La Justicia desembarca [Llegada, P.A.]
#1
Habían pasado un par de días en alta mar. De momento, todo había salido exactamente como el ahora contramaestre (según se había enterado en una llamada de Den Den Mushi en pleno viaje) Stroud Redgrave había calculado, salvo por un pequeño temporal que los pilló desprevenidos y estuvo a punto de jugarles una mala pasada. Sin embargo, la situación no llegó a ser lo suficientemente crítica como para requerir el uso de una de las rutas de escape que el Marine había preparado con antelación, permitiendo que la nave y sus tripulantes saliesen indemnes. El joven Redgrave se levantó, cuando el alba aún no había empezado a despuntar, y salió a cubierta a examinar la situación, procurando no hacer ruido. Se situó en la proa y sacó su sextante, calibrando la posición del navío: todo en orden. El curso apenas se había desviado del trayecto anticipado. Sacó el pequeño catalejo de bronce y examinó el horizonte; contra el cielo que empezaba a clarear podía verse la silueta de su destino, el Reino de Samba. La silueta encajaba con los mapas topográficos y lo que había oído sobre la isla: más bien plana, con algo que parecía una gran masa selvática. No cabía duda.

"¡Tierra a la vista!," exclamó, subiendo el volumen pero manteniendo, como siempre, la monotonía de su voz, "¡Nos acercamos a Samba, muchachos! Preparaos para desembarcar." A paso firme, caminó sobre la cubierta y se situó tras el timón, ajustando el rumbo con pequeños giros, calibrando la posición del navío según el viento, que empezaba a cambiar a medida que se acercaban a la costa, mientras volvía a consultar su sextante. Corrió de nuevo a la bodega, mientras los demás tripulantes aún se despertaban, y verificó la carta náutica, cerciorándose de que no hubiese arrecifes peligrosos en el trayecto. Hizo un par de anotaciones más en su cuaderno de bitácora, aún sobre la mesa plegable, y corrió de vuelta a cubierta. Pasó una mano por el timón, concentrado en el contacto, sintiendo la vibración del casco al cortar la corriente. "Kibai, recoge media vela mayor, y deja el foque a medio viento. Bertram, cabo de timón fijo a babor, dos grados. Moja, ajusta la escota de estribor, tenemos que alinear con la corriente," ordenó, sus ojos fijos en el horizonte y sus manos sujetando el timón con fuerza férrea, comprobando su ángulo. A medida que se acostumbraba a navegar y coordinar, empezaba a percibir el navío como una extensión de sí mismo, y los procedimientos a seguir, las órdenes que dar, se volvían más naturales, casi intuitivas. Era aún un proceso mecánico y que requería de concentración, pero él mismo percibía cómo se ajustaba.

"Asegurad los barriles de costado" ordenó nuevamente, su voz llena de la serena autoridad de quien sabe lo que hace, "y encended los faroles de proa". Poco a poco, y bajo la luz del amanecer, que empezaba a despuntar, el mar cambiaba de color, pasando del azul oscuro del oceáno a un turquesa luminoso, bajo el que podían empezar a verse bancos de peces. Las corrientes de aire cálido procedentes de la isla traían una embriagadora mezcla de olores a frutas, sal y especias. A medida que se acercaban, proliferaban las voces de la isla, que iban volviéndose más notables, acompañadas de distintas músicas, de sonidos de tambores, flautas y guitarras. Era evidente que aquel lugar no descansaba, ni temprano por la mañana. Aquella isla, pese a las apariencias, traería consigo una prueba de fuego para los nuevos Marines. El Royal Quiver, cargando el enorme emblema de la Marina en sus velas como un gran faro de luz y justicia, desembarcaba en el Reino de Samba.

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La Justicia desembarca [Llegada, P.A.] - por Stroud Nanashi - 13-10-2025, 03:50 PM

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