El Canto de la Sirena - (pasado) Priv. Maki y Hyakinthos
#18
—Estas muy animado para alguien que casi se convierte en barbacoa hace menos de media hora —. Lo sostuvo con más fuerza sobre su hombro, como si aquello fuera suficiente para que el pelinegro dejara de patalear. —Tsk…Quédate quieto o de verdad tendremos un problema tu y yo…además ¿Qué amor? La acabas de conocer y no creo que ella esté interesada en ti —. Para cuando dijo esas palabras había caminado lo suficiente para encontrarse de nuevo cerca de las casas en las que el fuego había empezado, después de todo, ya del incendio solo quedaba el molesto olor a quemado que incluso el médico con mal olfato podía distinguir si inhalaba con fuerza y, por supuesto, el humo saliendo de algunas estructuras. Desaceleró el paso y se giró para asegurarse de que la chica de cabellos verdes venía tras de ellos, algo que le fue confirmado gracias a la voz alarmada de ella.
 
La miró caer de rodillas al suelo y por un momento se sintió mal por ella, incluso pensó en que lo mejor sería solo…devolverle el dinero para comprar lo que necesitara, pero no podía prometer algo que no estaba seguro de tener, después de todo, aún debía verificar si el agua de mar no había entrado a la bolsa plástica donde cargaba sus berries, pero…bueno… ¿Qué más daba? Como ella misma dijo, al menos tenían salud.
 
—Lo siento por eso —. En ese momento soltó al esquizofrénico pelinegro y se volteó por completo para quedar de frente a la muchacha de piel quemada. —No tengo problemas en ir lento o en descansar aquí si así lo prefieres…tampoco tengo problemas en cargarte si es lo que necesitas —. Si podía con el pistolero loco, seguro podía con la chica de verde, aunque mientras ella decidía que prefería, él tenía que hacerle una pregunta importante…bueno: “importante”.
 
—Por cierto, señorita Maki, tengo mal olfato, pero mi vista está en muy buenas condiciones a pesar de que de vez en cuando uso gafas, así que mis ojos no me engañan, de hecho, me dicen que no tienes interés alguno en “Rojo” ¿Cierto? —Señaló al sujeto que se supone es su compañero y cuyo nombre volvía a escaparse de su mente. —Tal vez sea momento de que se lo digas de frente antes de que siga fantaseando con…
 
La voz del marine de antes hizo que su hilo de pensamiento se perdiera por completo. Le agradaba aquel sujeto, además de servicial era atento, tenía buena voz y era bastante atractivo ahora que lo veía sin la máscara de oxígeno. ¿Qué más podía pedir? Tal vez luego de esto se atrevería a invitarlo a beber para conocerse mejor o…no, nada de eso importaba ahora, de hecho, tal vez nunca sucedería.
 
—¿QUÉ CARAJOS HACES, ROJO? —¿Con qué clase de demente ha estado viajando? Claro, si su memoria fuera mejor podría recordar como al mismo pelinegro no le tembló la mano a la hora de matar a un marine en Baterilla, pero el suceso se había borrado de su mente nada más con el pasar de un par de días, así que, ver esto era como presenciar esa impulsividad por primera vez. —¡Él fue quien nos ayudó! ¡Estabas inconsciente y quizá por eso no lo recuerdes, pero él no te ha hecho nada…nada!
 
¿Qué importaba lo que dijera? El pelirosa sintió que la sangre abandonaba su rostro y que su temperatura descendía peligrosamente cuando vio como el pelinegro sacaba un arma para apuntar directamente al marine. ¿Era un desquiciado? ¿Cómo podía hacer algo así en público? Tenía que detenerlo, no…tenía que alejarse, pero la presencia repentina de otros dos marines que sujetaron a Jensen contra el suelo hizo que se paralizara por más tiempo del que imaginó antes de poder recuperar la consciencia e intentar negociar con los sujetos.
 
