16-10-2025, 04:57 AM
(Última modificación: 16-10-2025, 04:59 AM por Runin D. Kitay.)
Detestable.
Los juegos para ancianos eran detestables. Los ancianos aglomerados alrededor de las áreas recreativas solo para juzgar a los más jóvenes eran detestables. Los ancianos que golpeaban con sus bastones las piernas de los niños, que corrían por el crucero, eran el doble de detestables pero a ojos de Runin nada lo era más que el hombre de avanzada edad que sonreía intentando disculparse por el evidente error de comunicación que había tenido para con sus pasajeros.
—No se preocupe, señorita, le daremos solución. ¡Nadie quiere que su bonito rostro se arrugue así! N-No pasa nada. —El hombre movía sus manos con evidente nerviosismo mientras la fémina lo observaba con mirada entrecerrada, cejas fruncidas y una copa a medio acabar entre sus dedos. El hombre llevaba intentando dar excusas al menos media hora mas la fémina no parecía ceder al constante verborreo.
—¡Un nuevo boleto! Solo será esperar un par de semanas, soy un hombre de palabras! —Continuó el anciano, sudando, intentando no encontrarse con la tosca expresión de la mujer, quien, hastiada por la incompetencia del hombre, levantó el pie antes de golpear con dureza la madera del navío. El tacón se escuchó estridente aún cuando emprendió camino hacia la mesa del capitán.
Sin pedir permiso observó los papeles regados hasta dar con lo que realmente le importaba, una bitácora. Dándole el último trago a su bebida, dejó cuidadosamente la copa en la mitad de la mesa, previo a ojear las últimas anotaciones del libro. Sus abultados labios se apretaron entre ellos antes de relamerlos con lentitud premeditada.
![[Imagen: N7KpyDq.png]](https://i.imgur.com/N7KpyDq.png)
—Estoy segura de haber pagado un viaje hacia Isla Karate. ¿Por qué se te ocurrió cambiar el rumbo a última hora, cariño? —Sentenció, la voz sonaba melodiosa aunque en el fondo se notaba un deje amenazante. Mostró la bitácora antes de lanzarla sobre la mesa. El hombre intentó dar algunas excusas que la fémina evitó levantando una de sus manos. Volvió a relamer sus labios con apremio.
—Estamos por cruzar el puerto y no pienso perder mi destino por la incompetencia de otros. —Emitió cruzando los brazos bajo su pecho, el hombre pareció distraerse por un momento, el suficiente para que Runin sonriera con ligereza.
—No quiero hacer escándalo en un navío tan bien cuidado, no me gustaría perjudicar a un hombre tan bien vestido y amable que busca opciones para mi. —El sonido de su voz descendía mientras se acercaba al ajeno. Su rostro descendió un poco encontrándose con la mirada del hombre. —Capitán… ¿Me daría uno de sus botes salvavidas?
La agradable respuesta no se hizo esperar.
Unos minutos después algunos hombres le ayudaban a tomar asiento en uno de los botes salvavidas que se encontraban alrededor del navío. Su arco se encontraba sujeto a su espalda y su pequeño equipaje era acomodado sobre las largas piernas. Todo parecía ir en orden mientras el bote descendía, un metro, dos, tres y cosas empezaban a caer desde arriba. Comida en general, esquivó un par de frutas. Lo siguiente fueron piezas de algún juego de mesa.
Cuando Runin alzó la mirada pudo ver cómo un par de ancianos discutían, uno de ellos empujó al otro y por intentar sostenerse hizo que el hombre que sostenía una de las cuerdas del pequeño bote tropezara soltando la soga. Todo pareció ir en cámara lenta cuando el salvavidas se hizo hacia un costado, el otro hombre no aguantó el cambio de peso por lo que no pudo enderezarlo.
Lo siguiente que Runin supo fue que el bote se desestabilizó y que se encontraba cayendo hacia el mar con sus cosas. —¡Malditoooooooos viejooooooooooos! —Gritó lista para zambullirse en el mar. Grande fue su sorpresa al notar que no iba a caer en él sino en una balsa, sobre un hombre. —¡Quíiiiitaaaaaaateeeeeeeeeee!
¡PAF!
El trasero le dolía horrores a pesar de haber caído sobre algo relativamente blando. Apretó los ojos con fuerza antes de buscar lo realmente importante: Su arco seguía en su espalda, bien. La maleta había rebotado sobre la barca bien. Su trasero había caído sobre la pelvis de un desconocido, bien. —Agh… Que agradable rescate —Masculló después de humedecer sus labios.
![[Imagen: DRGSd4m.png]](https://i.imgur.com/DRGSd4m.png)
—Qué aguante tienes, cariñ…
Las palabras quedaron a medio andar cuando sus manos ascendieron con fuerza hasta el rostro de aquel hombre, no podía creerlo, no podía ser él… él… El intento de agradecimiento sucumbió ante la sorpresa y después hacia la ira.
—¡RY-O-TA! —El nombre salió como ira contenida contra el rostro de su salvador. Sin pensarlo hizo el amague de querer levantarse solo para volver a descender con fuerza agresiva contra la pelvis del chico. —¡ASÍ QUE AQUÍ ESTABAS, MALDITO! —Si terminaba destrozándolo del dolor, no le importaba.
