14-10-2025, 08:25 PM
Una unión que nunca olvidarían, un destino que les sellaría los cuerpos, porque el pacto que ambos tenían, a partir de ahora, traspasaba las fronteras de las promesas y los valores...para ser incorporados en su ser, en las anécdotas, en ellos, siempre. Así como ella estaba tan decidida a que su primera vez fuese con él, Owen estaba tan profundamente lleno de vigor y pasión de saber que perdería aquello que nunca se vuelve a recuperar con alguien por el que estaba loco hasta casi la obsesión. Toda su vida creyó que ocurriría con una aleatoria, con la primera chica con la que se topase, pero si tuviese que agradecerle algo a ese Dios por el cual su compañera era tan devota, era que, a partir de ahora, la llevaría a fuego en su cuerpo, comprometiéndose en cuerpo y mente.
La primera interacción de ambos ante la penetración no fue grata, ciertamente. Owen sabía que con las chicas era mucho peor pese a que lo de él simplemente fuese incomodidad, pero ella siempre había demostrado que su condición, jamás, pero jamás le había limitado, demostrando tener una fortaleza muy superior a la mayoría de los mortales. No solamente por su belleza él creía que era un ángel, sino, porque ella era especial...y el pelirrojo lo sabía, a leguas, en el instante que cruzó mirada con ella.
Él escuchaba como llamaba su nombre en repetidas ocasiones, y el ahora peliblanco, ciertamente, hacía exactamente lo mismo pero con el de ella -Gwen...- en una combinación de jadeos que solo hacían que la exhalación de sus alientos caliente aún más una habitación que casi acumulaba una nube de vapor por sí misma, uniendo sus personas en aquella intensidad in crescendo.
Estaba concentrándose mucho más de la cuenta en aquella repetición de movimientos con tanta consistencia y firmeza que una frase llena de ternura, amor y apego salió de los labios de Gwen, una que le obligó a separarse de esos besos prendidos en candela que intercalaban pequeños mordiscos a todo lo que le alcanzase: "No importa dónde estés, solo no dejes de quererme". Ella, incluso, se había aferrado aún más a él, pero él forzó un poco la separación en el instante que analizó como pudo lo que la muchacha dijo, chocando su frente que mostraba, a esta altura de la situación, como el sudor empapó sus flequillos y los dejó completamente revueltos -Yo...no te voy a querer Gwen,- seguía moviéndose, atrayéndola para sí aún más -te voy a amar.- y mientras la seguía besando, una y otra vez, solo tomaba aire para proseguir con sus palabras -Querer ya me sabe a poco. Yo...te voy- su rostro se mostraba extasiado del gusto, frunciéndose un poco por la energía muscular que ya representaba cierta fatiga -a amar siempre. No hay un día...que no lo haga, jamás.- su voz, entrecortada por los jadeos, demostraba que él estaba llegando al límite...y, al parecer, pese a ser primerizos, ella también.
Su cuerpo estaba empezando a reaccionar, un calor que conoce perfectamente, con una expresión perdida y apretada que mezcla concentración con una tensión en todo su ser. Sus movimientos se intensificaron a tal punto de que el cuerpo gritaba por acalambrarse, pero no iba a ceder ante el enorme deseo y lujuria que todo su ser estaba viviendo. Incluso la mirada del chico, ciertamente, se veía abrumada por lo que su cuerpo estaba empezando a generar justo a la altura de su entrepierna. Una presión que, en un aumento exponencial, hacían que esos ojos desesperados por el contacto con su mujer favorita no pudiesen ir a otro lado que no sea al rostro perfecto que ella posee. Aún manteniéndola prisionera con una sola mano, capturando esas delicadas y suaves muñecas, podía observar el cómo el rostro de ambos primerizos en aquello se estaba retorciendo en algo que mezclaba placer, frustración, incomodidad y algo que el cuerpo pedía con mucha naturalidad. Los besos que ambos intercambiaban eran un deleite para él, algo que lo excitaba aún más, que lo forzaba a que las embestidas fuesen incluso más intensas de lo que ya lo estaban siendo...hasta que...su cuerpo pidió a gritos soltar aquello.
