17-10-2025, 10:08 AM
Narrador / María Merlot
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¿Saben que es divertido?
Las vueltas de la vida.
Te llevan a dónde menos imaginas.
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¿Saben que es divertido?
Las vueltas de la vida.
Te llevan a dónde menos imaginas.
FlashBack.
30 de Otoño. Año 16.
Reino de Samba, South Blue ~ 13:35 p.m.
30 de Otoño. Año 16.
Reino de Samba, South Blue ~ 13:35 p.m.
La posada a la orilla de la playa, pequeña y acogedora, resultó ser muy agradable; por supuesto, no se comparaba a su celda en el ex barco de Ashveil pero nada lo haría. ¿Quizás debería cometer un crimen y ser llevada por los marines a prisión? Nadie entenderá jamás la paz mental que el lugar seguro tras las rejas le daba a su alma, pero por supuesto, no haría una locura así, no aun… y menos cuando estaba a punto de emprender un viaje con sus amigos.
Las instrucciones de Ashveil habían quedado claras en su mente, al parecer no sería un viaje sencillo al otro lado… ¿Entonces por qué ir? Ella iba porque sus compañeros lo hacían, porque Fantasma lo pidió, porque Algodón de Azúcar lo aceptó — … ¿Comprar boletos? Por supuesto que Juancho podría ayudarnos, es ahora mi amigo y contacto entre Samba y Karate; me dijo que si escuchaba información sobre la venta y compra de Pepinos me DenDenMushearia, hay que comprarlos cuando su valor en el mercado está bajo, un gran negocio… aunque solo los quiero para conservarlos y mantenerlos durante más tiempo durante nuestras aventuras marinas… Ooooooh, este jugo de caña de azúcar está delicioso. Mesonero, otro tarro por acá — divago con alegría la hermosa mujer de largos cabellos celestes.
Las instrucciones de Ashveil habían quedado claras en su mente, al parecer no sería un viaje sencillo al otro lado… ¿Entonces por qué ir? Ella iba porque sus compañeros lo hacían, porque Fantasma lo pidió, porque Algodón de Azúcar lo aceptó — … ¿Comprar boletos? Por supuesto que Juancho podría ayudarnos, es ahora mi amigo y contacto entre Samba y Karate; me dijo que si escuchaba información sobre la venta y compra de Pepinos me DenDenMushearia, hay que comprarlos cuando su valor en el mercado está bajo, un gran negocio… aunque solo los quiero para conservarlos y mantenerlos durante más tiempo durante nuestras aventuras marinas… Ooooooh, este jugo de caña de azúcar está delicioso. Mesonero, otro tarro por acá — divago con alegría la hermosa mujer de largos cabellos celestes.
Fin del Fash Back.
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FlashBack.
30 de Otoño. Año 16.
Reino de Samba, South Blue ~ 21:35 p.m.
30 de Otoño. Año 16.
Reino de Samba, South Blue ~ 21:35 p.m.
María Merlot - Ropa
María miraba por la ventana de su habitación, la noche había caído hacía un buen rato y no pintaba nada bonita, olía a que sería larga y quizás mojada. ¿Buen momento para partir? ¿Algún momento era bueno para hacerlo? Daba igual, siempre y cuando estuviera con ellos, siempre y cuando ellos estuvieran bien. ¿Dónde estaría su Hermano Rojo? ¿Cómo estaría su Unnie llena de cicatrices? ¿Estaría Rackham cocinándoles algo delicioso? No lo sabía, pero en su corazón deseaba que fuera así.
Luego de ducharse, se vistió. Había dejado gran parte de su armario en Karate, viajaba ligera y cómoda. Unas botas altas, que le llegaban a la altura de la pantorrilla. Un pantalón corto de jean, que dejaba al descubierto sus preciosas y níveas piernas. Cómo camisa llevaba su posesión más valiosa (hasta ese momento de su vida porque había sido un regalo de Jensen Valentine), la prenda morada que citaba justo a la altura de sus pechos: “TENGO UN HERMANO LOCO, Y NO ME DA MIEDO USARLO”. Sobre esta camisa, otra de color rojo, estilo overside y con estampados florales playeros, que quedaba holgada y larga. Su cabello celeste, caía suelto hasta la mitad de sus rodillas, el marco perfecto de luz y simetría para su hermosa cara de finos rasgos, claros ojos ámbar y encantadora sonrisa.
