Puede que para nosotros el simple hecho de pasar de capitulo no nos haya llevado más que unos segundos, pero al joven Fyodor le ha llevado algo más de 2 años avanzar hasta esta nueva encrucijada de su triste historia. Si todavía queréis continuar el diario estáis en vuestro derecho. Ya os advertí al comienzo de esta historia y no volveré a hacerlo, por lo que iniciaremos con esta parte más calmada, donde el inicio de nuestro joven protagonista será aclarado.
Yo, por mi parte, volveré a hacer acto de aparición en el siguiente capítulo, así que espero volver a veros allí.
Capítulo 2: La revelación.
En estos dos años el pequeño Fyodor, pese a la reticencia del barón, se había convertido en el esclavo personal de la señorita Irina. Aquello había supuesto una mejora sustancial en su calidad de vida. Por su parte, Kostya seguía vigilando de cerca al pequeño lunarian por orden del barón, aunque esto no lo sabía nadie más que ellos.-
-Fyodor, ve a buscar a mi padre y a mi esposo. Vikyor ya esta cambiado y listo para irse a su primera cacería. - La alegre voz de la señorita Irina sirvió para que una feliz e inocente carcajada saliese del pequeño bebé, que estaba vestido con un trajecito dorado que hacía resaltar un pelo igual de blanco que el de su madre y el de Fyodor, al igual que las grandes alas negras que los 3 portaban a sus espaldas.
-Claro. En un momento vuelvo. - Respondió con un tono igual de alegre el joven lunarian, que seguía ocultando su rostro con aquella remendada pero elegante bufanda y con un impoluto traje de servicio, tan blanco como su pelo y con detalles en dorado que demostraban el poder adquisitivo de la familia Tsvetnik.
-Deben de estar en el estudio. Diles que les esperamos en el vestíbulo. - Añadió antes de que el joven lunarian desapareciera por la puerta secreta.
Pese a haber dejado de servir como ayudante de la anciana sirvienta y pasar directamente a órdenes de la joven Irina, Fyodor seguía utilizando los pasillos secretos para moverse velozmente por la gigantesca casa. Su pequeño tamaño y su extraordinaria capacidad para haber memorizado todos los pasadizos le hacían perfecto para desempeñar velozmente las tareas que le encomendaba su joven ama.
-Señor. Tiene que hacer algo respecto a su hija y esa cosa. -No había pasado ni un minuto recorriendo aquellos angostos pasadizos cuando la voz de la vieja Kostya llegó a los oídos de Fyodor mientras llegaba al pasillo del estudio. - La joven ama al final descubrirá que le mentimos. Es sólo cuestión de tiempo.
La conversación, amplificada por los estrechos pasillos, llegó al oído de Fyodor y le permitió escuchar aquello antes de llegar al pasillo que daba a la entrada del estudio, haciendo que aminorase el ritmo hasta ir caminando mientras trataba de pensar en qué podían mentido a la joven ama.
-Lo sé. Pero la niña es demasiado caprichosa y no puedo negarme cuando me pide algo. - La grave voz del señor de la casa Tsvetnik resonó en la cabeza de Fyodor antes de que el ruido de una silla al arrastrarse y unos posteriores pasos pesados revelarán el movimiento del anciano. - Esa maldita promesa de hace 6 años es lo que condenará a esta familia. Tendría que haberle matado nada más nacer y haber tirado el cuerpo al mar.
La luz del frío atardecer otoñal se reflejaba sobre la fachada de la casa de Saint Tsvetnik, haciendo que su blanca fachada adquiriera un tono dorado similar al reflejo de la llama de una hoguera.
El ajetreo en el interior de la casa anunciaba un acontecimiento importante en el núcleo de aquella familia y, por tanto, en la vida de todos los habitantes de aquella isla. La joven Irina se encontraba en esos momentos dando a luz a su primogénito, siendo atendida por su madre, una mujer pequeña y extremadamente delgada, vestida completamente de un negro igual de puro que el de sus grandes alas, y la, aún mas imponente en comparación, Kostya, encerradas en una pequeña pero ostentosa habitación con todo lo necesario para llevar a buen puerto el milagro que se estaba dando en la cima del mundo.
-Empuja un poco más, Iri. - Guiaba la que sería la abuela del pequeño mientras agarraba una toalla. - Lo estás haciendo muy bien, sólo queda un último esfuerzo.
