Asintió, porque no hay respuesta que le parezca suficiente como para expresar lo mucho que quiso saber en ese momento. Tendría que afirmarlo cientos de veces, el insistir una vez más, aunque ya se lo ha dicho.
Se dejó cargar, sin importar a donde. Simplemente se acomodó en la espalda de Owen, acurrucándose cerca a sus hombros, mientras sus manos se afirman de él con fuerza para no caer. Le gusta estar ahí, porque es un calor que puede sentir cerca, tanto que no pudo evitar relajarse en el trayecto, incluso si han salido al exterior y no hay pistas de donde van.
—Te gusta subirte a los tejados, parece manía tuya — se rió con suavidad, acercándose a él. Se mantuvo a centímetros de distancia, podría dar la excusa de que está insegura en ese sitio, pero el mentir no tiene sentido si se han dicho lo que sienten ¿No?
Su mano terminó sobre el cabello primero, paseándose con suavidad. Es un cariño que conoce, pero que en realidad ésta vez buscó algo más, es sentir cómo es y no buscar darle satisfacción, porque no existe angustia que sanar más que la propia por no saber la verdad — Como las nubes de primavera — lo corrigió sin querer, porque en realidad no sabe de qué color son las paredes de una iglesia. Negras para ella, como todo el mundo oscuro que la rodea — Es suave, me gusta — el que se lo tinturara de otro color le pareció curioso. Jamás ha oído que alguien lo haga, pero por el contexto, supuso que lo cambia — ¿Por qué lo cambias? Estoy segura que me gustaría de ambas maneras — besó con suavidad la coronilla de su cabeza, en un gesto cariñoso, ese que suele dedicarle cuando están cerca.
Repasó su rostro con cuidado, en unas cosquillas que seguro puede sentir en la piel, esas que dan una sensación agradable a pesar del ardor que provocan — ¿Qué más? — no sintió asco al tocar los colmillos ajenos, después de todo ¿No comparten saliva en los besos? Le pareció ilógico, tanto como para hacerla reír despacio — ¿Es raro tenerlos así? — alejó su mano ligeramente y se rió por lo bajo, como si le hubiese dicho algo gracioso — Por qué me asquearía de algo de ti, Owen. — es una pregunta legítima, que nace de algo que le parece ilógico, tanto como para demostrárselo con acciones. Acercó la mano con saliva a sus labios y no dudó en lamerla con suavidad y sin vergüenza alguna a pesar de lo que dice — No es muy distinto a cuando nos besamos.— solo que no hay satisfacción de por medio.
Negó y el hablar de ella provocó una mueca extraña en su rostro. No es incomodidad, sino más bien, jamás lo ha pensado. No le interesa saber de sí misma, al menos hasta hace poco jamás le habría interesado, porque no es importante lo físico para alguien que vivirá en la iglesia, buscando una belleza interior.
Sonrió al sentir el beso, es una risa ligera que calma una inquietud nueva. Quizás de ser otra persona le habría pedido que no lo haga, que se detenga, pero a Owen se lo permitió. — Con que tu me veas así es suficiente — que a él le parezca perfecta es lo único que le importa, porque hacerlo para el resto del mundo podría ser un problema. Es algo que llama la atención a los otros, se preguntó si para alguien más podría ser un trofeo o una estatua para colocar en una iglesia ¡La muñeca de los deseos! Tantas opciones que no le gustan.
—Podría si me lo pides tú — los abrió y no se encontró nada. No hay diferencia en tenerlos abiertos o cerrados, pero si se lo pide ¿Cómo negarse? Los movió a donde está él, como si existiera una visión, es un truco falso, una ilusión que incluso si juegan a creerla, no es verdad.
—He pensado muchas cosas últimamente — apretó la mano que la une a él y se apoyó en el hombro ajeno, soltando un suspiro suave — ¿Crees que Dios me hizo así y me quitó la visión porque le parecía gracioso? — bajó el rostro, porque aunque ya no habla de él, si piensa en aquel que se supone ha creado todo — Ya sabes, que incluso si soy la persona más bella de todo el mundo, jamás podré verme.
Es una ironía cruel, que de existir algo arriba ¿Por qué lo hace? ¿Le parecerá gracioso o es una simple prueba para algo más? Quizás es una lección que no puede entender, que no aparece o una historia que olvidó terminar, que ha quedado a medias ¡Como si le diera una parte y le quitara el resto!
—Me pregunto si existe forma de que pudiera ver — un suspiro se le escapó, obligándola a levantarse ligeramente, para acercarse más a Owen y abrazarlo, en un gesto que buscó una pizca de satisfacción — Tal vez la hay allá afuera — quizás se aferra a lo imposible, por eso ha aparecido él, para que al menos tenga a alguien más de quien sostenerse.
Se quedó en silencio, hasta que finalmente la nostalgia se acabó, como si la hubiese vaciado al estar junto a él.
—Prometidos… así le decían en la iglesia — se acercó al rostro del pelirrojo y acarició la piel de él con la punta de la nariz, besando su piel un par de veces — Y me parece que es lo mejor que nos queda. Porque nos hemos prometido muchas cosas ¿No? — más de las que deberían, pero menos de las que le gustarían, porque de poder la lista sería mucho más larga — La más importante es que sin importar qué te voy a querer.
Porque no está lista para declarar amar, pero la palabra se asoma a veces y amenaza con salir sin permiso.
