04-10-2025, 08:06 PM
Finalmente había llegado al lugar, las cosas parecían estar a punto de colisionar, el grupo de piñatas avanzaba sin darse cuenta que los ojos de Berry analizaban desde las alturas los posibles planes a tomar. El más sencillo era claramente lanzarse al ataque, aunque se expondría demasiado pronto y contar con el factor sorpresa era algo que cualquier cazador gustaba de saborear. No podría arriesgarse a quedar en desventaja tan pronto, sus ojos fueron a los más fuertes, solo eran dos el resto era basura que bien podría eliminar sin mucho esfuerzo y era consciente de esto porque los piñatas solían esconderse detrás de todos esos números para aparentar fortaleza. Los nómadas por su parte no serían de mucha ayuda, no veía que tuvieran mucha experiencia en combate y a lo mejor no estaban preparados para algo así, aunque si podía contar con que lanzarían cosas si habían puesto barricadas su misión era que no lleguen a ellos tan rápido. Tener un apoyo a distancia no era mala idea, pero de momento debía centrarse en los enemigos. Bajó de su Cocodrilo, analizando el terreno en el que debería pelear, era mucho campo abierto, lo cual le beneficiaba al no contar con muchos obstáculos a la hora de luchar pero tampoco daba muchos recursos para montar alguna trampa o una estratagema que le permitiese ganar algo de tiempo.
Pero si ofrecía algo, la colina era empinada, era bastante evidente que podría iniciar con algo que rodase y causar un pequeño desprendimiento. La mink comenzó a apilar varias rocas lejos de las miradas ajenas, colocaba una por una pesadas rocas que retiraba del terreno frente a la cola de su mascota, el plan era muy simple, mandar a rodar estas rocas y que la gravedad hiciera lo propio. Podría quizás cargarse a varios de los piratas, aunque debería desprenderlas antes de que las distancias fuesen demasiado cortas como para arriesgar a los civiles en peligro. Con energía la zorra terminó de apilar la última piedra y con una patada la envió colina abajo, limpiando el sudor de su rostro con una sonrisa, dudaba de que alguno de los piñatas se esperase que justo por la espalda se desatase una calamidad de tal magnitud. Roca tras rocas las filosas piedras rodaron colina abajo, la mink hizo una señal a su mascota para que se retirase y aguardó en el lugar, lo que los nómadas tal vez considerasen una ayuda de los dioses e inspirara su voluntad era resultado del duro trabajo de Berry quien ahora sonreía, esperando que solo quedasen esos dos para divertirse no hubiera querido mancharse las garras con hormigas ya que sus patadas estaban reservadas para aquellos que realmente las merecieran.
Ahora solo quedaban dos, esos dos que parecían serían un buen reto, debería analizarlos con cuidado y encontrar alguna grieta entre ambos hombres que si en verdad le estaban buscando debían tener guardados algunos trucos. Pero la mink sentía que podría luchar en condiciones y el hombre de la lanza solo le emocionaba más, era una lástima que todos los piratas tuvieran tantos secuaces en lugar de pelear de igual a igual pero a lo mejor luego de este encuentro les enseñaría que no importaban los números cuando se enfrentaban con una mink de pura sangre. Poco a poco, ese momento de liberación se acercaba y la mink solo podía contar los segundos hasta que sus botas probasen la sangre de un nuevo enemigo. El ritual de la batalla, de la lucha y de los gritos estaba a punto de desatarse.
Pero si ofrecía algo, la colina era empinada, era bastante evidente que podría iniciar con algo que rodase y causar un pequeño desprendimiento. La mink comenzó a apilar varias rocas lejos de las miradas ajenas, colocaba una por una pesadas rocas que retiraba del terreno frente a la cola de su mascota, el plan era muy simple, mandar a rodar estas rocas y que la gravedad hiciera lo propio. Podría quizás cargarse a varios de los piratas, aunque debería desprenderlas antes de que las distancias fuesen demasiado cortas como para arriesgar a los civiles en peligro. Con energía la zorra terminó de apilar la última piedra y con una patada la envió colina abajo, limpiando el sudor de su rostro con una sonrisa, dudaba de que alguno de los piñatas se esperase que justo por la espalda se desatase una calamidad de tal magnitud. Roca tras rocas las filosas piedras rodaron colina abajo, la mink hizo una señal a su mascota para que se retirase y aguardó en el lugar, lo que los nómadas tal vez considerasen una ayuda de los dioses e inspirara su voluntad era resultado del duro trabajo de Berry quien ahora sonreía, esperando que solo quedasen esos dos para divertirse no hubiera querido mancharse las garras con hormigas ya que sus patadas estaban reservadas para aquellos que realmente las merecieran.
Ahora solo quedaban dos, esos dos que parecían serían un buen reto, debería analizarlos con cuidado y encontrar alguna grieta entre ambos hombres que si en verdad le estaban buscando debían tener guardados algunos trucos. Pero la mink sentía que podría luchar en condiciones y el hombre de la lanza solo le emocionaba más, era una lástima que todos los piratas tuvieran tantos secuaces en lugar de pelear de igual a igual pero a lo mejor luego de este encuentro les enseñaría que no importaban los números cuando se enfrentaban con una mink de pura sangre. Poco a poco, ese momento de liberación se acercaba y la mink solo podía contar los segundos hasta que sus botas probasen la sangre de un nuevo enemigo. El ritual de la batalla, de la lucha y de los gritos estaba a punto de desatarse.
resumen
Karmas
Inventario
Akuma
