07-10-2025, 09:23 PM
El silencio parecía ensordecedor, mas no lo fue la mirada de la mujer, Hana, al menos no para él. Sabía bien lo que significaban sus palabras. Sacudió sus dos armas, las cuales seguían manchadas de sangre, para así envainarlas. Primero la daga, ya que era mucho más sencilla, luego tomó la vaina de su katana, con los ojos fijos en la mujer, con la misma calma inicial, quizás también la misma picardía.
Su rendición fue de lo más satisfactoria, no lo deseaba, no de alguien que estaba claro que sabía dónde ponía los pies. No era estúpido y conocía bien las consecuencias de lo que fuera a ocurrir. Desde luego, no rechazó el cigarrillo, no era en absoluto escrupuloso. Dio una larga y prolongada calada, el mono finalmente aliviándose. No sabía cuándo perdió su condenada caja de cigarrillos, pero no iba a desaprovechar la recompensa. El humo salió de entre sus labios, como quien está sediento y bebe finalmente agua después de tantas horas. No fue la única que dio, por el contrario, daría dos más antes de devolverle el cigarrillo a la mujer, no sin antes acercarse a ella, cortando las distancias, manteniéndose peligrosamente cerca.
El último halo del humo del tabaco que ella misma le ofreció lo sopló cerca, para que pudiera aspirarlo, disfrutarlo juntos en un silencio que era innecesario. Un hombre que, desde luego, no desaprovechaba ninguna oportunidad, al menos hasta que tomó ella distancias para ir alejándose. La dejó hacer, contemplando la gracia de sus pasos, tan sensuales, relamiéndose mentalmente. Belleza no era algo de lo que careciera e irradiaba sensualidad, incluso más que con aquella primera mujer que lo llevó al desastre. Quizás debería incluso agradecerle ahora. De todos modos, se mantuvo serio, observándola, comprendiendo el significado de sus palabras. Conocía bien el oficio, no había escaldo a la confianza de su jefe de forma gratuita.
La vio partir, hacer un pequeño encuentro con Owen. Aprovechó para contemplarla unos segundos más antes de mirar el pasillo en que se encontraban. Todavía debía encontrar lo que buscaba, mínimo necesitaba información. No llegó a escuchar las palabras de la mujer dirigidas al joven, pero sí el llanto de buscar su propio Den-Den Mushi, lo que le recordó que tenía que recuperar el suyo propio, por si su jefe trataba de comunicarse con él. Las heridas, pese al botiquín, seguían escociendo, doliendo y, sorprendentemente, su rostro se mantenía como si no existieran. Vio a la mujer alejar a los hombres, lo que le hizo ensombrecer un poco su rostro, viéndola alejarse con ellos. El tiempo era límite y posiblemente se iban a encontrar en poco tiempo. Debería prepararse, quizás organizar algo por si acaso. Nunca se sabe.
Los ojos se dirigieron al joven, acomodando sus manos en los bolsillos y caminando hacia el que era Big Tom, a quien Owen parecía haberlo abatido perfectamente. Usó su elegante y caro zapato para mover su cabeza a un lado y ver el estado deplorable en el que se encontraba. —Cálmate. — su voz, profunda, habló con la paciencia de siempre, agachándose para registrar al hombre, recuperando finalmente su Den-Den Mushi. Al menos seguía en buen estado, no parecían haberlo dañado. —No tengo por qué especificarte todo lo que hago o dejo de hacer, dudo que quieras saberlo todo tampoco. Sobre la señorita, prefiero que quede en secreto. Es mejor que tú no lo sepas. Lo importante es que ahora tenemos cómo salir, y vía libre. — se puso en pie, acercándose a Owen, sacando un par de billetes y se los estiró, colocándoselos en la mano. —Por tu condenada apuesta.
No se sorprendió que también Owen buscara riquezas en los hombres caídos. Lo dejó hacer, mientras sus pasos se adelantaban. —Yo tengo una misión que cumplir por si no lo recuerdas, Owen. Luego podemos volver y ver si hay más, pero no dudes que donde vamos hay mucho más que solo unas pocas cosas de oro. — ni siquiera se preocupaba por pisar alguno de los caídos, como si fueran la misma alfombra. Ya que Hana les había dado la oportunidad, quería acelerar el paso, el tiempo posiblemente sería limitado. Se adelantó, sin saber si Owen lo seguiría o no. Posiblemente sí fuera así. Comenzó a buscar en los pasillos las puertas, lugares y… al fin.
