17-10-2025, 08:15 PM
El viejo corazón de Zhang Guolao se encontraba pesado y frío. Llevaba varias noches inquieto, esperando con ese instinto animal la llegada de la luna llena, uno de esos días en que el Mink se reconocía enteramente como una bestia, dejando que su lado salvaje apareciera desde lo profundo de sus huesos.
Zhang observaba el cielo, tenso y temeroso, mientras soltaba rebuzno. —Hmmm...— que era casi una súplica al silencio. Rezaba por el bienestar de todos los miembros de La Mano Vacía, pues temía no lograr controlar sus instintos y herir a aquellas prometedoras semillas. A pesar de los días compartidos y las conversaciones profundas, Zhang no había encontrado las palabras honestas para contarles uno de sus mayores temores.
Habían llegado hacía un par de días al Reino de Samba, donde la música y el baile era, el pan de cada día. Pero aquella noche, envuelta en nubes oscuras, no se parecía a ninguna otra. Era el momento de separarse, y aunque Zhang raramente permitía que una decisión tan crucial se tomara con prisa, se encontraba tan enredado en sus terrores que lo dejó pasar sin más resistencia.
—Hmmm... Antes de que nos separemos, jóvenes... —resopló al cielo, nervioso, alargando el momento con su muletilla característica. Zhang aún estaba en el puerto y golpeó por última vez el suelo con su pata, un tic que resonó en la madera con una fuerza.
—Pertenezco a la raza de los Minks... y hoy, hay luna llena. —Su voz era suave y pausada.— En las noches de luna llena, los Minks podemos ser muy peligrosos. Por favor, tengan cuidado con otros Minks que encuentren, si el cielo se despeja, alejense de todos. —Alertó aquel viejo burro, quien no encontraba palabras adecuadas. —Si el cielo se despeja, les pido me dejen inconciente antes de que pueda hacer algo que no deseo.—
Zhang alzó su brazo, y con un gesto suave pero firme se despidió del grupo. Aquella noche le correspondía navegar la embarcación, pero se sentía tan preparado como un pez para volar. Abrazó a Silencio con una ternura helada, mientras el mono pataleaba y gritaba enojado, intentando escapar de sus manos frías para quedarse junto a Mahou, la chica mono. —Basta Silencio .— Zhang, por lo general era la calma misma, pero no esa noche. Finalmente los dos grupos se separaron.
Los periódicos anunciaron la muerte del Yonko Odki "Akahige" Murray, y confiados en el vacío de poder, la mariana había levantado el bloqueo de los Cabos Gemelos y autorizado el tráfico naval hacia el Grand Line. Era, sin duda, la mejor oportunidad para emprender aquel viaje. Zhang rechinó sus dientes con fastidio, un sonido áspero que rara vez se le escapaba, y se alejó de los demás para intentar retomar su serenidad.
Era extraño no sentir la punzada de la curiosidad, un instinto que no solía fallarle. Pero su miedo era mayor. Por capricho del destino, se perdió momentáneamente en la contemplación de las cuatro gigantescas embarcaciones que ocupaban el puerto. No llevaban bandera, pero había algo en ellas que sus aguzados oídos y su instinto de Mink no podían ignorar.
Zhang dudó solo por el lapso de un respiro. Pero, casi por impulso, apretó un pequeño caracol de color negro que llevaba oculto entre sus ropas. Era inevitable; era un chismoso, incluso en la más oscura de sus horas.
Zhang se ocultó entre las sombras de la embarcación, esperando en el resguardo de la oscuridad que comenzara el viaje. No confiaba en las nubes, y mucho menos en sí mismo. —Mierda.— Zhang por lo general, no decía malas palabras pero ese, no era un día normal. Las noches de luna llena, Zhang Guolao las odiaba con toda su alma.
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Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
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