20-10-2025, 02:50 AM
(Última modificación: 20-10-2025, 06:15 AM por Dharma.
Razón: error de letra
)
Un poco de filosofía, la necesaria para comprenderse entre seres que tienen propósitos parecidos, aquel que dominaba el poder de las artes del cuerpo a cuerpo, como si fuese su propia forma de andar, era un gran aliado que, si bien por algunos años el contacto no fue tan continuo, tuvo sus épocas donde incluso llevaron ciertos entrenamientos, convirtiéndose en personas de confianza el uno para el otro. La noche se establecía con más oscuridad y las estrellas tintineando con egoísmo, sin importarles la situación de este mundo. Un par de seres de un potencial enorme, mantenían una conversación muy interesante, como único testigo la luna y la oscuridad que reinaba en los cielos.
| Creo que lo entiendes Sanemi... y por eso es que lo comparto contigo... no es locura, ni maldad, ni crueldad la que salen de mis ojos, es hastió. | Sentenciaba con tu tono de voz habitual casi siempre mostrando una arrogancia natural y un desdén solemne. | Cada vez falta menos para que comencemos a estar en contra de todos y todo o casi todo jahjah... | Se colocaba a un par de metros de su aliado, su cuerpo de gran tamaño y fortaleza física, eran sinónimos del poder que yacía en su interior, portando a la vez su prominente espada Rudra, el arma no tenia ningún valor sentimental como tal, era el nombre el que le daba la intención, esa misma que tienen desde hace mucho tiempo, la de sobresalir como el verdadero poder, el único poder, el que se ejerce y ya. | Hemos pasado cosas complicadas e incluso entrenado... para este futuro que se avecina. | Sus ropajes negros y ligeramente holgados dejaban ver la figura de un hombre que sobrepasaba los 2 metros de altura, era imponente sin lugar a duda, más esa cabellera desordenada, hacían el juego de ver a un ser diferente. En el caso de su compañero, el misterio y enigma salían de él cómo sus palabras. Dharma estaba al tanto de las grandes capacidades de su aliado, la ferocidad y el valor que residían en Sanemi, se podrían comparar con el del oriundo de Wano.
Cruzando los brazos, mirando hacia los edificios alrededor de menor tamaño, la figura de Dharma se mantenía impávida, este día iban a recoger un encargo especial en el puerto, actuando como meros traficantes de objetos antiguos y demás cosillas extrañas. Lo que no sabían aquellos vendedores del mercado negro, era que el par de piratas tendrían las intenciones no solo de hacerse de la mercancía, sino de evitar el cargo y así quedarse con algunas otras cosas más. Sin embargo, aún faltaba un poco menos de una hora para el encuentro en uno de los almacenes y bodegas que rodeaban de ese lado de la isla.
| Creo que lo entiendes Sanemi... y por eso es que lo comparto contigo... no es locura, ni maldad, ni crueldad la que salen de mis ojos, es hastió. | Sentenciaba con tu tono de voz habitual casi siempre mostrando una arrogancia natural y un desdén solemne. | Cada vez falta menos para que comencemos a estar en contra de todos y todo o casi todo jahjah... | Se colocaba a un par de metros de su aliado, su cuerpo de gran tamaño y fortaleza física, eran sinónimos del poder que yacía en su interior, portando a la vez su prominente espada Rudra, el arma no tenia ningún valor sentimental como tal, era el nombre el que le daba la intención, esa misma que tienen desde hace mucho tiempo, la de sobresalir como el verdadero poder, el único poder, el que se ejerce y ya. | Hemos pasado cosas complicadas e incluso entrenado... para este futuro que se avecina. | Sus ropajes negros y ligeramente holgados dejaban ver la figura de un hombre que sobrepasaba los 2 metros de altura, era imponente sin lugar a duda, más esa cabellera desordenada, hacían el juego de ver a un ser diferente. En el caso de su compañero, el misterio y enigma salían de él cómo sus palabras. Dharma estaba al tanto de las grandes capacidades de su aliado, la ferocidad y el valor que residían en Sanemi, se podrían comparar con el del oriundo de Wano.
Cruzando los brazos, mirando hacia los edificios alrededor de menor tamaño, la figura de Dharma se mantenía impávida, este día iban a recoger un encargo especial en el puerto, actuando como meros traficantes de objetos antiguos y demás cosillas extrañas. Lo que no sabían aquellos vendedores del mercado negro, era que el par de piratas tendrían las intenciones no solo de hacerse de la mercancía, sino de evitar el cargo y así quedarse con algunas otras cosas más. Sin embargo, aún faltaba un poco menos de una hora para el encuentro en uno de los almacenes y bodegas que rodeaban de ese lado de la isla.