Segundos después y tras soltar un último grito de dolor, la joven Irina se quedó inconsciente tras lograr dar a luz al pequeño después de un parto que había empezado la mañana del día anterior y que había tenido más complicaciones de lo normal.
-Kostya. Llama de inmediato a mi marido. - El tono serio de la señora de la casa contrastaba con la alegría que debería haber tenido tras tener a su primer nieto en brazos.
-No pasa nada, señora Ilya. La joven Irina se ha quedado agotada después de todo el esfuerzo. - La voz de la anciana sirvienta trataba de aliviar a su señora, aunque el grito ahogado que salió instantes después de su garganta dio toda la razón a su señora, que estaba envolviendo con una toalla al recién nacido antes de dejarlo a los pies de la cama de su madre.
-Trae a mi marido y sólo a mi marido. Que nadie más sepa lo que sucede, Kostya. - El pequeño tamaño de su cuerpo contrastaba con el imponente aura que emitía la señora de la casa. Su convicción le dotaba de una seguridad que hacía ver pequeña a la gigante Kostya, la cuál, antes de salir por la puerta, lanzó una última mirada de preocupación y dudas al pequeño bulto silencioso que era el recién nacido.
-Fyodor... - Un suave susurro salió de los labios de su inconsciente madre, revelando con ello el nombre que quería dar a su recién nacido. Aunque nunca recordaría ese nombre.
-No te preocupes, Fyodor. - La ahora abuela se acercó al pequeño bulto que era su nieto, separando cuidadosamente la manta para ver la cara del extrañamente silencioso bebé y que, al contrario que el resto de su familia que olía a flores, emanaba un aroma a madera quemada...a chimenea. - Aunque nunca lo sabrás siempre serás un Tsvetnik. La sangre de esta noble casa corre por tus venas y juro por sus fundadores que no dejaré que te hagan nada. - Concluyó, segura y sin apartar la mirada del rostro de Fyodor, más similar al de un vampiro que al de un lunarian.
De vuelta al presente Fyodor acababa de llegar a la puerta que daba al estudio, abriéndola tras anunciar previamente su llegada, sin saber que aquello significaría el fin de su vida tal y como la conocía.
-Señor. La joven ama se encuen…- Antes de que pudiera terminar de transmitir su mensaje, la enorme mano de Kostya le apresó el cuello y le levantó a más de dos metros de altura con una velocidad impropia de alguien de su edad.
Fyodor no entendía que estaba sucediendo. El aire apenas le llegaba a los pulmones y, por mucho que pataleara y tratara de aflojar el agarre de la anciana Kostya, todo era inútil, dejándole únicamente la opción de buscar con la mirada a Saint Tsvetnik Riurik, para tratar de comprender que sucedía. Por su parte, el caballero sagrado, un hombre espigado de unos 60 años pero que aparentaba muchos menos, con el pelo corto, un extraño patron capilar en el rostro y vestido con un elegante traje negro azabache, del mismo tono que sus grandes e imponentes alas, iluminadas por un potente fuego que salía de su espalda, lo único que hizo fue sentarse de nuevo en su lujosa butaca, apoyando los brazos sobre la elaborada mesa de madera oscura llena de documentos y mirando la escena mientras mil pensamientos cruzaban su cabeza.
-Kostya, déjale en el suelo. - La grave voz del caballero sagrado inundó la habitación, consiguiendo que un temblor recorriera el cuerpo de la anciana, que soltó el cuello de Fyodor al momento.
El pequeño esclavo aterrizó sobre una mullida alfombra, que amortiguó la caída de 2 metros de altura, sobre la que se quedó tosiendo mientras trataba de recuperar el aire que le había sido privado con el fuerte agarre de la anciana sirvienta, que esperaba al lado de Fyodor una orden por parte del señor de la casa y cabeza de la familia Tsvetnik.
-Cuéntame qué has escuchado. - La inquisidora mirada del tenryubito se centró en el joven esclavo que ya había terminado de toser y se había levantado tembloroso, sin saber que estaba sucediendo pero ya acostumbrado al castigo físico.
-Que habéis mentido a la joven ama y una promesa de hace 6 años.- Respondió con sinceridad, ajustándose la bufanda para que no se le viera parte del rostro y sin levantar la mirada, sabiendo que si lo hacía un nuevo correctivo le sería aplicado.
