—No, no lo he hecho — no es pecado beber, pero todo en exceso lleva al mismo. Aun así han dejado de importarle esas cosas de a poco, solo los días le han enseñado cosas que no aprendió en toda una vida en la iglesia. No existe castigo que la obligue a privarse de las cosas, por lo tanto simplemente asintió, mientras el calor de Owen le trae suficiente confort como para soltar una risa suave. — La verdad, no. Pero si me acompañas está bien.
Siempre está bien si se encuentra con él. Parece más un mantra, una razón para estar bien. Le gusta así, porque las preocupaciones se esfuman, se esconden o no aparecen cuando permanecen juntos.
No vio la trampa de Owen, de poder observar, tampoco lo habría hecho. Fue rápido y de manera casual, como si ésto hubiese ocurrido antes muchas veces. Simplemente esperó, mientras sus sentidos se sintieron invandidos por un nuevo lugar. Acostumbrada al silencio y a las olas, en el sitio se encontró una situación nueva que la obligó a apretar el agarre que tiene con él, como si pidiera no soltarse o seguramente se perderá en el mar de gente.
—Nunca había estado en un sitio así — sintió a más personas cerca, tanto que se adelantó para no quedar atrás. Apegada a Owen, simplemente buscó refugio de un sitio nuevo y caótico. — ¿Qué se hace aquí? — suenan pasos y música, una que no ha oído antes.
Acomodó su cabello con suavidad dejándose guiar, mientras el resto parece no fijarse en ellos. Son unos extraños que no destacan, le parece más divertido así, sin un público que no pide nada. Sin milagros o bendiciones. Es una vida que le agrada, tanto como para pensar en que seguir buscando la respuesta que tanto quiere… no vale la pena.
—Claro que juego —finalmente libre, juntó sus propias manos en un aplauso suave — Nunca jugué a algo así la verdad — porque el alcohol no es un buen compañero de juegos, pero no le importó — Uh, supongo que sí — no sonó lo suficientemente convencida de lo que dice, pero no existió incomodidad en el rostro, sino esa serenidad que no se va de sus facciones, incluso si el piso truena ligeramente por los pasos de los demás o la música.
Se rió una vez más — Lo soy. Soy feliz — lo es ahora, porque tiene algo que antes no y que le ha dicho que se quedará con ella — No sé si podría serlo más ¿Y tú? — pero no le importó si así ocurre, como si estar bien no tuviese límites ¿No sería maravilloso?
Su mano avanzó por la mesa, no perdida, sino con suavidad, hasta que finalmente se encontró con el recipiente que se siente frío al tacto. Esperó que llegue la primera pregunta y no la entendió, inicialmente se quedó en silencio, buscando qué es ¡Y cuando apareció! Volvió a permanecer quieta, escuchando como Owen parece beber sin miramientos — ¿Cómo sé si lo haré o no? ¿Y si lo he pensado cuenta? — tragó saliva, porque ahora sabe lo que es y el pensarlo trae nervios al cuerpo, un recuerdo no tan lejano, junto a una pregunta que recibe una respuesta igual de ansiosa — ¿No deberías sacar esa regla? Me confunde — su rostro se ladeó con suavidad y entonces bebió, simplemente porque efectivamente nunca ha hecho eso ¡Pero es la mitad de la respuesta! Y no le gustan de todo las cosas a medias. Su rostro mostró desagrado por el alcohol, incluso tosió con suavidad por la molestia en la garganta — ¿Por qué bebemos esto?
Mi amor.
Habría reclamado más, cuando una palabra apareció, una que la obligó a apretar los labios. Porque la conoce, pero nunca se la han dicho. Esa aparece cuando la gente tiene un compromiso tan grande que piden la bendición de alguien más.
—Yo… ¿Cómo era? — los nervios la hicieron jugar con la ropa que trae, pasando le dedo índice por la falda con suavidad — Yo nunca he — tragó saliva, porque en realidad debería preguntárselo directamente, no de esa manera — tenido una pareja.
Sabe que la gente se reúne cuando hay amor, se casan y tienen una familia. Eso es lo que dicen de los demás, lo que debería ocurrir con normalidad ¡Lo que suele escuchar en el pueblo! Y aunque no se ha dado cuenta, en ese instante se preguntó si lo que hacen es exactamente eso.
Si hasta tiene el apellido de Owen.
Han seguido los pasos de manera extraña, es un juego que se ha salido de las manos desde hace meses. Que ninguno ha detenido, porque es mejor así. Son risas, momentos amables y promesas que calman la ansiedad de la soledad.
— ¿O es que así no era? — se volteó ligeramente de donde proviene su voz, esperando escuchar si bebe o no, si confirma aquello de lo que se acaba de enterar ¿Le molesta? La respuesta fue no, pero se siente como si se hubiese perdido cosas hasta ahora solo por no saber o preguntar.
