16-10-2025, 06:18 PM
Hubiera deseado poder ver las estrellas esa noche.
Las nubes habían amenazado con amargar el ambiente durante gran parte del día. Mantener a la tripulación a raya y en su lugar era un problema, sobre todo con tanta gente alrededor. Jensen no solía tratar de la mejor manera a los marines, Maki estaba dispuesta a unirse a cualquier lucha, Owen no dejaba de ser una rata escurridiza que bien podría presentarse frente a él con 34 pertenencias robadas de la gente de la muchedumbre, Kiyoshi era…
A decir verdad, fuera de ese hábito tan excesivo por la limpieza profunda, parecía el más racional de todo el grupo, incluso más que él. Y aún así, hoy parecía especialmente enfadado.
Él podía comprenderlo, estar rodeado de agentes de la marina no era nada bueno para ellos. El cocinero se había separado un poco de todos para fumar cerca del timón, apoyando un cenicero en la barandilla del barco donde sus brazos también se apoyaban. Desde esa posición, podía ver al resto de personas, aquellas que iban a embarcar en uno de los transportes de pasajeros, manteniendo especial atención en un hombre sobre todos: Owen.
Se había ido del barco hace un tiempo, y el temor por que causara algún desastre lo mantuvo alerta y vigilante al más joven. Unos pasos a su espalda lo alertaron y lo hicieron salir de su ensoñación, pues Maki se había acercado a la cubierta para comenzar a cantar. Dejó que la melodía de su compañera lo tranquilizara, al fin y al cabo, no todas las noches podía escucharse una canción nueva de la peliverde. La gente cercana parecía volver la mirada hacia ella, lo que hizo sonreír al pelinegro.
Sin embargo, alguien más se acercó, y esta vez fue el médico de la tripulación. Conociéndolo, no iba a desear estar cerca de la suciedad, por lo que una de sus manos alcanzó y movió el cenicero al lado contrario del que él venía, mientras que la otra apagaba el cigarrillo en este mismo y lo dejaba descansar ahí. - Tampoco es de mi agrado, a decir verdad, pero solo debemos aguantar un poco y volveremos a ser libres -. Habló mirando hacia afuera, pues tampoco quería molestarlo con cualquier resto de humo que pudiera salir por su boca. No quería darle falsas esperanzas, pues lo más probable era que al llegar al otro lado volverían a ser revisados y estarían otro buen tiempo rodeados de marines y agentes.
Dejó que el médico se retirara por el momento, pero en cuanto quiso volver a agarrar su cigarrillo se dio cuenta de algo terrible: No veía el cabello rojo de Owen por ningún lado. Su mirada lo buscó exhaustivamente, como si fuese uno de esos juegos para niños que aparecen en los periódicos, los de encontrar ciertas cosas en una imagen gigante, pero ni así fue capaz de verlo de nuevo. ¿Dónde se había ido?
De nuevo Kiyoshi, y ahora con una pregunta que lo azotaba a él también en ese momento. - Aunque no lo parezca, él sabe cuidarse solo -. Se le notaba en la actitud, en su forma de ser, y aún con eso no podía evitar sentir preocupación por donde se encontraba el muchacho. Si tan solo había hecho enojar a alguien más y…
Estarían en problemas.
- Cuiden a Jensen mientras no esté -. Fue lo que dijo mientras guardaba el cenicero y tiraba a la basura los restos del cigarro. - Y nada de generar caos -. Lo dijo con una actitud seria, antes de bajarse del barco y comenzar a buscar al muchacho pelirrojo. - OWEN -. Gritaba, mientras que pasaba entre las personas con cuidado. Fue tras unos pocos minutos que divisó esa inconfundible cabellera despeinada, encima de otro barco. Se apuró a subir ahí, pensando que tal vez estaba en problemas.
En cuanto logró su objetivo, se acercó al joven, por su espalda, hasta tomarlo de la cabeza con una sola mano, con la suficiente fuerza para dejarlo quieto en ese lugar. - ¿No te he dicho que no te alejes a causar problemas? -. Sonaba enojado, pero ese tono de voz se fue en cuanto levantó la vista y vio a la otra tripulación. - Lo siento si mi compañero les causó algún inconveniente, no estamos buscando conflictos -.
Fue en ese momento que vio a la persona junto a al joven Yang, una mujer de cabello negros, parpados cerrados, una persona que él ya había conocido. - ¿Gwendolyn? -. La había visto hace tiempo en Sorbet, ayudándola a recuperar su bastón. Aún le dolía su espalda cada vez que recordaba cómo había caído en esa ocasión. - Que sorpresa encontrarte aquí, ¿tú también viajas? -.