-Bueno. Eso nos facilita mucho las cosas.- Empezó Saint Tsvetnik Riurik tras soltar un suspiro de alivio, como si se estuviera quitando un gran peso de encima. - Kostya, ponte en contacto con los Saint O'Heil y diles que tenemos un nuevo esclavo para llevar a Kutsukku... Creo que era Dragov la escoria que se encargaba de esa zona, pero los O'Heil lo sabrán mejor. - El tono del barón denotaba una firmeza tal que impedía cualquier movimiento por parte de Fyodor, el cual se había quedado congelado y estaba empezando a comprender lo que sucedía y quién era en realidad. El motivo por el que era el único esclavo lunarian... el porqué la señora de la casa le trataba tan bien... la reticencia de Saint Tsvetnik Riurik a que la señorita Irina me tuviese como esclavo personal... Todas las piezas habían estado ahí puestas y, tras un pequeño empujón que había quitado la venda de mis ojos, todo empezaba a encajar.
-¿Quiere que me encargue del esclavo antes? - Preguntó la anciana mientras ponía una de sus enormes manos sobre la cabeza de Fyodor para evitar que escapara. Pese a eso, tras un simple gesto de negativa con la cabeza por parte del cabeza de familia, abandonó la estancia dejando a anciano y niño solos en aquella habitación.
-Le prometí a tu abuela que no derramaríamos tu sangre y, debido al amor eterno que le tuve y aún mantengo, seguiré sin incumplir esa promesa. - Continuó el anciano mientras se acercaba al pequeño Fyodor, quedándose parado justo delante, levantando la barbilla del joven y cruzando miradas con él por primera vez desde que Fyodor era un recién nacido, revelando que ambos tenían los mismos ojos, de un color rojo sangre y con una oscuridad latente en su interior capaz de amedrentar al más valiente. - Es curioso como el destino se quiere burlar de ti y como, pese a todo, tienes más sangre pura de los Tsvetnik que tú hermano pequeño. Habrías podido ser un digno sucesor de no ser por tu asqueroso aspecto. - Concluyó con un ligero tono de orgullo, liberando del hechizo que había provocado con su voz y que atenazaba los músculos de Fyodor, colocándose a su lado para, acto seguido, golpear con el dorso de la mano el cuello de su nieto. - Demuéstrame que eres digno de vivir aquí.
La oscuridad se hizo instantánea para Fyodor, que acabaría despertando un par de días después en la sucia bodega de un barco, encadenado junto a otra veintena de niños de entre 7 y 12 años, casi todos con la mirada perdida y con varias capas de suciedad y sangre seca por encima.
Yo, por mi parte, volveré a hacer acto de aparición en el siguiente capítulo, así que espero volver a veros allí.
Capítulo 2: La revelación.
Año 3
En estos dos años el pequeño Fyodor, pese a la reticencia del barón, se había convertido en el esclavo personal de la señorita Irina. Aquello había supuesto una mejora sustancial en su calidad de vida. Por su parte, Kostya seguía vigilando de cerca al pequeño lunarian por orden del barón, aunque esto no lo sabía nadie más que ellos.-
-Fyodor, ve a buscar a mi padre y a mi esposo. Vikyor ya esta cambiado y listo para irse a su primera cacería. - La alegre voz de la señorita Irina sirvió para que una feliz e inocente carcajada saliese del pequeño bebé, que estaba vestido con un trajecito dorado que hacía resaltar un pelo igual de blanco que el de su madre y el de Fyodor, al igual que las grandes alas negras que los 3 portaban a sus espaldas.
-Claro. En un momento vuelvo. - Respondió con un tono igual de alegre el joven lunarian, que seguía ocultando su rostro con aquella remendada pero elegante bufanda y con un impoluto traje de servicio, tan blanco como su pelo y con detalles en dorado que demostraban el poder adquisitivo de la familia Tsvetnik.
-Deben de estar en el estudio. Diles que les esperamos en el vestíbulo. - Añadió antes de que el joven lunarian desapareciera por la puerta secreta.
Pese a haber dejado de servir como ayudante de la anciana sirvienta y pasar directamente a órdenes de la joven Irina, Fyodor seguía utilizando los pasillos secretos para moverse velozmente por la gigantesca casa. Su pequeño tamaño y su extraordinaria capacidad para haber memorizado todos los pasadizos le hacían perfecto para desempeñar velozmente las tareas que le encomendaba su joven ama.
