No es que Owen no careciera de timidez (Bueno, más bien tenía poca tirando a nula), sino que, tal vez, estar todos en la misma sintonía, podría ayudar al joven Mink amarronado a que finalmente estrechase un lazo muchísimo más bonito que una amiga "que-no-desea-serlo", incluso, ante el comentario sobre que el pelirrojo tenía una serpiente en la entrepierna, rio, llevando su dedo índice para rascarse la mejilla con un poco de extrañeza -No he visto muchos pitos para andar comprobando los tamaños, Helenuchi, soy más de las pibitas.- Elevó sus manos al cielo, casi como lo había hecho antes, mirando hacia la luz emisora del hoyo del cenote -¡OH SAGRADAS PIBITAS!- y, de la misma manera, el lobezno de tono caqui volteó, envuelto en una nueva timidez.
Paavo podía verse sencillamente tenso, incómodo, forzado a haberse tenido que meter en un lugar que, tal vez, no era exactamente dónde quería estar. Owen, por su parte, era muchísimo más parecido a Helena, por lo que su visión de la interacción mutua discrepaba mucho con el del Mink macho.
Owen tenía una predilección gigante por las buena personas, porque él, pese a ser un embustero, mentiroso, estafador y pícaro, amaba las interacciones de gente noble. El muchachito lobo le inspiraba pura ternura, como la de un explorador perdido en el medio de una jungla, y el pelirrojo, sin dudarlo, se aproximó a él para sacudirle esa cabellera que se asomaba entre ambas orejotas caninas, buscando una complicidad en lo que ahora consideraba amigos, tal y como Helena lo había dicho.
La muchacha seguía señalando que Owen era "el epitome del macho humano", aunque, ciertamente, ese comentario le hizo cruzar los brazos y poner una mirada cuestionable, incluso levantar una ceja mientras le miraba a la preciosa loba albina -Si supieras la cantidad de vino y sustancia que tiene encima este macho humano.- y, luego de ese comentario, lanzó una pequeña carcajada, como si quisiese dejar en claro que no era "el humano más puro de su raza" pero Helena, ciertamente, le parecía increíble. Era como un colega más, con un comportamiento genial que le llenaba su corazón de alegría, sabiendo que, el encuentro y el vínculo que les une y unirá, ciertamente, podrá ser más profundo de lo que ya lo estaba empezando a ser -¿¡Pelea de espadas!? ¡JAJAJAJA!- aquello sí le descolocó en lo absoluto para llevar ambas manos hacia la barriga -Dios mío mujer, dónde estuviste toda mi vida.- comentó con un ojo cerrado y ambas manos en la barriga, dejando en vista esos colmillos extensos que tanto le destacan debido a que la chica, ciertamente, era tan elocuente y perspicaz con la cuestión viril que hasta alguien como él, verborrágico y tramposo, arrastró el agua que le tapaba hasta las rodillas para poder pegarse a la chica, juntándose al atravesar su hombro como lo había hecho antes -¡Pelea de espadas! ¡Pelea de espadas!- porque le había parecido tan hilarante (Y él estaba tan loco) que hasta le siguió el juego, entonando aquellas tres palabras con ritmo y diversión.
Helena no dudó ni un segundo en aventurarse más allá de lo que permitía el cenote. No muy lejos de allí, una cueva, profunda y oscura, parecía dar paso a una salida exterior un poco intrincada, pero que Owen conocía perfectamente. Allí, con ciertos desvíos, podrían salir a la superficie sin la necesidad de aquella cuerda extendida que, bueno, ciertamente, ayudaba en demasía a evitar el gran desvío que la cueva provocaba.
Porque en el fondo, Owen, ciertamente, era muy considerado con las personas que le caían bien o agradaban. Se aproximó a él, dando zancadas que hacían oscilar su virilidad a modo de péndulo, quedando justo frente a él -No sé que estás buscando, Paavo, pero ojalá lo encuentres.- sonrió, de lado, con el ceño ligeramente fruncido -La gente buena como tú merece ser feliz. Tal vez por eso te forcé a venir aquí.-.
Volteando para ver a la alta loba albina, contestó, generando el chapoteo en el agua producto de su intrínseco movimiento. Volteó otra vez para ver a Paavo a los ojos. Aquellos que, aunque tímidos y cohibidos, eran tan brillantes como la luz de la luna -Cuídala mucho, tío. Es tu deber. Solo con hablar contigo sé que tienes la fuerza para ello.- se alzó para, abandonando progresivamente el cenote, acompañar a la muchacha "lobezca" mientras su calzón negro con estrellas rojas, como si se tratase de una medusa varada por la playa, flotaba al son de las perturbaciones del agua que, entre todos, habían estado haciendo hasta ahora, acompañando a la loba a explorar aquella estructura que conocía tan bien para salir de allí.
Paavo podía verse sencillamente tenso, incómodo, forzado a haberse tenido que meter en un lugar que, tal vez, no era exactamente dónde quería estar. Owen, por su parte, era muchísimo más parecido a Helena, por lo que su visión de la interacción mutua discrepaba mucho con el del Mink macho.
