21-10-2025, 02:31 AM
(Última modificación: 21-10-2025, 02:43 AM por Ryota Miyamoto.)
![[Imagen: r9huDPT.png]](https://i.imgur.com/r9huDPT.png)
Ryota sonrió ante la nueva resolución de la hermosa joven, cuyas hebras oscuras abofetearon suavemente su rostro cuando desvió la mirada en un acto coqueto. “Runin…” Dijo con agrado, pues le agradaba que los vientos volvieran a soplar a favor de que ambos estuvieran juntos, al menos hasta que ella quisiera castrarlo de nuevo.
Ambos eran algo difíciles, complicados y muy lejos de cualquier fantasía utópica que pudieran relatar las historias de romance. Sin embargo, de algún modo, su vínculo resultaba funcional para las agitadas vidas de dos personas cuyos caminos habían sido separados por el destino: ella, anhelando regresar a un lugar apartado de todo hombre; y él, deseando recorrer el mundo sin ataduras, libre como el viento.
“Haha el atún crudo es un manjar, deberías probarlo, pero no, de hecho, fue cuando caíste, antes de ti cayo un panqueque y una tortilla a mi boca.” Río tras sus propias palabras, llevando ambas manos a la cabeza con un aire despreocupado para peinarse. “Te lo dije: soy un hombre con suerte.”
Inmediatamente después ocurrió lo inevitable: se habían quedado sin transporte. La única opción disponible apareció como caída del cielo… aunque de un cielo bastante desaliñado, con una evidente falta de higiene y modales.
En principio, una sonrisa burlona se dibujó en los labios de Ryota al ver a Runin aferrarse a él, incómoda ante la idea de viajar en la parte trasera de un carro de carga. Sinceramente, el castaño estaba disfrutando la situación, incluso con los malos modales del viejo conductor.
“Sí, sí, lo sentimos. Vamos hacia el pueblo, por el festival del sake,” expresó con su habitual cortesía, esa que había perfeccionado tras tanto tiempo viajando y engañando a más de uno. Todo parecía salir bien, el se aprovecharía de la amabilidad o gusto por el dinero de algún campesino mientras obtenía un viaje con promesas de recompensa, hasta que escucho las palabras.
“¿Es tuya?”
De inmediato la expresión de Ryota cambió.
![[Imagen: iJ3jgOX.jpeg]](https://i.imgur.com/iJ3jgOX.jpeg)
¿Acaso ese viejo había tratado a Runin como si fuera un animal de montar? En ningún momento Ryota la había considerado de ese modo, ni mucho menos como algo que le perteneciera. Su filosofía era clara: nadie pertenece a nadie; todos son libres de elegir su propio camino, siempre que no causen un daño directo e inmediato a la vida de otros. Además, como amante declarado de las mujeres, jamás se rebajaría a alabar un piropo tan mediocre y carente de sutileza. “Vea viejo tripleh...” Antes de poder continuar con lo que claramente les habría sentenciado a tener que recorrer todo el camino a pie, Runin se adelantó a sus vocablos, utilizando su encanto natural para intentar persuadir al anciano que conducía el carro.
Como era de esperarse, el asqueroso cayó rendido a los pies de la amazona, aunque Ryota no podía dejar de mirarlo con recelo por su modo de pensar. Quizás su acompañante se percató de eso ya que le pidió ayuda para subir antes de que el chico quitara la sonrisa idiota que el viejo tenía de oreja a oreja. “Si, te ayudo… maldito viejo… teton… gorodo choto…” Refunfuño el camino para ayudar a subir a la joven y luego tumbarse de espaldas sobre la paja, no le importaba que esta pinchara un poco su cuerpo y mucho menos que Runin lo usara como asiento.
De hecho, durante parte del recorrido decidió ignorar las interminables palabras del vejestorio y aprovechar para dormir un poco, al menos hasta que los senderos comenzaron a volverse más regulares gracias a la mano del hombre. Entonces, Ryota abrió ligeramente los ojos, incorporándose sobre la paja para observar cómo el paisaje costero quedo atras, dando paso al interior de la isla, donde se extendían hermosos valles de arroz que brillaban bajo el sol.
Entonces las palabras de Runin rompieron su silencio, preguntándose por qué el castaño se encontraría en un lugar tan poco llamativo, ya que una festividad no parecía ser tan importante como para un interés tan grande.
![[Imagen: LBt7Hoe.png]](https://i.imgur.com/LBt7Hoe.png)
“Lo importante nunca es el destino, sino que el viento sople con fuerza hacia donde te lleve.”
Era un proverbio heredado de su padre, quien solía referirse con él a los vientos que guiaban a los pescadores hacia cardúmenes cada vez más grandes. Sin embargo, para Ryota aquel dicho se había convertido, literalmente, en su manera de vivir la vida.
Un aire misterioso y cautivador sopló alrededor del joven de mirada color miel. Los cabellos de Runin se agitaron al compás de la brisa mientras su mente, por un instante, quizás le dio la razón. Tal vez él había percibido algo que ella no. Tal vez aquel lugar era más especial de lo que creía. Tal vez Ryota no era solo un aventurero en busca de saciar sus propios deseos.
Aunque antes de que pudiera decir algo, el anciano los interrumpió con alegría para darles la bienvenida al Festival de las Diosas del Sake y disipando por completo cualquier aura profunda que el castaño hubiera logrado proyectar.
![[Imagen: lo3Idyy.png]](https://i.imgur.com/lo3Idyy.png)
“Kekeke ya escuchaste al viejo, Runin, es algo especial kekeke, de una sola vez en la vida kekeke”
De repente, Ryota se colocó junto al anciano, riendo y haciéndole preguntas sobre el sake y sobre si las chicas del festival eran tan lindas como se decía en el puerto. Durante unos pocos minutos ambos compartieron risas y comentarios hasta que las palabras misóginas del viejo terminaron por hastiar a Ryota. Sin pensarlo demasiado, le dio un golpe certero en la nuca, dejándolo inconsciente y empujarlo a la paja que llevaba detrás para que durmiera un rato.
“Kekeke, bro, si no fueras tan idiota, quizás hasta me habría caído bien.” Continuó riendo, ajeno al aura de ira que se expandía detrás de él, donde una mano se cerraba con furia contenida. Ryota no lo sabía, pero estaba a punto de recibir el castigo por sus propias palabras… y decisiones.
