Misión Ba-Ca-Lao :: Protocolo Aumento de Cortisol :: Fic Estilo Canon :: Privado
#1
Narrador / María Merlot

Batch Kalão / Jiho / Nian / Thrym / Ashveil

Día 9 de otoño, año 16.
………………………………….

Primer Acto: El susurro de un coloso.

¿Qué sentido tenía la vida?
¿Alguna vez se lo preguntaron?
Porque ella… realmente nunca lo hizo.
La mestiza solo vivía un día a la vez.

El sol empezaba su tímida salida por el lejano horizonte, hacía el Este, aunque era un error común y general decirlo tan inexacto. El manto obsidiana iba quedando atrás cuando los rayos del astro rey empezaron a brillar con fulgor por aquella parte de la isla; se reflejaban sobre el hermoso mar en movimiento, sobre aquel enorme navío que albergaba historias sin contar, individuos fascinantes. En uno de sus pasillos, en el área dedicada a los prisioneros, destacaba una celda muy especial, sin candados, sin restricción de libertad, pulcra y ordenada, y en especial decorada con objetos bonitos… en esta habitaba una criatura de aspecto angelical.

¿De quién se trataba?

De la autoproclamada prisionera de los Piratas Manos Muertas. Una hermosa mujer de largos cabellos celestes, como si de aguas cristalinas llenas de arrecifes se tratase; su cabellera enmarcaba unos finos rasgos y preciosos ojos ambarinos. Su cuerpo, esbelto y bien formado, en las partes correctas, solo podrían tildarse de femeninos. Su piel tan nívea como suave dejaban en ridículo a la más cara de las porcelanas. En conjunto resultaba muy agradable a la vista físicamente, y que se reforzaba con su personalidad alegre y optimista que la volvía de fácil sonrisa, una sonrisa que podía cautivar corazones de aliados y fortuitos.

En cuanto a su conducta, la dama podía tildarse de “Buena Persona”, no haría daño a niños, ancianos o personas indefensas… a no ser que se lo buscaran, aunque no era la más fuerte, sin duda lucharía con uñas y dientes por defenderse, claro… en el pasado nunca le había funcionado, siempre terminaba más hundida que saliendo a flote. Su vida, contrario a lo que pudieran pensar por su extrovertida y encantadora personalidad, no había sido sencilla. Dos tercios de esta estaban en blanco, no recordaba nada antes de los 13 años… ¿Quién era? ¿Cómo se llamaba? ¿Por qué estaba en un barco pirata? ¿Por qué sabía cosas que otros no: leer, escribir, hablar bien, modales? Todo ello vino configurado, posiblemente, de su vida antes de la pérdida de sus recuerdos. El otro tercio… el otro tercio había sido una aventura llena de… privación de libertad, prostitución involuntaria, pirateria por necesidad, y un sin fin de situaciones que para bien o para mal, la hicieron llegar a este punto… pero nunca, jamás… había aprendido a defenderse formalmente, sólo de manera empírica… con sus manos, con sus dientes, con cualquier cosa que pudiera cumplir la función de arma.

María Merlot, así la había bautizado el viejo pirata… un alcohólico adicto al vino que le permitió vivir en su prisión hasta el fatídico día en que todo se fue por una espiral hacia el desastre… pero es historia de otro día. La mestiza estaba acostada en su cómoda cama, mientras balanceaba su pierna derecha de un lado a otro y susurraba una suave melodía, un tarareo que poco a poco fue tomando forma de canción, con una letra que solo fluía sin intenciones pero que englobaba su cariño por aquellos que ahora la acompañaban en su camino, aunque estuvieran en barcos distintos…

Tu sonrisa es tan hermosa…
Recordaré este momento…
Guardaré esta historia por siempre…
Voy directo hacia ti…
Tú brillas intensamente…

Con un armonioso suspiro finalizó abriendo sus ojos para encontrarse con… nada. ¿Estaría listo el desayuno? Fue lo primero que pensó, sonriendo porque ella solo comía vegetales y frutas, así que alimentarla podía resultar muy fácil siempre y cuando conservaran bien los suministros. Se levantó estirándose como un gato y viendo a un lado de su cama los obsequios de Ashveil: La daga, la espada y los guantes. Él la cuidaba como si fuera… su ¿hermana? ¿hija? ¿mascota? Cualquiera pudiera pensar que sentía lástima por ella pero la celeste sabía la razón, él le tendió la mano en su momento más oscuro, él simplemente le daba las herramientas para fortalecerse física, mental y emocionalmente, sin presiones, a su ritmo, a su tiempo. A veces, una voz en su interior le gritaba con desagrado que él, que todos ellos, la terminarían utilizando y sacrificando para sus propios sueños pero esos pensamientos intrusivos los alejaba con rapidez porque era optimista sobre cada uno de ellos… porque no le habían dado motivos para dudar.

Una vez estirada procedió a limpiarse; le gustaba estar aseada y arreglada. No siempre tuvo la oportunidad de estarlo, y cuando podía lo aprovechaba al máximo, eso le hizo recordar que también tenía mucha ropa, era como la muñeca de sus nakamas… hasta Algodón de Azucar (Hyakinthos) le había regalado unos lindos vestidos pero su prenda  favorita era una camisa morada que Blacky (Jensen Valentine) le había regalado. El morado no combinaba con sus ojos ni cabello pero lo hacía con su corazón, porque la camisa venía impregnada de todo el cariño de su hermano juramentado y eso la hacía más valiosa que cualquiera otra posesión que tuviera para vestir.

