10-10-2025, 12:05 AM
Pudo oír a la mujer quejarse entre el humo. Esperó con todas sus fuerzas haber acertado en la ubicación, o tendrían un gran problema, pero fue ahí que escuchó un ruido secó, y un quejido mucho más sonoro que el resto. Por fin el polvo se dispersó, dejando ver a la pelinegra en la cama, hablando como si lo que acababa de pasar no le hubiera quitado años de vida al cocinero. - Si, fue mucha suerte -. Ella no pudo verlo, y tampoco le importaba llevarse el crédito de algo así, por lo que estaba bien que simplemente creyera eso.
Al ver que ella podía caminar y bajarse de la cama, se tomó un momento para respirar. Su corazón iba a mil, su cuerpo aún le dolía por la caída, pero el poder pararse y no sentir ningún pinchazo o ardor excesivo era una buena señal. - Bueno, dicen que siempre hay una primera vez para todo -. Quiso, al igual que ella, reír con la situación, mientras dejaba de tomar aire y se le acercaba con cuidado. - Diría que unos… 2 metros… tal vez un poco más -. Simplemente viendo que tanto le faltaba para que su cabeza toque el techo.
En cuanto se acercó a ella, fue la muchacha quien comenzó a tocar su cuerpo. - No te preocupes, estoy… -. Tocó uno de los moretones, justo el lado donde había caído. - … bien … -. Claramente no, pero ya sería algo que se sanaría en solo unos días.- Aterrice sobre una pila de basura suave, no tengo nada -. Pero si la pila de basura está al lado contrario del que caíste, Uker.
Ya teniendo segura y cerca suyo a la mujer, buscó con la mirada alguna escalera, compuerta o salida. La única compuerta que encontró no parecía querer abrirse, algo debía estarla deteniendo desde el exterior, pues por mucho que empujara o tirara no lograba abrirla. - Déjame ver… -. No comencemos con los chistes de ciegos, por favor.
El hombre se acercó a una de las ventanas, removiendo los periódicos antiguos y telas que la tapaban. No había cristal, el marco estaba vacío, y le daba una buena vista a la oscura calle desde ahí. Estaban a dos pisos de altura, saltar sería repetir la caída de hace un momento, pero solo podían salir por esa ventana. - Escucha, te sacaré, pero debes subirte a mi espalda -. Al decir esto, tomó con delicadeza la mano ajena, indicándole que debía aferrarse a sus hombros y cuellos, y con sus piernas rodear su cintura.
En cuanto estuvieron listos, las piernas del hombre se asomaron por la ventana, sentándose en el marco y viendo hacia el suelo, tomando aire antes de empezar a bajar. - Agárrate con fuerza, hasta que yo te diga. No tengas miedo de aferrarte con mucha fuerza a mi cuello -. Al fin y al cabo, era mejor que ella le hiciera una llave de lucha libre antes de que cualquiera de los dos cayera de esa altura.
Una mirada al suelo más, junto con un último suspiro, fue suficiente para darle el valor que necesitaba. Sus manos se movieron, su cuerpo las acompañó y comenzó a moverse a través de la pared, como si la estuviera escalando, pero en reversa. La poca luz de la luna fue tapada por unas nubes, por lo que por primera vez en el día sintió lo que era ser Gwen, pues tuvo que palpar el camino con sus manos y pies para no dar un movimiento en falso.
De una ventana a la otra, pasando por pequeños huecos en la pared por el desgaste, hasta que su camino lo llevó al árbol que antes había escalado. Desde ahí fue fácil llegar a una altura a la que fuera seguro simplemente saltar. Sus rodillas amortiguaron el impacto, y él se mantuvo agachado para que la muchacha pudiera desprenderse de él sin temor a caer al suelo. - Ya estamos fuera, puedes bajarte -. Incluso tras lo que acababa de hacer, el único indicativo de que había hecho algo difícil era su respiración, que volvía a estar agitada.
