Karate a muerte en Torremolinos [Presente absoluto/aventura T2]
#18
Narrador / María Merlot

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¿Un día de chicas?

No se lo imaginó así, ni en sus más locas cavilaciones. Una bodega, drogas, explosivos, viejos deshonestos, guardias mastodontes y sangre en sus preciosos guantes. Con razón a Blacky le gustaba tanto Maki, eran cortados por la misma tijera, la tijera del actuar primero y preguntar después.

La desorientación fue desapareciendo paulatinamente, aunque más que desorientada era el pitido desagradable en sus oídos. Esperaba no sufrir secuelas, aunque por atención médica no se iba a preocupar porque Algodón de Azúcar siempre cuidaba de su salud, con tanto esmero que se había ganado su corazón de sirena. En sus manos agarraba con fuerza la tapa de la tinaja, una parte se había roto. Tal vez lo mejor sería descartar el arma defectuosa, quizás era el momento de sacar los pasos prohibidos.

Su Unnie seguía enfrentándose al mastodonte que solo sabía gritar “PUÑOS PUÑOS PUÑOS”, mientras los viejos arrugados ahora peleaban por una pistola… ¿por qué eran tan extraños ese par? De la pistola se escapó un disparo, que resonó por el sitio y dejó un agujero en la pared/tablas… ¿Están locos? Pudieron darle a Maki o a ella por error, definitivamente en un mundo de cuerdos ella siendo loca tenía más sentido común que esos dos erizos de mar.

Cuando regresó la atención a Maki, parecía estar siendo superada por el musculoso guardia. No podía permitir que lastimaran a su nakama, así que iba a acercarme a apoyarla cuando le gritó, en una orden que no aceptaba titubeos, que fuera por el tesoro en compañía de los viejos… ¿Y dejarla ahí? ¿Sola? La verdad no quería pero la determinación de sus palabras y su intensa mirada, la hicieron aceptar. Soltando la tapa de la tinaja.

— Ya la escuchaste, vámonos... — habló uno de los viejos (Vieho), que tiró de ella para salir del almacén, mientras María echaba una última mirada a su Unnie… no sé sentida nada correcto dejarla atrás, fuera cual fuera el motivo. Y más cuando escuchó sus últimas instrucciones, si gritaba ella iría a buscarla, le había hecho una promesa. El corazón de la sirena se estrujo, todo muy mal con esa pequeña aventura.

Al salir del almacén el aire fresco la golpeó, haciendo que sus pulmones volvieran a funcionar con aire de calidad y un toque de salado del mar. Estaban siguiendo la ruta que Maki había trazado antes, salir del almacén... por el lado sur, ir a la sala de tesoros. Por suerte los ancianos la guiaban en el camino, porque ella era la peor orientándose. Curiosamente no había más guardias cerca, raro... la verdad. ¿Será que la bala del anciano si dio en un blanco? Tal vez estos dos vejestorios no eran tan debiluchos y jubilados como se pintaron frente a las chicas.

En cuestión de minutos llegaron a otro almacén, uno que a simple vista parecía vacío, sin nada pero con dos puertas. Los viejos emocionados se lanzaron a la puerta de la derecha, María fue a la puerta de la izquierda, solo porque ellos tomaron ventaja antes. Al entrar sus ojos se abrieron como platos viendo una gran cantidad de riqueza. ¡De verdad había un tesoro ahí! Joyas, monedas de oro y hasta un candelabro macizo dorado. La verdad, lo que más llamó la atención de María fue una tiara, que inmediatamente se puso en su cabeza. Como desearía tener un espejo cerca. Antes de poder hacer más, llegaron ambos viejos, con sacos feos, iguales y desgastados en sus manos, uno ya se veía medio lleno de algo.

— Agarra todo lo que puedas y vámonos de aquí... — chillo el tuerto lanzándole dos sacos... y más nervioso y ansioso que nunca, como si ya quisiera salir de ese lugar. María llenó el saco con las joyas valiosas, después de todo tenía un buen ojo para valuar las cosas… ella era una especie de comerciante, realmente.

— ¿Saben? Deberíamos dejarle algo a ellos también, después de todo se lo han cu-rra-do en esta actividad. No han sido honestos pero… ¡Lo trabajaron! Al final del día, cuando el sol huele a queso podrido y las ratas cenaban sobras en algún navío, ellos estuvieron aqui. Hicieron los cálculos malvados, rompieron las reglas e invirtieron su tiempo. Así dejémosles unas moneditas para que tengan que comer y empezar de nuevo — comentaba la chica en un discurso motivacional mientras dejaba sus sacos al lado del de los viejos, quienes estaban cargando más y más. La avaricia nunca era buena compañía.

Ambos voltearon a verla como si se hubiera vuelto loca, luego se vieron entre ellos — Tienes razón, ya tenemos lo que queríamos, ¿No, Jhon?... — hablo con una media sonrisa el Vieho, el otro asintió y ella sonrió con alegría.

Momento de salir de ahí…
 
Pero antes…
Lo comente ¿No?
Todos los sacos eran iguales…
Y cuando ella tomó el suyo y el que daría a Maki…
Terminó apropiándose por equivocación del saco lleno que trajeron los viejos del otro cuarto…
¿Que tendría?

No lo sabía, y ellos ni ella se dieron cuenta del cambio que había ocurrido por error. Salieron del almacén, María con dos sacos sin mucho peso, ella cargó calidad antes que calidad y también la tiara en su cabeza. Los viejos iban con sacos pesados y uno que cuidaban con particular recelo (el que ella cambió por error).

No veía a su Unnie por ningún lado… así que usó su arma secreta, y no, no era el Twerking, sino la instrucción anterior para  descubrir si su compañera cumpliría su promesa, inhalo profundamente y procedió — ¡UNIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!... — grito esperando una respuesta de la peliverde.

OFFROL :: Tengo permiso de Li Yuan de manipular a los ancianos, sin embargo, cualquier cosa me avisan y edito.

Off
Karma Fanático: Hyakinthos. 
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RE: Karate a muerte en Torremolinos [Presente absoluto/aventura T2] - por Maria Merlot - 04-10-2025, 08:02 PM

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