09-10-2025, 10:22 PM
El viento, que había estado soplando con fuerza alimentando las llamas, comenzó a calmarse. No sé si fue suerte o si el fuego simplemente estaba perdiendo su impulso, pero las ráfagas irregulares se volvieron menos frecuentes y menos intensas. Sin ese viento empujándolas, las llamas perdieron mucha de su velocidad de avance. Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, las llamas comenzaron a retroceder. Sin viento que las empujara y sin combustible fácilmente accesible gracias a nuestro cortafuegos improvisado, el incendio perdió su fuerza. Las columnas de humo negro se volvieron más grises, más dispersas. El rugido constante de las llamas se redujo a crepitar ocasional. Me dejé caer sobre una roca cercana, respirando con dificultad. Karl y Apolo también se veían completamente agotados. Habíamos logrado salvar el faro a pesar de todo.
Fue entonces cuando lo recordé. Durante el trabajo contra el incendio, en algún momento entre el rugido de las llamas y el silbido del vapor, había escuchado algo más. Un rugido diferente, más animal, más amenazante. Había venido de la dirección donde habíamos dejado a Joe. Me incorporé rápidamente a pesar del agotamiento, mirando hacia la cordillera donde Joe se había quedado investigando. No habíamos visto ni oído de él en todo este tiempo. Joe no era alguien que diera señales de combate a menos que realmente lo necesitara. Si había estado peleando todo este tiempo sin pedir ayuda, significaba que estaba en una situación seria. Y no era el único que lo pensaba. Karl ya estaba movilizándose hacia nosotros en su forma de pájaro azul celestial y, sin necesidad de decir nada, sabia que era lo que tenia en mente, ir con Joe tan rápido como fuera posible. Activando el haki de observación en un radio de 50 metros, me agarre de una de sus piernas (la derecha) cuando paso a un lado mío y volamos en dirección a donde Joe había quedado.
Luego de surcar los cielos a toda velocidad gracias a la increíble transformación de Karl, pudimos ver a la distancia, desde las alturas (a 35 metros del suelo) como Joe estaba enfrascado en una brutal batalla contra lo que parecía ser un monstruo marino del cielo. Un tipo de ser mitológico alado que fácilmente podría ser descrito como la encarnación del fuego - ¿Por qué nos tiene que seguir el fuego y el calor allá a donde vayamos? – pensé con ironía. Pero no había tiempo para filosofar, Joe nos necesitaba y era momento de entrar en acción. No parecía buena idea acercarse a un ser que era la viva representación del fuego (o al menos que lo parecía al estar envuelto en aquellas llamas) por lo que solté la pierna de Karl estando aun a 35 metros de altura del suelo y estando aun alejado 25 metros a la derecha de aquel monstruo mientras veía como Joe empezaba a caer a causa de la gravedad junto con aquel monstruo alado y pasaba a utilizar el haki de observación medio en manteniendo el radio de 50 metros lo cual consideré prudencial.
Acumulando agua en mi brazo derecho (en el cual llevo guardada la piedra agua dentro de mi guante) y combinándolo con el veneno que secreto de mis púas, e imbuyendo esta amalgama de agua y veneno con el haki de armamento, lance desde mi posición en el aire (a 35 metros del suelo y a 25 metros a la derecha del monstruo) una hoja afilada de agua venenosa de 2 metros de largo apuntando al costado de nuestro rival alado. La gravedad empezó a atraerme al piso al instante siguiente de lanzar mi ataque por lo que ya solo había 30 metros entre el suelo y yo. La sensación de caer en picada no era algo que disfrutara particularmente por lo que empecé a patear el aire como si el mismo tuviera la culpa de que no tuviera alas a diferencia de aquel monstruo o mi compañera alada azul, Karl - ¿quizás solo los monstruos de fuego tienen derecho a volar? – quienes podían disfrutar del dominio de las aves al igual que yo disfrutaba el de los peces y los reyes marinos.
Fue entonces cuando lo recordé. Durante el trabajo contra el incendio, en algún momento entre el rugido de las llamas y el silbido del vapor, había escuchado algo más. Un rugido diferente, más animal, más amenazante. Había venido de la dirección donde habíamos dejado a Joe. Me incorporé rápidamente a pesar del agotamiento, mirando hacia la cordillera donde Joe se había quedado investigando. No habíamos visto ni oído de él en todo este tiempo. Joe no era alguien que diera señales de combate a menos que realmente lo necesitara. Si había estado peleando todo este tiempo sin pedir ayuda, significaba que estaba en una situación seria. Y no era el único que lo pensaba. Karl ya estaba movilizándose hacia nosotros en su forma de pájaro azul celestial y, sin necesidad de decir nada, sabia que era lo que tenia en mente, ir con Joe tan rápido como fuera posible. Activando el haki de observación en un radio de 50 metros, me agarre de una de sus piernas (la derecha) cuando paso a un lado mío y volamos en dirección a donde Joe había quedado.
Luego de surcar los cielos a toda velocidad gracias a la increíble transformación de Karl, pudimos ver a la distancia, desde las alturas (a 35 metros del suelo) como Joe estaba enfrascado en una brutal batalla contra lo que parecía ser un monstruo marino del cielo. Un tipo de ser mitológico alado que fácilmente podría ser descrito como la encarnación del fuego - ¿Por qué nos tiene que seguir el fuego y el calor allá a donde vayamos? – pensé con ironía. Pero no había tiempo para filosofar, Joe nos necesitaba y era momento de entrar en acción. No parecía buena idea acercarse a un ser que era la viva representación del fuego (o al menos que lo parecía al estar envuelto en aquellas llamas) por lo que solté la pierna de Karl estando aun a 35 metros de altura del suelo y estando aun alejado 25 metros a la derecha de aquel monstruo mientras veía como Joe empezaba a caer a causa de la gravedad junto con aquel monstruo alado y pasaba a utilizar el haki de observación medio en manteniendo el radio de 50 metros lo cual consideré prudencial.
Acumulando agua en mi brazo derecho (en el cual llevo guardada la piedra agua dentro de mi guante) y combinándolo con el veneno que secreto de mis púas, e imbuyendo esta amalgama de agua y veneno con el haki de armamento, lance desde mi posición en el aire (a 35 metros del suelo y a 25 metros a la derecha del monstruo) una hoja afilada de agua venenosa de 2 metros de largo apuntando al costado de nuestro rival alado. La gravedad empezó a atraerme al piso al instante siguiente de lanzar mi ataque por lo que ya solo había 30 metros entre el suelo y yo. La sensación de caer en picada no era algo que disfrutara particularmente por lo que empecé a patear el aire como si el mismo tuviera la culpa de que no tuviera alas a diferencia de aquel monstruo o mi compañera alada azul, Karl - ¿quizás solo los monstruos de fuego tienen derecho a volar? – quienes podían disfrutar del dominio de las aves al igual que yo disfrutaba el de los peces y los reyes marinos.
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