Fiesta del té [pasado con la mano vacía]
#14
Nada más saludar a Cao, miré hacia abajo, pues una voz venía de esa dirección. Me quedé viéndolo un momento, entendiendo lo que me decía; mi rostro se tornó en una mueca divertida. —Wow —dije, con ojos de borrego a medio morir, mitad sorna, mitad descaro.
—¿Te metiste con el diablo? ¡Genial… yo también! —Mis labios adquirieron una curva maliciosa y un destello de complicidad prendió mi mirada por un instante.
Acto seguido, giré la cabeza para observar a Zhang, a quien había visto de reojo al entrar. Le dediqué una reverencia oficial, como si fuera mi propio maestro: tenía un recuerdo favorable de él y creía que los segundos encuentros estaban predestinados. "¿Tal vez esta era una reunión que debía suceder?" pensé, cada vez más intrigada y expectante.
—Señor Zhang, un gusto volver a verlo —le dije, respetuosa y amable.

Escuché también la voz de la birkaniana; al mirar hacia arriba nos encontramos en la mirada y una sonrisa dulce se escapó de mis labios al oírla preguntar. Asentí en respuesta. Cao volvió a tomar la palabra y, de pronto, una pregunta rondó en mi interior: ¿soy libre?
Entorné los ojos. Jamás pensé que su invitación tocaría un tema de esa magnitud en un segundo encuentro, y eso me agradó. Su ofrecimiento tenía sentido para mí; me infló el pecho y me dio un poco de esperanza. ¿Quizá ya no estaba sola?
Sin embargo, mientras analizaba lo que quería decir, la voz de la morena volvió a captar mi atención.

Guardé silencio y escuché, entre pausas, los susurros de la mujer hasta que estos se convirtieron en un ruego que no pude ignorar. Prestando finalmente toda mi atención, la miré, asentí y dije: —Mucho gusto, Bai Mudan. Mi nombre es Lan Caihe; le prestaré mi ayuda para comunicarse en la velada. Disculpe mi lenguaje oxidado.
—El señor Cao dice que le gustaría formar con nosotros un grupo de personas que defienda la libertad y se una para hacerlo aunque… como se dice esta palabra… —no recordaba las siguientes palabras, así que titubeé un poco y carraspeé.
—¡Ah! Gente que se una a luchar en contra de la ley si es necesario para defender la libertad en un espacio donde se defiendan nuestros intereses —exclamé por fin, dando con las palabras correctas, creí yo—, explicando rápidamente lo que había dicho el anfitrión.

Ahora que lo pensaba, el roce de aquella mujer era demasiado suave para alguien de su estatura; pensar eso me hizo admirarla por un segundo mientras se alejaba, aunque no era la primera persona gentil de más de dos metros que me topaba.
Fue entonces cuando me dirigí nuevamente a Cao, antes de que hablara el siguiente: —Bai Mudan dice que necesita esclarecer sus pensamientos sobre su propuesta, señor Cao —comenté. Me acerqué a la mesa y por fin tomé asiento al lado del muchacho que antes vi comer y sonrojarse. Lo saludé con un gesto de la mano mientras escuchaba y giré la cabeza para ver al hombre que se había presentado como Han: su punto de vista hizo que mis ojos brillaran vidriosos; aquellas personas, incluido el gato, eran definitivamente un soplo de aire fresco, y eso me inundaba de un sentimiento que no sabía cómo describir. No lo había considerado así.

Le dediqué al hombre una sonrisa de oreja a oreja, casi lobuna; me gustó lo que acababa de decir, pues la forma en que había elegido las palabras evocaba un sentimiento con el que me identificaba.
El maestro Zhang habló: un mink burro sabio, del que sin duda no me molestaría oír todo tipo de consejos y frases durante el día. Sin embargo, su tercer comentario terminó de darme sentido a la reunión; observando la seriedad de los presentes, no podía responder de otra forma.
Saqué entonces mi pipa, la deslicé suavemente desde el bolsillo interno de la piel de lobo carmesí que llevaba sobre los hombros como capa y me la coloqué en los labios. De otro bolsillo saqué un cilindro de madera que contenía hierbas de olor dulzón y característico. Coloqué una pizca con los dedos en la pipa; era de metal, con un mango largo de madera tallada que yo misma había fabricado.
Entonces el gato comenzó a hablar.

