20-10-2025, 05:35 AM
Runin,mirada atenta, una sonrisa coqueta. Si, ella es muy parecida. Su manera de tocar la mano por un instante le incita a prolongar el contacto pero solo cerrar ligeramente la mano en un movimiento leve hacia arriba y abajo. Mantener el saludo lo justo y necesario. —El tamaño no lo es todo, Runin. — Claro su copa en mis manos ahora se vé como un juguete para bebés, está vacía. Le gustaría mucho poder degustar. La acercó a la copa, solo sentí su olor, pues estaba vacía.
—Qué dilema eso, pero si prefieres no mojarse aquí. Hay que buscar otro lugar.— Sus alas se desplegaron fuerte, para enseñar sus plumas negras como el ébano. Fue casi un instinto para tener su atención atrapada como la en el momento la tiene ella de él. Ahora ese juego de de miradas entre ellos es algo que no se podía evitar y lo hacía buscar asiento, aunque para su tamaño era más cómodo sentarse sobre la barra.
—Pero nunca se es tarde para comenzar, yo te puedo ayudar con eso último.— Miré tras la barra y extendí mis amplios brazos hasta donde teníamos a la vista otras botellas. las cuales agarré dos de ellas y descorchar. Tengo que admitir que detesto usar cosas que no están ajustadas para alguien como yo, no me quiero imaginar que sería si midiera cuatro metros o seis metros. La botella entera parece el equivalente a una cerveza de mano, diría que hasta un poco pequeña.
Te estaba sirviendo cuando notó ese pequeño roce en mi pierna. Me distrae y se chorrea un poco a lo que dejó de servir para dejarte esa botella a ti. —Una disculpa, me deslumbras y no puedo concentrarme. — Descorchó la segunda botella y esta es para mi, de inmediato le doy un trago que hace que el líquido llegue hasta dos tercios de lo que contenía. A mi dosis como estas no me pueden embriagar, no porque sea experto, solo que no son para mí, necesitaría varias botellas.
—Aunque no es aproposito. Si quieres una mano yo tengo dos muy hábiles para eso.— Ahora los dos podían jugar a devolver la broma. Vio su vino y notó que lo que quedaba era solo el culo de la botella, la apoyó contra la mesa. —¿Cuánto tiempo tienes que llegaste? Me estaba perdiendo de este deleite. — Claro es lo que tiene la vida del pescador muchas veces te pierdes más tiempo del que crees y no puedes encontrarte con personas que vienen por solo un par de lunas.
En ese momento la conversación podía comenzar a desarrollarse salió la mujer de la cocina. —¡Heras! ¿Querido que te traer por aquí? —No es como que fuera mi amiga, pero con solo verla, esa gota de sudor sobre su cara, esa sonrisa un poco forzada. Ella no quería salir tampoco.
—¡Heidy! Bueno, tu marido me quiere embaucar. Pero ya sabes como es. — Mi tono es tranquilo con ella, no tiene la culpa de los errores de su pareja. Además de que me vería muy mal si tratara mal a esta señora de manera gratuita. Ella solo tiene la culpa de escogerlo.
—Si bueno, sobre eso. El dice que te pagará cuando vendan todo el atún, que ahorita no tiene.— Entonces es cuando mi atención pasó directo a ella con una mirada enojada, un instinto que no es fácil hacer salir. —Heeidy. Yo lo siento mucho, pero eso no va a pasar. Pero te puedo comprar tiempo mientras me sigas dando tus licores gratis. Hasta que ajustemos cuentas.—A ella no le conviene mucho eso, por que sabe que lo que le ganen al atun no siempre podra reponer todo el licor.
—O podemos seguir hablando de cómo tu marido no solo se adelantó, dejó a toda su tripulación mientras él venía huyendo de la lluvia.— Cabe aclarar que cuando tomas comienzas a hablar sin pelos en la lengua. —Quien lo diría, cuando se supone que el capitán es quien se debe quedar en el barco hasta el final.— Lo malo de beber es que al inicio se baja rápido y quienes beben un segundo sobor. La sensación caliente por la garganta ya pronto me hace dejar la botella a un tercio de lo que tenía. —Por eso es que no todos están hechos para la vida en el mar.— No es como que él fuera un lobo marino, no era un experto ni mucho más, pero es la molestia liberada por el vino.
