[FIC - Pasado] Lavado de cara
#1
[Ciudad Pushkin,
día 2 de otoño,
año 16]

La nube de polvo que se había levantado empezó a desvanecerse. En el suelo, Stroud Redgrave se levantaba de lo que, si no era un cadáver, estaba cerca de serlo, irreconocible bajo el color rojo. Stroud se frotó los nudillos, hinchados y llenos de sangre, cuyas salpicaduras alcanzaban hasta su antebrazo. Jadeaba. Se reajustó la gorra con naturalidad, bajo la cual goterones de sudor recorrían su frente. En el suelo yacía uno de los varios miembros de una pequeña organización que habían cazado acumulando grandes cantidades de armamento. Ellos alegaban que eran meros comerciantes preparándose para defenderse de una banda criminal que llevaba "años haciéndoles la vida imposible". Sí, claro. Qué conveniente. El cuerpo del suelo hizo un ligero movimiento de brazos, ante lo cual Stroud le propinó una fuerte patada en el costado. Detrás de él, una columna de humo se alzaba hacia el cielo. Otro Marine salió del almacén, indicando que habían encontrado las armas: cuatro fusiles, dos pistolas y dos espadas, ni más ni menos. Stroud inspiró con cierta satisfacción por el trabajo bien hecho: ¿quién sabe qué hubieran podido hacer aquellos tipos si no los hubieran pillado? Con el estado de Roshwan, no hubiera sido extraño que se hubiesen alzado y hubiesen intentado tomar el control de la ciudad por la fuerza, o que se hubieran convertido en piratas.

La situación estaba bajo control. Stroud extrajo un pequeño pañuelo de tela de su bolsillo, limpiándose mecánicamente los restos de sangre sobre su piel, mientras recuperaba la compostura tras el enfrentamiento. Por suerte, su camisa continuaba impoluta, salvo algo de polvo y serrín. Guardando el pañuelo, observó a su alrededor, sus oscuros ojos examinando la pequeña muchedumbre que se había arremolinado frente al almacén al ver actividad de la Marina. En ocasiones como la del gigante, había recibido agradecimiento, pero en aquella ocasión, el público parecía más bien espantado ante la actuación. Ocurría demasiado a menudo: la mala prensa de la Marina en algunos lugares era evidente. La gente parecía creerse una historia que lo justificase todo con demasiada facilidad. Algunos habían abandonado el lugar en silencio tras maldecir entre dientes. Otros permanecían allí, negando con la cabeza en silencio ante lo que habían presenciado. Ingratitud. Stroud apretó los labios con cierta frustración; no lo entendían. Estaba acostumbrado ya, pero no dejaba de resultar frustrante.

Una vez hubo escrito y entregado el informe de aquella misión en las oficinas, se dirigió de vuelta al cuartel. Inmerso en sus pensamientos, se preguntaba qué había ocurrido para que la Marina, la encargada de traer Justicia y equilibrio al mundo, gozase de tan mala imagen entre aquellos a quienes protegía. Y claro, aquella mala imagen no solo se traducía en impopularidad en ciertos lugares, sino también en menores índices de reclutamiento. Mientras reflexionaba, sus ojos grises se paseaban por los innumerables carteles publicitarios, flyers y propaganda en general que poblaban las calles de la ciudad: talleres de reparación de barcos, vendedores de madera para leña, simpatizantes de la revolución exigiendo la salida de Roshwan del Gobierno Mundial, conciertos, fruterías a domicilio, tripulaciones que buscaban nuevos miembros... Absolutamente nada de la Marina. Stroud era el tipo de hombre que prefería dejar que los hechos hablasen por sí mismos, pero era evidente que el cuerpo necesitaba empezar a trabajar en la percepción del público, o aquella batalla se les podría hacer muy cuesta arriba, más de lo que ya era. Tal vez él mismo pudiese ayudar. La Justicia debía ser vista, no solo cumplida.

Al llegar a su habitación, empezó a buscar materiales de donde fuese. Su mente había empezado a maquinar una idea. Poco a poco, fue acumulando un montón de cachivaches y baratijas de todo tipo sobre el edredón de su cama: trozos de papel de viejos cuadernos de bitácora, tinta, pedazos de madera... Se sentó al borde de la cama, empezó a tomar los pedacitos de madera y, con parsimonia, fue tallándolos uno a uno en forma de letras. Era un proceso tedioso, pero sus manos eran hábiles con la madera, que tallaba en sus momentos de aburrimiento. Al cabo de las horas, su habitación se había transformado en un minúsculo taller de imprenta casera, con tipos de madera burdamente tallados, la poca tinta que tenía para escribir sus informes, algo de papel, todo tipo de cuerdas y plantillas improvisadas con tapas metálicas. Diseñado el primer cartel, Stroud se puso manos a la obra.

Al día siguiente, las principales calles de Pushkin amanecían repletas de un nuevo cartel, que, por una vez, llevaba el símbolo de la Marina bien en grande. El cartel de Stroud colgaba ahora de los tablones de las posadas, en el puerto, en las avenidas más transitadas. Con un poco de suerte, las cosas empezarían a cambiar.

[Imagen: 0hQPMZr.jpeg]
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[FIC - Pasado] Lavado de cara - por Stroud Nanashi - 19-10-2025, 02:46 PM

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