03-10-2025, 08:57 PM
- Tal vez… querían resguardarlo -. No sabría como más defender a los muchachos para que la mujer no se sintiera incómoda con él simplemente llamándolos criminales, comenzaba a costarle buscar excusas. - Sea cual sea la razón, lo buscamos, lo conseguimos y ya podrás volver a tu hostal en paz -. Las calles de tierra del lugar los guiaron hacia la casa que el niño marcó como el lugar en donde habían lanzado el bastón, una casa bastante menos cuidada que las demás. Se le notaban los años, el deterioro, el como si hubiera algún dueño o alguien que viviera ahí, se había ido hace bastante.
Aún así, no escapaba a su vista que las ventanas se encontraban tapadas con telas o cartones, y que claramente esos niños usaban ese lugar como su escondite o lugar de juegos. No había nada de malo en que jueguen y tengan un lugar para ellos, pero le parecía peligroso que lo hicieran en una casa que parecía que iba a derrumbarse ante el mínimo azote del viento. - No puedo verlo desde aquí, lo siento -. Desde el suelo no tenía posibilidad de ver las cosas de más arriba, tal vez si encontrara una forma de subir sin afectar la estructura…
No tuvo que hacer cálculos o buscar maneras, fue la misma mujer quien se ofreció para buscar su objeto. - Claro, solo… Ten cuidado -. No sabía lo que podía haber ahí arriba, aparte del obvio peligro que significaba poner un pie en ese lugar. No tardó mucho en ayudarla a subir levantándola con sus brazos y dejando que ella se parara en sus manos para alcanzar el techo. Podía agradecer todo el entrenamiento que hacía cada día, y a lo poco que la pelinegra pesaba en verdad.
En cuanto ella estuvo arriba, se aseguro de alejarse un poco para intentar ver, pero aún le era imposible, por lo que su mirada encontró con rapidez un punto que podría ayudarle: un árbol colocado junto a la casa, cuyas ramas subían hasta sobrepasar el techo de la vivienda. - Dame un momento… -. Corrió y sus brazos y piernas se adhirieron a la madera como si fuera un animal, pasando a la altura perfecta con relativa velocidad.
Desde ese lugar podía ver mejor en donde la mujer estaba parada. Bolsas de basura, cajas vacías, nidos de pájaros vacíos también. Una clara suciedad, un dejo evidente, obviamente los niños usaban el techo de la casa como su basurero. - Eh… si… -. Busco el objeto con su mirada, aunque en ese momento se dio cuenta de que no sabía exactamente cómo era ese bastón que la mujer tanto apreciaba.
No hizo falta preguntar, rápidamente sus pupilas se encontraron con el flamante bastón, claramente destacando por su brillo y cuidado entre tanta basura y años sin limpieza. - A tu izquierda, un poco más… un poco menos. No, te pasaste, vuelve para tu derecha… gira un poco hacia tu izquierda, te pasaste… -. Todo sería más fácil si él pudiera subir ahí y agarrar el objeto, pero su peso seguramente tiraría abajo el techo. - Agáchate y lo deberías agarrar… no, esa es una tabla de madera, estaba un poco al lado. ¡Eso… justo eso! -.
La mujer había alcanzado el objeto, pero no hubo tiempo para celebrar antes que la duda obvia llegar a su mente. ¿Cómo iba ella a bajar de ahí? Podría lanzarse y que él la esperara abajo, pero tal vez eso le daba miedo. Además…
Tampoco hubo tiempo para pensar más, una grieta apareció en las paredes de la casa, una que rápidamente pasó al techo, y a acercarse peligrosamente a la muchacha. - Escucha, no te muevas -. Mientras le hablaba, y esperaba que le hiciera caso, el muchacho bajó de las ramas con cuidado posándose delicadamente sobre el techo. - Escucha, despacio, con mucho cuidado, pero ve acercándote a mi voz. Te tomaré y saltaré al suelo sin hacernos daño, pero… -.
Tal vez el destino lo odiaba, tal vez no había sido la mejor decisión pararse en ese lugar. La parte del techo donde se encontraba parado cedió, haciéndolo caer al interior con un grito, que no tardó en acabarse. Tosió y se reincorporó con dificultad en medio del humo y la oscuridad, la casa tenía un ático y había caído sobre este, salvándose de caer a una altura mucho mayor.
La grieta en el techo siguió abriéndose, y al ver esto el cuerpo del cocinero actuó con velocidad. Encontró con la mirada que había una cama cerca, por lo que se movió y le dio una patada al mueble, con la fuerza suficiente para moverlo y colocarlo justo debajo de donde estaba la mujer, a tiempo para que el techo se rompiera en esa zona y ella cayera en la suavidad del colchón. - ¡Gwen! ¿Estás bien? -. Todo el polvo que levantó la caída del techo no lo dejaba ver si la muchacha había aterrizado sana y salva.
