Parecía como si Owen tuviese una fijación pura y absoluta no solamente en poder concretar aquello que solamente podría haber estado en lo más profundo de sus fantasías, sino, en dejar tan extasiada de gusto a su compañera que jamás pudiese olvidar lo que pasaría entre sábanas esa misma noche. Hay recuerdos que pueden olvidarse con el tiempo...pero, ¿Lo que siente el cuerpo? ¿Es estremecimiento de la primera vez? Owen estaba tan nervioso como ella, solo que estaba tan enfocado en la satisfacción de la chica que, ciertamente, su temor por "hacerlo mal" podía esperar. Gwen iba a pecar, y el pelirrojo sabía que le iba a gustar.
Que ella pidiese que no se detenga, que sintiese cómo ambos ejercían presión en la unión que los enlazaba, verla retorcerse, arquearse y hasta empujarle de manera nerviosa, eran cosas que aún excitaban más al pelirrojo, ¿Porqué? Porque era evidente que ella buscaba resistirse a algo que probablemente le apenaba en demasía, pero que su cuerpo sonreía extasiado igual que el calor que elevaba las temperaturas, incluso, a alguien que puede generar un frío tan extremo como ella. El pelirrojo insistía una y otra vez que ella se someta no a su ser, sino, a todo lo que su cuerpo reclamaba, porque conocía lo suficiente a Gwen para saber que ella no era la inamovible y perfecta estatuilla favorita de la iglesia; Ella pensaba, sentía, vivía y se comportaba como cualquiera, y por eso Owen iba a sacarla de su reino celestial en el que siempre creyó que vino para demostrarle que los placeres mundanos, por muy pecaminosos que sean...son, de hecho, espectaculares.
Hasta que la respuesta que dio la chica, realmente, le bajó de ese encendimiento que giraba como una espiral para detener la marcha, quedándose en el lugar mientras levantaba la cabeza para encontrarse con el rostro perfecto de la muchacha.
Su corazón, que ya estaba latiendo con intensidad, empezó a incrementar sus pulsaciones hasta el punto de casi sentir una intermitente taquicardia, todo su cuerpo se crispó, erizándole cada centímetro de la piel sin ser capaz de quitarle el rostro de encima. Jamás se esperó algo así, pero Gwen siempre, siempre, ¿Incluso en una situación así? Tenía un as bajo la manga para domar a la bestia -Gwen.- fue escandaloso para él, trepando, agazapado y deteniendo aquella penetración con la lengua que estuvo haciendo, hasta empezar a besarla con una intensidad, ahora si, muchísimo más descontrolada -Yo- solo tomaba aire para hablar, llevó su mano libre para sacudirle el cabello, bajaba de su boca hasta su cuello, la mordía, se estaba enloqueciendo -te amo- la besaba, se separaba, agarró y tiró de sus mechas ligeramente, ¿Alguien, amarle a él? ¿Su mujer favorita, amarle? Esta fue la primera vez, desde que ambos están juntos, que las palabras de la chica provocan exactamente el efecto contrario de lo que había hecho hasta ahora.
-desde siempre.- no se puso agresivo, pero sí, muy intenso, alzándola para pegarla con fuerza contra la pared, haciendo que la inercia de ambos cuerpos reboten y sintiesen el calor de los cuerpos desnudos pegados. Los jadeos eran intensos, la erección del pelirrojo no podría ser mayor, porque le había atrofiado hasta el sentido común con esa declaración tan firme y poderosa, una que era excesivamente valiosa para él y más viendo de donde venía -Estoy loco por ti, estoy- mordía sus labios, casi literalmente y ahora casi sin exagerar, se la quería comer viva -tan pero tan enamorado de ti desde que tuve- se separó firmemente, solo para sentir su aliento y su cuerpo estremecerse por el calor emitido por el cuerpo perfecto de la chica, con sus pechos que ejercían presión y empuje que él reducía -la suerte de conocer a la mejor mujer de todo el mundo.-.
Parecían estar listos ambos, para aquello que también...lo puso nervioso a él, y si bien se había desatado total y completamente, casi babeando y mordisqueando todo el cuello y rostro de la muchacha, ella sonó determinante en que, finalmente, se terminen los juegos, y que el efecto del pelirrojo parecía haber sido totalmente exitoso. La bajó un poco, colocándola en posición mientras ella suplicaba detenerse un poco -¡!- y el muchacho, bajándose los pantalones muy rápidamente, empezó a frotar su sexo con el de su chica favorita, una y otra vez, amenazando...aunque con el mismo desconocimiento que ella -¿Estás...lista?- preguntó con un poco de timidez, aunque tuviese el corazón tan lleno de nervios y un revoltijo. Ella estaba acostada frente a él, mientras no cesaba de ver lo hermosa que la chica se veía, un sueño cumplido, sin el más mínimo ápice de duda.