Las nubes habían amenazado con amargar el ambiente durante gran parte del día. Mantener a la tripulación a raya y en su lugar era un problema, sobre todo con tanta gente alrededor. Jensen no solía tratar de la mejor manera a los marines, Maki estaba dispuesta a unirse a cualquier lucha, Owen no dejaba de ser una rata escurridiza que bien podría presentarse frente a él con 34 pertenencias robadas de la gente de la muchedumbre, Kiyoshi era…
A decir verdad, fuera de ese hábito tan excesivo por la limpieza profunda, parecía el más racional de todo el grupo, incluso más que él. Y aún así, hoy parecía especialmente enfadado.
Él podía comprenderlo, estar rodeado de agentes de la marina no era nada bueno para ellos. El cocinero se había separado un poco de todos para fumar cerca del timón, apoyando un cenicero en la barandilla del barco donde sus brazos también se apoyaban. Desde esa posición, podía ver al resto de personas, aquellas que iban a embarcar en uno de los transportes de pasajeros, manteniendo especial atención en un hombre sobre todos: Owen.
Se había ido del barco hace un tiempo, y el temor por que causara algún desastre lo mantuvo alerta y vigilante al más joven. Unos pasos a su espalda lo alertaron y lo hicieron salir de su ensoñación, pues Maki se había acercado a la cubierta para comenzar a cantar. Dejó que la melodía de su compañera lo tranquilizara, al fin y al cabo, no todas las noches podía escucharse una canción nueva de la peliverde. La gente cercana parecía volver la mirada hacia ella, lo que hizo sonreír al pelinegro.
Sin embargo, alguien más se acercó, y esta vez fue el médico de la tripulación. Conociéndolo, no iba a desear estar cerca de la suciedad, por lo que una de sus manos alcanzó y movió el cenicero al lado contrario del que él venía, mientras que la otra apagaba el cigarrillo en este mismo y lo dejaba descansar ahí. - Tampoco es de mi agrado, a decir verdad, pero solo debemos aguantar un poco y volveremos a ser libres -. Habló mirando hacia afuera, pues tampoco quería molestarlo con cualquier resto de humo que pudiera salir por su boca. No quería darle falsas esperanzas, pues lo más probable era que al llegar al otro lado volverían a ser revisados y estarían otro buen tiempo rodeados de marines y agentes.
Dejó que el médico se retirara por el momento, pero en cuanto quiso volver a agarrar su cigarrillo se dio cuenta de algo terrible: No veía el cabello rojo de Owen por ningún lado. Su mirada lo buscó exhaustivamente, como si fuese uno de esos juegos para niños que aparecen en los periódicos, los de encontrar ciertas cosas en una imagen gigante, pero ni así fue capaz de verlo de nuevo. ¿Dónde se había ido?
De nuevo Kiyoshi, y ahora con una pregunta que lo azotaba a él también en ese momento. - Aunque no lo parezca, él sabe cuidarse solo -. Se le notaba en la actitud, en su forma de ser, y aún con eso no podía evitar sentir preocupación por donde se encontraba el muchacho. Si tan solo había hecho enojar a alguien más y…
Estarían en problemas.
- Cuiden a Jensen mientras no esté -. Fue lo que dijo mientras guardaba el cenicero y tiraba a la basura los restos del cigarro. - Y nada de generar caos -. Lo dijo con una actitud seria, antes de bajarse del barco y comenzar a buscar al muchacho pelirrojo. - OWEN -. Gritaba, mientras que pasaba entre las personas con cuidado. Fue tras unos pocos minutos que divisó esa inconfundible cabellera despeinada, encima de otro barco. Se apuró a subir ahí, pensando que tal vez estaba en problemas.
En cuanto logró su objetivo, se acercó al joven, por su espalda, hasta tomarlo de la cabeza con una sola mano, con la suficiente fuerza para dejarlo quieto en ese lugar. - ¿No te he dicho que no te alejes a causar problemas? -. Sonaba enojado, pero ese tono de voz se fue en cuanto levantó la vista y vio a la otra tripulación. - Lo siento si mi compañero les causó algún inconveniente, no estamos buscando conflictos -.
Fue en ese momento que vio a la persona junto a al joven Yang, una mujer de cabello negros, parpados cerrados, una persona que él ya había conocido. - ¿Gwendolyn? -. La había visto hace tiempo en Sorbet, ayudándola a recuperar su bastón. Aún le dolía su espalda cada vez que recordaba cómo había caído en esa ocasión. - Que sorpresa encontrarte aquí, ¿tú también viajas? -.
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