Casi al mismo tiempo, con muy poca diferencia entre la mención de sus nombres, apretó su rostro, sintiendo como se tensaba en demasía todos sus hombros, brazos, piernas y miembro, pudiendo observar cómo la preciosidad de mujer justo debajo de él se retorcía aferrándose a las sábanas de una forma que le hizo explotar del gusto, tanto, que ahora sí no pudo aguantarse más: Manteniendo a penetración, automáticamente, comenzó a liberar todo lo que su cuerpo le había pedido expulsar y que con su férrea voluntad logró resistir justo segundos después de ver su espalda arqueada. Su cuerpo empezó a temblar sin parar mientras que las piernas, flexionadas como quien estira, mostraban una expresión que mezclaba un dolor que resultaba ser absolutamente gozado. Explosiones intermitentes volaban en la unión de ambos mientras su cuerpo, tan tensado como el de un gato arisco, solo se dejó llevar por la sensación.
El brazo que los unía se mantuvo, pero el otro le empujó hacia un lado. Su pecho ardía tanto, pero tanto, que sentía que se le iba a salir el corazón, inflándose y desinflándose como un globo y una mirada perdida en el cielo, pensando solo por dos segundos cómo es que terminó teniendo ésto con su mujer favorita -...yo...Gwen...- no la buscó con su rostro, seguía jadeando sin control, pero no con gusto, sino, como alguien que busca recuperar el aliento después de mucho tiempo -...eso estuvo...intenso...- giró su rostro en un espasmo, aún la adrenalina explotaba en su interior. Tenía una sonrisa de oreja a oreja, fuertemente marcada, con esos ojos brillantes que lo hacían parecer más pícaro de lo que ya lo era naturalmente -...no sabes...lo que soñé con...poder hacer esto...contigo...- no podía hablar sin entre-cortar la voz, era demasiado difícil seguir el hilo de lo que decía con naturalidad.
No soltó jamás la mano de ambos aún entrelazada, pero no dudó en ponerse de lado, justo frente a la mayor belleza que sus ojos hubiesen visto -...recuerdas que...hace tiempo...hace mucho...- llevó su mano libre hacia el rostro ligeramente teñido por el sudor de la intensidad vivida, empezando a sobarlo con la delicadeza que podría dársele a un jarrón invaluable -...me preguntaste...qué podría pedirle...a Dios.- a cada segundo que pasaba, recuperaba poco a poco la compostura. Dio un pequeño bote hacia adelante, quedándose a centímetros de su rostro, con la calurosa respiración de la chica pegándole en la cara una y otra vez -Ya...no necesito pedirle nada.- porque en su corazón...era cierto; Ella volvió lo tangible innecesario, pero lo profundo, lo real...eterno. Lo adoraba, y le dolía en partes iguales -Te tengo a ti, hoy y siempre.- buscaba ser fuerte, porque...aquella noche, tristemente, sería la última de los dos juntos -Si tengo que levantar todo el agua del mar para encontrarte...lo haré, Gwen. Gwen Yang, ¿Recuerdas?- una pequeña risita se escapó de entre sus labios, pegándose a su rostro para besarle la punta de la nariz -Gracias a Dios que me dio a la mejor compañera de todo el mundo, una que me llenó de propósito.- su sonrisa se volvió llena de adoración, con ojos entre-cerrados y el rostro ligeramente sonrojado -Y todavía estoy en deuda con él, para el resto de mi vida. Porque tú, Gwen Yang,- arrastró su mano como una serpiente hasta el centro de sus pechos, buscando ese hermoso corazón que latía con un latir que ya se sabía de memoria y, apoyando la palma completa para pegarla -serás enorme, gigante. Siento que...has venido para cambiar el mundo. Has sido capaz de volverme una mejor persona, pese a todas las cosas que he hecho mal...y lo has hecho tú. Tú sola, sin ayuda de ningún Dios de ningún tipo. A ese solamente puedo agradecerle que te haya cruzado conmigo, pero tú...eres...- volvió a subir la mano, comenzando a acariciarle el rostro con un cariño sin igual, usando su pulgar para mimarla -...eres quien podrá arreglar muchos de los males del mundo. Males del mundo que yo sufrí, y que miles como yo sufren todos los días, todo con tu benevolencia y amor, porque desde que te conozco, nada te limitó. Eres infinita, y por eso...- se aproximó para besarla, separándose a los pocos segundos -...no puedo estar más orgulloso de elegir a mi mujer favorita en todo el mundo. Te amo como jamás amaré a nadie, Gwen.-.