Con su maleta lista, y un bolso de lado para sus cosas más importantes dejó atrás la habitación. Al llegar a las escaleras que daban a la planta baja de la posada, empezó su descenso ajena a las miradas de propios y extraños. Un paso tras otro, cada movimiento un suave y fascinante vaivén como las olas del mal, que resaltaba su espectacular figura. Su cabello iba y venía con ella, y sus labios mostraban una serena sonrisa. Su descenso no era solo un movimiento físico, sino una danza cautivadora que dejaba una estela de admiración a su paso, y fue eso último de lo que se percató cuando sintió todas las miradas sobre ella… y uno que otro suspiro provenientes de algunos corazones de comensales cautivos. Así que solo sonrió más ampliamente y guiño con coquetería uno de sus orbes al público.
— Debemos comprar capas para María y Odeth — negó con su cabeza Ashveil desde su mesa, ambas mujeres eran hermosas, y sin duda llamarían mucho la atención.
Al salir de la taberna, María le pasó su maleta azulada al gigante Thrym, quien con amabilidad aceptó llevarla hasta el medio de transporte naviero — Por favor, guárdala donde no lleves tus dulces porque si el dulce se derrite y esa glucosa gigante empapa mi maleta, será una catástrofe muy empalagosa ¿Y sabes qué? Me tocará limpiarla... y como soy una persona práctica, y nada precavida, no llevo pañuelos... así que el protocolo de limpieza será un poco... ortodoxo. Sí, como lo oyes. Me tocará limpiar cada centímetro de esa maleta con la única herramienta que me acompaña a todas partes: ¡Mi lenguuuuuuuuuuuuua! — bromeó sacando su lengua para hacer énfasis a sus palabras.
Luego de ducharse, se vistió. Había dejado gran parte de su armario en Karate, viajaba ligera y cómoda. Unas botas altas, que le llegaban a la altura de la pantorrilla. Un pantalón corto de jean, que dejaba al descubierto sus preciosas y níveas piernas. Cómo camisa llevaba su posesión más valiosa (hasta ese momento de su vida porque había sido un regalo de Jensen Valentine), la prenda morada que citaba justo a la altura de sus pechos: “TENGO UN HERMANO LOCO, Y NO ME DA MIEDO USARLO”. Sobre esta camisa, otra de color rojo, estilo overside y con estampados florales playeros, que quedaba holgada y larga. Su cabello celeste, caía suelto hasta la mitad de sus rodillas, el marco perfecto de luz y simetría para su hermosa cara de finos rasgos, claros ojos ámbar y encantadora sonrisa.
Con su maleta lista, y un bolso de lado para sus cosas más importantes dejó atrás la habitación. Al llegar a las escaleras que daban a la planta baja de la posada, empezó su descenso ajena a las miradas de propios y extraños. Un paso tras otro, cada movimiento un suave y fascinante vaivén como las olas del mal, que resaltaba su espectacular figura. Su cabello iba y venía con ella, y sus labios mostraban una serena sonrisa. Su descenso no era solo un movimiento físico, sino una danza cautivadora que dejaba una estela de admiración a su paso, y fue eso último de lo que se percató cuando sintió todas las miradas sobre ella… y uno que otro suspiro provenientes de algunos corazones de comensales cautivos. Así que solo sonrió más ampliamente y guiño con coquetería uno de sus orbes al público.
— Debemos comprar capas para María y Odeth — negó con su cabeza Ashveil desde su mesa, ambas mujeres eran hermosas, y sin duda llamarían mucho la atención.
