[EVENTO LOCAL - TOROS NEGROS] - Para el pueblo lo que es del pueblo
#51
Aquel que se hacía llamar Comandante de la Revolución dejaba bastante que desear. No sólo parecía un completo indigente, si no que en combate parecía realmente decepcionante, pues ni siquiera fue capaz de activar ese Busoshoku que parecía poseer para protegerse de mi ataque, que no dejaba de ser un simple lanzazo. Aquella bestia que le servía gritó al ver lo sucedido - Mírala, que mona, si hasta sabe hablar... - la mueca de infinito asco que mostraba mi rostro encajaba a la perfección con aquel irónico pensamiento que estaba teniendo. No era para nada extraño en ese tipo de seres, pues el uso del lenguaje era un punto más para tratar de aparentar humanos. Para algunas personas podía parecer adorable, e incluso atractivo para alguna clase de degenerados. Pero no había que caer en aquella burda trampa. El lenguaje, al igual que la vestimenta y el replicar hábitos humanos, no era sino una forma de engañarnos. Una forma de hacer que la gente crea que también son personas, para que sientan pena o los traten como tales. Pero, como aquel animal acababa de demostrar hacía unos instantes, esas... cosas, no dejaban de ser bestias salvajes. Tan sólo había que esperar el tiempo suficiente para que ellas solas se quitaran sus máscaras y revelaran su verdadera naturaleza. Que ahora articulara palabras no hacía más que darme más razones para borrarla de la existencia.

El animal se refirió a mí por aquel sobrenombre que la alimaña de Robin y los que lo seguían habían popularizado, seguramente haciendo uso de todo el ingenio colectivo del que disponían. No me sorprendía lo más mínimo, viniendo de la boca de ese ser, pues esto no era sino otra muestra más de su salvajismo - Sir If Nottingham - respondí, manteniendo la templanza que me caracterizaba. Cualquiera que me conociera sabía la importancia que le daba a tratar a cada persona con su debido respeto, entre los que me incluía yo mismo, pero era lo suficientemente inteligente como para no caer en estúpidas provocaciones como esa - Bueno, para ti Sir Jamonada, pues veo que tu amo no ha tenido a bien enseñarte siquiera los modales básicos - mantenía mi atención en el animal, mientras veía al "grandioso" Comandante recuperarse de mi ataque.

En cuanto el hombre volvió a ver con claridad dónde se encontraba, retomó su fútil ofensiva. A diferencia de la vez anterior, esta vez el animal mostró la intención de esperar para golpear a la vez que su amo. Una idea nefasta, he de decir, pues retrasar su ataque me daba más tiempo para prepararme. Podía aprovechar esta espera para acabar aquí mismo con la bestia, antes siquiera de que comenzara moverse, pero era una mejor idea esperar y mostrarles de esa forma que cualquier cosa que hicieran iba a ser inútil. En vistas a que me iban a atacar los dos a la vez, utilicé mi Busoshoku Haki para proteger mi torso ya que era la única parte de mi cuerpo a la que podían atacar , a la vez que imbuía a mi querida Preypiercer preparándome para mi próximo ataque.

Volví a errar en mi predicción, aunque sólo parcialmente. Había vuelto a sobrestimar a aquella bestia salvaje, quien en vez de una palmada esta vez lanzó dos zarpazos contra mi rostro. Aquellos zarpazos flaqueaban en comparación con la palmada anterior, aunque el primero de ellos abrió una herida en mi pómulo izquierdo, la cual constaba de cinco cortes, alcanzando el más largo de ellos desde casi el ojo hasta mi atractivo bigote, y el resto siendo algo más cortos. Se trataba de una herida que sin duda dejaría una notable marca, por la cual mi amada Elizabeth me cuestionaría al volver a encontrarme con ella una vez me hubiera deshecho de los pordioseros.

A la vez que aquellos bestiales zarpazos sucedían, el espadachín me embistió con ambas katanas, golpeando con el filo de ambas en la armadura de mi pecho. El golpe fue duro, sin duda, lo cual me hizo reafirmarme en mi idea de proteger preventivamente esa zona del cuerpo. A pesar de la fuerza del golpe, ésta distaba mucho de ser suficiente para romper mi postura.

Preypiercer no era una lanza cualquiera, como podía ser la Katana que ese tal Kageyama portaba en su siniestra. Preypiercer tenía una razón de ser, un único propósito: Erradicar bestias, librar a este mundo de su aberrante existencia. Era una lanza divina, pensada y forjada con la única finalidad de purificar este mundo, y por ello mismo no tenía permitido utilizarla contra algo que no fuera una vil criatura. A pesar de ello, siempre la mantengo en el mejor de los estados, pues nunca se sabe cuándo va a ser necesaria. Como sucedió ayer mismo, estando yo con mi amada Elizabeth.

Al momento del golpe fue cuando dio comienzo mi contraataque. Utilicé toda la fuerza de mi brazo izquierdo, más incluso de lo que quien me conocía podría pensar que era mi límite, lanzando a mi preciada Preypiercer, la cual al rozar su mástil contra la palma de mi mano se recubrió con un manto eléctrico, hacia el abdomen de aquel animal. No acostumbraba a arrojar la lanza desde tan poca distancia, pero no tenía yo intención de alejarme para que esa cosa se volviera a acercar nuevamente. A diferencia del espadachín, yo no tenía que ir gritando nombres inventados para tratar de que los golpes que lanzaba parecieran poderosos, pues mis ataques hablaban por sí solos.


No se hizo esperar. Casi al instante de soltar a Preypiercer, el sonido de un rayo resonó en todo el salón principal. Una ancha sonrisa se dibujó en mi rostro mientras aquella aberración de la naturaleza que no sólo había osado atacarme en la cara dos veces si no que había echado a perder un té tan valioso como ese salía volando por la fuerza del impacto. El animal cayó a la nada desdeñable distancia de casi ochenta y nueve pies, quedando tendido panza arriba con mi arma clavada en su abdomen.

Habiendo sido la bestia completamente erradicada ya sólo quedaba librarse del indigente, quien se había alejado hasta los trece pies de mi persona. Arqueé una ceja, pues no recordaba haber guardado a Lion's Bane - Da igual - procedí a sacar ambas lanzas, Lion's Bane con mi siniestra y Hopekiller con mi diestra, abriendo un poco los brazos y encogiéndome de hombros en el proceso - El próximo golpe va a ser el último - pensé, centrando toda mi atención en el Comandante de los Ejércitos del Oeste. No me encontraba en una mala posición, ni mucho menos, pero sí que tenía cierta urgencia porque el doctor de la corte me revisara la herida del rostro, para evitar cualquier tipo de infección.


Info
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 10313 - 4299 = 6014
Energia: 4708 - 1388 = 3320
Espiritu: 876 - 382 = 494


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RE: [EVENTO LOCAL - TOROS NEGROS] - Para el pueblo lo que es del pueblo - por If Nottingham - 13-10-2025, 05:36 PM

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