20-10-2025, 10:57 PM
El joven arquero siguió un rato sentado en el mascarón de proa del Royal Quiver, la fiel embarcación que les trajo hasta la isla Samba, el último puerto del mar en el que se fundó la división y en donde hicieron su primera misión Stroud y Bertram, siendo que el tercer miembro desapareció a mitad de misión, o más bien pereció al perder la concentración y caer desde varios metros de altura sin poder reaccionar, como si hubiera perdido el conocimiento. El arquero de pelo rojo se encontraba bastante cómodo con el ambiente que rodeaba el barco y la isla, una noche oscura, con las nubes cubriendo los cuerpos astrales donde si bien sus ojos no tenían una gran capacidad de visión por la poca iluminación, su origen como cazador le hacía disfrutar de ese ambiente, a pesar de todo el barullo y algarabío que se escuchaba aún en el puerto mientras poco a poco el caos se iba organizando debido al trabajo de los agentes del gobierno, algo que sinceramente hacía que el joven contramaestre se sintiera nervioso, por lo general ese tipo de cosas solía ser trabajo de la marina.
Lentamente la gente iba embarcando los barcos dispuestos para aquellos que no poseían una embarcación propia, posterior al pago del pasaje correspondiente, mientras que el arquero eléctrico esperaba que sus compañeros volvieran a aparecer en el barco. En un punto dado el joven se sentía como cuando le tocaba cacería nocturna, algo que no era del todo habitual y que eran momentos en los que se ponía a prueba no solo la capacidad como cazador y arquero de quien tenía que enfrentarla, sino también su capacidad de adaptación, preparación y supervivencia. El joven no perdió de vista el puerto, no había nada que ver en mar hasta emprender la marcha, por lo que prefiere observar los movimientos de los civiles que embarcan en el puerto, aunque no descarta que algún criminal se esconda entre todos aprovechando la multitud para pasar desapercibidos, y más si sus recompensas aún no han sido hechas públicas. En un punto Gaufrid puede ver que llevan unas cajas al puerto, un lugar que a esas alturas ya está más tranquilo y vacío con todos embarcados, tanto los que van en embarcaciones ofrecidas por una empresa como quien tiene su propia nao, cómo es el caso de la División 84.
De repente un joven parece lanzar un par de periódicos a cubierta, siendo que Kibai llega poco después y recoge ambos periódicos para marchar a la bodega antes de subir a recoger el tablón de desembarque y encender las lámparas para que tanto Stroud como el propio Bertram tengan algo más de visión, siendo que él y Moja tienen la ventaja de poder ver incluso en la poca iluminación natural de esa noche. Bertram decide bajar del mascarón tras verlo y acercarse a Rasmussen para llevarlo a la bodega, siendo que la entrada es lo bastante amplia para que pueda entrar y dejarlo en un punto donde no desestabilice la nave. Tras eso regresa a cubierta justo a tiempo para escuchar las instrucciones del navegante, siendo que se mueve velozmente sin un ápice de duda en cada movimiento, siendo que cada uno se encarga de una parte de la tarea de preparar el barco para partir tras los avisos de partida. Stroud toma su puesto tras el timón mientras que el arquero asegura las velas y amarras según le indica Stroud hasta que poco a poco, como un pequeño bebé aprendiendo a caminar, el Royal Quiver empieza su último viaje en las aguas del South Blue, rumbo a las misteriosas y peligrosas aguas del Grand Line.
El joven arquero normalmente tomaría el hueco en la cofia de vigía, pero pudo ver como Kibai se dirigía a ese lugar, por lo que él mismo se coloca en el mascarón de proa, atento a su entorno, sus ojos fijos en el enorme manto negro que son las aguas nocturnas, mientras el sonido del puerto de Samba se aleja lentamente, haciéndose cada vez más pequeño y suave hasta ser casi inaudito. Cuando Stroud menciona que la división sale en el periódico por lo que el arquero da un salto y se coloca tras él para leer y dice -Parece ser que tienen bastantes expectativas en nosotros, no podemos quedarnos atrás. Habrá que demostrar que no somos una simple división, sino que vinimos a demostrar que la justicia siempre prevalece, sir.-
Los ojos de Bertram se fijan brevemente en la gaviota que se posa en el barco, luego echa un vistazo a las banderas de la marina y de la propia división para finalmente tomar asiento en uno de los mástiles mayores desde donde observa el barco avanzar, notando el viento en su rostro sintiendo una mezcla de determinación, alegría y nerviosismo por el viaje que les espera.