Al salir de la taberna, María le pasó su maleta azulada al gigante Thrym, quien con amabilidad aceptó llevarla hasta el medio de transporte naviero — Por favor, guárdala donde no lleves tus dulces porque si el dulce se derrite y esa glucosa gigante empapa mi maleta, será una catástrofe muy empalagosa ¿Y sabes qué? Me tocará limpiarla... y como soy una persona práctica, y nada precavida, no llevo pañuelos... así que el protocolo de limpieza será un poco... ortodoxo. Sí, como lo oyes. Me tocará limpiar cada centímetro de esa maleta con la única herramienta que me acompaña a todas partes: ¡Mi lenguuuuuuuuuuuuua! — bromeó sacando su lengua para hacer énfasis a sus palabras.
Fin del Flash Back.
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30 de Otoño. Año 16.
Reino de Samba, South Blue ~ 22:36 p.m.
Reino de Samba, South Blue ~ 22:36 p.m.
Sin luna, sin estrellas, con nubarrones. El manto nocturno se dibujaba esa noche de una manera muy peculiar, peculiar para zarpar hacía una aventura en un barco comercial. El bullicio del muelle cautivo sus orbes ámbar, que seguían de aquí para allá a los transeúntes. No entendía muy bien cual era el gran evento, y la razón de ese aglomerado de especies variopintas… Sin embargo, tampoco necesitaba entenderlo, solo debía seguir su corazón, y su corazón la empujaba hacia sus nakamas.
Hacía pocos minutos, antes de llegar al muelle, Ashveil le había dado otro obsequio, una capa con capucha para el frío, que la abrigo de pies a cabeza dejándola irreconocible. Su Capitán era el mejor, siempre cuidando de ella… ¿O solo quería que no llamará la atención? Porque luego de ese regalo, fue justo lo que le susurro Algodón de Azúcar “Pasa desapercibida, mi preciosa sirena”. El susurro del hombre en su oído la hizo sonrojar y dar un paso hacia atrás mientras sentía su corazón revolotear, como amaba a niveles impensables a ese hombre de cabellos rosados. No un amor romántico, sino algo más allá de lo que alguna vez hubiera experimentado, si él estaba bien… el mundo de María podría catalogarse como perfecto, pero si él estaba mal… ella haría lo que fuera para revertirlo… aunque significase dar su vida en el proceso.
Juancho, el siempre confiable Juancho, había cumplido nuevamente aunque de una forma distinta. No era como el crucero pero logró darnos luces sobre cómo debíamos ingresar al puerto y en que fila les tratarían mejor. Así que guiados por el castaño hombre, quien dedicó prófugas miradas a la hermosa Odeth, terminamos en una fila, al lado de otra fila, de muchas filas. Al final, el puesto de control dónde harían la transacción. El paso era lento, los ánimos caldeados, y ella solo estaba ahí parada y callada como prometió avanzando un paso a la vez…
— Wooow Mamá es un tipo muuuuy grande… — la pequeña voz la hizo percatarse de la mujer y niño que iban delante de ella, un niño no mayor a 6 años. Inmediatamente la dama celeste levantó la mirada hacia dónde apuntaba el niño. Se trataba de un tipo grande, de la fila de al lado como a 10 personas delante de ellos.
— Si, si lo es… — respondió inconscientemente a la pregunta del niño, quien enseguida volteo a verla, pegándose de su madre. Por supuesto, ver a un extraño asustaría a cualquiera así que ella levanto un poco su capucha y le sonrió con amabilidad, lo cautivo enseguida.
— ¡Qué bonita! — musito el niño a nadie en particular, María solo amplió su sonrisa mientras se inclinaba para quedar a la altura del niño.
— Muchas gracias, Señorito. Aunque más encantador eres tú… y si, pienso igual que tu, es muy grande… Y me hace preguntarme muchas cosas ¿Dónde harán su ropa? ¿Cuánto come para llenarse? ¿Que llevará en sus bolsillos? ¿Sus lágrimas podrían inundarían un pueblo? ¿Si eructa hundiría todos estos barcos? — cuestiono con diversión sacándole una sonrisa al pequeño, cuyo rostro mostró que estaba imaginandose todas las respuestas a esas interrogantes. Lo había observado antes, al niño no al gigante, parecía aburrido por el tedioso trámite, por eso quiso distraerlo un momento. Iba a decirle que ella también conocía a un gigante, tan grande como su mismo corazón de melón pero se callo... porque seguro cualquiera podria vere esos 25 metros de masa paternal.