—No…es…esperen…él…se pone así cuando no toma sus medicamentos, es mi culpa, debí dárselos, pero…pero…naufragamos, quedamos en esta isla por casualidad y no sé si las medicinas aún sirven o si están mojadas con agua de mar y… —Uno de los marines lo miró con curiosidad y; sin embargo, cualquier atisbo de creerle le esfumó cuando la peliverde pateó en la cara al marine que antes los había ayudado…De nuevo, su sangre se heló… ¿Cómo iban a salir de eso? Él no quería un cartel de “se busca” por un error tan estúpido. —Maki…eso no…
 
Dio un paso hacia atrás y otro más cuando vio como la guitarra que cargaba la chica servía para noquear a otro de los marines que tenían al pelinegro sujeto contra el suelo. Ese gesto lo hizo paralizarse de miedo, nunca pensó en una guitarra como un arma que pudiera usarse para noquear a alguien. Inconscientemente llevó una de sus manos a su cabeza, como si el golpe hubiera sido para él. ¿En qué momento empezó a temblar? Cerró los ojos, queriendo alejarse de ese objeto que de un momento a otro le pareció peligroso y, al final, ni siquiera se dio cuenta todo lo que hizo la peliverde para deshacerse de los marines.
 
La voz de la chica fue la que lo hizo abrir los ojos y darse cuenta de que ahora los tres marines estaban desmayados en el suelo. El médico sacudió su cabeza, volviendo a la realidad y, antes de volver a tirarse a Jensen al otro para llevárselo de ahí así fuera en contra de su voluntad, se agachó para comprobar que los marines seguían vivos. Sentir el pulso de los tres hizo que respirara aliviado.
 
—¿Cómo es que se les ocurrió hacer eso? ¡Ah! Nos van a buscar como si fuéramos criminales y...¡Yo no soy un criminal! —. No en esa isla al menos, tampoco es que tuviera que ventilar frente a dos “extraños” cual era su manera de conseguir dinero.
 
Corrió, siguiendo a Maki, al inicio casi que arrastró a Jensen, pero al final se rindió y dejó que el otro hombre corriera por su cuenta, hasta que, luego de un rato, se adentraron a un terreno más boscoso que hizo que el médico arrugara la cara al tener que caminar por un terreno inestable, caluroso y lleno de plantas que rasguñaban su piel cada vez que intentaba apartarlas para hacerse un paso. Solo pudo respirar aliviado cuando llegaron a una especie de cueva que parecía bastante bien arreglada para que fuera casualidad. ¿Sería la “casa” de la peliverde?
 
El médico tomó aire y se dejó caer al suelo, sentándose sobre el terreno rocoso del lugar. Al menos llevaba consigo su mochila, algo de lo que no pensaba separarse nunca, a fin de cuentas, todas sus pertenencias estaban ahí. Se mordió el labio inferior, nervioso y su pierna se movía con insistencia contra el suelo. La “carrera” había hecho que se agitara y que sus nervios estuvieran a tope, el prefería estar en buenos términos con la marina y parecía que eso no se iba a poder en esa isla.
 
—Debemos conseguir un barco a irnos de aquí… —Murmuró cuando dejó de morderse. Alzó su cabeza para mirar a la mujer y al otro hombre. —Creo tener dinero para conseguir uno o al menos para pagarle a algún marinero, después de lo que hicieron no podemos quedarnos…no quiero terminar en una base de la marina solo por asociación —. Se quitó la mochila de la espalda y rebuscó en ella un pequeño frasco con esencia de menta, lo abrió y vertió un poco del perfume en la parte interior de su muñeca y llevó esta a su nariz. Necesitaba esa fragancia con urgencia, lo ayudaría a calmarse, a pensar mejor.
 
Cuando hubo inhalado suficiente de la fragancia a menta -que seguramente se sentía en toda la cueva-, fue que se le ocurrió revisar su bolsa con dinero. El color volvió a su rostro al ver que el plástico había mantenido a salvo los billetes, eso era una preocupación menos y con eso comprobaba que, efectivamente, podía pagarle a alguien para que los tres salieran de esa endemoniada isla.

—Miren…si tengo dinero…podríamos…pasar la noche aquí y pensar mañana en como movernos hacia otro lugar ¿Qué les parece? ¿Alguno de ustedes podría conseguir un mapa de estos mares en el pueblo? Así veríamos que isla nos conviene y solo…no golpeen a marines en el proceso…—Se cruzó de brazos y se recostó a la pared. —Yo quería beber con ese marine al que amenazaste con el arma, Rojo…me arruinaste una posible conquista…tsk…


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RE: El Canto de la Sirena - (pasado) Priv. Maki y Hyakinthos - por Hyákinthos - 05-10-2025, 05:43 AM

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