-Señor. Tiene que hacer algo respecto a su hija y esa cosa. -No había pasado ni un minuto recorriendo aquellos angostos pasadizos cuando la voz de la vieja Kostya llegó a los oídos de Fyodor mientras llegaba al pasillo del estudio. - La joven ama al final descubrirá que le mentimos. Es sólo cuestión de tiempo.
La conversación, amplificada por los estrechos pasillos, llegó al oído de Fyodor y le permitió escuchar aquello antes de llegar al pasillo que daba a la entrada del estudio, haciendo que aminorase el ritmo hasta ir caminando mientras trataba de pensar en qué podían mentido a la joven ama.
-Lo sé. Pero la niña es demasiado caprichosa y no puedo negarme cuando me pide algo. - La grave voz del señor de la casa Tsvetnik resonó en la cabeza de Fyodor antes de que el ruido de una silla al arrastrarse y unos posteriores pasos pesados revelarán el movimiento del anciano. - Esa maldita promesa de hace 6 años es lo que condenará a esta familia. Tendría que haberle matado nada más nacer y haber tirado el cuerpo al mar.
Hace 6 años.
La luz del frío atardecer otoñal se reflejaba sobre la fachada de la casa de Saint Tsvetnik, haciendo que su blanca fachada adquiriera un tono dorado similar al reflejo de la llama de una hoguera.
El ajetreo en el interior de la casa anunciaba un acontecimiento importante en el núcleo de aquella familia y, por tanto, en la vida de todos los habitantes de aquella isla. La joven Irina se encontraba en esos momentos dando a luz a su primogénito, siendo atendida por su madre, una mujer pequeña y extremadamente delgada, vestida completamente de un negro igual de puro que el de sus grandes alas, y la, aún mas imponente en comparación, Kostya, encerradas en una pequeña pero ostentosa habitación con todo lo necesario para llevar a buen puerto el milagro que se estaba dando en la cima del mundo.
-Empuja un poco más, Iri. - Guiaba la que sería la abuela del pequeño mientras agarraba una toalla. - Lo estás haciendo muy bien, sólo queda un último esfuerzo.
Segundos después y tras soltar un último grito de dolor, la joven Irina se quedó inconsciente tras lograr dar a luz al pequeño después de un parto que había empezado la mañana del día anterior y que había tenido más complicaciones de lo normal.
-Kostya. Llama de inmediato a mi marido. - El tono serio de la señora de la casa contrastaba con la alegría que debería haber tenido tras tener a su primer nieto en brazos.
-No pasa nada, señora Ilya. La joven Irina se ha quedado agotada después de todo el esfuerzo. - La voz de la anciana sirvienta trataba de aliviar a su señora, aunque el grito ahogado que salió instantes después de su garganta dio toda la razón a su señora, que estaba envolviendo con una toalla al recién nacido antes de dejarlo a los pies de la cama de su madre.
-Trae a mi marido y sólo a mi marido. Que nadie más sepa lo que sucede, Kostya. - El pequeño tamaño de su cuerpo contrastaba con el imponente aura que emitía la señora de la casa. Su convicción le dotaba de una seguridad que hacía ver pequeña a la gigante Kostya, la cuál, antes de salir por la puerta, lanzó una última mirada de preocupación y dudas al pequeño bulto silencioso que era el recién nacido.
-Fyodor... - Un suave susurro salió de los labios de su inconsciente madre, revelando con ello el nombre que quería dar a su recién nacido. Aunque nunca recordaría ese nombre.
-No te preocupes, Fyodor. - La ahora abuela se acercó al pequeño bulto que era su nieto, separando cuidadosamente la manta para ver la cara del extrañamente silencioso bebé y que, al contrario que el resto de su familia que olía a flores, emanaba un aroma a madera quemada...a chimenea. - Aunque nunca lo sabrás siempre serás un Tsvetnik. La sangre de esta noble casa corre por tus venas y juro por sus fundadores que no dejaré que te hagan nada. - Concluyó, segura y sin apartar la mirada del rostro de Fyodor, más similar al de un vampiro que al de un lunarian.
De vuelta al presente Fyodor acababa de llegar a la puerta que daba al estudio, abriéndola tras anunciar previamente su llegada, sin saber que aquello significaría el fin de su vida tal y como la conocía.
-Señor. La joven ama se encuen…- Antes de que pudiera terminar de transmitir su mensaje, la enorme mano de Kostya le apresó el cuello y le levantó a más de dos metros de altura con una velocidad impropia de alguien de su edad.