Sin sacarle un solo segundo de encima a su rostro, lenta y progresivamente, comenzó -¡Ngn!- aquello se sintió inicialmente...extraño. Si bien pudo pasar con mucha tranquilidad hasta golpear lo que parecía ser el fondo de ella, sintió varios tirones en la piel de su miembro que generaban un dolor simplemente amortiguado por la cantidad excesiva de adrenalina en su cuerpo, provocándole que cerrase un ojo y se retorciese ligeramente de dolor, algo que, muy probablemente, también debía estar ocurriendo en el interior de la chica. Se sentó, yendo hacia atrás y, sintiendo cómo desde su espalda era aferrado, usó su mano libre para alzarla desde las nalgas, sentándola encima suyo para continuar. Para forzar aún más la unión buscó separar las piernas de la chica, bajando su mano hasta sus nalgas, otra vez, para empezar a generar movimientos circulares mientras jadeaba con una expresión que mezclaba concentración y un placer indescriptible en el que el dolor, lentamente, parecía desaparecer con el tiempo.
Cada vez que recordaba lo ocurrido hacia menos de un minuto atrás, "te amo, Owen", su cuerpo se estremecía aún mucho más, asilvestrándolo a unos niveles que le descolocaban hasta las cuencas de los ojos del deseo y la lujuria por ella. Sabía que todo esto sería terrible para lo que Gwen podría creer, pero...su unión, lo que ambos eran, era incluso superior a cualquier plan que un Dios podría tener. Las embestidas se acompasaban con el movimiento de su cintura y el empuje hacia la chica, generando un movimiento rítmico que hacía que sus gotas de sudor se salpicaran en múltiples direcciones, pegando su frente al de su adoradísima compañera para que pudiese sentirle, incluso, aún más cerca -Yo te amo más, siempre. Mañana, pasado, y cuando quieras, Gwen.- porque por más intenso que él fuese, por más salvaje que se estuviese tornando aquella situación, sin lugar a dudas, nacía desde el más profundo afecto y cariño que tenía por la chica delante de él. Poco le importaba que pudiese verle, pero que sí, siempre, sienta lo mucho que su corazón late por ella.
Las embestidas aumentaban de intensidad, haciendo que la mano de la que nunca se soltó de ella se apretujase con fuerzas, incluso, ahora, la tumbó para ponerse encima de ella y, buscando mantener el equilibrio sin detener ni un solo segundo las embestidas, tomó la mano libre de la chica para levantarla hasta arriba de su cabeza, dejándola "desprotegida" -Así- jadeaba mientras hablaba, sonreía, reía, mostraba cierta malicia en sus palabras, ya que hizo un ágil movimiento que le permitió tomar ambas muñecas de la muchacha entre sus dedos y manos. Su otra mano, buscando mantener el equilibrio y la distancia para seguir con las embestidas, se mantenía al lado del cuerpo de la chica, -dejo que te dejes capturar por todo eso que sientes.- porque por muy inexperto que sea en la materia, desde que todo aquello que había empezado, Owen quería una cosa: Que Gwen, la chica quien más deseó su felicidad, explote del gusto y de deseo. No buscaba atarla, oprimirla o tener algún juego que resultase violento, sino, que no busque protegerse con su mano que volaba una y otra vez de manera nerviosa. Quería que supiese que allí estaba él, para que se sienta la mujer más deseada de todo el planeta -Te adoro y te deseaba tantísimo.- y, con una frecuencia de embestidas que empezaba a movilizar la cama en la que se encontraban con una velocidad bastante más intensa, sentía un calor recorrer todo su cuerpo que se combinaba con fatiga muscular y un incremento de una sensación que era bastante conocida por él, más no...por estar teniendo relaciones, claro está -¿Quieres que pare?- preguntó, aunque la respuesta fuese obvia, y el jadeo le interrumpiese y el contacto de ambos cuerpos sudados cada vez fuese más veloz, lleno de fricción, envuelto en puro instinto -Si estoy soñando...- su rostro se veía tan lleno de lujuria, que no cesó de besarla, sin parar aquella captura de muñecas de la chica, abriendo su boca y empezando a danzar su lengua con la de la muchacha. Al separarse, terminó -...no me despiertes nunca más, Gwen.- se moría por ella, y la cosa...parecía que iba a escalar incluso más.