- Que bien que pudimos recuperar tu bastón, ahora solo queda encontrar tu alojamiento -
Otro viaje a la parte norte de la ciudad, y otro más para volver en cuanto la deje en el hostal. Algo le decía que mañana sería difícil despertarse temprano.
Al ver que ella podía caminar y bajarse de la cama, se tomó un momento para respirar. Su corazón iba a mil, su cuerpo aún le dolía por la caída, pero el poder pararse y no sentir ningún pinchazo o ardor excesivo era una buena señal. - Bueno, dicen que siempre hay una primera vez para todo -. Quiso, al igual que ella, reír con la situación, mientras dejaba de tomar aire y se le acercaba con cuidado. - Diría que unos… 2 metros… tal vez un poco más -. Simplemente viendo que tanto le faltaba para que su cabeza toque el techo.
En cuanto se acercó a ella, fue la muchacha quien comenzó a tocar su cuerpo. - No te preocupes, estoy… -. Tocó uno de los moretones, justo el lado donde había caído. - … bien … -. Claramente no, pero ya sería algo que se sanaría en solo unos días.- Aterrice sobre una pila de basura suave, no tengo nada -. Pero si la pila de basura está al lado contrario del que caíste, Uker.
Ya teniendo segura y cerca suyo a la mujer, buscó con la mirada alguna escalera, compuerta o salida. La única compuerta que encontró no parecía querer abrirse, algo debía estarla deteniendo desde el exterior, pues por mucho que empujara o tirara no lograba abrirla. - Déjame ver… -. No comencemos con los chistes de ciegos, por favor.
El hombre se acercó a una de las ventanas, removiendo los periódicos antiguos y telas que la tapaban. No había cristal, el marco estaba vacío, y le daba una buena vista a la oscura calle desde ahí. Estaban a dos pisos de altura, saltar sería repetir la caída de hace un momento, pero solo podían salir por esa ventana. - Escucha, te sacaré, pero debes subirte a mi espalda -. Al decir esto, tomó con delicadeza la mano ajena, indicándole que debía aferrarse a sus hombros y cuellos, y con sus piernas rodear su cintura.
En cuanto estuvieron listos, las piernas del hombre se asomaron por la ventana, sentándose en el marco y viendo hacia el suelo, tomando aire antes de empezar a bajar. - Agárrate con fuerza, hasta que yo te diga. No tengas miedo de aferrarte con mucha fuerza a mi cuello -. Al fin y al cabo, era mejor que ella le hiciera una llave de lucha libre antes de que cualquiera de los dos cayera de esa altura.
Una mirada al suelo más, junto con un último suspiro, fue suficiente para darle el valor que necesitaba. Sus manos se movieron, su cuerpo las acompañó y comenzó a moverse a través de la pared, como si la estuviera escalando, pero en reversa. La poca luz de la luna fue tapada por unas nubes, por lo que por primera vez en el día sintió lo que era ser Gwen, pues tuvo que palpar el camino con sus manos y pies para no dar un movimiento en falso.
De una ventana a la otra, pasando por pequeños huecos en la pared por el desgaste, hasta que su camino lo llevó al árbol que antes había escalado. Desde ahí fue fácil llegar a una altura a la que fuera seguro simplemente saltar. Sus rodillas amortiguaron el impacto, y él se mantuvo agachado para que la muchacha pudiera desprenderse de él sin temor a caer al suelo. - Ya estamos fuera, puedes bajarte -. Incluso tras lo que acababa de hacer, el único indicativo de que había hecho algo difícil era su respiración, que volvía a estar agitada.
- Que bien que pudimos recuperar tu bastón, ahora solo queda encontrar tu alojamiento -
Otro viaje a la parte norte de la ciudad, y otro más para volver en cuanto la deje en el hostal. Algo le decía que mañana sería difícil despertarse temprano.