La madre y el niño llegaron al punto de control, al parecer les faltaban un par de monedas para cancelar el pasaje por completo, lo que causó que la fila volviera a trancarse y los ánimos a levantarse, los dos pobres hombres que atendían parecían querer estar en cualquier otro lugar, y ella no los culpaba.
— Disculpen… — dijo la dama interviniendo en la conversación y sacando un saquito de dinero de entre su capa y colocándolo sobre la mesa. Ese dinero previamente se lo había dado Hyakinthos para pagar los boletos, y él siempre le daba un extra solo por existir… y ser su preciosa sirena — … permítame pagar la diferencia de mis nuevos amigos, por favor… y ayudarte, buen oficial, a que la fila no se detenga — solicitó levantando un poco la capucha para que el guardia la viera al tiempo que le guiñaba uno de sus orbes ámbar con simpatía, lo que causó un leve sonrojo en el hombre — Cobre lo que necesite, y deme cinco boletos… — el hombre tomó la bolsa, algo en sus ojos brilló como si el buen acto de María Merlot hubiera removido su interior.
— Hermosa hermana muchas gracias… — dijo el niño abrazandole una pierna mientras su madre la miraba como si fuera una salvadora, una salvadora con el dinero de Algodón de Azúcar, así que por descarte el héroe aquí era él y solo él.
— Por favor avancen, no sigan deteniendo la fila… — pidió el marine quien le dio los boletos a María y el resto de la bolsa con un par de monedas aun en esta… ¿Le había dado un descuento? La chica sonrió bajó la capucha, tomó un boleto y le dio el resto al hombre detrás de ella… para que de la misma forma se lo distribuyeran a su grupo, un grupo muy turista.
Luego del punto de control, todo lo demás fluyo con rapidez, porque siguió a la madre y al niño, y sabía que sus compañeros venían detrás, hasta el barco que les correspondía. Y ahí, ya en la cubierta lista para iniciar la aventura, se quedó viendo por un momento el muelle, y los otros barcos… ¿En cual estarían sus compañeros olvidados? Entonces una melodía le vino a la mente, y empezó a tararear… y luego se convirtió en una suave y melodíca canción, solo para ella o quien estuviera cerca:
Hacía pocos minutos, antes de llegar al muelle, Ashveil le había dado otro obsequio, una capa con capucha para el frío, que la abrigo de pies a cabeza dejándola irreconocible. Su Capitán era el mejor, siempre cuidando de ella… ¿O solo quería que no llamará la atención? Porque luego de ese regalo, fue justo lo que le susurro Algodón de Azúcar “Pasa desapercibida, mi preciosa sirena”. El susurro del hombre en su oído la hizo sonrojar y dar un paso hacia atrás mientras sentía su corazón revolotear, como amaba a niveles impensables a ese hombre de cabellos rosados. No un amor romántico, sino algo más allá de lo que alguna vez hubiera experimentado, si él estaba bien… el mundo de María podría catalogarse como perfecto, pero si él estaba mal… ella haría lo que fuera para revertirlo… aunque significase dar su vida en el proceso.
Juancho, el siempre confiable Juancho, había cumplido nuevamente aunque de una forma distinta. No era como el crucero pero logró darnos luces sobre cómo debíamos ingresar al puerto y en que fila les tratarían mejor. Así que guiados por el castaño hombre, quien dedicó prófugas miradas a la hermosa Odeth, terminamos en una fila, al lado de otra fila, de muchas filas. Al final, el puesto de control dónde harían la transacción. El paso era lento, los ánimos caldeados, y ella solo estaba ahí parada y callada como prometió avanzando un paso a la vez…
— Wooow Mamá es un tipo muuuuy grande… — la pequeña voz la hizo percatarse de la mujer y niño que iban delante de ella, un niño no mayor a 6 años. Inmediatamente la dama celeste levantó la mirada hacia dónde apuntaba el niño. Se trataba de un tipo grande, de la fila de al lado como a 10 personas delante de ellos.
