[EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 1 (South Blue)
#61
Las velas y suelo de madera crujían sobre y bajo nosotros, el aire olía a sal, su característico y maravilloso olor. El ancla aún nos ataba a la dulzura del mar, o más bien a lo salado del mar, listos para zarpar y navegarlo. Me encontraba absorta admirando el paisaje que nos rodeaba mientras todos a mi alrededor se emocionaban con la idea de una boda, otros discutían por una pelea del pasado, y la Marina actuaba a su propio son. Estaba alerta pero eso no me impedía reírme bajito, pensando en la cara que puso Gwen cuando el chico la besó. Aquello sí que era valor, no enfrentarse a los mares. Aún recuerdo que cuando abandoné mi hogar, no fui capaz de enfrentarme a mi madre y ni tan siquiera decirle a la cara que la quería. Me he refugiado en la idea de que ella misma ya lo sabía, y la prueba de ello era llevar siempre conmigo su colgante. Me había quedado mirando el horizonte, absorta, jugando con mi cabello e imaginando cómo sería eso de cantar en una boda en medio del océano, cuando algo blanco rozó la cabeza de muchos de nosotros.

— ¿Eh? —murmuré, atrapando la hoja al vuelo. No era una gaviota… era papel. Mucho papel. Casi sentí que podía salir volando junto al ¿periódico? Una serie de rostros llamaron mi atención. Mas no solo fue eso: a mi alrededor, los periódicos volaban con el viento. Algunos caían sobre cubierta, otros se estrellaban contra los mástiles, y uno fue a parar justo a los pies de Varo, que ya tenía cara de haber visto un fantasma. Caminé hacia él, curiosa, esquivando pies, y asomé la cabeza entre sus pies, intentando llamar su atención.

Y entonces lo vi. Mi cara. Mi nombre. Y justo debajo, una cifra tan grande que casi me hizo doler los ojos.
— Ah… bueno —me llevé una mano a la nuca, nerviosa—. Supongo que al menos han sabido escoger mi buen lado. Aunque debo decir que tengo la nariz más grande.

La bienvenida al periódico no fue buena, y yo solo pensaba que el aire empezaba a oler distinto. A peligro. A promesas rotas antes de zarpar. Había intentado permanecer oculta entre telas y hojas, de nada había servido. No solo era mi rostro el que aparecía ahí. Mis compañeros. Varo, Mercedes y Rosse. El capitán no había querido pasar desapercibido y ¿cómo hacerlo? Si él mismo, por su propio carácter, ya llamaba la atención. Suspiré pensando un claro «se lo dije» pero ya no valía de nada: la recompensa estaba puesta— Capi, ¿estarás contento? Parece que levantas pasiones allá donde pisas —afrontar los problemas con comedia no solía ser lo más sano, lo sabía, pero no teníamos nada en nuestra mano para solucionarlo, así que me limité a quitarle hierro al asunto. Miré a nuestro alrededor y busqué miradas indiscretas que estuviesen admirando algo (o más bien a alguien) que a mí me alertase. Desde ese momento no podíamos confiar en nadie más que en nosotros mismos.

— Oye, Varo —dije, dándole un golpecito con el tobillo mientras intentaba no parecer tan asustada—. Si nos disfrazamos, ¿puedo ser la que lleva las flores en la boda? Así disimulo. Nadie sospecha de la chica con flores.

Intenté sonreír. Intenté que no se notara que el corazón me latía tan rápido que casi hacía vibrar la madera bajo mis pies. Porque los mares, a veces, no bendicen. Solo se ríen. Y nosotros acabábamos de convertirnos en su nueva broma.

En ese momento bendije mi buena idea de traer objetos curativos. Antes de llegar al puerto pensé que era bueno tener vendajes a mano; ahora, con esta nueva noticia, estaba claro que había tomado una buena decisión y que sería algo que más adelante necesitaríamos, si bien prefería no ver a mis compañeros en la tesitura de estar gravemente heridos. Sentí la necesidad de estar en alta mar, en nuestro propio barco, protegidos de todo mal, siendo nosotros nuestros propios escudos.

Me volví hacia Eros. Ya había hecho suficientes bromas, ahora tocaba estar seria. Al igual que hice con Varo, tiré de la tela de su ropa que quedase más cerca de su tobillo para llamar su atención— ¿Podré utilizar tu bolsillo como escondite fijo? Un médico tiene que ser el último en morir si queremos tener una oportunidad de sobrevivir —la experiencia me había enseñado que como médico, yo debía ser la última en caer, pues si caía la primera o poco después, no habría oportunidades para los demás de sobrevivir.

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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 1 (South Blue) - por Alana Sahiba - 21-10-2025, 12:00 PM

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