La primera interacción de ambos ante la penetración no fue grata, ciertamente. Owen sabía que con las chicas era mucho peor pese a que lo de él simplemente fuese incomodidad, pero ella siempre había demostrado que su condición, jamás, pero jamás le había limitado, demostrando tener una fortaleza muy superior a la mayoría de los mortales. No solamente por su belleza él creía que era un ángel, sino, porque ella era especial...y el pelirrojo lo sabía, a leguas, en el instante que cruzó mirada con ella.
¿Quién pensaría que sería quien raptase su corazón para siempre?
Él escuchaba como llamaba su nombre en repetidas ocasiones, y el ahora peliblanco, ciertamente, hacía exactamente lo mismo pero con el de ella -Gwen...- en una combinación de jadeos que solo hacían que la exhalación de sus alientos caliente aún más una habitación que casi acumulaba una nube de vapor por sí misma, uniendo sus personas en aquella intensidad in crescendo.
Estaba concentrándose mucho más de la cuenta en aquella repetición de movimientos con tanta consistencia y firmeza que una frase llena de ternura, amor y apego salió de los labios de Gwen, una que le obligó a separarse de esos besos prendidos en candela que intercalaban pequeños mordiscos a todo lo que le alcanzase: "No importa dónde estés, solo no dejes de quererme". Ella, incluso, se había aferrado aún más a él, pero él forzó un poco la separación en el instante que analizó como pudo lo que la muchacha dijo, chocando su frente que mostraba, a esta altura de la situación, como el sudor empapó sus flequillos y los dejó completamente revueltos -Yo...no te voy a querer Gwen,- seguía moviéndose, atrayéndola para sí aún más -te voy a amar.- y mientras la seguía besando, una y otra vez, solo tomaba aire para proseguir con sus palabras -Querer ya me sabe a poco. Yo...te voy- su rostro se mostraba extasiado del gusto, frunciéndose un poco por la energía muscular que ya representaba cierta fatiga -a amar siempre. No hay un día...que no lo haga, jamás.- su voz, entrecortada por los jadeos, demostraba que él estaba llegando al límite...y, al parecer, pese a ser primerizos, ella también.
— Quiero que sigas hasta el final. —
![[Imagen: iDpgzdu.png]](https://i.imgur.com/iDpgzdu.png)
-¡Gwen...yo...!-
— Lo que pasé después no importa.
Su cuerpo estaba empezando a reaccionar, un calor que conoce perfectamente, con una expresión perdida y apretada que mezcla concentración con una tensión en todo su ser. Sus movimientos se intensificaron a tal punto de que el cuerpo gritaba por acalambrarse, pero no iba a ceder ante el enorme deseo y lujuria que todo su ser estaba viviendo. Incluso la mirada del chico, ciertamente, se veía abrumada por lo que su cuerpo estaba empezando a generar justo a la altura de su entrepierna. Una presión que, en un aumento exponencial, hacían que esos ojos desesperados por el contacto con su mujer favorita no pudiesen ir a otro lado que no sea al rostro perfecto que ella posee. Aún manteniéndola prisionera con una sola mano, capturando esas delicadas y suaves muñecas, podía observar el cómo el rostro de ambos primerizos en aquello se estaba retorciendo en algo que mezclaba placer, frustración, incomodidad y algo que el cuerpo pedía con mucha naturalidad. Los besos que ambos intercambiaban eran un deleite para él, algo que lo excitaba aún más, que lo forzaba a que las embestidas fuesen incluso más intensas de lo que ya lo estaban siendo...hasta que...su cuerpo pidió a gritos soltar aquello.
Su cabeza sentía que iba a explotar, todo su ser empezó a temblar, a convulsionar, resistiéndose al inminente final que su cuerpo le pedía a grito limpio.
—Owen —
-¡Gwen!-
Casi al mismo tiempo, con muy poca diferencia entre la mención de sus nombres, apretó su rostro, sintiendo como se tensaba en demasía todos sus hombros, brazos, piernas y miembro, pudiendo observar cómo la preciosidad de mujer justo debajo de él se retorcía aferrándose a las sábanas de una forma que le hizo explotar del gusto, tanto, que ahora sí no pudo aguantarse más: Manteniendo a penetración, automáticamente, comenzó a liberar todo lo que su cuerpo le había pedido expulsar y que con su férrea voluntad logró resistir justo segundos después de ver su espalda arqueada. Su cuerpo empezó a temblar sin parar mientras que las piernas, flexionadas como quien estira, mostraban una expresión que mezclaba un dolor que resultaba ser absolutamente gozado. Explosiones intermitentes volaban en la unión de ambos mientras su cuerpo, tan tensado como el de un gato arisco, solo se dejó llevar por la sensación.
