La Rosa de los Vientos - Social Presente Relativo
#4
¿Robar?  La palabra se me escapa entre los dientes y se convierte en una risa larga, casi musical.  —Jususususu,  si lo dices así, suena como si fuéramos los villanos del cuento, cariño.— El viento en Samba se cuela entre mis cabellos y el perfume del puerto nos envuelve, sal, tabaco, mango y pecado.

—Robar no siempre es quitar —le dije, moviendo la mano libre con ese gesto exagerado que uso cuando quiero dar lecciones que nadie pidió —A veces es rescatar lo que otros olvidan, o tomar lo que el mundo te negó, los piratas no robamos por maldad, honey, sino por hambre de vivir. — y como un bebe con mucha inocencia y ganas de aprender ella pregunta si a otros les hará falta lo que quitamos.

—Seguro sí —susurré, con una sonrisa ladeada —Pero el mundo nos roba a nosotros todo el tiempo, en ocasiones la libertad, en otras los nombres, incluso los sueños. Así que robamos de vuelta. Es justicia con perfume de travesura.—Sus palabras después se vuelven más suaves, más rojas, habla de ese beso, de esa persona especial, y yo me detengo en seco.

No la miro directamente, pero ladeo la cabeza, curioso, casi encantado por su inocencia. —¿Uno especial, huh? —repito con tono divertido —¡Oh, honey! Si solo se da a quien te gusta, entonces guarda bien esa memoria, porque esos son los besos que no se repiten. — Mi tono parece ligero, pero detrás de la sonrisa hay una sombra de algo que no digo, porque he robado besos que ardían como pólvora y ninguno duró más que el instante del fuego, solo los de aquel hombre perduran en mi memoria durante todo el tiempo.

Ella dice que lo sintió, y eso me hace reír de nuevo. —Entonces fuiste valiente, muchos viven toda su vida sin sentir de verdad y no importa dónde fue lo que cuenta es que el mundo te hizo temblar por dentro, eso es vivir, darling. — Cuando vuelve a disculparse, toco su mano con la punta de mis dedos, sin prisa, casi como quien le arregla un anillo invisible.

—Nunca te disculpes por preguntar, yo hablo mucho, pero también escucho, ¿entiendes? —mi voz suena más baja, y mi acento se vuelve un poco más marcado —No soy sacerdote, pero puedo guardar secretos igual de bien. — Ella cambia de tema, con ese salto adorable que solo ella sabe hacer, habla del mapa, del sitio secreto, y yo asiento como si planeáramos una conspiración divina.

—Sí, cariño. Buscamos una historia enterrada y no, no todos los mares se juntan, porque si lo hicieran el mundo sería demasiado hermoso para sobrevivirlo. —reí suave, y añadí con picardía —Algunos mares se buscan toda la vida y nunca se encuentran. — Entonces, la pregunta.  “¿Cómo roba un pirata?” Me lleno de dudas repentinas, pero nada que no pudiera decir o concretar con el poco conocimiento de la vida que tengo.

—Con elegancia, honey. —respondí casi de inmediato, como si la palabra me hubiese estado esperando —Un buen pirata no usa la fuerza, usa el momento. Roba cuando el corazón del otro se abre sin darse cuenta y lo hace sonriendo, para que el robo parezca un regalo. —La frase me quedó flotando entre ambos, con ese dejo de melancolía que llega cuando el juego se vuelve demasiado real y entonces, Gwen suelta su confesión.

Una fruta. Extraña, algo que “hace cosas curiosas”. Sabia perfectamente lo que era incluso yo habia consumido una de esas frutas, mis labios se abrieron en un gesto teatral, pero el brillo en mis ojos se volvió serio por primera vez.  —Oh cariño —mi tono bajó, ronco, casi íntimo —Eso que comiste no era una fruta cualquiera. No sé si alguien te lo dijo, pero hay frutas que cambian lo que somos. Se llaman Akuma no Mi, las frutas del diablo. —Me agaché un poco, buscando su altura, y le susurré como si contara un secreto peligroso.

—Y si es lo que sospecho tú y yo tenemos más en común de lo que crees, porque hace tiempo, yo también mordí una de esas cosas. De hecho, es toda una pena que no puedas ver, porque lo que hizo la mia es darme luz, convertirme en luz— Dejé que el silencio se estirara, solo roto por el sonido de las olas y las risas lejanas de Samba.

— Y no tienes por qué preocuparte, mon ange. No hay nada que perdonar, ningún mar es igual después de tocarlo, y ningún cuerpo vuelve a ser el mismo después de probar el poder del demonio. —me enderecé y sonreí de nuevo, dejando que mi tono volviera a su color habitual —Si acaso, debería felicitarte. — Le ofrecí mi brazo otra vez, con ese aire entre afectuoso y burlón. Un guiño, una risita melódica, y el brillo del pendiente volvió a parpadear bajo el sol.


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RE: La Rosa de los Vientos - Social Presente Relativo - por Rosse Bellecour - 07-10-2025, 03:48 AM

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