—Estás actuando algo extraño hoy, Owen
Y no es solo que habla demás y arrastra las palabras.
—¿O es lo que estás tomando?
Un trago amargo no de alcohol, sino de decepción.
Siempre está bien si se encuentra con él. Parece más un mantra, una razón para estar bien. Le gusta así, porque las preocupaciones se esfuman, se esconden o no aparecen cuando permanecen juntos.
No vio la trampa de Owen, de poder observar, tampoco lo habría hecho. Fue rápido y de manera casual, como si ésto hubiese ocurrido antes muchas veces. Simplemente esperó, mientras sus sentidos se sintieron invandidos por un nuevo lugar. Acostumbrada al silencio y a las olas, en el sitio se encontró una situación nueva que la obligó a apretar el agarre que tiene con él, como si pidiera no soltarse o seguramente se perderá en el mar de gente.
—Nunca había estado en un sitio así — sintió a más personas cerca, tanto que se adelantó para no quedar atrás. Apegada a Owen, simplemente buscó refugio de un sitio nuevo y caótico. — ¿Qué se hace aquí? — suenan pasos y música, una que no ha oído antes.
Acomodó su cabello con suavidad dejándose guiar, mientras el resto parece no fijarse en ellos. Son unos extraños que no destacan, le parece más divertido así, sin un público que no pide nada. Sin milagros o bendiciones. Es una vida que le agrada, tanto como para pensar en que seguir buscando la respuesta que tanto quiere… no vale la pena.
—Claro que juego —finalmente libre, juntó sus propias manos en un aplauso suave — Nunca jugué a algo así la verdad — porque el alcohol no es un buen compañero de juegos, pero no le importó — Uh, supongo que sí — no sonó lo suficientemente convencida de lo que dice, pero no existió incomodidad en el rostro, sino esa serenidad que no se va de sus facciones, incluso si el piso truena ligeramente por los pasos de los demás o la música.
Se rió una vez más — Lo soy. Soy feliz — lo es ahora, porque tiene algo que antes no y que le ha dicho que se quedará con ella — No sé si podría serlo más ¿Y tú? — pero no le importó si así ocurre, como si estar bien no tuviese límites ¿No sería maravilloso?
Su mano avanzó por la mesa, no perdida, sino con suavidad, hasta que finalmente se encontró con el recipiente que se siente frío al tacto. Esperó que llegue la primera pregunta y no la entendió, inicialmente se quedó en silencio, buscando qué es ¡Y cuando apareció! Volvió a permanecer quieta, escuchando como Owen parece beber sin miramientos — ¿Cómo sé si lo haré o no? ¿Y si lo he pensado cuenta? — tragó saliva, porque ahora sabe lo que es y el pensarlo trae nervios al cuerpo, un recuerdo no tan lejano, junto a una pregunta que recibe una respuesta igual de ansiosa — ¿No deberías sacar esa regla? Me confunde — su rostro se ladeó con suavidad y entonces bebió, simplemente porque efectivamente nunca ha hecho eso ¡Pero es la mitad de la respuesta! Y no le gustan de todo las cosas a medias. Su rostro mostró desagrado por el alcohol, incluso tosió con suavidad por la molestia en la garganta — ¿Por qué bebemos esto?
Mi amor.
Habría reclamado más, cuando una palabra apareció, una que la obligó a apretar los labios. Porque la conoce, pero nunca se la han dicho. Esa aparece cuando la gente tiene un compromiso tan grande que piden la bendición de alguien más.
—Yo… ¿Cómo era? — los nervios la hicieron jugar con la ropa que trae, pasando le dedo índice por la falda con suavidad — Yo nunca he — tragó saliva, porque en realidad debería preguntárselo directamente, no de esa manera — tenido una pareja.
Sabe que la gente se reúne cuando hay amor, se casan y tienen una familia. Eso es lo que dicen de los demás, lo que debería ocurrir con normalidad ¡Lo que suele escuchar en el pueblo! Y aunque no se ha dado cuenta, en ese instante se preguntó si lo que hacen es exactamente eso.
Si hasta tiene el apellido de Owen.
Han seguido los pasos de manera extraña, es un juego que se ha salido de las manos desde hace meses. Que ninguno ha detenido, porque es mejor así. Son risas, momentos amables y promesas que calman la ansiedad de la soledad.
— ¿O es que así no era? — se volteó ligeramente de donde proviene su voz, esperando escuchar si bebe o no, si confirma aquello de lo que se acaba de enterar ¿Le molesta? La respuesta fue no, pero se siente como si se hubiese perdido cosas hasta ahora solo por no saber o preguntar.
—Estás actuando algo extraño hoy, Owen
Y no es solo que habla demás y arrastra las palabras.
—¿O es lo que estás tomando?
Un trago amargo no de alcohol, sino de decepción.
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