— Si, si lo es… — respondió inconscientemente a la pregunta del niño, quien enseguida volteo a verla, pegándose de su madre. Por supuesto, ver a un extraño asustaría a cualquiera así que ella levanto un poco su capucha y le sonrió con amabilidad, lo cautivo enseguida.
— ¡Qué bonita! — musito el niño a nadie en particular, María solo amplió su sonrisa mientras se inclinaba para quedar a la altura del niño.
— Muchas gracias, Señorito. Aunque más encantador eres tú… y si, pienso igual que tu, es muy grande… Y me hace preguntarme muchas cosas ¿Dónde harán su ropa? ¿Cuánto come para llenarse? ¿Que llevará en sus bolsillos? ¿Sus lágrimas podrían inundarían un pueblo? ¿Si eructa hundiría todos estos barcos? — cuestiono con diversión sacándole una sonrisa al pequeño, cuyo rostro mostró que estaba imaginandose todas las respuestas a esas interrogantes. Lo había observado antes, al niño no al gigante, parecía aburrido por el tedioso trámite, por eso quiso distraerlo un momento. Iba a decirle que ella también conocía a un gigante, tan grande como su mismo corazón de melón pero se callo... porque seguro cualquiera podria vere esos 25 metros de masa paternal.
La madre y el niño llegaron al punto de control, al parecer les faltaban un par de monedas para cancelar el pasaje por completo, lo que causó que la fila volviera a trancarse y los ánimos a levantarse, los dos pobres hombres que atendían parecían querer estar en cualquier otro lugar, y ella no los culpaba.
— Disculpen… — dijo la dama interviniendo en la conversación y sacando un saquito de dinero de entre su capa y colocándolo sobre la mesa. Ese dinero previamente se lo había dado Hyakinthos para pagar los boletos, y él siempre le daba un extra solo por existir… y ser su preciosa sirena — … permítame pagar la diferencia de mis nuevos amigos, por favor… y ayudarte, buen oficial, a que la fila no se detenga — solicitó levantando un poco la capucha para que el guardia la viera al tiempo que le guiñaba uno de sus orbes ámbar con simpatía, lo que causó un leve sonrojo en el hombre — Cobre lo que necesite, y deme cinco boletos… — el hombre tomó la bolsa, algo en sus ojos brilló como si el buen acto de María Merlot hubiera removido su interior.
— Hermosa hermana muchas gracias… — dijo el niño abrazandole una pierna mientras su madre la miraba como si fuera una salvadora, una salvadora con el dinero de Algodón de Azúcar, así que por descarte el héroe aquí era él y solo él.
— Por favor avancen, no sigan deteniendo la fila… — pidió el marine quien le dio los boletos a María y el resto de la bolsa con un par de monedas aun en esta… ¿Le había dado un descuento? La chica sonrió bajó la capucha, tomó un boleto y le dio el resto al hombre detrás de ella… para que de la misma forma se lo distribuyeran a su grupo, un grupo muy turista.
Luego del punto de control, todo lo demás fluyo con rapidez, porque siguió a la madre y al niño, y sabía que sus compañeros venían detrás, hasta el barco que les correspondía. Y ahí, ya en la cubierta lista para iniciar la aventura, se quedó viendo por un momento el muelle, y los otros barcos… ¿En cual estarían sus compañeros olvidados? Entonces una melodía le vino a la mente, y empezó a tararear… y luego se convirtió en una suave y melodíca canción, solo para ella o quien estuviera cerca:
Entre tus playas quedó mi niñez…
Tendida al viento y al sol…
Y esa nostalgia que sube a mi voz…
Sin querer se hizo canción…
… Y si un día tengo que naufragar…
Y el tifón rompe mis velas…
Enterrad mi cuerpo cerca del mar…
Tendida al viento y al sol…
Y esa nostalgia que sube a mi voz…
Sin querer se hizo canción…
… Y si un día tengo que naufragar…
Y el tifón rompe mis velas…
Enterrad mi cuerpo cerca del mar…
Contenido Oculto
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OFF
Karma Fanático: Hyakinthos.
![[Imagen: mmocheja.png]](https://i.ibb.co/WNPnSwH9/mmocheja.png)
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