Estaba seguro que no moriría por una caída así, pero si no hubiera aterrizado en el colchón se llevaría no solo un buen susto, sino que un hueso roto también.
Aún así, no escapaba a su vista que las ventanas se encontraban tapadas con telas o cartones, y que claramente esos niños usaban ese lugar como su escondite o lugar de juegos. No había nada de malo en que jueguen y tengan un lugar para ellos, pero le parecía peligroso que lo hicieran en una casa que parecía que iba a derrumbarse ante el mínimo azote del viento. - No puedo verlo desde aquí, lo siento -. Desde el suelo no tenía posibilidad de ver las cosas de más arriba, tal vez si encontrara una forma de subir sin afectar la estructura…
No tuvo que hacer cálculos o buscar maneras, fue la misma mujer quien se ofreció para buscar su objeto. - Claro, solo… Ten cuidado -. No sabía lo que podía haber ahí arriba, aparte del obvio peligro que significaba poner un pie en ese lugar. No tardó mucho en ayudarla a subir levantándola con sus brazos y dejando que ella se parara en sus manos para alcanzar el techo. Podía agradecer todo el entrenamiento que hacía cada día, y a lo poco que la pelinegra pesaba en verdad.
En cuanto ella estuvo arriba, se aseguro de alejarse un poco para intentar ver, pero aún le era imposible, por lo que su mirada encontró con rapidez un punto que podría ayudarle: un árbol colocado junto a la casa, cuyas ramas subían hasta sobrepasar el techo de la vivienda. - Dame un momento… -. Corrió y sus brazos y piernas se adhirieron a la madera como si fuera un animal, pasando a la altura perfecta con relativa velocidad.
Desde ese lugar podía ver mejor en donde la mujer estaba parada. Bolsas de basura, cajas vacías, nidos de pájaros vacíos también. Una clara suciedad, un dejo evidente, obviamente los niños usaban el techo de la casa como su basurero. - Eh… si… -. Busco el objeto con su mirada, aunque en ese momento se dio cuenta de que no sabía exactamente cómo era ese bastón que la mujer tanto apreciaba.
No hizo falta preguntar, rápidamente sus pupilas se encontraron con el flamante bastón, claramente destacando por su brillo y cuidado entre tanta basura y años sin limpieza. - A tu izquierda, un poco más… un poco menos. No, te pasaste, vuelve para tu derecha… gira un poco hacia tu izquierda, te pasaste… -. Todo sería más fácil si él pudiera subir ahí y agarrar el objeto, pero su peso seguramente tiraría abajo el techo. - Agáchate y lo deberías agarrar… no, esa es una tabla de madera, estaba un poco al lado. ¡Eso… justo eso! -.
La mujer había alcanzado el objeto, pero no hubo tiempo para celebrar antes que la duda obvia llegar a su mente. ¿Cómo iba ella a bajar de ahí? Podría lanzarse y que él la esperara abajo, pero tal vez eso le daba miedo. Además…
Tampoco hubo tiempo para pensar más, una grieta apareció en las paredes de la casa, una que rápidamente pasó al techo, y a acercarse peligrosamente a la muchacha. - Escucha, no te muevas -. Mientras le hablaba, y esperaba que le hiciera caso, el muchacho bajó de las ramas con cuidado posándose delicadamente sobre el techo. - Escucha, despacio, con mucho cuidado, pero ve acercándote a mi voz. Te tomaré y saltaré al suelo sin hacernos daño, pero… -.
Tal vez el destino lo odiaba, tal vez no había sido la mejor decisión pararse en ese lugar. La parte del techo donde se encontraba parado cedió, haciéndolo caer al interior con un grito, que no tardó en acabarse. Tosió y se reincorporó con dificultad en medio del humo y la oscuridad, la casa tenía un ático y había caído sobre este, salvándose de caer a una altura mucho mayor.
La grieta en el techo siguió abriéndose, y al ver esto el cuerpo del cocinero actuó con velocidad. Encontró con la mirada que había una cama cerca, por lo que se movió y le dio una patada al mueble, con la fuerza suficiente para moverlo y colocarlo justo debajo de donde estaba la mujer, a tiempo para que el techo se rompiera en esa zona y ella cayera en la suavidad del colchón. - ¡Gwen! ¿Estás bien? -. Todo el polvo que levantó la caída del techo no lo dejaba ver si la muchacha había aterrizado sana y salva.
Estaba seguro que no moriría por una caída así, pero si no hubiera aterrizado en el colchón se llevaría no solo un buen susto, sino que un hueso roto también.