La puerta cargada no solo de oro y tesoros, sino lo que su propio jefe sospechaba. Drogas no registradas, que vendían probablemente en secreto. ¿De dónde las sacaban? ¿Cómo las obtenían? Se acercó a los sacos que había y, con su daga, abrió un poco de uno. El polvo comenzó a caer en forma de cascada, su mano se posicionó en la mitad de la misma, oliéndolo tras acercárselo en la nariz y, con sus dedos, dejando caer un poco más de aquel polvo rojizo. Rojo. Era puro. Al 99% probablemente. ¿De dónde diantres lo habían sacado?
Contempló su mano, de donde todavía caía el polvo, en silencio. Esta vez no uno normal, sino cargada de cálculo, pensamientos…
Cerró el puño, poniéndose en pie, contemplando las cajas y sacos que había allí, dejando caer el resto del polvo de su mano. Rebuscó entre las cajas, viendo que una de ellas contenía documentos. Sus cejas se elevaron, con interés. No sabía de qué podían ser, pero había sellos, quizás fuera algo útil que serviría para darle una demostración a su jefe. Tomó algunos, doblándolos y acomodándolos en el bolsillo de su abrigo interior. Por supuesto, una pequeña recompensa extra también para Owen, ya que desde luego había realizado un trabajo excelente y planeaba recompensarlo, como bien prometió, lo que significó tomar algunas cosas de oro y llevárselas, junto a uno de los sacos. Podía dar la misión por cumplida, pero también prepararse para lo que fuera a venir.
![[Imagen: CH3vFZu.png]](https://i.imgur.com/CH3vFZu.png)
—Si le dejara matarme, dudo que te agradara ni un mínimo, querida.
Su rendición fue de lo más satisfactoria, no lo deseaba, no de alguien que estaba claro que sabía dónde ponía los pies. No era estúpido y conocía bien las consecuencias de lo que fuera a ocurrir. Desde luego, no rechazó el cigarrillo, no era en absoluto escrupuloso. Dio una larga y prolongada calada, el mono finalmente aliviándose. No sabía cuándo perdió su condenada caja de cigarrillos, pero no iba a desaprovechar la recompensa. El humo salió de entre sus labios, como quien está sediento y bebe finalmente agua después de tantas horas. No fue la única que dio, por el contrario, daría dos más antes de devolverle el cigarrillo a la mujer, no sin antes acercarse a ella, cortando las distancias, manteniéndose peligrosamente cerca.
![[Imagen: oVEzXva.png]](https://i.imgur.com/oVEzXva.png)
—Espero que no sea la única recompensa que me des por sobrevivir.
El último halo del humo del tabaco que ella misma le ofreció lo sopló cerca, para que pudiera aspirarlo, disfrutarlo juntos en un silencio que era innecesario. Un hombre que, desde luego, no desaprovechaba ninguna oportunidad, al menos hasta que tomó ella distancias para ir alejándose. La dejó hacer, contemplando la gracia de sus pasos, tan sensuales, relamiéndose mentalmente. Belleza no era algo de lo que careciera e irradiaba sensualidad, incluso más que con aquella primera mujer que lo llevó al desastre. Quizás debería incluso agradecerle ahora. De todos modos, se mantuvo serio, observándola, comprendiendo el significado de sus palabras. Conocía bien el oficio, no había escaldo a la confianza de su jefe de forma gratuita.
![[Imagen: C2Cec3O.jpg]](https://i.imgur.com/C2Cec3O.jpg)
—Estaré esperándote con los brazos abiertos. Solo pregunta por mí.
