[T3 - Presente Relativo] Protegiendo al Mundo de la Desvastacion
#11
La lluvia, que hasta hacía poco caía con furia, ahora se había convertido en una llovizna constante. El aire olía a barro y a ese tipo de olor a humedad pegajosa que se filtraba en cada rincón de Little Garden. Ubbe caminaba al lado de Sigurd con las botas pesadas, hundiéndose en el barro, dejando huellas profundas que no tardaban en rellenarse parcialmente de agua. Su respiración seguía algo acelerada por el combate contra los pequeños dinosaurios, pero sus labios esbozaban todavía esa media sonrisa que no se borraba ni después de partir en dos docenas de criaturas.

De pronto, entre las rocas calizas que se alzaban como colmillos de la propia isla, apareció ante ellos el escenario que los había traído hasta allí: los cráneos colosales de dos antiguos reyes marinos. Blanqueados por el sol, erosionados por lluvias eternas, y viento incesante. Eran tan grandes que parecían templos esculpidos por dioses olvidados. Ubbe se detuvo un instante, echando la cabeza hacia atrás para observar la inmensidad de aquellas calaveras.
—Joder, baby… —murmuró, recolocándose las gafas oscuras, aunque apenas servían con la luz de la luna—. Ojalá haber visto los bichos de estos cráneos...
Sus ojos, acostumbrados a la penumbra, no tardaron en captar lo importante: un nido enorme, hecho de ramas gruesas y barro, en el interior de la mandíbula abierta de uno de los cráneos. En el centro, dos huevos. No cualquier huevo, sino gigantescos, de medio metro de alto, rugosos y de color crema. A Ubbe se le iluminó la mirada de forma inmediata, como la de un niño viendo un tesoro.
—Míralos… —dijo entre dientes, más para sí mismo que para Sigurd—. ¡Tremenda tortilla saldría de ahí! GAHAHAHA - Exclamó un poco más alto. 
El brillo de codicia, pero también de emoción sincera, se podía ver en su cara. Por un instante olvidó el cansancio, olvidó la sangre de los parvicursores pegada a sus brazos. Lo único que existía eran esos dos óvalos perfectos, promesa de fuerza, dinero o simplemente una anécdota imposible de igualar. Pero entonces, la ilusión chocó con la realidad. Desde la oscuridad profunda del cráneo, dos ojos amarillos se abrieron, brillando como brasas en el barro.

Ubbe frunció el ceño. Su sonrisa se mantuvo, pero se volvió más salvaje. El rugido bajo de la madre T-Rex recorrió sus huesos como un tambor de guerra. Sintió un escalofrío en la espalda, no de miedo, sino de reconocimiento. Aquello no era un simple animal. Era una puta fuerza de la naturaleza, y estaba delante de él, lista para matarlo por atreverse a mirar lo que protegía.
—Esto sí que es el premio gordo, por fin te encuentro, bestia...—masculló, y el sonido de sus nudillos tronando al cerrarse en puños se perdió entre los truenos lejanos. Ubbe llevaba ya tiempo en esta isla buscando un monstruo que fuera un oponente a su altura. Había tenido algún que otro encontronazo, pero nada que con entrenamiento no hubiera podido superar, pero esto, esto sí que parecía por fin un rival digno. 

La mayoría de la gente se habría congelado. Habría esperado el primer movimiento de la bestia, tal vez rezado por encontrar una abertura. Pero Ubbe no era la mayoría de la gente. Él no tenía reflejos finos ni paciencia para medir un combate de ese calibre. Su instinto siempre había sido el mismo: atacar primero, atacar fuerte, atacar como si el mundo dependiera de ello.
Cuando la hembra bajó la cabeza, mostrando hileras de dientes capaces de partirle en dos, Ubbe ya no estaba quieto. 
"Vamos hostia, dame un buen espectáculo"  Pensó Ubbe justo antes de avanzar. Sus músculos se tensaron y, con un rugido que intentaba competir en potencia con el de la propia criatura, se lanzó hacia adelante.

El barro saltó bajo sus botas mientras aceleraba a toda velocidad, como una bala humana de carne y furia. Sentía cómo los músculos de sus piernas ardían al impulsarlo, cómo su pecho bombeaba sangre a un ritmo brutal. No había estrategia, no había cálculo: solo pura determinación animal. Saltó, saltó lo más alto de lo que era capaz, Tras esto, aprovechando la velocidad del salto y el impacto de la caída sobre la bestia, cargó su puño derecho hacia atrás y pegó un golpe con todas sus fuerzas en el cráneo de la dinosaurio. 
—¡¡¡C’MON, BABY!!! —bramó, y el eco resonó dentro del cráneo como una maldición prehistórica.
El puñetazo descendió con la fuerza de un martillo que busca un hierro para templar, buscando tumbar a la bestia con toda su fuerza. 
El golpe retumbó como un trueno propio, mezclándose con el sonido lejano de la tormenta. El contacto con la piel escamosa fue como golpear roca viva.
El barro se levantó en todas direcciones. Los ecos del combate entre gigante y bestia llenaron el valle. Ubbe jadeaba, los ojos brillándole como brasas, las venas del cuello hinchadas. No había esperado a ser cazado. Había saltado a por la cazadora.

—Hoy no, reina… Hoy el cazador soy yo. 

Posado encima de la bestia caída, miraba esperando que esta se levantase de nuevo a por él. 

Info
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3914 + 0 = 3914
Energia: 2201 - 408 = 1793
Espiritu: 585 + 0 = 585


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RE: [T3 - Presente Relativo] Protegiendo al Mundo de la Desvastacion - por Ubbe - 05-10-2025, 12:30 PM

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