08-10-2025, 10:11 AM
Owen había conseguido entrar, pero para su sorpresa, el pasillo en calma explotó en ruido en un instante. Sonido de botas, órdenes cortas y en su espalda el sigiloso arrastre pesado de una presencia que no pedía permiso. Big Tom apareció por la esquina como una ola de músculo, mientras la escasa luz del lugar le rebotaba en la cabeza rapada y sus pectorales asomaban sin miramientos en la camisa pegada al pecho.
Fue cuestión de segundos, fruto del despiste por el mosqueo del pelirrojo con su "amigo", el gigante localizó al pelirrojo deambular pérdidas, le atrapó del pescuezo con una mano como si fuera un saco y lo arrancó de su escondite con un movimiento brutal, arrastrándolo por el suelo como se arrastra a un perro enojado.
Un golpe seco anunció la entrada de Big Tom en la habitación. Owen fue arrojado contra el suelo con la misma indiferencia con la que se arroja un bulto; el impacto levantó polvo, hizo crujir la madera vieja y dejó a varios presentes girando la cabeza hacia la nueva escena.
-Hemos encontrado también a esta rata deambulando por los pasillos, jefa. -Dijo el grandullón, orgulloso de su captura.
La líder del grupo suspiró con pesadez, consciente del problema que se les acababa de presentar.
La joven Sayaka por su parte se incorporó con las manos temblando. Intentó ponerse entre los presentes y explicar algo, balbuceando disculpas que llenaron el aire con una petición de clemencia.
-Yo....Yo no sabía nada. Lo juro. Yo... -Su cuerpo y su voz delataron desesperación, y una súplica de auxilio. Una que no fue socorrida.
No hubo tiempo para más dudas. Little Timmy, apoyado en el quicio de la puerta con el bate en una mano y el arma lista en la otra, apretó el gatillo. El sonido del disparo rebotó en las paredes de madera como un trueno seco. La joven cayó al instante, el impacto fue tan certero como definitivo. No hubo imagen de sangre, solo el colapso abrupto del cuerpo contra el suelo y el silencio helado que siguió al estruendo. La brutalidad del acto dejó claro, sin palabras, que en aquel lugar los fallos se pagaban con la muerte.
Hana no mostró sorpresa. Su rostro permaneció casi inmutable, pero su mirada se endureció. Sin prisa, con la gravedad de quien ejecuta un veredicto, deslizó la mano hacia la empuñadura que colgaba a su espalda y desenvainó la katana. El metal salió de su saya con un susurro seco, mientras la hoja captaba la tenue luz del ambiente y dibujaba una línea fría y blanca en el aire.
Sin mediar palabras avanzó unos pasos. Su postura era magistralmente medida, desde su guardia, la cadera, la ligera inclinación del cuerpo que precede al golpe. Señaló con el filo hacia Jin, un gesto que no necesitó palabras para transmitir aquella acusación.
-Eso ha sido culpa tuya, ¿lo sabes, verdad? -Con voz controlada, declaró que aquella muerte era consecuencia de la presencia de él allí, que ahora había que limpiar lo que su intrusión había causado. -Espero que puedas disculparte con Sayaka. Aunque tendrá que ser en la otra vida. -La sentencia quedó flotando en la habitación como un metal pesado asentado. Dejó claro que iba a matar a ese hombre, así como que conocía incluso el nombre de aquella mujer, cuya muerte no le había sido del todo indiferente al parecer.
Antes de que nadie pudiera moverse, la acción siguiente fue instantánea. Hana recogió todo su peso sobre la pierna trasera y se inclinó hacia delante en una finta fluida, al tiempo que su katana cayó desde arriba en un tajo vertical descendente. La hoja describió una trayectoria recta, rápida y cortante, comprimida en un movimiento que combinó fuerza, impulso y técnica, un golpe pensado para partir en dos la defensa de quien se interpusiera. El sonido del acero desplazando el aire fue agudo; las astillas del suelo de madera vibraron en resonancia con la potencia del movimiento.
No pensaba contenerse lo más mínimo.
Fue cuestión de segundos, fruto del despiste por el mosqueo del pelirrojo con su "amigo", el gigante localizó al pelirrojo deambular pérdidas, le atrapó del pescuezo con una mano como si fuera un saco y lo arrancó de su escondite con un movimiento brutal, arrastrándolo por el suelo como se arrastra a un perro enojado.
Un golpe seco anunció la entrada de Big Tom en la habitación. Owen fue arrojado contra el suelo con la misma indiferencia con la que se arroja un bulto; el impacto levantó polvo, hizo crujir la madera vieja y dejó a varios presentes girando la cabeza hacia la nueva escena.
-Hemos encontrado también a esta rata deambulando por los pasillos, jefa. -Dijo el grandullón, orgulloso de su captura.
La líder del grupo suspiró con pesadez, consciente del problema que se les acababa de presentar.
La joven Sayaka por su parte se incorporó con las manos temblando. Intentó ponerse entre los presentes y explicar algo, balbuceando disculpas que llenaron el aire con una petición de clemencia.
-Yo....Yo no sabía nada. Lo juro. Yo... -Su cuerpo y su voz delataron desesperación, y una súplica de auxilio. Una que no fue socorrida.
No hubo tiempo para más dudas. Little Timmy, apoyado en el quicio de la puerta con el bate en una mano y el arma lista en la otra, apretó el gatillo. El sonido del disparo rebotó en las paredes de madera como un trueno seco. La joven cayó al instante, el impacto fue tan certero como definitivo. No hubo imagen de sangre, solo el colapso abrupto del cuerpo contra el suelo y el silencio helado que siguió al estruendo. La brutalidad del acto dejó claro, sin palabras, que en aquel lugar los fallos se pagaban con la muerte.
Hana no mostró sorpresa. Su rostro permaneció casi inmutable, pero su mirada se endureció. Sin prisa, con la gravedad de quien ejecuta un veredicto, deslizó la mano hacia la empuñadura que colgaba a su espalda y desenvainó la katana. El metal salió de su saya con un susurro seco, mientras la hoja captaba la tenue luz del ambiente y dibujaba una línea fría y blanca en el aire.
Sin mediar palabras avanzó unos pasos. Su postura era magistralmente medida, desde su guardia, la cadera, la ligera inclinación del cuerpo que precede al golpe. Señaló con el filo hacia Jin, un gesto que no necesitó palabras para transmitir aquella acusación.
-Eso ha sido culpa tuya, ¿lo sabes, verdad? -Con voz controlada, declaró que aquella muerte era consecuencia de la presencia de él allí, que ahora había que limpiar lo que su intrusión había causado. -Espero que puedas disculparte con Sayaka. Aunque tendrá que ser en la otra vida. -La sentencia quedó flotando en la habitación como un metal pesado asentado. Dejó claro que iba a matar a ese hombre, así como que conocía incluso el nombre de aquella mujer, cuya muerte no le había sido del todo indiferente al parecer.
Antes de que nadie pudiera moverse, la acción siguiente fue instantánea. Hana recogió todo su peso sobre la pierna trasera y se inclinó hacia delante en una finta fluida, al tiempo que su katana cayó desde arriba en un tajo vertical descendente. La hoja describió una trayectoria recta, rápida y cortante, comprimida en un movimiento que combinó fuerza, impulso y técnica, un golpe pensado para partir en dos la defensa de quien se interpusiera. El sonido del acero desplazando el aire fue agudo; las astillas del suelo de madera vibraron en resonancia con la potencia del movimiento.
No pensaba contenerse lo más mínimo.
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