21-10-2025, 03:41 AM
Continuó en la misma posición por un par de minutos, escondido en las sombras de su alma. Aquella noche el clima era terrible, y pronto tendrían que empezar a navegar. Zhang era el mayor de todos y debía hacerse responsable. Por esto, y para tomar un poco de fuerza, abrazó a Silencio con firmeza, hasta que este lanzó un pequeño chillido y se zafó de sus invernales manos, seguro a hacer alguna fechoría.
Poco a poco se armó de valor y, con desgana, pero con la terquedad de un burro, avanzó directo al timón para conocer a qué se enfrentaba. Resguardó las pocas pertenencias que lo acompañaban y siguió avanzando, como siempre. El vacío en el pecho aún estaba presente, pero ahora tenía que ocupar un poco sus pensamientos para que todos salieran con vida de aquel viaje.
El barco parecía agradable, aunque su vista no le permitía entrar mucho en detalles, por lo que se limitó a observar el timón. Ya casi zarparían, y para el Mink era necesario pedir permiso a los cielos y a los mares para un buen viaje. Zhang se aferró con fuerza y conversó por unos segundos con el viento, a la espera de dar inicio a aquella travesía. Esperaba que la habilidad de navegar no se olvidara con los años.
Zhang se volvió hacia sus compañeros, y tragándose el miedo, recordó la conversación que tuvo con Kayseira en la Isla Karate. Les dedicó una pequeña sonrisa sincera. Pero aquel intento de encontrar algo de paz fue interrumpido rápidamente por la voz de Cao, quien sostenía un periódico entre sus manos y anunciaba las noticias relevantes. Las cosas en el mundo parecían estar agitadas; muertes y nombres famosos resonaron sobre los labios del monje con la fruta del barro, hasta que finalmente anunció cuatro nuevas bandas.
Tras esto, observó con su único ojo a aquellas tres personas que zarparían a su lado. —Nuestra bandera no representa destrucción, sino un voto de libertad — Hablo sin pensarlo mucho. —¡Qué clase de mentiras son las que tiene ese papel! — Se molestó un poco por las palabras tan soeces con las que los comparaban.
La noticia de que cuatro miembros de la Mano Vacía tenían precio por sus cabezas llegó como un susurro helado que sacudió el pelaje de Zhang, el burro. Al sacudirse, brotaron pequeños copos de nieve a su alrededor que desaparecían en el aire.
Para Zhang Guolao, aquella recompensa no era ningún motivo de orgullo, sino de resignación. Lo primero que sintió fue una fractura en su interior, en su tranquilidad y su armonía. Aquella recompensa iba en contra de su filosofía de vida y lo convertía en lo que más temía: el problema, el conflicto. Ahora Zhang Guolao era una amenaza para todos. —Hmmmm —Lanzó un resoplido al aire y luego golpeó la madera de la embarcación, aún sin lograr entender qué era lo que estaba sucediendo.
Zhang, hasta entonces, se reconocía como alguien bueno. Siempre ayudando o curando a su alrededor, ese era su estilo de vida. Y sin embargo, aquellas noches oscuras que tanto evitaba, le habían hecho cometer acciones injustas y reprochables. Asoció de inmediato la recompensa con su reciente visita en la Isla Karate. Sabía que, pese a haber salvado vidas, había desatado la furia que tanto temía. La isla Karate había sido testigo de una violencia que lo avergonzaba. La recompensa, pensó, era el precio de haber permitido que su bestia salvaje despertara más de una vez; ya no era un simple error, era un crimen.
La luna pasó a ser el último de sus problemas. “Quien retrocede no huye; simplemente ve el abismo desde otro ángulo”, solía repetir Zhang como un loro, todo aquello que le habían enseñado en Zou. Pero ahora, frente al wanted, Zhang debía preguntarse si su retroceso era sabiduría… o simplemente cobardía disfrazada. Su recompensa era la manifestación de una verdad amarga: el mundo ya no lo veía como un sanador, sino como un ser de caos, él era el problema.
Comprendió que aquel wanted era un recordatorio del pasado que nunca pudo enterrar. A pesar de sus años como ermitaño y sanador, las sombras de su vida anterior aún lo perseguían, la voz de su burro interior le recordaba la verdad que siempre intentaba ignorar: la furia con la que defendía a otros era también la que lo condenaba.
El precio de su cabeza era la tarifa del amor y el odio en su alma. Por naturaleza, aquel burro era alguien tranquilo, era pacífico e intentaba siempre evitar todo tipo de conflicto. Pero el mundo de los piratas no siempre entendía la paz. Y ahora con un precio sobre su cuello, colocaba en riesgo no solo a Silencio, sino a sus nuevos Nakamas.
—Hmmm… Así que este viejo burro vale tanto… —murmuró, mientras Silencio regresaba a escena y se posaba sobre el hombro frío de Zhang Guolao, chillando suavemente, como si lo entendiera.
—El precio no cambia lo que somos. Solo recuerden que, mientras el viento siga de nuestro lado… deberán correr mucho para alcanzarnos. — El mono se aferró a su cuello, y Zhang dejó que la brisa jugara con su pelaje. —El mundo puede poner precio al cuerpo, jóvenes, pero nunca al alma —susurró finalmente—. Y mientras tengamos un buen té y una historia que contar, seguimos siendo libres.—
Zhang guardó su cartel con cuidado y, sin mucho tiempo para procesar todos los pensamientos de su mente, terminaron todos los preparativos para zarpar. —Tranquilos, por algo me dicen el ermitaño del mar... Hmmm no se preocupen. Cao, Han y Kay, confío en ustedes, ya es hora de irnos... Cao, revisa las anclas, y que no falte nada, Han y Kay las velas, y Han si quieres tocar alguna canción harías mas agradable este viaje... Amarren todo lo de valor, el viaje no será agradable... ¿Kay puedes cuidar de Silencio por un rato? — pregunto a la chica.
No tenía tiempo para pensar, no tenía tiempo para sentir miedo. La vida lo había llevado a ese punto, y la vida siempre tenía una manera peculiar de hacer las cosas. Zhang observó a su alrededor y, observando con dificultad la sombra de los otros barcos, comenzó a alejarse de aquel puerto. Si tenían un precio por sus cabezas, lo mejor era pasar desapercibidos, por lo que intentaría avanzar a los demás. Zhang buscó entre sus ropas una vieja brújula e intentó seguir sus indicaciones. Poco a poco aquella embarcación comenzó a avanzar, y con el favor del viento, tomó su rumbo. Los murmullos iban cesando, y a lo lejos, la sombra de aquella embarcación pirata se mezcló con la noche y siguió su camino.
Off
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
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