06-10-2025, 09:53 PM
Estaba agotado. El esfuerzo de recorrer sin parar una isla llena de misterios, la agresividad de la temperatura y el clima, el haber descansado poco y ahora ésto, no hacía más que mermar mi energía. A veces uno se pregunta por qué hace las cosas, quizás hace no mucho el Apolo de siempre se habría vuelto al barco, habría buscado un nuevo rumbo y se iría navegando y durmiendo bajo el sol, mientras esa isla ardía. En esta ocasión era diferente.
Mimetizado en mi forma elemental, convertido en puras partículas de arena, seguía moviéndome dirigiendo la tormenta de un lado a otro, cual director de orquesta. Los poderes del demonio del desierto con los que firmé el contrato eran bastante destructivos. La última vez que perdí el juicio y los liberé sin dejarme nada, me llevé por delante todo sin importarme qué, como un perro de caza. Ahora el perro era consciente de su entorno y podía liberar su energía para darle caza al fuego. No podía ser consciente de cómo les estaba yendo a mis compañeros, debido a que me encontraba cada vez más lejos de ellos y estaba concentrado en lo mío, por lo que tenía que asegurarme de acabar rápido por si la cosa se descontrolaba por su lado. Tampoco podía dejar nada de gasolina en mi tanque, ya habría tiempo para respirar... si al menos esa isla me dejase hacerlo. La temperatura ya era demasiado infame como para encima volar cerca de las llamas.
De lo que sí podía ser consciente era que la vegetación a mi alrededor era arrancada, destruida y volaba descontroladamente una vez mi propia tormenta chocaba contra ella. A su vez podía ver cómo la arena iba apagando las llamas que tocaba, sofocando la base de éstas. Quizás acababa ahogado con el esfuerzo, pero si tenía que recubrirlo todo con mi arena, al menos estaría alegre de poder convertir el cabo con forma de trompa de elefante en una playa nueva. Una vez terminé de dibujar la línea paralela al fuego llegando al otro lado del cabo, decidí que era tiempo de pasar a la segunda parte de mi plan: era hora de echar un pulso contra las llamas. Había decenas de metros entre las llamas que extinguí y la vegetación que destrocé, por lo que el cortafuegos estaba creado y así era casi imposible que pudiese extenderse de forma natural.
Sin dejar de estar materializado en mi forma elemental, me dirigí como una nube de arena hacia el interior del incendio, arrastrando la tormenta a mi alrededor. Tampoco era un suicida, por suerte en esta ocasión, liberar mi Akuma no Mi al máximo de su poder recorría cuatro decenas de metros por cada uno de mis lados, por lo que podía avanzar entre las llamas sin llegar a tocarlas. El calor de la isla que ya se sentía infernal de por sí, ahora era incluso peor. El suelo que había sido quemado no paraba de emitir humo por las altas temperaturas pero eso tampoco iba a detenerme. Sentía como en esas circunstancias el cansancio se mermaba mucho más rápido de lo habitual, aún así, ya habría tiempo para pararse a respirar. Casi más por un instinto natural que cerebral, seguí haciendo barridos por el aire para hacer que el área que ocupaban las llamas fuese cada vez más pequeña. En ese momento sólo deseaba que, cuando todo terminase, el menú de Joe durante toda la semana fuese únicamente a base de helados.
Mimetizado en mi forma elemental, convertido en puras partículas de arena, seguía moviéndome dirigiendo la tormenta de un lado a otro, cual director de orquesta. Los poderes del demonio del desierto con los que firmé el contrato eran bastante destructivos. La última vez que perdí el juicio y los liberé sin dejarme nada, me llevé por delante todo sin importarme qué, como un perro de caza. Ahora el perro era consciente de su entorno y podía liberar su energía para darle caza al fuego. No podía ser consciente de cómo les estaba yendo a mis compañeros, debido a que me encontraba cada vez más lejos de ellos y estaba concentrado en lo mío, por lo que tenía que asegurarme de acabar rápido por si la cosa se descontrolaba por su lado. Tampoco podía dejar nada de gasolina en mi tanque, ya habría tiempo para respirar... si al menos esa isla me dejase hacerlo. La temperatura ya era demasiado infame como para encima volar cerca de las llamas.
De lo que sí podía ser consciente era que la vegetación a mi alrededor era arrancada, destruida y volaba descontroladamente una vez mi propia tormenta chocaba contra ella. A su vez podía ver cómo la arena iba apagando las llamas que tocaba, sofocando la base de éstas. Quizás acababa ahogado con el esfuerzo, pero si tenía que recubrirlo todo con mi arena, al menos estaría alegre de poder convertir el cabo con forma de trompa de elefante en una playa nueva. Una vez terminé de dibujar la línea paralela al fuego llegando al otro lado del cabo, decidí que era tiempo de pasar a la segunda parte de mi plan: era hora de echar un pulso contra las llamas. Había decenas de metros entre las llamas que extinguí y la vegetación que destrocé, por lo que el cortafuegos estaba creado y así era casi imposible que pudiese extenderse de forma natural.
Sin dejar de estar materializado en mi forma elemental, me dirigí como una nube de arena hacia el interior del incendio, arrastrando la tormenta a mi alrededor. Tampoco era un suicida, por suerte en esta ocasión, liberar mi Akuma no Mi al máximo de su poder recorría cuatro decenas de metros por cada uno de mis lados, por lo que podía avanzar entre las llamas sin llegar a tocarlas. El calor de la isla que ya se sentía infernal de por sí, ahora era incluso peor. El suelo que había sido quemado no paraba de emitir humo por las altas temperaturas pero eso tampoco iba a detenerme. Sentía como en esas circunstancias el cansancio se mermaba mucho más rápido de lo habitual, aún así, ya habría tiempo para pararse a respirar. Casi más por un instinto natural que cerebral, seguí haciendo barridos por el aire para hacer que el área que ocupaban las llamas fuese cada vez más pequeña. En ese momento sólo deseaba que, cuando todo terminase, el menú de Joe durante toda la semana fuese únicamente a base de helados.
Resumen
Bélico
Cambio en atributos
Gastos
Karmas aplicados