El brazo que los unía se mantuvo, pero el otro le empujó hacia un lado. Su pecho ardía tanto, pero tanto, que sentía que se le iba a salir el corazón, inflándose y desinflándose como un globo y una mirada perdida en el cielo, pensando solo por dos segundos cómo es que terminó teniendo ésto con su mujer favorita -...yo...Gwen...- no la buscó con su rostro, seguía jadeando sin control, pero no con gusto, sino, como alguien que busca recuperar el aliento después de mucho tiempo -...eso estuvo...intenso...- giró su rostro en un espasmo, aún la adrenalina explotaba en su interior. Tenía una sonrisa de oreja a oreja, fuertemente marcada, con esos ojos brillantes que lo hacían parecer más pícaro de lo que ya lo era naturalmente -...no sabes...lo que soñé con...poder hacer esto...contigo...- no podía hablar sin entre-cortar la voz, era demasiado difícil seguir el hilo de lo que decía con naturalidad.
No soltó jamás la mano de ambos aún entrelazada, pero no dudó en ponerse de lado, justo frente a la mayor belleza que sus ojos hubiesen visto -...recuerdas que...hace tiempo...hace mucho...- llevó su mano libre hacia el rostro ligeramente teñido por el sudor de la intensidad vivida, empezando a sobarlo con la delicadeza que podría dársele a un jarrón invaluable -...me preguntaste...qué podría pedirle...a Dios.- a cada segundo que pasaba, recuperaba poco a poco la compostura. Dio un pequeño bote hacia adelante, quedándose a centímetros de su rostro, con la calurosa respiración de la chica pegándole en la cara una y otra vez -Ya...no necesito pedirle nada.- porque en su corazón...era cierto; Ella volvió lo tangible innecesario, pero lo profundo, lo real...eterno. Lo adoraba, y le dolía en partes iguales -Te tengo a ti, hoy y siempre.- buscaba ser fuerte, porque...aquella noche, tristemente, sería la última de los dos juntos -Si tengo que levantar todo el agua del mar para encontrarte...lo haré, Gwen. Gwen Yang, ¿Recuerdas?- una pequeña risita se escapó de entre sus labios, pegándose a su rostro para besarle la punta de la nariz -Gracias a Dios que me dio a la mejor compañera de todo el mundo, una que me llenó de propósito.- su sonrisa se volvió llena de adoración, con ojos entre-cerrados y el rostro ligeramente sonrojado -Y todavía estoy en deuda con él, para el resto de mi vida. Porque tú, Gwen Yang,- arrastró su mano como una serpiente hasta el centro de sus pechos, buscando ese hermoso corazón que latía con un latir que ya se sabía de memoria y, apoyando la palma completa para pegarla -serás enorme, gigante. Siento que...has venido para cambiar el mundo. Has sido capaz de volverme una mejor persona, pese a todas las cosas que he hecho mal...y lo has hecho tú. Tú sola, sin ayuda de ningún Dios de ningún tipo. A ese solamente puedo agradecerle que te haya cruzado conmigo, pero tú...eres...- volvió a subir la mano, comenzando a acariciarle el rostro con un cariño sin igual, usando su pulgar para mimarla -...eres quien podrá arreglar muchos de los males del mundo. Males del mundo que yo sufrí, y que miles como yo sufren todos los días, todo con tu benevolencia y amor, porque desde que te conozco, nada te limitó. Eres infinita, y por eso...- se aproximó para besarla, separándose a los pocos segundos -...no puedo estar más orgulloso de elegir a mi mujer favorita en todo el mundo. Te amo como jamás amaré a nadie, Gwen.-.
No le importaba pecar de intenso, realmente, las emociones, allí, estaban tan a flor de piel que estaba entregado como si fuese un regalo de navidad. Iba a decirlo todo, a soltarlo todo, porque...
...a partir de mañana, no habría marcha atras.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
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