11-10-2025, 06:48 PM
Al cabo de apenas un par de días de navegación por el South Blue, Stroud permanecía, impaciente, apoyado sobre el pasamanos de proa. Con un pequeño catalejo, contemplaba la lejanía, intentando vislumbrar la costa. De cuando en cuando, y como iban faltos de personal, debía compaginar tareas de vigía, de navegante y de timonel, pero no le molestaba. En la Marina no era raro que los formasen para ser capaces de llevar embarcaciones pequeñas y medianas entre un par de personas a lo sumo y, aunque costoso y de un enorme tedio, era posible. Finalmente, la vislumbró: la enorme montaña que coronaba la Isla del Kárate. Alzó las cejas, esbozando una sonrisa, aguzando la vista e intentando verla mejor, pero no cabía duda. A toda prisa, corrió de nuevo hacia sus cartas de navegación, sextante en mano, y se aseguró: en efecto, estaban llegando a su (primer) destino. ¡No era tan mal navegante después de todo! Corrió al timón, exclamando: "¡Tierra a la vista! ¡Nos acercamos a la Isla del Kárate, División!"
Al cabo de escasos minutos, el relativo calor húmedo de la isla los golpeó, condensando sus alientos y, de alguna manera, ablandado sus ropas marinas. El aire empezaba a entremezclarse con el olor salobre y dulzón, combinados con el aroma de aceites y frutas que se amontonaban en las cercanías del puerto al que se dirigían. El mar pareció adquirir una tonalidad única, turquesa, con vetas casi verdes, mucho más claro que las aguas grisáceas del North Blue. Gradualmente, la enorme montaña que hacía célebre a la isla parecía casi emerger de las aguas ante ellos. Empezaban a oírse sonidos propios de aquel lugar, bullicio, campanas, gongs que resonaban desde los temblos y los dojos cercanos a la costa.
En cuestión de poco tiempo, el Royal Quiver, como habían bautizado a la embarcación, desembarcaba en el Muelle 9 de la Isla del Kárate. Stroud fue dando indicaciones para que, a medida que se aproximaban al puerto, fuesen replegando las velas y echando el ancla, aunque él mismo debió tomar parte de aquello. Los muelles, de madera, eran más anchos y ruidosos que los de Roshwan, plagados de vendedores, barcos y gente de todas partes. Aquí y allá se podían leer carteles pintados a mano anunciando distintos torneos de artes marciales. A los lados del puerto, distintas estatuas ennegrecidas por el tiempo parecían custodiar el lugar. Stroud bajó del barco, limpiándose el sudor de la frente. Incluso la luz parecía distinta allí, de tonos dorados y verdosos en lugar de los grises y azulados a los que Roshwan los tenía acostumbrados. Sin embargo, no podía acomodarse demasiado allí; venían con un objetivo claro: recoger a Moja y partir hacia Samba.
Al cabo de escasos minutos, el relativo calor húmedo de la isla los golpeó, condensando sus alientos y, de alguna manera, ablandado sus ropas marinas. El aire empezaba a entremezclarse con el olor salobre y dulzón, combinados con el aroma de aceites y frutas que se amontonaban en las cercanías del puerto al que se dirigían. El mar pareció adquirir una tonalidad única, turquesa, con vetas casi verdes, mucho más claro que las aguas grisáceas del North Blue. Gradualmente, la enorme montaña que hacía célebre a la isla parecía casi emerger de las aguas ante ellos. Empezaban a oírse sonidos propios de aquel lugar, bullicio, campanas, gongs que resonaban desde los temblos y los dojos cercanos a la costa.
En cuestión de poco tiempo, el Royal Quiver, como habían bautizado a la embarcación, desembarcaba en el Muelle 9 de la Isla del Kárate. Stroud fue dando indicaciones para que, a medida que se aproximaban al puerto, fuesen replegando las velas y echando el ancla, aunque él mismo debió tomar parte de aquello. Los muelles, de madera, eran más anchos y ruidosos que los de Roshwan, plagados de vendedores, barcos y gente de todas partes. Aquí y allá se podían leer carteles pintados a mano anunciando distintos torneos de artes marciales. A los lados del puerto, distintas estatuas ennegrecidas por el tiempo parecían custodiar el lugar. Stroud bajó del barco, limpiándose el sudor de la frente. Incluso la luz parecía distinta allí, de tonos dorados y verdosos en lugar de los grises y azulados a los que Roshwan los tenía acostumbrados. Sin embargo, no podía acomodarse demasiado allí; venían con un objetivo claro: recoger a Moja y partir hacia Samba.
Off

![[Imagen: 7oac6oR.gif]](https://i.imgur.com/7oac6oR.gif)
![[Imagen: pDWijAU.png]](https://i.imgur.com/pDWijAU.png)