21-10-2025, 03:13 AM
Cuando los dos se juntaban es como si las cosas, en pro de sus objetivos, comenzaran a tejerse, lentas, pero con un crecimiento notable. Ante la vista de cualquiera podrían parecer personas que no tiene bloqueos al momento de realizar sus acciones, sin embargo, estas no son aisladas, responden a ellos. No atacan indiscriminadamente, sus movimientos siempre son pensados, involucrar a terceros o inocentes no está dentro de sus parámetros. Estando ya sobre el suelo Sanemi se acomodó la túnica que lleva, más que por ser enigmático es porque se sentía cómodo portando esa prenda.
En su mente retumbó lo que Dhamar, su compañero, dijo sobre el cobre y el oro, algo totalmente cierto. Mirando a lo alto pudo ver como el originario de Wano comenzaba a desplazarse por las azoteas de los edificios con suma habilidad. Sanemi emprendió carrera moviéndose por el muelle, usando las sombras como refugio y evitando la precaria luz pública. La verdad es que esa parte de la ciudad seguía siendo la misma zona descuidada desde hace muchos años, una zona poco patrullada y donde el sentido de justicia parece alterarse según el beneficio propio.
Tras unos cuantos minutos se encontraban cerca de su objetivo. El pirata de cabello blanco se paró a exactamente cien metros de su destino final. Desde donde se encontraba ver todo con claridad, la cantidad de personas y como estas transportaban cajas y costales. Marchaba todo según lo previsto. Buscó con la vista a su compañero que debería estar sobre lo alto. Hizo un gesto con su mano derecha, en forma de señal. La idea es que sea Dharma, quien por sus habilidades, sea el que rompa el hielo. Nuestro pirata estaba atento, en cuanto su compañero comience a moverse, haría lo propio.
