12-10-2025, 09:01 PM
El aire pareció quebrarse en un instante.
El acero de Jin silbó en el aire con un movimiento preciso, pero Hana no era una simple cara bonita, era una líder yakuza por algo más que su belleza. Su cuerpo, afilado por años de entrenamiento, respondió de manera casi antinatural. Sus pupilas se dilataron de forma totalmente anómala, prestando una atención total a los movimientos del espadachín. Cada músculo, cada fibra, cada tendón se tensó como si el mundo se ralentizara a su alrededor.
Durante aquel momento, su respiración se detuvo un instante y su mirada se fijó únicamente en la trayectoria del filo enemigo. Y en el silencio absoluto que siguió, Hana movió su espada. El sonido fue seco, metálico, breve. Había sido tan veloz que sería difícil de explicar a la mayoría de los presentes, pero Hana había desviado el ataque.
La katana se alzó en un ángulo imposible, desviando el corte con una exactitud quirúrgica. La colisión de aceros dejó un chispazo blanco en mitad de la oscuridad, iluminando por un segundo los rostros de todos los presentes. El impacto resonó en las paredes, pesado pero agudo, casi armonioso.
Su movimiento fue tan rápido que la estela del corte aún flotaba en el aire cuando el cuerpo de Hana ya había girado sobre su eje para responder. La presión en la sala aumentó de golpe, y quienes estaban más cerca, especialmente Big Tom y Little Timmy, dieron un paso atrás por instinto, como si pudieran sentir la intención asesina desbordarse de la mujer.
Pero en esa fracción de segundo, justo cuando su atención estaba clavada por completo en el espadachín, algo irrumpió en su flanco. Una patada seca, violenta, que impactó directamente en el lateral de su pierna izquierda. El golpe fue limpio, ejecutado con fuerza y rabia. El cuerpo de Hana cedió levemente ante el impacto, su equilibrio se quebró apenas un instante, pero suficiente para que su furia se encendiera del todo, aunque no lo mostró sino con una sonrisa.
-Me olvidaba de ti, pequeñín. -Murmuró en un instante casi para sí misma, al tiempo que ya reaccionaba al golpe. El giro que había preparado para su movimiento fue rectificado en un instante, deslizando el mango de su arma hasta abarcar una distancia ligeramente mayor, pues ahora tenía dos objetivos.
La yakuza exhaló con fuerza, girando sobre sí misma en un impulso que fusionó técnica y brutalidad. El filo de su katana trazó un arco perfecto al girar a toda velocidad, dibujando una espiral cortante que silbó por el aire con un rugido de acero.
Era un corte de barrido, amplio, circular, diseñado para alcanzar a ambos a la vez. Jin por delante, Owen por su flanco, sin espacio ni tiempo para separarse por la velocidad endiabladamente alta de la mujer.
El movimiento fue tan veloz que la corriente generada por la katana levantó polvo, mechones de cabello y jirones de tela. Los presentes apenas pudieron seguirlo con la vista.
En ese instante, Hana dejó de ser una mujer hermosa a ojos de todos y se convirtió en un vendaval contenido en forma humana, una tempestad de acero que arrasaba con todo a su alcance.
El acero de Jin silbó en el aire con un movimiento preciso, pero Hana no era una simple cara bonita, era una líder yakuza por algo más que su belleza. Su cuerpo, afilado por años de entrenamiento, respondió de manera casi antinatural. Sus pupilas se dilataron de forma totalmente anómala, prestando una atención total a los movimientos del espadachín. Cada músculo, cada fibra, cada tendón se tensó como si el mundo se ralentizara a su alrededor.
Durante aquel momento, su respiración se detuvo un instante y su mirada se fijó únicamente en la trayectoria del filo enemigo. Y en el silencio absoluto que siguió, Hana movió su espada. El sonido fue seco, metálico, breve. Había sido tan veloz que sería difícil de explicar a la mayoría de los presentes, pero Hana había desviado el ataque.
La katana se alzó en un ángulo imposible, desviando el corte con una exactitud quirúrgica. La colisión de aceros dejó un chispazo blanco en mitad de la oscuridad, iluminando por un segundo los rostros de todos los presentes. El impacto resonó en las paredes, pesado pero agudo, casi armonioso.
Su movimiento fue tan rápido que la estela del corte aún flotaba en el aire cuando el cuerpo de Hana ya había girado sobre su eje para responder. La presión en la sala aumentó de golpe, y quienes estaban más cerca, especialmente Big Tom y Little Timmy, dieron un paso atrás por instinto, como si pudieran sentir la intención asesina desbordarse de la mujer.
Pero en esa fracción de segundo, justo cuando su atención estaba clavada por completo en el espadachín, algo irrumpió en su flanco. Una patada seca, violenta, que impactó directamente en el lateral de su pierna izquierda. El golpe fue limpio, ejecutado con fuerza y rabia. El cuerpo de Hana cedió levemente ante el impacto, su equilibrio se quebró apenas un instante, pero suficiente para que su furia se encendiera del todo, aunque no lo mostró sino con una sonrisa.
-Me olvidaba de ti, pequeñín. -Murmuró en un instante casi para sí misma, al tiempo que ya reaccionaba al golpe. El giro que había preparado para su movimiento fue rectificado en un instante, deslizando el mango de su arma hasta abarcar una distancia ligeramente mayor, pues ahora tenía dos objetivos.
La yakuza exhaló con fuerza, girando sobre sí misma en un impulso que fusionó técnica y brutalidad. El filo de su katana trazó un arco perfecto al girar a toda velocidad, dibujando una espiral cortante que silbó por el aire con un rugido de acero.
Era un corte de barrido, amplio, circular, diseñado para alcanzar a ambos a la vez. Jin por delante, Owen por su flanco, sin espacio ni tiempo para separarse por la velocidad endiabladamente alta de la mujer.
El movimiento fue tan veloz que la corriente generada por la katana levantó polvo, mechones de cabello y jirones de tela. Los presentes apenas pudieron seguirlo con la vista.
En ese instante, Hana dejó de ser una mujer hermosa a ojos de todos y se convirtió en un vendaval contenido en forma humana, una tempestad de acero que arrasaba con todo a su alcance.
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