Lentamente la gente iba embarcando los barcos dispuestos para aquellos que no poseían una embarcación propia, posterior al pago del pasaje correspondiente, mientras que el arquero eléctrico esperaba que sus compañeros volvieran a aparecer en el barco. En un punto dado el joven se sentía como cuando le tocaba cacería nocturna, algo que no era del todo habitual y que eran momentos en los que se ponía a prueba no solo la capacidad como cazador y arquero de quien tenía que enfrentarla, sino también su capacidad de adaptación, preparación y supervivencia. El joven no perdió de vista el puerto, no había nada que ver en mar hasta emprender la marcha, por lo que prefiere observar los movimientos de los civiles que embarcan en el puerto, aunque no descarta que algún criminal se esconda entre todos aprovechando la multitud para pasar desapercibidos, y más si sus recompensas aún no han sido hechas públicas. En un punto Gaufrid puede ver que llevan unas cajas al puerto, un lugar que a esas alturas ya está más tranquilo y vacío con todos embarcados, tanto los que van en embarcaciones ofrecidas por una empresa como quien tiene su propia nao, cómo es el caso de la División 84.
De repente un joven parece lanzar un par de periódicos a cubierta, siendo que Kibai llega poco después y recoge ambos periódicos para marchar a la bodega antes de subir a recoger el tablón de desembarque y encender las lámparas para que tanto Stroud como el propio Bertram tengan algo más de visión, siendo que él y Moja tienen la ventaja de poder ver incluso en la poca iluminación natural de esa noche. Bertram decide bajar del mascarón tras verlo y acercarse a Rasmussen para llevarlo a la bodega, siendo que la entrada es lo bastante amplia para que pueda entrar y dejarlo en un punto donde no desestabilice la nave. Tras eso regresa a cubierta justo a tiempo para escuchar las instrucciones del navegante, siendo que se mueve velozmente sin un ápice de duda en cada movimiento, siendo que cada uno se encarga de una parte de la tarea de preparar el barco para partir tras los avisos de partida. Stroud toma su puesto tras el timón mientras que el arquero asegura las velas y amarras según le indica Stroud hasta que poco a poco, como un pequeño bebé aprendiendo a caminar, el Royal Quiver empieza su último viaje en las aguas del South Blue, rumbo a las misteriosas y peligrosas aguas del Grand Line.
El joven arquero normalmente tomaría el hueco en la cofia de vigía, pero pudo ver como Kibai se dirigía a ese lugar, por lo que él mismo se coloca en el mascarón de proa, atento a su entorno, sus ojos fijos en el enorme manto negro que son las aguas nocturnas, mientras el sonido del puerto de Samba se aleja lentamente, haciéndose cada vez más pequeño y suave hasta ser casi inaudito. Cuando Stroud menciona que la división sale en el periódico por lo que el arquero da un salto y se coloca tras él para leer y dice -Parece ser que tienen bastantes expectativas en nosotros, no podemos quedarnos atrás. Habrá que demostrar que no somos una simple división, sino que vinimos a demostrar que la justicia siempre prevalece, sir.-
Los ojos de Bertram se fijan brevemente en la gaviota que se posa en el barco, luego echa un vistazo a las banderas de la marina y de la propia división para finalmente tomar asiento en uno de los mástiles mayores desde donde observa el barco avanzar, notando el viento en su rostro sintiendo una mezcla de determinación, alegría y nerviosismo por el viaje que les espera.
Resumen
