20-10-2025, 09:40 PM
Narrador / María Merlot
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¿Qué observaban sus ojos ámbar?
El muelle desdibujando el flujo de personas.
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¿Qué observaban sus ojos ámbar?
El muelle desdibujando el flujo de personas.
Por un breve momento su cabeza se silenció, estaba en blanco perdida entre la ausencia del color. Su mano apretó la baranda con inconsciencia mientras las voces a su alrededor murmuraban dejando caer una que otra extraña suposición sobre lo que el futuro inmediato depararía. María llevó sus manos a sus oídos, una en cada uno. No quería escuchar, no quería entrar en el juego de los “supuestos”, aunque sus impulsos la llevaran a desear seguir a aquellos que cotillaban sobre cosas que ella no podía entender…
La voz de Algodón de Azúcar la hizo aterrizar, alejarse de la acción intrusiva de perseguir al grupito que estaba a pocos metros hablando de cosas que no entendía, mejor eran los chismes sobre romances, disputadas familiares, herencias, cosas así sabrosonas. Bajo sus manos y las volvió a colocar en la baranda. ¿Encontrarse con alguien? ¿Acaso era… con el hombre de los ojos sin vida? Desde el crucero se habían topado, parecía ser “conocido” de Hyakinthos, también de Ashveil. A ella la había ayudado hacía mucho tiempo, y considerando que Thrym llevaba sus cosas, seguramente se verían más seguido. Ella no le respondió al objeto de su fanatismo, no sabía qué contestarle… pero si tenia muchas preguntas, demasiadas sobre su relación... pero hasta ella sabía que no era el momento de preguntar, no aun.
Y hablando del gigante pelirrojo, verlo abordar el barco la hizo esbozar una sonrisa que se fue ampliando a medida que cada paso lo acercaba más a la cubierta. Poco a poco su mente vacía se fue llenando de grillos, de actividad, que animaba al pelirrojo a no caerse. Si se caía ella saltaría a ayudarlo, aunque… muy probable, el agua a él le llegará por la pantorrilla. Ella estuvo a punto de felicitarlo por su caminata como si hubiera estado en la cuerda floja, cuando se agacho y le susurro algo.
Una risita traviesa escapó de sus labios mientras con sus manos sujetaba la capucha ocultando más su cara para que el gigante no la viera burlarse, y más aún porque noto la preocupación en la voz de él — Thrym-sama no seas tontito, no es ese tipo de barco… — le dijo como si fuera obvio, para zanjar ese tema. Después lo vio sacar al pequeño komashika de su enorme bolsillo — ¡Cara Melito! — dijo la celeste con alegría acercándose al animal e intentando abrazarlo por el cuello — ¡¿Quien es la mascota más linda?! ¿Quién es la cosita gigante más linda? Chiiii, tu Cara Melito, eres tu, eres el mejor ¿Verdad que si lo es, Bonita? Es el animal con patas o sin ellas más lindo de todo el mundo marino y terrestre — lo adoro por un rato mientras preguntaba a Odeth (Bonita) para que confirmará lo que ella ya sabía sobre Cara Melo. Luego Thrym le dijo que debía cuidarlo… todo bien, hasta que comentó las palabras que cayeron como un balde de agua fría sobre ella — ¿Venderlo? Thrym-sama no vendes a tus nakamas… — si no tuviera la capucha, el gigante hubiera apreciado la mirada ámbar decepcionada por su comentario, aunque su voz iba bañada de esta.
Por supuesto, todo en el mundo era el dinero, nada más y nada menos que los berrys, así que solo suspiro apagandose nuevamente cuando se llevaron a Cara Melo a la bodega, ahí viajarían las mascotas — ¡No tengas miedo, Cara Melito! Iré a verte, te llevaré pepinos. Se valiente... — le animo como una madre cuando despide a su hijo. No sabía como llegar a la bodega, y posiblemente se perdiera por su falta de orientación, pero iría a verlo, aunque fuera una vez.
Dio algunos pasos para despedirse más tiempo de la mascota cuando tropezó con alguien y ese alguien dejó caer un peeriodico, que quedó abierto en una página en particular que atrajo por completo la atención de la chica — ¿¡Fantasma!? — susurro agachándose al mismo tiempo que el sujeto para ver la fotografía en el periodico — Wow — pasó su mano por la fotografía de Ashveil y luego por el monto bajo esta.
— ¿Te has enamorado? Porque si está muy guapo… — el hombre le habló con una vocecita que decía que él sí lo estaba.
— ¡¿Ah?! — parpadeo debajo de la capucha, sin entender nada. ¿Enamorada de Fantasma? No, no, no… solo estaba sorprendida de lo que veía.
— Quédatelo, sé dónde encontrar más — dijo, dándose media vuelta para perderse entre la masa.