Que ella pidiese que no se detenga, que sintiese cómo ambos ejercían presión en la unión que los enlazaba, verla retorcerse, arquearse y hasta empujarle de manera nerviosa, eran cosas que aún excitaban más al pelirrojo, ¿Porqué? Porque era evidente que ella buscaba resistirse a algo que probablemente le apenaba en demasía, pero que su cuerpo sonreía extasiado igual que el calor que elevaba las temperaturas, incluso, a alguien que puede generar un frío tan extremo como ella. El pelirrojo insistía una y otra vez que ella se someta no a su ser, sino, a todo lo que su cuerpo reclamaba, porque conocía lo suficiente a Gwen para saber que ella no era la inamovible y perfecta estatuilla favorita de la iglesia; Ella pensaba, sentía, vivía y se comportaba como cualquiera, y por eso Owen iba a sacarla de su reino celestial en el que siempre creyó que vino para demostrarle que los placeres mundanos, por muy pecaminosos que sean...son, de hecho, espectaculares.
Hasta que la respuesta que dio la chica, realmente, le bajó de ese encendimiento que giraba como una espiral para detener la marcha, quedándose en el lugar mientras levantaba la cabeza para encontrarse con el rostro perfecto de la muchacha.
—Te amo, Owen
![[Imagen: F2wsZjA.png]](https://i.imgur.com/F2wsZjA.png)
-...Me...amas?-
Su corazón, que ya estaba latiendo con intensidad, empezó a incrementar sus pulsaciones hasta el punto de casi sentir una intermitente taquicardia, todo su cuerpo se crispó, erizándole cada centímetro de la piel sin ser capaz de quitarle el rostro de encima. Jamás se esperó algo así, pero Gwen siempre, siempre, ¿Incluso en una situación así? Tenía un as bajo la manga para domar a la bestia -Gwen.- fue escandaloso para él, trepando, agazapado y deteniendo aquella penetración con la lengua que estuvo haciendo, hasta empezar a besarla con una intensidad, ahora si, muchísimo más descontrolada -Yo- solo tomaba aire para hablar, llevó su mano libre para sacudirle el cabello, bajaba de su boca hasta su cuello, la mordía, se estaba enloqueciendo -te amo- la besaba, se separaba, agarró y tiró de sus mechas ligeramente, ¿Alguien, amarle a él? ¿Su mujer favorita, amarle? Esta fue la primera vez, desde que ambos están juntos, que las palabras de la chica provocan exactamente el efecto contrario de lo que había hecho hasta ahora.
En lugar de tensar la cuerda, se cortó.
Porque Owen amaba a Gwen con una locura tremenda.
-desde siempre.- no se puso agresivo, pero sí, muy intenso, alzándola para pegarla con fuerza contra la pared, haciendo que la inercia de ambos cuerpos reboten y sintiesen el calor de los cuerpos desnudos pegados. Los jadeos eran intensos, la erección del pelirrojo no podría ser mayor, porque le había atrofiado hasta el sentido común con esa declaración tan firme y poderosa, una que era excesivamente valiosa para él y más viendo de donde venía -Estoy loco por ti, estoy- mordía sus labios, casi literalmente y ahora casi sin exagerar, se la quería comer viva -tan pero tan enamorado de ti desde que tuve- se separó firmemente, solo para sentir su aliento y su cuerpo estremecerse por el calor emitido por el cuerpo perfecto de la chica, con sus pechos que ejercían presión y empuje que él reducía -la suerte de conocer a la mejor mujer de todo el mundo.-.
Parecían estar listos ambos, para aquello que también...lo puso nervioso a él, y si bien se había desatado total y completamente, casi babeando y mordisqueando todo el cuello y rostro de la muchacha, ella sonó determinante en que, finalmente, se terminen los juegos, y que el efecto del pelirrojo parecía haber sido totalmente exitoso. La bajó un poco, colocándola en posición mientras ella suplicaba detenerse un poco -¡!- y el muchacho, bajándose los pantalones muy rápidamente, empezó a frotar su sexo con el de su chica favorita, una y otra vez, amenazando...aunque con el mismo desconocimiento que ella -¿Estás...lista?- preguntó con un poco de timidez, aunque tuviese el corazón tan lleno de nervios y un revoltijo. Ella estaba acostada frente a él, mientras no cesaba de ver lo hermosa que la chica se veía, un sueño cumplido, sin el más mínimo ápice de duda.