Esa mañana la dama estaba vestida con un short de jean corto, muy corto, que dejaba al descubierto sus largas y níveas piernas con una que otra escama azulada asomándose. Una camisa blanca de cuello redondo sin más adornos. Un sueter overside de color marrón pastel, que hacía resaltar sus ojos. De zapatos, unos tenis blancos también, ese día los tonos sobrios se hicieron presente en su elección. Todo muy cómodo para dar inicio a la mañana que tenía la pinta de ser tranquila. Si se apuraba, seguramente alcanzaría a ver el sol terminar de alzarse por el horizonte. Sus pasos la llevaron hasta la cubierta del barco. Aún nadie estaba despierto, o más bien, nadie había dejado la intimidad de sus recamaras… o eso había pensado cuando escuchó un chapoteo, aunque podría ser una ballena también.

Para sorpresa de la muchacha, no se trataba de un primo lejano suyo… sino del gigante pelirrojo de la tripulación: Thrym-sama. Estaba ahí, flotando sobre el mar de la mañana, sin preocupaciones, solo su gran cuerpo a la deriva del vaivén de la corriente pero que curiosamente no se alejaba de su sitio. ¿Estaría atado de alguna forma? Porque todos conocían su profundo amorío con morfeo, y eso podría llevarlo a despertar en… otro blues. María en silencio, se sentó sobre la baranda de la borda; sus piernas quedaron bailando al vacío. Se quedó ahí viendo el amanecer mientras el navegante dormitaba. Hubiese canturreado otra canción pero no deseaba importunar al coloso.

  — Dicen que quien madruga, encuentra agua fresca — la voz varonil provino del gigante, un susurro que casi la hizo dudar de que había hablado — ¿Buscas agua fresca, María? — la pregunta confirmó que no estaba tan dormido como ella pensaba, así que solo sonrío, aunque él no la vería porque estaba aun con sus ojos cerrados. ¿Qué buscaba? Ni ella lo sabía.

  — Agua fresca encontraste tu, Thrym-sama… yo solo quería ver el amanecer… — comentó mirando más allá del mar, a donde se hacía uno con el cielo.

 El gigante no dijo nada más, como si procesará sus palabras — Si, encontré agua fresca y casi me vuelvo a dormir, agradezco al sol que me recordará que la noche ya finalizó porque tengo muchas cosas que hacer — comunico abriendo uno de sus ojos azules para mirarla, parecía un Kraken en la cabeza de la semi-sirena — … escuche algo interesante ¿Quieres escucharlo? — le pregunto a la joven. Esa simple premisa la hizo ampliar su sonrisa, a ella le gustaba escuchar cosas interesantes, escuchar cualquier cosa la verdad… porque al final del día siempre sería una cotilla.

— ¿Algo interesante? ¿Preguntas si quiero escuchar algo interesante? ¡Por supuesto que sí quiero, siempre quiero, mil veces si! Recuerda siempre esta respuesta, enmarcala, ponle una luz halógena y cuélgala donde la veas. Porque esa es la  respuesta que le da cuerda a mi mundo.... — respondió con emoción, el pelirrojo había dado en el clavo para llamar la atención de la joven. Su reacción lo hizo abrir el otro ojo y mirarla con una mediana sonrisa, como alguien que está a punto de hacer una travesura.

— Escuche que en una parte de la montaña, esa que vemos desde aquí, entre los bonsais que brotan, hay algo especial… dónde los de tu especie pueden aprender ciertos conocimientos valiosos, valiosos para cuidar nakamas que darían la vida por ti… para no dejar que nadie ni nada les haga daño, ni a ellos ni a ti. Un sitio dónde hay un conocimiento que… sería invaluable para ti, para Ashveil, para el resto. Un gran apoyo la verdad — soltó sin tapujos haciendo énfasis en "ti", con tranquilidad, a nadie en la tripulación le pesaba la celeste pero eso no significaba que no se preocuparán por ella, por su defensa cuando no estuvieran presentes, nunca se sabía que podía suceder en el inmenso mar, ni qué aventuras peligrosas podrían vivir en solitario por eso fue tan claro, porque si ella podía cuidar de sí misma todos estarían más despreocupados, en especial Ashveil, quien como capitán siempre velaba por cada uno — ¿Sabes, María? Nuestro Capitán nunca nos exigirá nada a cambio, es el mejor tipo que conozco… y porque es de los de buen corazón, nosotros debemos cuidarlo a él. Si nos pasara algo, aunque fuera un rasguño, lo sentiría más que tú o yo. No me gusta ver a las personas que aprecio pasarla mal… ¿A ti? — finalizó con un matiz amargado, lo que hizo pensar a la mujer sobre sus palabras. Fantasma lo único que le pidió fue lealtad y que fuera libre, él se encargaría del resto pero si ella no podía cuidarse sola ¿Cómo podría ayudar a su Luz?

— No, no me gustaría verlos a ninguno… mal — confirmó con un escalofrío de solo imaginarse la situación: Jensen herido, Maki sufriendo o Cherry maniatado. ¿No se suponía que sería un día tranquilo? ¿Por qué el gigante la estaba sermoneando?

  — Karate Gyojin, una vez conocí a un tipo que lo practicaba, dominaba el agua y usaba su poder para enviar poderosas ondas que impactaban el agua dentro del cuerpo del oponente… una locura si me lo preguntas — explico el pelirrojo, quien había vivido más que ella, así que seguro sabía de todo lo que sucedía en el basto mundo... más allá de una habitación o de una prisión que habían sido los habitas naturales de María.

