08-10-2025, 10:32 PM
Una mañana más, un entrenamiento más. Se había levantado tan temprano que lo único que podía escuchar en el barco era el absoluto silencio. No tardó en avanzar hacia la cocina, prepararse un café y algo bastante simple para comer. Se sentó con tranquilidad, el sol apenas estaba asomándose en el horizonte para cuando dio el primer trago al líquido caliente. El diario del día no tardó en llegar, con el ave apoyándose en el marco de la ventana por donde el hombre observaba el amanecer.
No tenía apuro por leerlo, pero algo en su interior le decía que por una vez debería tomarse más tiempo para desayunar. Decidido a hacerle caso a esa extraña voz en su cabeza, simplemente volvió a recostarse en la silla, tomando la taza con una mano y el periodico con otra. Como es habitual, leyó la primera plana, esperando encontrarse una noticia que no tuviera que ver con ninguno de ellos, cruzó los dedos para que ese no sea el caso. Sin embargo, sus ojos se abrieron como platos y casi se ahoga con el café en cuanto leyó el primer titular.
Dejó la taza sin cuidado sobre la mesa, tomando el periodico entre sus dos manos, para leer el artículo completo. Los Cabos Gemelos, que antes se encontraban cerrados, se abrían para dejar pasar a diversas tripulaciones. Una oportunidad de oro, un momento en donde podrían avanzar sin preocuparse de la marina o cualquier otra banda que pueda impedirles el paso, o intentarlo.
Se apuró en recorrer cada habitación del barco, despertando a los tripulantes sea como sea, así tenga que zamarrearlos con sus propias manos para que le hagan caso. No había café o nada cocinado para ninguno de ellos cuando llegaron a la cocina, e incluso tuvieron que esperar a que Uker terminara de traer a los miembros restantes. Incluso con caras cansadas y enojadas por ser despertados, su capitán no tardó en hablar.
- Entenderé si tienen miedo, entenderé si no quieren abandonar la isla por la razón que sea, pero esta es una oportunidad que no podemos desperdiciar -. Lanzó el diario sobre la mesa, dejando la primera plana a vista de todos, la noticia que podría llevarlos a la cima. - Ninguno de nosotros tiene una fama suficiente para ser reconocidos por la marina, el barco es nuevo y no fue visto más que por la gente de la isla, que solo lo vieron anclado. Si queremos avanzar, llegar al Grand Line, y acercarnos a nuestras metas, debemos tomar esa ruta -.
Era difícil saber si sería la más segura, seguramente no serían la única tripulación que pensaría en algo así, y la isla Karate había estado bastante llena de nuevas caras y grupos. Todos querrían avanzar, y el miedo de que no todos puedan hacerlo estaba presente en la mente del cocinero. - Creo que no soy el único de aquí que quiere avanzar, pero si ese no es el caso… estaría feliz de seguir capitaneándolos en estas aguas de igual manera -. Soltó un suspiro, pero volviendo a hablar con rapidez.
No tenía apuro por leerlo, pero algo en su interior le decía que por una vez debería tomarse más tiempo para desayunar. Decidido a hacerle caso a esa extraña voz en su cabeza, simplemente volvió a recostarse en la silla, tomando la taza con una mano y el periodico con otra. Como es habitual, leyó la primera plana, esperando encontrarse una noticia que no tuviera que ver con ninguno de ellos, cruzó los dedos para que ese no sea el caso. Sin embargo, sus ojos se abrieron como platos y casi se ahoga con el café en cuanto leyó el primer titular.
Dejó la taza sin cuidado sobre la mesa, tomando el periodico entre sus dos manos, para leer el artículo completo. Los Cabos Gemelos, que antes se encontraban cerrados, se abrían para dejar pasar a diversas tripulaciones. Una oportunidad de oro, un momento en donde podrían avanzar sin preocuparse de la marina o cualquier otra banda que pueda impedirles el paso, o intentarlo.
Se apuró en recorrer cada habitación del barco, despertando a los tripulantes sea como sea, así tenga que zamarrearlos con sus propias manos para que le hagan caso. No había café o nada cocinado para ninguno de ellos cuando llegaron a la cocina, e incluso tuvieron que esperar a que Uker terminara de traer a los miembros restantes. Incluso con caras cansadas y enojadas por ser despertados, su capitán no tardó en hablar.
- Entenderé si tienen miedo, entenderé si no quieren abandonar la isla por la razón que sea, pero esta es una oportunidad que no podemos desperdiciar -. Lanzó el diario sobre la mesa, dejando la primera plana a vista de todos, la noticia que podría llevarlos a la cima. - Ninguno de nosotros tiene una fama suficiente para ser reconocidos por la marina, el barco es nuevo y no fue visto más que por la gente de la isla, que solo lo vieron anclado. Si queremos avanzar, llegar al Grand Line, y acercarnos a nuestras metas, debemos tomar esa ruta -.
Era difícil saber si sería la más segura, seguramente no serían la única tripulación que pensaría en algo así, y la isla Karate había estado bastante llena de nuevas caras y grupos. Todos querrían avanzar, y el miedo de que no todos puedan hacerlo estaba presente en la mente del cocinero. - Creo que no soy el único de aquí que quiere avanzar, pero si ese no es el caso… estaría feliz de seguir capitaneándolos en estas aguas de igual manera -. Soltó un suspiro, pero volviendo a hablar con rapidez.
Medítenlo, pero no tarden. Si su respuesta es positiva, cumplan sus últimas tareas y preparen el barco. Zarparemos a mediodía