—Y luego es que nos vamos a encontrar otra vez. No una, sino siempre, no te preocupes por eso.
Siempre, siempre, siempre.
Se dejó cargar, sin importar a donde. Simplemente se acomodó en la espalda de Owen, acurrucándose cerca a sus hombros, mientras sus manos se afirman de él con fuerza para no caer. Le gusta estar ahí, porque es un calor que puede sentir cerca, tanto que no pudo evitar relajarse en el trayecto, incluso si han salido al exterior y no hay pistas de donde van.
—Te gusta subirte a los tejados, parece manía tuya — se rió con suavidad, acercándose a él. Se mantuvo a centímetros de distancia, podría dar la excusa de que está insegura en ese sitio, pero el mentir no tiene sentido si se han dicho lo que sienten ¿No?
Su mano terminó sobre el cabello primero, paseándose con suavidad. Es un cariño que conoce, pero que en realidad ésta vez buscó algo más, es sentir cómo es y no buscar darle satisfacción, porque no existe angustia que sanar más que la propia por no saber la verdad — Como las nubes de primavera — lo corrigió sin querer, porque en realidad no sabe de qué color son las paredes de una iglesia. Negras para ella, como todo el mundo oscuro que la rodea — Es suave, me gusta — el que se lo tinturara de otro color le pareció curioso. Jamás ha oído que alguien lo haga, pero por el contexto, supuso que lo cambia — ¿Por qué lo cambias? Estoy segura que me gustaría de ambas maneras — besó con suavidad la coronilla de su cabeza, en un gesto cariñoso, ese que suele dedicarle cuando están cerca.
Repasó su rostro con cuidado, en unas cosquillas que seguro puede sentir en la piel, esas que dan una sensación agradable a pesar del ardor que provocan — ¿Qué más? — no sintió asco al tocar los colmillos ajenos, después de todo ¿No comparten saliva en los besos? Le pareció ilógico, tanto como para hacerla reír despacio — ¿Es raro tenerlos así? — alejó su mano ligeramente y se rió por lo bajo, como si le hubiese dicho algo gracioso — Por qué me asquearía de algo de ti, Owen. — es una pregunta legítima, que nace de algo que le parece ilógico, tanto como para demostrárselo con acciones. Acercó la mano con saliva a sus labios y no dudó en lamerla con suavidad y sin vergüenza alguna a pesar de lo que dice — No es muy distinto a cuando nos besamos.— solo que no hay satisfacción de por medio.
Negó y el hablar de ella provocó una mueca extraña en su rostro. No es incomodidad, sino más bien, jamás lo ha pensado. No le interesa saber de sí misma, al menos hasta hace poco jamás le habría interesado, porque no es importante lo físico para alguien que vivirá en la iglesia, buscando una belleza interior.
Sonrió al sentir el beso, es una risa ligera que calma una inquietud nueva. Quizás de ser otra persona le habría pedido que no lo haga, que se detenga, pero a Owen se lo permitió. — Con que tu me veas así es suficiente — que a él le parezca perfecta es lo único que le importa, porque hacerlo para el resto del mundo podría ser un problema. Es algo que llama la atención a los otros, se preguntó si para alguien más podría ser un trofeo o una estatua para colocar en una iglesia ¡La muñeca de los deseos! Tantas opciones que no le gustan.
—Podría si me lo pides tú — los abrió y no se encontró nada. No hay diferencia en tenerlos abiertos o cerrados, pero si se lo pide ¿Cómo negarse? Los movió a donde está él, como si existiera una visión, es un truco falso, una ilusión que incluso si juegan a creerla, no es verdad.
—He pensado muchas cosas últimamente — apretó la mano que la une a él y se apoyó en el hombro ajeno, soltando un suspiro suave — ¿Crees que Dios me hizo así y me quitó la visión porque le parecía gracioso? — bajó el rostro, porque aunque ya no habla de él, si piensa en aquel que se supone ha creado todo — Ya sabes, que incluso si soy la persona más bella de todo el mundo, jamás podré verme.
Es una ironía cruel, que de existir algo arriba ¿Por qué lo hace? ¿Le parecerá gracioso o es una simple prueba para algo más? Quizás es una lección que no puede entender, que no aparece o una historia que olvidó terminar, que ha quedado a medias ¡Como si le diera una parte y le quitara el resto!
—Me pregunto si existe forma de que pudiera ver — un suspiro se le escapó, obligándola a levantarse ligeramente, para acercarse más a Owen y abrazarlo, en un gesto que buscó una pizca de satisfacción — Tal vez la hay allá afuera — quizás se aferra a lo imposible, por eso ha aparecido él, para que al menos tenga a alguien más de quien sostenerse.
Se quedó en silencio, hasta que finalmente la nostalgia se acabó, como si la hubiese vaciado al estar junto a él.
—Prometidos… así le decían en la iglesia — se acercó al rostro del pelirrojo y acarició la piel de él con la punta de la nariz, besando su piel un par de veces — Y me parece que es lo mejor que nos queda. Porque nos hemos prometido muchas cosas ¿No? — más de las que deberían, pero menos de las que le gustarían, porque de poder la lista sería mucho más larga — La más importante es que sin importar qué te voy a querer.
Porque no está lista para declarar amar, pero la palabra se asoma a veces y amenaza con salir sin permiso.
—Y luego es que nos vamos a encontrar otra vez. No una, sino siempre, no te preocupes por eso.
Siempre, siempre, siempre.
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