06-10-2025, 07:53 PM
El ataque había sido exitoso, la mayoría de piñatas había dejado de suponer un problema y ahora solo quedaban esos dos. La mink sabía que el capitán estaba tentando sus pocas chances, quería enfrentarle en sus condiciones amenazando con atacar a los nómadas, pero pelear contra dos a la vez era algo que le aburría bastante. Sonrió ante las amenazas, sabía que eran típicos ladridos de un perro que deseaba llevar las riendas de una cacería que ya se le había salido de las manos. La mink miró el escenario, mientras se acercaba a la pendiente de la colina, habiendo logrado lo que buscaba no tenía necesidad de hacerlos perder el tiempo, las palabras del hombre le parecían extrañas ya que no tenía ningún perro gigante que recordase pero sí aceptaba esa condición de zanjar unos asuntos que ni ella recordaba. — ¡Bwahahahaha! Me gusta eso que dices... ¿Asuntos pendientes? Mmm, no recuerdo nada de eso pero si quieres pelear será divertido. — sonrió crujiendo sus nudillos antes de lamer sus labios, había esperado bastante por ese momento pero antes de acercarse señaló al otro hombre. — No me interesa ese, supongo que no serás tan cobarde como para rechazar enfrentarme uno a uno... — suspiró antes de ponerse en guardia.
— Como ves no tengo intenciones de esconderme, tampoco hay ninguna trampa por aquí... peleemos uno a uno, no quisiera tener que mancharme las manos con ese otro y si en verdad me estaban buscando ya lo debe saber no tiene ninguna chance. — la mink podía oler el miedo, incluso su haki le advertía que uno de los dos parecía reaccionar diferente ante sus palabras a lo mejor recordando alguna patada que ella ya no. — Entonces... este es el trato, una pelea individual, tú y yo, así al menos el otro hombre mantendrá la vida si no se mete en nuestros asuntos. Estoy lista cuando quieras, pero si no respetas el trato como yo lo he hecho, no voy a contenerme en lo más mínimo. — la mink sonrió, no parecía tener intención de matar, ya había cobrado bastantes vidas como para que aquel hombre que se había unido a su alma estuviera saciado, pero esto era una variable cambiante. Si sentía que no respetaban su trato no tendría reparos en matar y cuando la conversación se acababa lo que hablaban eran las patadas y estas a veces no tenían ningún filtro. — Podemos disfrutar de esto como un buen ritual, ambos buscando esa sensación de saciarnos... Ven cuando quieras, prometo recibirte de la mejor manera. — la voz era sensual, seductora pero peligrosa a partes iguales. Estaba claro que la mink impondría las condiciones, en ese terreno natural los piñatas no tenían autoridad sobre ella, había salido porque era lo que le convenía hacer y captar su atención era necesario para evitarse largas horas de tortuosas muertes sin sentido. De ahora en más, se aseguraría de llevar todo el ritmo del combate y su postura, imitando a una pantera que esperaba a su presa así lo demostraba.
— Como ves no tengo intenciones de esconderme, tampoco hay ninguna trampa por aquí... peleemos uno a uno, no quisiera tener que mancharme las manos con ese otro y si en verdad me estaban buscando ya lo debe saber no tiene ninguna chance. — la mink podía oler el miedo, incluso su haki le advertía que uno de los dos parecía reaccionar diferente ante sus palabras a lo mejor recordando alguna patada que ella ya no. — Entonces... este es el trato, una pelea individual, tú y yo, así al menos el otro hombre mantendrá la vida si no se mete en nuestros asuntos. Estoy lista cuando quieras, pero si no respetas el trato como yo lo he hecho, no voy a contenerme en lo más mínimo. — la mink sonrió, no parecía tener intención de matar, ya había cobrado bastantes vidas como para que aquel hombre que se había unido a su alma estuviera saciado, pero esto era una variable cambiante. Si sentía que no respetaban su trato no tendría reparos en matar y cuando la conversación se acababa lo que hablaban eran las patadas y estas a veces no tenían ningún filtro. — Podemos disfrutar de esto como un buen ritual, ambos buscando esa sensación de saciarnos... Ven cuando quieras, prometo recibirte de la mejor manera. — la voz era sensual, seductora pero peligrosa a partes iguales. Estaba claro que la mink impondría las condiciones, en ese terreno natural los piñatas no tenían autoridad sobre ella, había salido porque era lo que le convenía hacer y captar su atención era necesario para evitarse largas horas de tortuosas muertes sin sentido. De ahora en más, se aseguraría de llevar todo el ritmo del combate y su postura, imitando a una pantera que esperaba a su presa así lo demostraba.
resumen
Karmas
Inventario
Akuma