La vio partir, hacer un pequeño encuentro con Owen. Aprovechó para contemplarla unos segundos más antes de mirar el pasillo en que se encontraban. Todavía debía encontrar lo que buscaba, mínimo necesitaba información. No llegó a escuchar las palabras de la mujer dirigidas al joven, pero sí el llanto de buscar su propio Den-Den Mushi, lo que le recordó que tenía que recuperar el suyo propio, por si su jefe trataba de comunicarse con él. Las heridas, pese al botiquín, seguían escociendo, doliendo y, sorprendentemente, su rostro se mantenía como si no existieran. Vio a la mujer alejar a los hombres, lo que le hizo ensombrecer un poco su rostro, viéndola alejarse con ellos. El tiempo era límite y posiblemente se iban a encontrar en poco tiempo. Debería prepararse, quizás organizar algo por si acaso. Nunca se sabe.
-Te ves hecho mierda-
![[Imagen: ztPXA2k.png]](https://i.imgur.com/ztPXA2k.png)
—Esto no es nada. He salido de cosas peores.
Los ojos se dirigieron al joven, acomodando sus manos en los bolsillos y caminando hacia el que era Big Tom, a quien Owen parecía haberlo abatido perfectamente. Usó su elegante y caro zapato para mover su cabeza a un lado y ver el estado deplorable en el que se encontraba. —Cálmate. — su voz, profunda, habló con la paciencia de siempre, agachándose para registrar al hombre, recuperando finalmente su Den-Den Mushi. Al menos seguía en buen estado, no parecían haberlo dañado. —No tengo por qué especificarte todo lo que hago o dejo de hacer, dudo que quieras saberlo todo tampoco. Sobre la señorita, prefiero que quede en secreto. Es mejor que tú no lo sepas. Lo importante es que ahora tenemos cómo salir, y vía libre. — se puso en pie, acercándose a Owen, sacando un par de billetes y se los estiró, colocándoselos en la mano. —Por tu condenada apuesta.
No se sorprendió que también Owen buscara riquezas en los hombres caídos. Lo dejó hacer, mientras sus pasos se adelantaban. —Yo tengo una misión que cumplir por si no lo recuerdas, Owen. Luego podemos volver y ver si hay más, pero no dudes que donde vamos hay mucho más que solo unas pocas cosas de oro. — ni siquiera se preocupaba por pisar alguno de los caídos, como si fueran la misma alfombra. Ya que Hana les había dado la oportunidad, quería acelerar el paso, el tiempo posiblemente sería limitado. Se adelantó, sin saber si Owen lo seguiría o no. Posiblemente sí fuera así. Comenzó a buscar en los pasillos las puertas, lugares y… al fin.
Allí estaba.
La puerta cargada no solo de oro y tesoros, sino lo que su propio jefe sospechaba. Drogas no registradas, que vendían probablemente en secreto. ¿De dónde las sacaban? ¿Cómo las obtenían? Se acercó a los sacos que había y, con su daga, abrió un poco de uno. El polvo comenzó a caer en forma de cascada, su mano se posicionó en la mitad de la misma, oliéndolo tras acercárselo en la nariz y, con sus dedos, dejando caer un poco más de aquel polvo rojizo. Rojo. Era puro. Al 99% probablemente. ¿De dónde diantres lo habían sacado?
![[Imagen: QYB5USM.png]](https://i.imgur.com/QYB5USM.png)
Contempló su mano, de donde todavía caía el polvo, en silencio. Esta vez no uno normal, sino cargada de cálculo, pensamientos…
![[Imagen: ezgM3p6.png]](https://i.imgur.com/ezgM3p6.png)
—El jefe tenía razón… Están con algo más… Condenados traidores.
Cerró el puño, poniéndose en pie, contemplando las cajas y sacos que había allí, dejando caer el resto del polvo de su mano. Rebuscó entre las cajas, viendo que una de ellas contenía documentos. Sus cejas se elevaron, con interés. No sabía de qué podían ser, pero había sellos, quizás fuera algo útil que serviría para darle una demostración a su jefe. Tomó algunos, doblándolos y acomodándolos en el bolsillo de su abrigo interior. Por supuesto, una pequeña recompensa extra también para Owen, ya que desde luego había realizado un trabajo excelente y planeaba recompensarlo, como bien prometió, lo que significó tomar algunas cosas de oro y llevárselas, junto a uno de los sacos. Podía dar la misión por cumplida, pero también prepararse para lo que fuera a venir.
Objetos de Jin
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![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