— Hmmm… — fue el sonido que salió de la joven al tiempo que fruncía el ceño. La brisa marina sopló, moviendo su largo y suelto cabello. No quería ser una carga para sus nakamas, y si era algo que se acercaba a sus raíces, podía ser único y especial, tanto como para ser un factor determinante en la causa de Ashveil o los sueños de Rackham o las locuras de Owen. — … supongo que no pierdo nada visitando ese lugar, aunque nunca he entrenado más que lo que ustedes me han enseñado desde que estamos juntos… yo quizás… no lo logre…— musito con dudas. Las dudas eran normales normales para alguien cuyo cuerpo fue utilizado para el placer, no para pelear pero podía cambiar eso, había aprendido a utilizar la daga y tenía la espada con la que practicaba con Maki… ¿Quién le podía poner límites a sus posibilidades? Nadie, solo ella, nadie más. Se impulsó con sus manos para pararse en la línea de la baranda de la borda mirando al cielo al tiempo que sus ojos comenzaban a brillar — … yo quizás… no lo logré… a la primera… pero siempre puedo intentarlo, y seguir intentando hasta lograrlo, hasta… obtener una habilidad que me permita ayudar a mis amigos y descubrir más sobre mi misma... y me lleve a la libertad — sentenció totalmente convencida, o con el cerebro lavado por el pelirrojo, pero daba igual, conseguiría ese conocimiento y volvería victoriosa.

  Así fue como luego de su charla con Thrym, corrió a empacar algo de ropa con rapidez, también tomó algunas manzanas de la cocina. No parecía una aventura fácil de solventar en un día así que se preparó para el viaje en un abrir y cerrar de ojos. El gigante la llevó en su hombro a la playa más cercana, también le regaló una brújula para que no se perdiera, solo debía ir hacia la montaña y subirla, en el camino encontraría las respuestas, y si se perdía debía utilizar la brujulita. ¿Fácil, No?

19 horas después…

— ¿Alguien ha visto a María? — preguntaba Ashveil extrañado por no haber visto a la semi-sirena rondar a su alrededor, como mínimo lo visitaba una vez al día.

— Se fue a entrenar Karate Gyojin ¿Sabías, no? Dicen que hay un dojo en la montaña dónde enseñan eso… — comentó casualmente Thrym a su capitán, como si no hubiera sido el instigador a tal acción de la desorientada dama.

— ¿Qué? — respondió entre una mezcla de sorpresa, fascinación y preocupación… sabía que la cabeza de la mujer iba y venía de forma difícil de entender pero no imaginó que ella haría algo así… no tan pronto. ¿Estaba listo para dejar nadar a la preciosa semi-sirena por su cuenta? Si pero si no regresaba en un par de semanas, pondría esa montaña, y de ser necesario la isla, de cabeza para encontrarla. Y todo raíz del susurro de un coloso.

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Segundo Acto: Sol y Luna. El camino a la desesperación.

Off

La caminata la llevó a la montaña llena de bonsáis gigantes, un sitio con aspecto peculiar mientras más se acercaba porque siempre había estado cerca de la playa, rondando por los pueblecitos. Había salido totalmente decidida luego de la conversación con el gigante pelirrojo, después esa convicción se convirtió en admiración del paisaje, en perseguir mariposas, perdiéndose y en olvidarse varias veces cuál era la misión: Llegar al Dojo del Karate Gyojin… pero siempre terminaba recordando las palabras de su nakama, solo debía ir a la gran montaña, no había forma de perderse. Era grande, y estaba en mitad de la isla.

Al adentrarse en el bosque de bonsáis gigantes tuvo tantas preguntas ¿Eran bonsai de gigantes? ¿Dónde estaba el gigante que los había creado cerca? ¿Por qué no veía ningún gigante? ¿Por qué Bonsais y no árboles frutales? ¿Los bonsáis podían ser de árboles frutales? No lo sabía pero sin duda le preguntaría a alguien, si encontraba a alguien a quien preguntar, o tal vez a Thrym cuando regresará al barco.

Con la mochila a su espalda, y la misma ropa con la que había salido esa mañana, seguía caminando, y caminando, y ¿dónde estaba? No lo sabía, solo veía esos árboles gigantes pero en teoría "enanos", vegetación por aquí, vegetación por allá, y arrozales que había pasado hacía mucho tiempo. El sol ya estaba bajando del firmamento, porque la luz comenzaba a volverse tenue. ¿Le tocaría acompañar? No le importaría dormir a la intemperie pero solo trajo ropa, pensó que en el dojo le darían una habitación, una cama mullida y esas comodidades que gozaba desde que se volvió parte de la tripulación de Ashveil.

De pronto el sonido del agua fluyendo llamó su atención, se acercó y descubrió un cristalino arroyo. Aprovecho el lugar para refrescarse, comer una de las manzanas que trajo consigo y apreciar el paisaje. Ciertamente, era un sitio muy natural, muy animal… aunque ella siempre preferiría el mar. Bostezo a la nada y terminó recostándose en el suelo. ¿Y si regresaba al barco? No sabía dónde estaba, ni siquiera sabía que buscaba en realidad ¿una casa? ¿un templo? ¿una pagoda? En definitiva, fue una acción precipitada de su parte lanzarse a esa aventura motivada por el fulgor en su corazón y la persuasión de Thrym.

— ¡Basta, María! — se regañó en un susurro levantándose de golpe, y cerrando los puños frente a ella — Tienes que encontrar lo que sea que sea el dojo, debes aprender el Karate Pez. Puño, patada, kung fu, samba, origami, kimchi… — empezó a recitar dando golpes, tan terriblemente mal ejecutados como solo un amateur podría, aunque ganaba puntos por entusiasmo — ¿Y si es así? Aprender el Karate Pez, es un camino de autosuperación que la montaña en sí misma te enseña mientras estás en sus interminables parajes. Golpe aquí, patada allá, así se va fortaleciendo tu cuerpo y mente. Es una prueba de superación personal llena de sudor, confusión y sangre… hambre y desesperación…  —  comentaba la celeste sin dejar de atacar el aire de manera muy… poco hábil.

