16-10-2025, 04:04 AM
¿Qué tiene dentro un corazón que comienza a latir con fuerza ahora que no tiene dónde volver? Sonrió con suavidad, es un gesto ligero, pero perdido. Porque incluso si en el papel suena bien, como las notas de una pieza, no es tan fácil para alguien que no sabe leer — Lo intentaré — pero a veces intentar no es suficiente, se necesita mucho más.
Escuchó sobre sus padres, sobre una vida que no ha tenido, pero que suena bien — ¿Pero no es un apellido parte de tus memorias? No es la definición de ellos, pero es uno de los tesoros que entrega la familia — aunque no todos tengan vidas dulces y para algunos no sea más que una pesadilla. Una maldición que no se pueden sacar o cuando ocurre quedan vacías. Como ella — Y como ellos ya no están, seguro que su amor llega a tu hijo cuando formes familia — porque así le han contado en la iglesia, que la gente inevitablemente se une a alguien más para buscar lo que falta. — No tienes que sentirte por lo que no es, sino por lo que fue.
Por lo que será y por lo que se logrará. Jamás ha vivido en el pasado, incluso si no puede ver el futuro inmediato.
—Huh, si, en la iglesia me querían — ¿La querían? Apretó los labios, porque el cariño existió, pero siempre con la lejanía de temer a la favorita de Dios, como si fuese a hacer algo o romper en cualquier momento — Digo, cuidaban de mí y me ayudaron a pesar de ser ciega — pero no es como lo que él ha dicho. No son recuerdos que pueda comentar con un tono dulce como la miel, sino más bien son anécdotas sin sabor, cosas que ocurren por obra y gracia de Dios. Por eso es que hay que aceptarla — Lo sé…
Siempre le han dicho que la iglesia es su familia y que Dios es aquel que los cuida a todos, pero a veces se siente como una figura ausente, mientras que el resto de familiares tampoco están presentes ¿Qué se hace en ese caso?
—Pero dijiste que el pago era información y no me estás respondiendo — no es reproche, es el resultado de sus propias palabras. Apretó los labios con suavidad, porque aunque ha intentado descubrirlo por sí misma, no lo ha encontrado aún — Está bien, quiero saber de los demás ¿No es bueno escucharnos entre nosotros? Tal vez yo no pueda… ver las cosas como los demás, pero saber que tienen en la mente — no encontró miradas con él, porque sus ojos nunca se abren y tampoco pueden ver, pero sí movió su rostro hacia el hombre que la acompaña.
—No importa si no estamos de acuerdo — porque no siempre lo está con otros. Suelen haber reproches a su persona por cómo piensa y lo devota que es a un Dios que no escucha a nadie, ni a la que dicen su favorita — Solo quiero saber… qué me espera a futuro.
Qué hay más allá de este enorme mar que no puedo ver.
—De todas maneras, acepto la comida, ya me estaba dando hambre… aunque no tengo dinero para pagar — se rió de manera torpe, avanzando con cuidado — Nunca salí de la iglesia, no sola al menos.
Aunque la soledad siempre estuvo ahí, con o sin compañía.
Escuchó sobre sus padres, sobre una vida que no ha tenido, pero que suena bien — ¿Pero no es un apellido parte de tus memorias? No es la definición de ellos, pero es uno de los tesoros que entrega la familia — aunque no todos tengan vidas dulces y para algunos no sea más que una pesadilla. Una maldición que no se pueden sacar o cuando ocurre quedan vacías. Como ella — Y como ellos ya no están, seguro que su amor llega a tu hijo cuando formes familia — porque así le han contado en la iglesia, que la gente inevitablemente se une a alguien más para buscar lo que falta. — No tienes que sentirte por lo que no es, sino por lo que fue.
Por lo que será y por lo que se logrará. Jamás ha vivido en el pasado, incluso si no puede ver el futuro inmediato.
—Huh, si, en la iglesia me querían — ¿La querían? Apretó los labios, porque el cariño existió, pero siempre con la lejanía de temer a la favorita de Dios, como si fuese a hacer algo o romper en cualquier momento — Digo, cuidaban de mí y me ayudaron a pesar de ser ciega — pero no es como lo que él ha dicho. No son recuerdos que pueda comentar con un tono dulce como la miel, sino más bien son anécdotas sin sabor, cosas que ocurren por obra y gracia de Dios. Por eso es que hay que aceptarla — Lo sé…
Siempre le han dicho que la iglesia es su familia y que Dios es aquel que los cuida a todos, pero a veces se siente como una figura ausente, mientras que el resto de familiares tampoco están presentes ¿Qué se hace en ese caso?
—Pero dijiste que el pago era información y no me estás respondiendo — no es reproche, es el resultado de sus propias palabras. Apretó los labios con suavidad, porque aunque ha intentado descubrirlo por sí misma, no lo ha encontrado aún — Está bien, quiero saber de los demás ¿No es bueno escucharnos entre nosotros? Tal vez yo no pueda… ver las cosas como los demás, pero saber que tienen en la mente — no encontró miradas con él, porque sus ojos nunca se abren y tampoco pueden ver, pero sí movió su rostro hacia el hombre que la acompaña.
—No importa si no estamos de acuerdo — porque no siempre lo está con otros. Suelen haber reproches a su persona por cómo piensa y lo devota que es a un Dios que no escucha a nadie, ni a la que dicen su favorita — Solo quiero saber… qué me espera a futuro.
Qué hay más allá de este enorme mar que no puedo ver.
—De todas maneras, acepto la comida, ya me estaba dando hambre… aunque no tengo dinero para pagar — se rió de manera torpe, avanzando con cuidado — Nunca salí de la iglesia, no sola al menos.
Aunque la soledad siempre estuvo ahí, con o sin compañía.
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