14-10-2025, 09:57 PM
No opuso resistencia en cuanto ella lo tumbó contra el colchón. Sus palabras, tan diferentes a la dulzura con la que su voz salía por su boca, solo conseguían devolverle aún más esa dureza que ella buscaba en su miembro. - Claro, querida, enséñame -. Sonreía mientras alzaba su barbilla, dejando que ella pudiera besar más de su cuello. Esa posición no duró mucho, pues la muchacha ya comenzó a penetrarse a sí misma. No se sentía diferente que antes, pero desde esa posición podía verla mejor.
Sus manos sostuvieron con delicadeza las piernas ajenas, acariciándolas con una dulzura algo extraña. Los movimientos no tardaron en hacerse más fuertes, más violentos, y esa sonrisa en el rostro del cocinero dejó pasó a una expresión de placer. Se sentía increíble, tanto que sus caderas comenzaron a moverse un poco, buscando igualar el ritmo de la mujer.
La cama comenzó a sonar debajo de ellos, los gemidos de ambos llenaron el ambiente como el vaho de su respiración caliente. ¿El resto podrían oírlos? Poco le importaba a él, y suponía que a ella tampoco le interesaba saberlo. Simplemente la deseaba a ella, su cuerpo, su fiereza. La vio tocar sus pechos mientras lo cabalgaba, momento en el que él mismo comenzó a masajearlos y apretarlos, manteniendo su mirada conectada a la de la peliverde.
¿Podría ver a través de sus ojos? ¿Podría notar la excitación que crecía en él solo con verla? Él sí quería conocer eso de Maki, deseaba conocer más de ese lado tan atrevido, un lado que, desconociendo el porque lo habría sacado con él, comenzaba a llamarlo más y más. Su boca se acercó a la mujer, comenzando a chupar y morder uno de los pezones de ella, mientras que su mano libre se encargaba de mantenerla cerca de él, de que su movimiento no se detuviera.
Aún peor, sus cuerpos se separaron, el ritmo del movimiento aumentó, ambos estaban en su límite y podía notarse en sus ojos. Las manos del hombre agarraron la cintura ajena, obligándola a bajar y subir con más velocidad aún, hasta que sus jugos volvieron a salir por su miembro, momento en el que la presionó contra él, como si pudiera lograr llegar aún más profundo en ella.
Su cabeza daba vueltas, solo podía sentir sus intimidades aún unidas, los líquidos que la mujer dejó salir y mancharon su cuerpo y las sabanas, el calor que habían generado por su acto, que lo hacía sudar tanto como ella. Apenas podía recuperar el aliento en cuanto la mujer se recostó a su lado. - Algo me dice que… ah… en cuanto lleguemos a tu habitación tampoco dormiremos -. Ella aún lo atrapaba a su lado, mantenía una pierna sobre él y cerca de su pene, como si no quisiera separarse.
Él tampoco lo deseaba, sus brazos rodearon a la mujer, obligándola a acercar sus rostros, metiendo su lengua en la boca ajena para comenzar a besarla de nuevo. Aún estaba cansado, necesitaba un tiempo para recuperarse, pero algo en su interior le pedía seguir y seguir, mantenerla a su lado esa noche y dejar que sus cuerpos hablen. - Aún puedo seguir si así lo deseas, también podemos dormir juntos si quieres -. Su voz sonó atrevida, mientras que su boca se acercaba al oído de ella para hablarle en susurros. Sus manos recorrieron sin prisa la espalda ajena, comenzando a recorrer su cuerpo con deseo.
- Muéstrame más de ti, te mostraré más de mi. Márcame con tus uñas en mi piel, yo te marcare a mi manera -. Mientras decía esto, su rostro bajó para besar con pasión el cuello ajeno, comenzando a dejar marcas en este, así como ella había hecho arañando sus brazos. - Seré suave si quieres, seré rudo si quieres, ya te dije que esta noche haremos todo lo que quieras -. Al decir esto, se movió, volviendo a quedar sobre ella, ahora cara a cara. Podía ver sus ojos, esos orbes dorados que lo llamaban con fuerza. - Aunque, tampoco estoy negado a simplemente dormir juntos si es lo que deseas -.