— No, realmente no funciona así. Si hay un dojo, y un maestro que enseña Karate Gyojin… — una voz tranquila cortó su hipótesis, haciéndola detener y buscarlo con la mirada… y para su sorpresa se trataba, no de uno, sino de dos hombres increíblemente guapos y con rasgos de tritones… como ella. Uno era peliblanco, el otro pelinegro, parecían en conjunto el día y la noche, Sol y Luna — Se trata del Maestro Batch Kalão, y estas algo lejos del Dojo, Señorita —  indico con respeto dedicando una sonrisa afable.

— ¿Maestro Bakalao? Wooow Suena a todos un Gyojin, puro, tan puro como sería un Gyojin de verdad — comentó luego del sujeto, llevando la mano a su mentón en forma pensativa, sin inmutarse porque habían dos desconocidos con ella en el medio de la nada — ¿Cómo que lejos? — le refuto cambiando su expresión a una muy desconcertada, si continuaba perdida, y alejándose del Dojo jamás lograría aprender nada.

— Es Batch Kalão, no Bakalao — corrigió el de cabello negro con cara de pocos amigos.

— Lejos, como de que estás al otro lado de la montaña, Señorita — le respondió el de cabello blanco con amabilidad., ignorando la intervención de su colega.

— ¿Y cómo llegó? Podrían decirme, por favor, necesito aprender Karate Pez, necesito el conocimiento y poder de mis ancestros para defenderme y defender a mis amigos... — rompió la distancia con el tritón bonachón, tomando sus manos entre las suyas mientras lo veía con ojos de cachorro bajo la lluvia.

— El maestro Batch Kalão jamás entrenariá a alguien que se mira tan inutil como tu. Vamonos Jioh, estamos perdiendo el tiempo. — sentencio el otro tritón, con una voz de desdén que a cualquier otra persona hubiera herido su orgullo pero María estaba acostumbrada al menosprecio, así que la mayoría de las veces, ese tipo de afirmaciones le daban igual…

— No digas eso, Nian. No trates de esa forma a los demás — lo regaño mirándolo sobre el hombro, la chica aun tenía sus manos sujetadas — Señorita, el entrenamiento es muy duro, y aunque el Maestro enseña a todo aquel que lo desea… quizás para alguien tan… delicada como usted, no sea la mejor opción. A veces la mejor defensa no es la violencia, no necesitas ser fuerte físicamente para defender a tus nakamas — habló, coincidiendo a su manera con su compañero, y haciendo énfasis en “delicada” con un apretón de sus manos para luego soltarlas — ¿Por qué no regresas a casa? Busca una forma más diplomática de apoyar a tus amigos, una manera que no ponga en peligro tu vida… —  le explicaba con lentitud como si estuviera hablando con una niña pequeña. Ciertamente, la de hebras celestes no parecía una guerrera porque no lo era pero cómo iba a serlo si no comenzaba a intentarlo.

— … — Lo miro por un momento a sus preciosos ojos azules, luego inhalo y exhalo profundamente — Pareces buen primo pero no lo eres. Es cierto... soy… no soy… la más fuerte, hábil o precisa pero… pero tengo la voluntad de aprender, quiero ser enseñada… porque… — su voz se fue apagando, nadie lograba entenderla… Solo Ashveil lo hizo, él vio lo que su corazón anhelaba… y le dio lo que necesitaba: Libertad para crecer. No se la impuso, solo le mostró cómo se sentía… cuando otros a lo largo de su vida solo se lo imponían y se la exigían. Como estaba haciendo ese tal Jiho, condescendencia disfrazada de ínfulas de superioridad moral y bélica — … ¡Da igual! Igual conseguiré el Dojo, al Maestro Bakalao y aprenderé el Karate Pez — su voz volvió con su habitual entusiasmo, señalándolo para darse media vuelta y seguir su camino, camino que la seguía llevando en dirección contraria al Dojo.

— ¿Si soy una mala persona? — preguntó con un toque de preocupación a su amigo viendo a la señorita irse por el camino equivocado.

— Si, le intentaste cortar las aletas. Ha sido muy cruel Jiho. Yo por lo menos fui directo, tú lo disfrazaste con miel y azúcar — le reprocho negando con su cabeza y siguiendo la dirección por dónde se fue la muchacha — Parece decidida, dejemos que sea el maestro quien lo decida. Además si la dejamos sola, de noche, se muere. — reflexiono, estaba amargado con el mundo pero no era una mala persona como para dejar atrás a un inocente, y la chica, después de todo, parecía tener voluntad y una belleza difícil de ignorar.

Y así fue como los dos hombres del mar fueron tras María. Luego de un par de intercambios más, hicieron las paces, y fue cuando la muchacha descubrió que ambos eran discípulos del Maestro del Karate Gyojin. Iban subiendo al Dojo luego de completar una tarea que les había encomendado el misterioso maestro. Fue realmente toda una suerte encontrarse con ellos, porque luego del momento incómodo al conocerse, todo lo demás fluyo… y claro, con Sol y Luna, el camino a la desesperación sería menos traumático.

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Tercer Acto: Maestro Bacalao.

Luego de un día y medio llegaron al Dojo, el Dojo era un Dojo… no había más que explicar. Jiho le había informado todo sobre el Maestro Batch Kalão… un tipo serio y estricto, orgulloso y cabezotas. Convencerlo para que la entrenará no sería fácil pero según el consejo de Nian, si las cosas se complicaban solo debía decirle: “El Karate Gyojin es superior a cualquier otro estilo, por eso quieres aprenderlo”. Con eso mente la llevaron a una puerta, de esas de papel corrediza muy estilo asiático. María entró... luego de un suspiro que la llenó de optimismo para lograr ser aceptada como discípula.