Fyodor no entendía que estaba sucediendo. El aire apenas le llegaba a los pulmones y, por mucho que pataleara y tratara de aflojar el agarre de la anciana Kostya, todo era inútil, dejándole únicamente la opción de buscar con la mirada a Saint Tsvetnik Riurik, para tratar de comprender que sucedía. Por su parte, el caballero sagrado, un hombre espigado de unos 60 años pero que aparentaba muchos menos, con el pelo corto, un extraño patron capilar en el rostro y vestido con un elegante traje negro azabache, del mismo tono que sus grandes e imponentes alas, iluminadas por un potente fuego que salía de su espalda, lo único que hizo fue sentarse de nuevo en su lujosa butaca, apoyando los brazos sobre la elaborada mesa de madera oscura llena de documentos y mirando la escena mientras mil pensamientos cruzaban su cabeza.
-Kostya, déjale en el suelo. - La grave voz del caballero sagrado inundó la habitación, consiguiendo que un temblor recorriera el cuerpo de la anciana, que soltó el cuello de Fyodor al momento.
El pequeño esclavo aterrizó sobre una mullida alfombra, que amortiguó la caída de 2 metros de altura, sobre la que se quedó tosiendo mientras trataba de recuperar el aire que le había sido privado con el fuerte agarre de la anciana sirvienta, que esperaba al lado de Fyodor una orden por parte del señor de la casa y cabeza de la familia Tsvetnik.
-Cuéntame qué has escuchado. - La inquisidora mirada del tenryubito se centró en el joven esclavo que ya había terminado de toser y se había levantado tembloroso, sin saber que estaba sucediendo pero ya acostumbrado al castigo físico.
-Que habéis mentido a la joven ama y una promesa de hace 6 años.- Respondió con sinceridad, ajustándose la bufanda para que no se le viera parte del rostro y sin levantar la mirada, sabiendo que si lo hacía un nuevo correctivo le sería aplicado.
-Bueno. Eso nos facilita mucho las cosas.- Empezó Saint Tsvetnik Riurik tras soltar un suspiro de alivio, como si se estuviera quitando un gran peso de encima. - Kostya, ponte en contacto con los Saint O'Heil y diles que tenemos un nuevo esclavo para llevar a Kutsukku... Creo que era Dragov la escoria que se encargaba de esa zona, pero los O'Heil lo sabrán mejor. - El tono del barón denotaba una firmeza tal que impedía cualquier movimiento por parte de Fyodor, el cual se había quedado congelado y estaba empezando a comprender lo que sucedía y quién era en realidad. El motivo por el que era el único esclavo lunarian... el porqué la señora de la casa le trataba tan bien... la reticencia de Saint Tsvetnik Riurik a que la señorita Irina me tuviese como esclavo personal... Todas las piezas habían estado ahí puestas y, tras un pequeño empujón que había quitado la venda de mis ojos, todo empezaba a encajar.
-¿Quiere que me encargue del esclavo antes? - Preguntó la anciana mientras ponía una de sus enormes manos sobre la cabeza de Fyodor para evitar que escapara. Pese a eso, tras un simple gesto de negativa con la cabeza por parte del cabeza de familia, abandonó la estancia dejando a anciano y niño solos en aquella habitación.
-Le prometí a tu abuela que no derramaríamos tu sangre y, debido al amor eterno que le tuve y aún mantengo, seguiré sin incumplir esa promesa. - Continuó el anciano mientras se acercaba al pequeño Fyodor, quedándose parado justo delante, levantando la barbilla del joven y cruzando miradas con él por primera vez desde que Fyodor era un recién nacido, revelando que ambos tenían los mismos ojos, de un color rojo sangre y con una oscuridad latente en su interior capaz de amedrentar al más valiente. - Es curioso como el destino se quiere burlar de ti y como, pese a todo, tienes más sangre pura de los Tsvetnik que tú hermano pequeño. Habrías podido ser un digno sucesor de no ser por tu asqueroso aspecto. - Concluyó con un ligero tono de orgullo, liberando del hechizo que había provocado con su voz y que atenazaba los músculos de Fyodor, colocándose a su lado para, acto seguido, golpear con el dorso de la mano el cuello de su nieto. - Demuéstrame que eres digno de vivir aquí.
La oscuridad se hizo instantánea para Fyodor, que acabaría despertando un par de días después en la sucia bodega de un barco, encadenado junto a otra veintena de niños de entre 7 y 12 años, casi todos con la mirada perdida y con varias capas de suciedad y sangre seca por encima.