“El lugar es muy bonito-”
![[Imagen: ccdf14c570f05254daf2f4bd822a0aa1.jpg]](https://i.pinimg.com/736x/cc/df/14/ccdf14c570f05254daf2f4bd822a0aa1.jpg)
-¿Viste tío de lo que te pierdes si no haces un pequeño saltito de fe?-
Owen tenía una predilección gigante por las buena personas, porque él, pese a ser un embustero, mentiroso, estafador y pícaro, amaba las interacciones de gente noble. El muchachito lobo le inspiraba pura ternura, como la de un explorador perdido en el medio de una jungla, y el pelirrojo, sin dudarlo, se aproximó a él para sacudirle esa cabellera que se asomaba entre ambas orejotas caninas, buscando una complicidad en lo que ahora consideraba amigos, tal y como Helena lo había dicho.
La muchacha seguía señalando que Owen era "el epitome del macho humano", aunque, ciertamente, ese comentario le hizo cruzar los brazos y poner una mirada cuestionable, incluso levantar una ceja mientras le miraba a la preciosa loba albina -Si supieras la cantidad de vino y sustancia que tiene encima este macho humano.- y, luego de ese comentario, lanzó una pequeña carcajada, como si quisiese dejar en claro que no era "el humano más puro de su raza" pero Helena, ciertamente, le parecía increíble. Era como un colega más, con un comportamiento genial que le llenaba su corazón de alegría, sabiendo que, el encuentro y el vínculo que les une y unirá, ciertamente, podrá ser más profundo de lo que ya lo estaba empezando a ser -¿¡Pelea de espadas!? ¡JAJAJAJA!- aquello sí le descolocó en lo absoluto para llevar ambas manos hacia la barriga -Dios mío mujer, dónde estuviste toda mi vida.- comentó con un ojo cerrado y ambas manos en la barriga, dejando en vista esos colmillos extensos que tanto le destacan debido a que la chica, ciertamente, era tan elocuente y perspicaz con la cuestión viril que hasta alguien como él, verborrágico y tramposo, arrastró el agua que le tapaba hasta las rodillas para poder pegarse a la chica, juntándose al atravesar su hombro como lo había hecho antes -¡Pelea de espadas! ¡Pelea de espadas!- porque le había parecido tan hilarante (Y él estaba tan loco) que hasta le siguió el juego, entonando aquellas tres palabras con ritmo y diversión.
Helena no dudó ni un segundo en aventurarse más allá de lo que permitía el cenote. No muy lejos de allí, una cueva, profunda y oscura, parecía dar paso a una salida exterior un poco intrincada, pero que Owen conocía perfectamente. Allí, con ciertos desvíos, podrían salir a la superficie sin la necesidad de aquella cuerda extendida que, bueno, ciertamente, ayudaba en demasía a evitar el gran desvío que la cueva provocaba.
“Um, Owen. Yo, uh, quería agradecerte por lo que intentaste hacer hace rato”
![[Imagen: 426fb2ae343589a1b5a5c43f226cee12.jpg]](https://i.pinimg.com/736x/42/6f/b2/426fb2ae343589a1b5a5c43f226cee12.jpg)
-Al revés, tío. No puedo estar más agradecido con ambos por acompañarme. No pensé que existiría gente tan espectacular como ustedes dos, chavales.-
Porque en el fondo, Owen, ciertamente, era muy considerado con las personas que le caían bien o agradaban. Se aproximó a él, dando zancadas que hacían oscilar su virilidad a modo de péndulo, quedando justo frente a él -No sé que estás buscando, Paavo, pero ojalá lo encuentres.- sonrió, de lado, con el ceño ligeramente fruncido -La gente buena como tú merece ser feliz. Tal vez por eso te forcé a venir aquí.-.
“Bueno, van a agarrase de las manos para salir juntos ¿O qué? ¡En marcha, que me siento energética después de tener a otro amigo desnudo conmigo”
![[Imagen: 39e24664c81537301c41d86fda3992ed.jpg]](https://i.pinimg.com/1200x/39/e2/46/39e24664c81537301c41d86fda3992ed.jpg)
-¡VOOOOOOY! ¡Te vas a ir al carajo, Helena, tú tienes que seguirme a mi!-
Volteando para ver a la alta loba albina, contestó, generando el chapoteo en el agua producto de su intrínseco movimiento. Volteó otra vez para ver a Paavo a los ojos. Aquellos que, aunque tímidos y cohibidos, eran tan brillantes como la luz de la luna -Cuídala mucho, tío. Es tu deber. Solo con hablar contigo sé que tienes la fuerza para ello.- se alzó para, abandonando progresivamente el cenote, acompañar a la muchacha "lobezca" mientras su calzón negro con estrellas rojas, como si se tratase de una medusa varada por la playa, flotaba al son de las perturbaciones del agua que, entre todos, habían estado haciendo hasta ahora, acompañando a la loba a explorar aquella estructura que conocía tan bien para salir de allí.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
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