[Imagen: bacalo.png]

Al entrar visualizo un sitio muy austero, nada llamativo pero limpio y ordenado y fue cuando vio, un cuadro, con un Bacalao verde pegado en la pared. ¿Jiho le había dicho que el maestro era verde y su nombre Batch Kalão? ¿Significaba que estaba delante de su maestro? Su sentido común dijo: SI. Así que se puso de rodillas y… — ¡OH! ¡Señor Ba-Ca-Laoooo! ¡Maestro del Karate Pez! ¡Magnifico habitante de esta papelezca pared! Te lo ruego, por el amor de los crustáceos y la belleza de los arrecifes... ¡Por favor, por favor, por favorcito, acéptame como tu discípula! Soy digna, lo juro por el sabor de las hojas de bonsáis de esta montaña que mordisque mientras ascendia. Se que no lo parezco a primera vista, que no hay “Bacalosidad” en mi pero tengo una gran motivación para estar aquí, quiero aprender para ser LIBREEEEEE, Señor Bacalao. ¡LIBREEEEEE! Libre de las cadenas de... de las cadenas de la razón… de la gravedad que me impiden flotar como una burbuja feliz a la deriva de mis decisiones.  Y para eso necesito su sabiduría de brutalidad bacalaoistica, que pasa de pez a pez, de aleta a aleta. Solo dime que sí, Maestro. ¡Dame una señal! ¿Quizás un ojo parpadeando? ¿Que el marco se balancee? ¿O que se me antoje de repente un sushi de pepino hecho por Rackham? Cualquier cosa… — canturreo la chica con mucha emoción, y altibajos en su entonación para dar más vida a su monólogo, sin darse cuenta del Gyojin real parado a detrás ella…

— ¿Qué estás haciendo? — la voz sonó en la habitación, con una mezcla de confusión y antipatía.

— ¿No es obvio, Maestro? Le estoy pidiendo que me entrene — respondió la chica mirando fijamente el retrato. ¡ESTABA VIVO!

— Es un cuadro… — dijo sin entender nada, ni de dónde había salido esa loca.

— No lo juzgo maestro. Puede ser un cuadro, un jarrón,  el moco verde en la nariz de alguien… Yo lo aceptaré en cualquier forma y tamaño pero entrenéme por favor, Maestro Bacalao — suplico al cuadro.

— ¿Moco? ¿Maestro Bacalao? — repitió respirando hondo, controlando su temperamento, pero esta mestiza como se atrevía a llamarlo tan irrespetuosamente y además confundirlo con un cuadro — ¡Jiho! ¡Nian! — grito el nombre de sus discípulos actuales, al escucharlo María volteo mirando por primera vez al hombre verde detrás de ella, ojos rojos profundos y expresión de mal humor con un par de venas saltando en su frente. 

— Maestro — llegaron ambos al llamado.

— Saquen a esta mujer de mi Dojo… — les ordenó intentando mantener la compostura, jamás había escuchado a alguien delirar tanto en tan poco tiempo. Le dio dolor de cabeza.

— ¡NO! — habló María levantándose del suelo, y dándose cuenta que la había embarrado confundiendo al pez del cuadro con el verdadero maestro… pero le dijeron que era un Bacalao Verde — No, no, no… — se bloqueo por un momento, si la desterraban todo estaría acabado.

— Pero… maestro ha hecho todo el camino hasta acá solo para conocerlo y aprender de usted… — la defendió Jiho con una voz muy respetuosa.

— Cualquiera sin voluntad se hubiera dado por vencido a mitad de camino… dele una oportunidad maestro — también la defendió Nian, quien la miró como alentandola a hablar, y decir algo, algo como el consejo que le dio anteriormente.

— Si, digo ah… — se puso frente al Maestro haciendo una media reverencia — Por favor, enséñeme Karate Gyojin. Solo un maestro disciplinado como usted sería capaz de enseñarme el arte marcial que es superior a cualquier otro estilo… — indicó, de manera puntual, no quería volver a fallar en la primera impresión con el hombre.

Luego de un silencio meditativo, como si sus palabras hubieran acariciado algo dentro de él, paseó su rojiza mirada por los tres oyentes — ¿Por qué quieres aprenderlo? — cuestiono con un toque de interés, dándole el beneficio de la duda.

— LIBERTAD — respondió la semi-sirena sin dudarlo con sus ojos ámbar brillando, la libertad de decidir protegerse, o proteger a sus amigos, la libertad de quedarse encerrada en su celda o salir a comerse el mundo… por eso quería aprenderlo pero cuando iba a iniciar su monólogo una mano tapo su boca, y sobre esta otra mano se apersono, eran de Jiho y Nian, que luego de haber estado con ella las últimas horas sabían que si la dejaban continuar volvería a hablar de más.

— Maestro por favor, acéptala — pidieron al unisonido ambos tritones, cuyos corazones ya había colonizado María Merlot.

— Hmmm — la muchacha parecía tener motivación y un error lo comete cualquiera, sin embargo... una aprendiz como ella nunca había tenido, sería todo un reto. Y no se refería a su mestizaje sino a una cabeza que giraba a miles de revoluciones por segundo — Está bien. Te entrenaré pero a la primera queja sin sentido te vas. Nos vemos en 30 minutos en el patio principall — la aceptó con una condicionante, y luego se retiró.

Había sido aceptada, estaba feliz y sus nuevos amigos también. Jiho y ella se abrazaron y Nian solo negó con la cabeza, era un Tsundere en toda la regla. Ahora además de amigos, eran compañeros de dojo y compartían como sensei al Maestro Bacalao.

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Cuarto Acto: La desesperación de una mestiza.

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El tritón de cabellera blanca, la llevó a su habitación dónde pernoctaría hasta que lograra su meta: Aprender Karate Gyojin. También le facilitó prendas más cómodas para el entrenamiento y lo bueno es que eran de colores pasteles, que siempre la favorecían. Vestida con su uwagi, zubon y obi, además con una bandana en su frente y su cabello recogido en una trenza. Estaba lista para enfrentar su destino y domar su futuro con puños, patadas, kung fu, samba, origami y kimchi.

