13-10-2025, 06:25 AM
— Bueno, según tengo entendido las personas que actúan en un escenario como Gwendolyn o usted necesitan personas detrás para ayudarlos a brillar ¿Verdad? Toda mi vida construí ataúdes pero... Un escenario, un barco, un triage bien montado, las flores para una linda escenografía... —Rascó su nuca con relativo nerviosismo antes de asentir con la cabeza un par de veces, finalmente llevando su diestra hasta su frente para frotar la herida que se acababa de hacer con el puñetazo momentos atrás. Entonces extendió esa misma mano para estrechar la del capitán de aquella tripulación. — Toda mi vida la he dedicado al servicio, de los difuntos y quienes dejaron atrás. Esto no será diferente, podrán contar conmigo —Pese a la monotonía de su tono, había verdad en sus palabras, convicción si se quiere. Eros ante todo se reconocía un abnegado vasallo de un propósito que lo excedía pues solo había sido educado así.
Así su padre yaciese ajeno y profanado quizás en otros mares, y su madre viviendo una vida que no lo tenia presente, así su hogar no fuese más que una coraza vacía que ya no existía, éstas personas eran tan distintas a sus amigos imaginarios que algo en él florecía con un temblor temeroso ¿Esperanza, o anhelo? Deseo sin duda, quizás la necesidad de confiar. Pese a todo no estaba siendo rechazado, en su excentricidad halló un lugar y este pequeño hombre, mucho mas joven que él, le estaba dando la bienvenida tan genuinamente como Gwendolyn en una primera instancia. Parecían sinceros, parecían no ser capaces de dudar ni de si mismos ni de la mar. Era extraño, pero no por eso hostil, el cuidador de las tumbas se reconocía también extraño y no por eso malvado.
— Bien, les regalaré mi vida pues es todo lo que tengo conmigo —Aclaró asintiendo un par de veces para darse a si mismo una suerte de confirmación, entonces vio como sus amigos imaginarios saltaban de la proa y popa respectivamente hacia el mar. Se iban nadando hacia el horizonte, porque quizás ya no necesitaban acompañarlo, quizás ya no estaba solo. — No se si hay una estrella en el cielo para los difuntos... Pero si debo ser una estrella, con honor seré la estrella de la muerte entonces —En su rostro apareció de par en par una sonrisa sincera, lo reconfortaba el poder volverse un lucero del alba para quienes ya no estaban, y para quienes pronto partirían, para quienes a alguien habían perdido y para quienes a alguien anhelaban.
Así su padre yaciese ajeno y profanado quizás en otros mares, y su madre viviendo una vida que no lo tenia presente, así su hogar no fuese más que una coraza vacía que ya no existía, éstas personas eran tan distintas a sus amigos imaginarios que algo en él florecía con un temblor temeroso ¿Esperanza, o anhelo? Deseo sin duda, quizás la necesidad de confiar. Pese a todo no estaba siendo rechazado, en su excentricidad halló un lugar y este pequeño hombre, mucho mas joven que él, le estaba dando la bienvenida tan genuinamente como Gwendolyn en una primera instancia. Parecían sinceros, parecían no ser capaces de dudar ni de si mismos ni de la mar. Era extraño, pero no por eso hostil, el cuidador de las tumbas se reconocía también extraño y no por eso malvado.
— Bien, les regalaré mi vida pues es todo lo que tengo conmigo —Aclaró asintiendo un par de veces para darse a si mismo una suerte de confirmación, entonces vio como sus amigos imaginarios saltaban de la proa y popa respectivamente hacia el mar. Se iban nadando hacia el horizonte, porque quizás ya no necesitaban acompañarlo, quizás ya no estaba solo. — No se si hay una estrella en el cielo para los difuntos... Pero si debo ser una estrella, con honor seré la estrella de la muerte entonces —En su rostro apareció de par en par una sonrisa sincera, lo reconfortaba el poder volverse un lucero del alba para quienes ya no estaban, y para quienes pronto partirían, para quienes a alguien habían perdido y para quienes a alguien anhelaban.