María se levantó y con ella los pliegos de papel, fue cuando reconoció otras caras al tiempo que sonaban las campanas a bordo para que soltaran los cabos, extendieron las velas y comenzaran a navegar… se giró, y rompió la distancia que la había separado brevemente del grupo…
— Hay un problema, y es muy grave y catastrófico… — le entrego el periodico a Ashveil mientras volteaba a ver a Hyakinthos — … hay que saltar de este barco y llegar al muelle, buscar donde sea que redacten esta cosa y hacerlos entrar en razón; sí hay que usar la fuerza, la usaremos… ¡¿Cómo creen que Algodón de Azúcar, el tesoro más esponjoso y adorable de todos los mares, vale 52.200.000 Berrys?! Su precio es incalculable… ¡In-cal-cu-la-ble! — empezó a decir en voz baja la chica caminando de un lado a otro entre sus nakamas, en su corazón el hombre de cabello rosado no tenía precio, su sola existencia era un regalo para el mundo…
La voz de Algodón de Azúcar la hizo aterrizar, alejarse de la acción intrusiva de perseguir al grupito que estaba a pocos metros hablando de cosas que no entendía, mejor eran los chismes sobre romances, disputadas familiares, herencias, cosas así sabrosonas. Bajo sus manos y las volvió a colocar en la baranda. ¿Encontrarse con alguien? ¿Acaso era… con el hombre de los ojos sin vida? Desde el crucero se habían topado, parecía ser “conocido” de Hyakinthos, también de Ashveil. A ella la había ayudado hacía mucho tiempo, y considerando que Thrym llevaba sus cosas, seguramente se verían más seguido. Ella no le respondió al objeto de su fanatismo, no sabía qué contestarle… pero si tenia muchas preguntas, demasiadas sobre su relación... pero hasta ella sabía que no era el momento de preguntar, no aun.
Y hablando del gigante pelirrojo, verlo abordar el barco la hizo esbozar una sonrisa que se fue ampliando a medida que cada paso lo acercaba más a la cubierta. Poco a poco su mente vacía se fue llenando de grillos, de actividad, que animaba al pelirrojo a no caerse. Si se caía ella saltaría a ayudarlo, aunque… muy probable, el agua a él le llegará por la pantorrilla. Ella estuvo a punto de felicitarlo por su caminata como si hubiera estado en la cuerda floja, cuando se agacho y le susurro algo.
Una risita traviesa escapó de sus labios mientras con sus manos sujetaba la capucha ocultando más su cara para que el gigante no la viera burlarse, y más aún porque noto la preocupación en la voz de él — Thrym-sama no seas tontito, no es ese tipo de barco… — le dijo como si fuera obvio, para zanjar ese tema. Después lo vio sacar al pequeño komashika de su enorme bolsillo — ¡Cara Melito! — dijo la celeste con alegría acercándose al animal e intentando abrazarlo por el cuello — ¡¿Quien es la mascota más linda?! ¿Quién es la cosita gigante más linda? Chiiii, tu Cara Melito, eres tu, eres el mejor ¿Verdad que si lo es, Bonita? Es el animal con patas o sin ellas más lindo de todo el mundo marino y terrestre — lo adoro por un rato mientras preguntaba a Odeth (Bonita) para que confirmará lo que ella ya sabía sobre Cara Melo. Luego Thrym le dijo que debía cuidarlo… todo bien, hasta que comentó las palabras que cayeron como un balde de agua fría sobre ella — ¿Venderlo? Thrym-sama no vendes a tus nakamas… — si no tuviera la capucha, el gigante hubiera apreciado la mirada ámbar decepcionada por su comentario, aunque su voz iba bañada de esta.
Por supuesto, todo en el mundo era el dinero, nada más y nada menos que los berrys, así que solo suspiro apagandose nuevamente cuando se llevaron a Cara Melo a la bodega, ahí viajarían las mascotas — ¡No tengas miedo, Cara Melito! Iré a verte, te llevaré pepinos. Se valiente... — le animo como una madre cuando despide a su hijo. No sabía como llegar a la bodega, y posiblemente se perdiera por su falta de orientación, pero iría a verlo, aunque fuera una vez.
Dio algunos pasos para despedirse más tiempo de la mascota cuando tropezó con alguien y ese alguien dejó caer un peeriodico, que quedó abierto en una página en particular que atrajo por completo la atención de la chica — ¿¡Fantasma!? — susurro agachándose al mismo tiempo que el sujeto para ver la fotografía en el periodico — Wow — pasó su mano por la fotografía de Ashveil y luego por el monto bajo esta.
— ¿Te has enamorado? Porque si está muy guapo… — el hombre le habló con una vocecita que decía que él sí lo estaba.
— ¡¿Ah?! — parpadeo debajo de la capucha, sin entender nada. ¿Enamorada de Fantasma? No, no, no… solo estaba sorprendida de lo que veía.
— Quédatelo, sé dónde encontrar más — dijo, dándose media vuelta para perderse entre la masa.
María se levantó y con ella los pliegos de papel, fue cuando reconoció otras caras al tiempo que sonaban las campanas a bordo para que soltaran los cabos, extendieron las velas y comenzaran a navegar… se giró, y rompió la distancia que la había separado brevemente del grupo…
— Hay un problema, y es muy grave y catastrófico… — le entrego el periodico a Ashveil mientras volteaba a ver a Hyakinthos — … hay que saltar de este barco y llegar al muelle, buscar donde sea que redacten esta cosa y hacerlos entrar en razón; sí hay que usar la fuerza, la usaremos… ¡¿Cómo creen que Algodón de Azúcar, el tesoro más esponjoso y adorable de todos los mares, vale 52.200.000 Berrys?! Su precio es incalculable… ¡In-cal-cu-la-ble! — empezó a decir en voz baja la chica caminando de un lado a otro entre sus nakamas, en su corazón el hombre de cabello rosado no tenía precio, su sola existencia era un regalo para el mundo…
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Karma Fanático: Hyakinthos.
![[Imagen: mmocheja.png]](https://i.ibb.co/WNPnSwH9/mmocheja.png)
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