Al llegar al patio principal, vio al Maestro Bacalao en una postura muy seria, y a su lado un tobo lleno de agua y un trapo. El sitio era amplio. Una superficie que le permitiría convertirse en toda una experta del arte del pez bélico. Estaba muy emocionada, tanto que correteaba por aquí y por allá esperando instrucciones, y aunque sus compañeros intentaron que se quedara tranquila, no lo hizo — Maestro Bacalao, Señor. Estoy lista para su ilustre clase de brutalidad acuática — le comento lanzando puños al aire y patadas a la nada, mientras Jiho sonreía preocupado y Nian negaba con la cabeza.

El sujeto de piel verde se mantuvo sereno, no volteo a verla. Y el silencio se hizo presente, María iba a volver a hablar pero Jiho la detuvo, e hizo un gesto para decirle que esperará, que tuviera calma. ¡Difícil! pero lo haría, los 2 minutos se sintieron eternos pero al final el hombre soltó un imperceptible sonido y se giró para encontrarse con sus aprendices — Jiho, Nian, hoy meditaremos… — le señaló sin adornos ni palabras de más, luego miró a la semi-sirena que le sonrió como si fuera el Kami que había dejado en Sorbet. Ella estaba lista, lista para fortalecer su cuerpo, alma, mente, lo que fuera — Tobo, agua, trapo… limpia la losa de este patio, quiero ver mi reflejo en él — dijo con su habitual seriedad.

— Si, maestro… si, también medit… — en medio de su emoción no había entendido sus palabras, luego se detuvo — ¿Qué? — balbuceo confundida… ¿limpiar era su entrenamiento? ¡Ese pez verde estaba de broma! ¿Verdad? — Ha ha ha ¡Pensé que no sabía bromar, Maestro Bacalao! Muy divertido. Ahora dígame de verdad qué haré... — solicito con una gran sonrisa llena de expectativas.

— No bromeo, y no repito las cosas dos veces… — sentenció, comenzando a caminar para irse a sentarse a meditar a la lejanía con los dos tritones, dejando a María en el medio del patio, con la cubeta, el agua y el trapo.

Un parpadeo, dos parpadeos, tres parpadeos.

La celeste estaba en shock procesando su ¿entrenamiento? ¿de verdad era un entrenamiento? Se detuvo un momento a pensar, no podía rendirse… tal vez era una prueba, una prueba para determinar su convicción por el tan anhelado aprendizaje. Así que lo asumió como el reto que era… tomó el trapo, lo enjuago en el agua y empezó a limpiar baldosa por baldosa, tramo por tramo. Se inclinaba, se levantaba, cargaba el tomo pesado con agua nueva, volvía a trapear y trapear mientras los veía meditar.

¿Él quería ver su reflejo?
Él veía su reflejo.

Día #1. Lo limpio todo para cuando cayó el sol y el maestro vino, solo negó con la cabeza y resopló — No veo mi reflejo —

Día #2. Sus ánimos estaban muy arriba, volvería a repetir el proceso, dónde contraia el estómago, dónde alineaba sus rodillas, dónde parecía que estaba haciendo sentadillas al agacharse y levantarse para limpiar el suelo. Al finalizar el día, el hombre verde volvió a resoplar — No veo mi reflejo —

Día #3. Se estaba frustrando, ella si veía el reflejo, el suyo, el de cualquiera que se pusiera ahí. ¿Por qué él no lo veía? Con el amanecer volvió a limpiar aquel patio, y cada metro cuadrado que lo conformaba. Sus músculos le dolían, sus manos  estaban agotadas de frotar al norte, de frotar al sur. Por suerte tenía a Jiho y Nian animándola para no desistir. Cuando el maestro fue a evaluar al final del día, repitió las únicas cuatro palabras que parecía solo pronunciar ante ella — No veo mi reflejo — pero cuando ella estuvo a punto de decirle que si estaba ciego, recordó la condición de entrenarla: Si se quejaba, sería expulsada.

Día #4. No le quedaba de otra, limpiar y limpiar, entonces también canturreaba mientras “pulía un poco la cera”. Ahora más que nunca admiraba a sus nakamas, esto de ser un individuo fuerte requería paciencia y dedicación, disciplina. Ella preferiría estar en su celda. Contrario al primer día, y por consejo de Jiho, mejoró su postura para limpiar, así que sentía que trabajaba de forma más eficiente. Al venir el maestro indolente, ella ya sabía que diría así que no fue sorpresa cuando repitió su frase insignia — No veo mi reflejo —

Día #5. ¿Se repitió el proceso? Si, así fue. Mientras ellos meditaban, y hacían cosas geniales de karate, ella solo estaba ahí… “dando cera, puliendo cera” pero era optimista. ¿Si era una prueba? ¿Si él solo quería ver su reflejo, literalmente? Entonces… lo haría ver su reflejo. Al finalizar el día, cuando el maestro vino a ver el patio... María lo recibió con las manos detrás de su espalda, esperando su sermón de cuatro palabras — Mi reflejo… — no había terminado cuando la celeste sacó de detrás un espejo y se lo puso frente a su maestro.

— Su reflejo… — dijo con una gran sonrisa como si hubiera ganado algo, porque ahora él sí vería su reflejo. Quizás solo era narcisista.

— Iba a decir que ya lo veía pero por tu tonta broma limpiarás tres días más… — sentenció con una vena saltando de su cabeza mientras se retiraba.

— ¿Lo logre? — musito la chica abrazando el espejo que le había robado a Nian — Solo tres días más y podré entrenar Karate Gyojin… ¡Yuju!  Muy bien María Merlot — se autofelicito, ignorando el hecho que si no hubiera hecho la broma… la limpieza fuera terminado esa misma tarde.

