10-10-2025, 03:55 PM
El suelo todavía olía a pólvora y a perfume barato y la ciudad entera era un escenario que se desmoronaba detrás de nosotros, un eco de cristales rotos y aplausos fingidos, pero ahí, en el filo entre la noche y el amanecer, con los primeros rayos asomando tímidamente sobre Isla Samba, comprendí algo y era que la función apenas comenzaba.
—¿Escuchan eso, mis amores? —dije, avanzando por la escalinata como quien desciende a saludar a su público tras el último acto —Ese rugido honey, no son abucheos. Es la ovación de los necios que aún no saben que están siendo testigos de historia. Jususususu—Alana se aferraba a mi hombro derecho, ligera y cálida como una luciérnaga que se negaba a apagarse. Su respiración me rozaba el cuello, llena de vida, y su confianza era un voto silencioso que me hizo sonreír.
Del otro lado, Mercedes, mi querida tempestad en miniatura, reía con esa carcajada suya que haría temblar a los mismísimos ángeles, detrás de nosotras, Varo se movía como un espectro entre luces rotas, preciso y letal, un caballero de sombras que había elegido el bando de la luz. —Come on, my stars! —grité, alzando la mano hacia el horizonte —Que el telón de esta noche caiga, pero el del mañana nos aguarda abierto. — ¿A dónde iríamos? No tenía idea, simplemente teníamos que abandonar el lugar, escondernos unos pocos días y salir al mundo como los criminales que la marina dirá que somos.
Saltamos en el último escalón y por un instante, el aire fue escenario, y nosotros, actores suspendidos entre dos mundos. El amanecer nos bañó en tonos dorados, haciendo que los destellos de mi conjunto relucieran como fuego líquido, la brisa marina me azotó el rostro y reí, reí con el pecho abierto, con la certeza de quien ha dejado una marca imposible de borrar.
Los pasos apresurados de la Marina se oían cada vez más lejos, ya no eran amenaza, sino acompañamiento, percusión para nuestra sinfonía de huida, cada eco de nuestras pisadas sobre los tejados era una nota, cada respiración un compás, éramos música en movimiento.
Giré la cabeza, dejando que el viento me despeinara —Que hablen los periódicos, que inventen los héroes que quieran —susurré —Pero que recuerden, todos, absolutamente todos que el Cabaret brilló primero. —y la luz del sol nos alcanzó al fin, delineando nuestras siluetas sobre el horizonte, entonces allí, en la cúspide del amanecer, sentí el peso y la gloria de la palabra que ahora nos unía, tenía una nueva familia y estaba ansiosa por comentarle a Gwendolyn que ya no éramos nosotros dos solos.
—Piratas del Cabaret —proclamé, con una sonrisa que mezclaba cansancio, orgullo y euforia —¡La función ha terminado, mis queridas estrellas del escenario, pero el mundo entero acaba de comprar sus entradas para la siguiente! —Y sin mirar atrás, crucé la última calle, el mar nos esperaba, reluciente como una pasarela infinita.
—¿Escuchan eso, mis amores? —dije, avanzando por la escalinata como quien desciende a saludar a su público tras el último acto —Ese rugido honey, no son abucheos. Es la ovación de los necios que aún no saben que están siendo testigos de historia. Jususususu—Alana se aferraba a mi hombro derecho, ligera y cálida como una luciérnaga que se negaba a apagarse. Su respiración me rozaba el cuello, llena de vida, y su confianza era un voto silencioso que me hizo sonreír.
Del otro lado, Mercedes, mi querida tempestad en miniatura, reía con esa carcajada suya que haría temblar a los mismísimos ángeles, detrás de nosotras, Varo se movía como un espectro entre luces rotas, preciso y letal, un caballero de sombras que había elegido el bando de la luz. —Come on, my stars! —grité, alzando la mano hacia el horizonte —Que el telón de esta noche caiga, pero el del mañana nos aguarda abierto. — ¿A dónde iríamos? No tenía idea, simplemente teníamos que abandonar el lugar, escondernos unos pocos días y salir al mundo como los criminales que la marina dirá que somos.
Saltamos en el último escalón y por un instante, el aire fue escenario, y nosotros, actores suspendidos entre dos mundos. El amanecer nos bañó en tonos dorados, haciendo que los destellos de mi conjunto relucieran como fuego líquido, la brisa marina me azotó el rostro y reí, reí con el pecho abierto, con la certeza de quien ha dejado una marca imposible de borrar.
Los pasos apresurados de la Marina se oían cada vez más lejos, ya no eran amenaza, sino acompañamiento, percusión para nuestra sinfonía de huida, cada eco de nuestras pisadas sobre los tejados era una nota, cada respiración un compás, éramos música en movimiento.
Giré la cabeza, dejando que el viento me despeinara —Que hablen los periódicos, que inventen los héroes que quieran —susurré —Pero que recuerden, todos, absolutamente todos que el Cabaret brilló primero. —y la luz del sol nos alcanzó al fin, delineando nuestras siluetas sobre el horizonte, entonces allí, en la cúspide del amanecer, sentí el peso y la gloria de la palabra que ahora nos unía, tenía una nueva familia y estaba ansiosa por comentarle a Gwendolyn que ya no éramos nosotros dos solos.
—Piratas del Cabaret —proclamé, con una sonrisa que mezclaba cansancio, orgullo y euforia —¡La función ha terminado, mis queridas estrellas del escenario, pero el mundo entero acaba de comprar sus entradas para la siguiente! —Y sin mirar atrás, crucé la última calle, el mar nos esperaba, reluciente como una pasarela infinita.
IL GRAN FINALE