Sus manos sostuvieron con delicadeza las piernas ajenas, acariciándolas con una dulzura algo extraña. Los movimientos no tardaron en hacerse más fuertes, más violentos, y esa sonrisa en el rostro del cocinero dejó pasó a una expresión de placer. Se sentía increíble, tanto que sus caderas comenzaron a moverse un poco, buscando igualar el ritmo de la mujer.
La cama comenzó a sonar debajo de ellos, los gemidos de ambos llenaron el ambiente como el vaho de su respiración caliente. ¿El resto podrían oírlos? Poco le importaba a él, y suponía que a ella tampoco le interesaba saberlo. Simplemente la deseaba a ella, su cuerpo, su fiereza. La vio tocar sus pechos mientras lo cabalgaba, momento en el que él mismo comenzó a masajearlos y apretarlos, manteniendo su mirada conectada a la de la peliverde.
¿Podría ver a través de sus ojos? ¿Podría notar la excitación que crecía en él solo con verla? Él sí quería conocer eso de Maki, deseaba conocer más de ese lado tan atrevido, un lado que, desconociendo el porque lo habría sacado con él, comenzaba a llamarlo más y más. Su boca se acercó a la mujer, comenzando a chupar y morder uno de los pezones de ella, mientras que su mano libre se encargaba de mantenerla cerca de él, de que su movimiento no se detuviera.
Aún peor, sus cuerpos se separaron, el ritmo del movimiento aumentó, ambos estaban en su límite y podía notarse en sus ojos. Las manos del hombre agarraron la cintura ajena, obligándola a bajar y subir con más velocidad aún, hasta que sus jugos volvieron a salir por su miembro, momento en el que la presionó contra él, como si pudiera lograr llegar aún más profundo en ella.
Su cabeza daba vueltas, solo podía sentir sus intimidades aún unidas, los líquidos que la mujer dejó salir y mancharon su cuerpo y las sabanas, el calor que habían generado por su acto, que lo hacía sudar tanto como ella. Apenas podía recuperar el aliento en cuanto la mujer se recostó a su lado. - Algo me dice que… ah… en cuanto lleguemos a tu habitación tampoco dormiremos -. Ella aún lo atrapaba a su lado, mantenía una pierna sobre él y cerca de su pene, como si no quisiera separarse.
Él tampoco lo deseaba, sus brazos rodearon a la mujer, obligándola a acercar sus rostros, metiendo su lengua en la boca ajena para comenzar a besarla de nuevo. Aún estaba cansado, necesitaba un tiempo para recuperarse, pero algo en su interior le pedía seguir y seguir, mantenerla a su lado esa noche y dejar que sus cuerpos hablen. - Aún puedo seguir si así lo deseas, también podemos dormir juntos si quieres -. Su voz sonó atrevida, mientras que su boca se acercaba al oído de ella para hablarle en susurros. Sus manos recorrieron sin prisa la espalda ajena, comenzando a recorrer su cuerpo con deseo.
- Muéstrame más de ti, te mostraré más de mi. Márcame con tus uñas en mi piel, yo te marcare a mi manera -. Mientras decía esto, su rostro bajó para besar con pasión el cuello ajeno, comenzando a dejar marcas en este, así como ella había hecho arañando sus brazos. - Seré suave si quieres, seré rudo si quieres, ya te dije que esta noche haremos todo lo que quieras -. Al decir esto, se movió, volviendo a quedar sobre ella, ahora cara a cara. Podía ver sus ojos, esos orbes dorados que lo llamaban con fuerza. - Aunque, tampoco estoy negado a simplemente dormir juntos si es lo que deseas -.