Me reí entre dientes al escucharlo mientras preparaba la pipa, echando otra pizca de hierba. "Sin duda, es un grupo con verdadero potencial; son todos tan interesantes", pensé, realmente complacida por lo que estaba presenciando en la habitación. Proferí una carcajada ante la presentación del gato: —¡HUHUHYYAAAHYYAAA KAKAKHUHUYAA HUHYYAA! —una risa de júbilo escapó de mi boca, y una emoción que me hizo humedecer los ojos.
—¡HU HU HU! hy hyaa aa… sin duda, son todos ustedes extraordinarios —afirmé, limpiándome una lágrima con el pulgar y observándolos atentamente con una sonrisa.
—No sé qué puedo decir, de verdad —dije. Hice desprender calor de la mano que sujetaba la pipa, aumentando poco a poco la temperatura de la habitación; el metal de la pipa se calentó casi al rojo vivo. Di una calada íntegra, la sostuve unos segundos y la solté hacia el techo.

—Paciencia en la Forja. en mi pueblo los maestros decían que el humo ayudaba a ver. ¿Alguien gusta? —ofrecí la pipa hacia la persona a mi derecha—. No toquen el metal, está muy caliente —dije, y entonces tomé un plato y comencé a servirme bocadillos. —Permítanme, pues, anunciar mis comentarios y además tomarme el tiempo para traducirlos a la señorita Bai Mudan —mi tono se tornó serio, pero amable, presente y firme.
—En respuesta a tus preguntas, Li —comencé—: a mí me gusta ser transparente; lo que más odio son las mentiras y no me agradan las faltas de respeto. Además, no soy precisamente una pacifista —miré al gato y esbocé una sonrisa ladina; luego los miré a todos nuevamente y dejé el plato delante de mí.

—Sin embargo, antes de dar una respuesta, quisiera preguntarles: ¿qué significa para ustedes la libertad? —comenté. Y añadí—: ¿qué pasará si, en algún momento, lo que creemos defender le quita la libertad a otros? ¿Cómo lidiamos con eso? —Ya no sonreía; estaba totalmente seria, mirando a los ojos de Cao, de Zhang, de Han, del gato y, finalmente, de Li—. Mi motivación es luchar contra la injusticia: vengar a mi pueblo arrasado por la marina, ayudar a quien lo necesita y conseguir la más alta de las glorias en el campo de batalla. —No estaba jugando; hacía tiempo que había decidido que ese sería mi destino, o que lo hallaría en ese camino, aunque también pensaba que eso no era mío para decidir. Por eso preguntaba, buscando respuestas en los rostros frente a mi.
—Si tengo que matar, lo haré.
Sentencié. 

Y, una vez dicho esto, esbocé una sonrisa y una carcajada cruzó mi rostro.
—¡Señorita Bai! —grité en birkaniano—. ¿Gusta de la pipa? —pregunté en su idioma, comenzando entonces a traducir lo que acababa de decir.
—Aún no respondo a la pregunta; sin embargo, he preguntado qué significa para todos la libertad y qué haremos si nuestras acciones, un día, le quitan la libertad a otros en nuestra búsqueda. También dije que no me gustan las mentiras ni la falta de respeto y que si tengo que matar, lo haré. —le comenté rápidamente en su idioma natal aun con la sonrisa en los labios, para finalmente cerrar el pico un rato y dar el primer bocado al pan que acababa de servirme. Ciertamente, las hierbas que había fumado hacía un minuto hicieron que supiera exquisito.
[Imagen: dtilbUBl_o.gif]
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RE: Fiesta del té [pasado con la mano vacía] - por Lan Caihe - 04-10-2025, 11:27 PM

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