Luego de una noche de celebración con sus amigos tritones, y tres días más limpiando el patio… por fin llegó el día de aprendizaje formal. Entonces se dirigió con Jiho y Nian a un lateral del templo dónde se podían observar los bonsáis más de cerca. El sitio era muy bonito, dónde había una caída de agua en forma de hilo, y justo a su lado una especie de palo de bambú más ancho y alto que ella, el mismo se observaba inclinado haciendo que el hilo de agua cayera fuera.

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¿Qué harían ahí? ¿Golpear el bambú? ¿Patear los bonsáis? No importaba qué pero estaba lista, preparada para por fin aprender el Karate Gyojin. Se apretó bien la bandana en su cabeza y espero instrucciones.

El serio hombre, nuevamente se dirigió primero a sus discípulos masculinos — Jiho, Nian, hoy comenzaremos a practicar la postura del Karate Gyojin… — les indico mientras María esperaba con ansias la lección de ella — Agua, bambú, lo sostendrás en la posición correcta hasta que se llene, luego llevarás el agua al Dojo hasta reponer todo el suministro de agua, en especial la piscina… — explico su nueva tarea con solemnidad.

— Si, si, Maestro Bacalao yo sostend… — se detuvo procesando las palabrasbras mientras una risita incrédula escapaba de sus hermosos labios. A esta altura, y luego de días trapeando el piso, sabía que el hombre verde no bromeaba, nunca — Ah… oh… uh — sus ánimos fueron demolidos, sin piedad. ¿Por qué le ponía a hacer cosas tan absurdas? Estuvo a punto de refutarle, tratar de persuadirlo pero recordó la penitencia, si se quejaba sería expulsada y estaba haciendo todo eso por sus amigos, pero empezó a dudar del sensei y sus ganas de ayudarla… a encontrar la libertad, libertad que le ayudaría a si misma y al futuro desconocido.

Motivándose mentalmente, la dama se acercó al bambú que la superaba en tamaño, pego sus palmas a la fría superficie y la empujo hasta hacer que el agua cayera en su interior. Era pesado ese palo hueco, y el agua caía lentamente. Abrió sus piernas para tener una mejor postura, al principio le costó mantenerla pero con unas indicaciones de Nian encontró la manera perfecta. Ahora solo le quedaba aguantar, cargar el agua y repetir el proceso.

La brisa soplaba, y a lo lejos veía de reojo a sus nakamas entrenando contra la nada golpes estilo karate mientras ella solo sostenía un bambú gigante en una posición “abierta” y sus palmas completamente estiradas contra la celulosa, podía sentir el agua en su interior y el goteo la calmaba, le gustaba mucho el agua, en todas sus formas y sabores; todo ser vivo estaba hecho de agua. Horas después, muchas horas después, y luego de varios intentos fallidos, porque obviamente mantener esa postura no era sencillo, logró que se llenara el bambú y procedió a con tobos ir llenando los sitios del templo que necesitaban agua… pero cuando vio la piscina más grande, donde imagino nadaba el hombre verde para recordar sus tiempos como un renacuajo, supo que estaría condenada más tiempo en esa tonta actividad pero viendo el lado positivo al asunto, cuando lograda la misión, quizás ahora si le enseñaría Karate Gyojin.

Así volvieron a pasar los días, entre sostener y reponer agua, agua que en aquella altura sin distracciones se sentía más real que nunca, como si estuviera entendiendo algo más universal. Cuando María termino de llenar la piscina, el Maestreo Bacalao le dio una lista más extensa de actividades: Lavar las sábanas de todo el Dojo, debía secarlas al sol sacudiéndolas no exprimiéndolas. Después pelar muchas papas ¿Para qué? ¡Nadie lo sabía! A la celeste le gustaban las papas pero luego de esa tarea no quería ver una en mucho tiempo.

¿Cuánto tiempo había pasado desde que llegó al templo?

Muchos, y no lograba que el maestro le enseñara nada de nada… solo estaba haciendo sus tareas domésticas. ¿Sería un misógino? Estaba frustrada, muy frustrada y más cuando en el nuevo día, sus compañeros estaban rompiendo tejas… tejas con sus manos y ella estaba haciendo cualquier otra cosa absurda. La sangre le subió a la cara, se puso tan roja como el cabello de Owen y se dirigió hacia el Maestro Bacalao.

— Usted… usted… es el peor maestro de todos los mares existentes. ¡Estoy harta, expulsame si quiere! Pero no ha intentando ni una sola vez, ni un solo día ayudarme a aprender Karate Gyojin, solo me ha ignorado y me ha hecho hacer sus tareas domésticas como si fuera Odeth en la cocina esclavizada cocinando para alimentar a Thrym. Yo solo quería aprender algo, aunque fuera pequeño, que me ayudara a defenderme, que sirviera más que gritar o patalear para apoyar a mis nakamas pero usted se ha burlado de eso, me ha estado haciendo perder el tiempo… Es el peor renacuajo color moco enfermdad que he conocido… — el estallido de furia de la joven sorprendió a todos.

Jiho sudo.
Nian trago saliva.

Batch Kalão la miró con una vena saltando en su cara — ¿Te estás quejando? Te vas de mi Dojo… — le comento señalando hacia la salida. Lo que hizo enfurecer más a la joven.

— ¡Aaaaaaah! Si, me voy... me voy odiándolo tanto… tráguese su Hyakumaigawara seiken — soltó en su rabieta para luego tomando la postura que aprendió cuando sostenía el bambú, estirando las palmas como cuando enceraba y pulía el patio, y sintiendo las ondas del agua como cuando sacudía las sabanas... lo empujo con todas sus fuerzas, el hombre verde no lo vio venir y salió impulsado casi diez metros de distancia.