Su silencio me otorga el permiso, ella sabe que yo no me pondría violento con ella, pero nadie quiere pelear cuando ves al otro tipo mucho más grande. —Además, mi nueva compañera Runin dice que le gusta tu vino, mientras ella quiera podemos ajustarnos con eso. — La involucró, la veo de nuevo y le guiño el ojo, soy suelto en mis movimientos igual y ahora podemos atascarse de vino.
—Qué dilema eso, pero si prefieres no mojarse aquí. Hay que buscar otro lugar.— Sus alas se desplegaron fuerte, para enseñar sus plumas negras como el ébano. Fue casi un instinto para tener su atención atrapada como la en el momento la tiene ella de él. Ahora ese juego de de miradas entre ellos es algo que no se podía evitar y lo hacía buscar asiento, aunque para su tamaño era más cómodo sentarse sobre la barra.
—Pero nunca se es tarde para comenzar, yo te puedo ayudar con eso último.— Miré tras la barra y extendí mis amplios brazos hasta donde teníamos a la vista otras botellas. las cuales agarré dos de ellas y descorchar. Tengo que admitir que detesto usar cosas que no están ajustadas para alguien como yo, no me quiero imaginar que sería si midiera cuatro metros o seis metros. La botella entera parece el equivalente a una cerveza de mano, diría que hasta un poco pequeña.
Te estaba sirviendo cuando notó ese pequeño roce en mi pierna. Me distrae y se chorrea un poco a lo que dejó de servir para dejarte esa botella a ti. —Una disculpa, me deslumbras y no puedo concentrarme. — Descorchó la segunda botella y esta es para mi, de inmediato le doy un trago que hace que el líquido llegue hasta dos tercios de lo que contenía. A mi dosis como estas no me pueden embriagar, no porque sea experto, solo que no son para mí, necesitaría varias botellas.
—Aunque no es aproposito. Si quieres una mano yo tengo dos muy hábiles para eso.— Ahora los dos podían jugar a devolver la broma. Vio su vino y notó que lo que quedaba era solo el culo de la botella, la apoyó contra la mesa. —¿Cuánto tiempo tienes que llegaste? Me estaba perdiendo de este deleite. — Claro es lo que tiene la vida del pescador muchas veces te pierdes más tiempo del que crees y no puedes encontrarte con personas que vienen por solo un par de lunas.
En ese momento la conversación podía comenzar a desarrollarse salió la mujer de la cocina. —¡Heras! ¿Querido que te traer por aquí? —No es como que fuera mi amiga, pero con solo verla, esa gota de sudor sobre su cara, esa sonrisa un poco forzada. Ella no quería salir tampoco.
—¡Heidy! Bueno, tu marido me quiere embaucar. Pero ya sabes como es. — Mi tono es tranquilo con ella, no tiene la culpa de los errores de su pareja. Además de que me vería muy mal si tratara mal a esta señora de manera gratuita. Ella solo tiene la culpa de escogerlo.
—Si bueno, sobre eso. El dice que te pagará cuando vendan todo el atún, que ahorita no tiene.— Entonces es cuando mi atención pasó directo a ella con una mirada enojada, un instinto que no es fácil hacer salir. —Heeidy. Yo lo siento mucho, pero eso no va a pasar. Pero te puedo comprar tiempo mientras me sigas dando tus licores gratis. Hasta que ajustemos cuentas.—A ella no le conviene mucho eso, por que sabe que lo que le ganen al atun no siempre podra reponer todo el licor.
—O podemos seguir hablando de cómo tu marido no solo se adelantó, dejó a toda su tripulación mientras él venía huyendo de la lluvia.— Cabe aclarar que cuando tomas comienzas a hablar sin pelos en la lengua. —Quien lo diría, cuando se supone que el capitán es quien se debe quedar en el barco hasta el final.— Lo malo de beber es que al inicio se baja rápido y quienes beben un segundo sobor. La sensación caliente por la garganta ya pronto me hace dejar la botella a un tercio de lo que tenía. —Por eso es que no todos están hechos para la vida en el mar.— No es como que él fuera un lobo marino, no era un experto ni mucho más, pero es la molestia liberada por el vino.
Su silencio me otorga el permiso, ella sabe que yo no me pondría violento con ella, pero nadie quiere pelear cuando ves al otro tipo mucho más grande. —Además, mi nueva compañera Runin dice que le gusta tu vino, mientras ella quiera podemos ajustarnos con eso. — La involucró, la veo de nuevo y le guiño el ojo, soy suelto en mis movimientos igual y ahora podemos atascarse de vino.
