tiburón rayado llena de alegría sonreía intentando restar hierro al asunto.
- “De donde yo vengo por menos os habrían colgado de los pulgares y os hubieran abandonado al sol. Yo tendría más cuidado la próxima vez”- me limité a susurrar al oído de la rosada figura femenina, que, si bien me sacaba altura, lo más llamativo era un musculoso apéndice en forma de cola y finalizada como aleta caudal, en un tono que no era del todo amenazante, pero sí tosco y frío.
Puede que sintiera profundo asco por esos seres, pero por el bienestar de mis objetivos y también por cierta responsabilidad y fidelidad con mis camaradas, que apenas se encontraban a un par de metros decidí obviar dicha insolencia y proseguir con mi camino.