El silencio reino…
María veía las palmas de sus manos incredula…
Jiho aguantaba la respiración…
Nian tenía la mandíbula abierta por la sorpresa…

Batch Kalão luego de toser y recuperar el aire, porque la chica lo había golpeado en el estomago, se levantó — Acabas de hacer el… Hyakumaigawara seiken — comentó sorprendido.

— ¿Acabo de hacer qué? — musito aun viendo sus manos y a los tres masculinos que la veían asombrados.

— El Hyakumaigawara seiken es parte del Karate Gyojin… Acabas de hacer una postura perfecta, empleaste la fuerza justa y necesaria y empujaste al oponente casi diez metros… ¡Fue increíble! —  habló muy emocionado Jiho mientras Nian asentía con su cabeza totalmente de acuerdo con la afirmación del peliblanco.

— Si, definitivamente lo hizo pero aun le falta más. Cada discípulo es un individuo distinto de enseñar María… y tú eres el más peculiar que he tenido. La disciplina te hará perfeccionarlo. Si estás dispuesta a continuar, yo estaré dispuesto a seguir  siendo tu maestro. El Karate Gyojin puede ser usado dentro y fuera del agua, y su esencia radica en utilizar ese porcentaje de agua que forma el cuerpo de cualquier ser vivo. Usamos nuestro elemento natural contra el objetivo — exclamó con solemnidad como si lo hubiera planeado todo desde un principio… ¿Acaso lo hizo? ¿O solo estaba fingiendo hacerlo? En este punto no importaba, la verdad.

Después de ese momento cumbre, la semi-sirena se disculpó. La verdad no lo odiaba, ya no porque ahora sentía que todo lo que le había puesto hacer tenía un sentido de enseñanza que ella como una simple mortal nunca visualizó. Lo siguiente fue entranar con las tejas, ahora si se sentía como toda una Karateca del Gyojin, rompiendo tejas mientras gritaba a todo pulmón “Hyakumaigawara seiken”.

El entrenamiento era agradable, y sus compañeros lo hacían más ameno. Cada vez rompió más y más tejas, con la palma abierta pero cuando formaba el puño era mucho más contundente. Siempre peleo con dientes y uñas para defenderse, nunca le funciono pero ahora sentía que tenía un arma real en sus manos, ahora sentía que aquella lejana conversación con Thrym tomaba más sentido que nunca.

Así fue como semanas después de llegar, y con ayuda de Jiho y Nian, descendió la montaña. Atrás quedaba el Maestro Bacalao suspirando por tremenda prueba de autodisciplina y resistencia mental que fue entrenar a esa menuda mujer, era encantadora pero… resulto ser todo un reto entrenarla, no podía usar métodos tradicionales, por eso le puso tareas que permitieran fortalecer su cuerpo y habilidades, mientras aprendía las posturas adecuadas y los golpes contundentes. Definitivamente debía comentarle a sus colegas de otros Dojo sobre esa irreverente mestiza; porque si quería seguir mejorando, debía visitar a los otros maestros. Por su parte, él visitaría a su medico de cabecera, sentía que su presión arterial se había visto afectada por la desesperación de la mestiza. 

………………………………….

Quinto Acto: Regreso a casa con un final inesperado.

María iba vestida con la muda de ropa que había traído en su mochila. Se sentía la mujer más fuerte del mundo. El sol empezaba a ponerse cuando pasó por los arrozales y llegó a la playa, fue un regreso tranquilo, gracias a que Jiho y Nian que la llevaron hasta la costa. Al despedirse de ellos empezó a caminar por la playa, en algún momento debería encontrar el enorme cuerpo de Thrym y el barco flotando cerca a él. Sus pasos se convirtieron en saltitos, saltitos que acompañó con canturreos… ¡Ya quería ver de nuevo a sus compañeros!

— ¡María Merlot! — su nombre la hizo darse cuenta que ya alguien la había avistado y ella a ese alguien que venía nadando hasta a la orilla, era el gigante Thrym. Cuando salió todo mojado del agua, se puso en cuclillas para verla mejor — ¿Estás bien? Ashveil estaba contando las horas para subir a esa montaña de bonsais a buscarte — preguntó primero con preocupación y luego con un suspiro de resignación, como si nada ni nadie hubiera podido sacarle la idea al Capitán de emprender aquella búsqueda, rescate y caos.

— ¡Thrym-sama! Si, si estoy bien, mejor que bien, estoy radiante y brillante. Ha sido una aventura interesante y conocí nuevos amigos: Jiho y Nian, y por supuesto al Maestro Bacalao pero cuando visites su templo no lo confundas con la pintura que tiene en su recibidor, son muy parecidos pero no son la misma “cosa” — le contó con emoción tirándose a abrazarlo pero por su tamaño parecía más bien una hormiga frente a un elefante. El gigante la agarró delicadamente entre sus dedos y la puso en su hombro.

— ¡Suena a toda una aventura! — coincidio con ella sonriéndole con su característico matiz bonachon — ¡Mereces que Odeth te prepare una deliciosa ensalada de frutas! — propuso el giganton haciendo sonreír a la semi-sirena.

— También me merezco un premio adicional de tu parte, Thrym-sama — bromeo con una sonrisa traviesa — Un beso gigante por mi gigante aventura — hizo énfasis abriendo sus manos mientras sonreía. Ella solo bromeaba, porque un beso de un hombre tan grande era casi imposible, y además el pelirrojo era como el tio simpatico que todos tienen en la familia.

El Gigante solo se carcajeó con ella pero cuando la dejó sobre la cubierta del barco, y para sorpresa de María, le dio un beso (o eso intento) en su cabeza, como un padre a su hija luego de un difícil primer día de clases...


Off
Karma Fanático: Hyakinthos. 
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Misión Ba-Ca-Lao :: Protocolo Aumento de Cortisol :: Fic Estilo Canon :: Privado - por Maria Merlot - 05-10-2025, 04:39 PM

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