Sin sacarle un solo segundo de encima a su rostro, lenta y progresivamente, comenzó -¡Ngn!- aquello se sintió inicialmente...extraño. Si bien pudo pasar con mucha tranquilidad hasta golpear lo que parecía ser el fondo de ella, sintió varios tirones en la piel de su miembro que generaban un dolor simplemente amortiguado por la cantidad excesiva de adrenalina en su cuerpo, provocándole que cerrase un ojo y se retorciese ligeramente de dolor, algo que, muy probablemente, también debía estar ocurriendo en el interior de la chica. Se sentó, yendo hacia atrás y, sintiendo cómo desde su espalda era aferrado, usó su mano libre para alzarla desde las nalgas, sentándola encima suyo para continuar. Para forzar aún más la unión buscó separar las piernas de la chica, bajando su mano hasta sus nalgas, otra vez, para empezar a generar movimientos circulares mientras jadeaba con una expresión que mezclaba concentración y un placer indescriptible en el que el dolor, lentamente, parecía desaparecer con el tiempo.
Cada vez que recordaba lo ocurrido hacia menos de un minuto atrás, "te amo, Owen", su cuerpo se estremecía aún mucho más, asilvestrándolo a unos niveles que le descolocaban hasta las cuencas de los ojos del deseo y la lujuria por ella. Sabía que todo esto sería terrible para lo que Gwen podría creer, pero...su unión, lo que ambos eran, era incluso superior a cualquier plan que un Dios podría tener. Las embestidas se acompasaban con el movimiento de su cintura y el empuje hacia la chica, generando un movimiento rítmico que hacía que sus gotas de sudor se salpicaran en múltiples direcciones, pegando su frente al de su adoradísima compañera para que pudiese sentirle, incluso, aún más cerca -Yo te amo más, siempre. Mañana, pasado, y cuando quieras, Gwen.- porque por más intenso que él fuese, por más salvaje que se estuviese tornando aquella situación, sin lugar a dudas, nacía desde el más profundo afecto y cariño que tenía por la chica delante de él. Poco le importaba que pudiese verle, pero que sí, siempre, sienta lo mucho que su corazón late por ella.
Las embestidas aumentaban de intensidad, haciendo que la mano de la que nunca se soltó de ella se apretujase con fuerzas, incluso, ahora, la tumbó para ponerse encima de ella y, buscando mantener el equilibrio sin detener ni un solo segundo las embestidas, tomó la mano libre de la chica para levantarla hasta arriba de su cabeza, dejándola "desprotegida" -Así- jadeaba mientras hablaba, sonreía, reía, mostraba cierta malicia en sus palabras, ya que hizo un ágil movimiento que le permitió tomar ambas muñecas de la muchacha entre sus dedos y manos. Su otra mano, buscando mantener el equilibrio y la distancia para seguir con las embestidas, se mantenía al lado del cuerpo de la chica, -dejo que te dejes capturar por todo eso que sientes.- porque por muy inexperto que sea en la materia, desde que todo aquello que había empezado, Owen quería una cosa: Que Gwen, la chica quien más deseó su felicidad, explote del gusto y de deseo. No buscaba atarla, oprimirla o tener algún juego que resultase violento, sino, que no busque protegerse con su mano que volaba una y otra vez de manera nerviosa. Quería que supiese que allí estaba él, para que se sienta la mujer más deseada de todo el planeta -Te adoro y te deseaba tantísimo.- y, con una frecuencia de embestidas que empezaba a movilizar la cama en la que se encontraban con una velocidad bastante más intensa, sentía un calor recorrer todo su cuerpo que se combinaba con fatiga muscular y un incremento de una sensación que era bastante conocida por él, más no...por estar teniendo relaciones, claro está -¿Quieres que pare?- preguntó, aunque la respuesta fuese obvia, y el jadeo le interrumpiese y el contacto de ambos cuerpos sudados cada vez fuese más veloz, lleno de fricción, envuelto en puro instinto -Si estoy soñando...- su rostro se veía tan lleno de lujuria, que no cesó de besarla, sin parar aquella captura de muñecas de la chica, abriendo su boca y empezando a danzar su lengua con la de la muchacha. Al separarse, terminó -...no me despiertes nunca más, Gwen.- se moría por ella, y la cosa...parecía que iba a escalar incluso más.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
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