21-10-2025, 12:01 PM
La noche acompaña cosas diferentes, únicas a veces con gran diferencia a cuando la luz se esparce, la oscuridad se proyecta con mayor facilidad entre las fauces del tiempo que obligan a la existencia del mismísimo sol, sea indiferente, así formando el mundo nocturno. Dentro de este mundo hay variedad de situaciones. Las tinieblas eran su aliada en esta ocasión, sus orbes indistinguibles por los movimientos veloces que llevaba a cabo, se movían entre los edificios, hasta llegar a la zona en la cual tenían que actuar. Sanemi quizá era muy diferente al oriundo de Wano, pero de cierta forma compartían el mismo sentido de la búsqueda de la gloria y el poder, en diferentes versiones, pero al final tenían que sobrepasar a otros de forma metafórica o no.
Dharma se encontraba en posición en lo alto del almacén oculto entre la oscuridad, sus cabellos ondeaban con el viento al mismo tiempo que se preparaba para actuar, observando con detenimiento y ligeramente agachado, la oscuridad era su aliada, pero tenia que saber usarla. Sus sentidos como el oído y la vista fungían de forma mas que perfecta. Mientras tanto el poseedor de estas habilidades, podía observar con mejor detenimiento todo los movimientos de aquellos mercenarios y vendedores de mercancía "especial". Mientras tanto con su mirada "real" veía de lejos a Sanemi, el cual ya estaba listo. Confiados ambos, pero él al tanto también de cuantos enemigos tenían que sortear o quizá mas fácil, acabar con ellos. De repente el cuervo que había creado se difuminaba ante la vista de nadie.
No había pasado mas de unos 10 minutos, Sanemi parecia estar atento, Dharma ya había contabilizado 10 enemigos, incluyendo los de la pequeña embarcación que intentaba pasar desapercibida, que era de donde descendía la mercancía, eso era lo que esperaba, que nadie mas quedara dentro del barco, sino podría ocasionar problemas si huían o alertaban a otros mercaderes de su índole. | Bien creo que son todos... | Daba un salto de manera muy natural, solo un paso, desde donde estaba una caída de de no mas de cinco metros, que al impactar comenzaría a moverse entre las cajas viejas y barriles de la zona, nadie veía nada, todo ocurría con demasiada armonía y calma para esos delincuentes del bajo mundo. Pero en cuanto su compañero no le viera arriba, esa era la señal para comenzar a moverse. Al mismo tiempo que los ahí presentes comenzaban a gritar "¿¡fuego, fuego!" entre otras palabras, el área de pólvora del almacén parecía incendiarse, no de manera caótica, pero si para que unos cuantos se entretuvieran en eso. Ahora a su aliado le tocaba deshacerse de los que pudiera de ese lado, mientras el de orbes carmesí, se comenzaría a mover para ir eliminando a más estorbos.
El incendio era algo fortuito, típico de aquellos que ya están destinados al fracaso, esta pequeña banda de traficantes que habían elegido rastrear, estaba a punto de llegar a su fin.
Dharma se encontraba en posición en lo alto del almacén oculto entre la oscuridad, sus cabellos ondeaban con el viento al mismo tiempo que se preparaba para actuar, observando con detenimiento y ligeramente agachado, la oscuridad era su aliada, pero tenia que saber usarla. Sus sentidos como el oído y la vista fungían de forma mas que perfecta. Mientras tanto el poseedor de estas habilidades, podía observar con mejor detenimiento todo los movimientos de aquellos mercenarios y vendedores de mercancía "especial". Mientras tanto con su mirada "real" veía de lejos a Sanemi, el cual ya estaba listo. Confiados ambos, pero él al tanto también de cuantos enemigos tenían que sortear o quizá mas fácil, acabar con ellos. De repente el cuervo que había creado se difuminaba ante la vista de nadie.
No había pasado mas de unos 10 minutos, Sanemi parecia estar atento, Dharma ya había contabilizado 10 enemigos, incluyendo los de la pequeña embarcación que intentaba pasar desapercibida, que era de donde descendía la mercancía, eso era lo que esperaba, que nadie mas quedara dentro del barco, sino podría ocasionar problemas si huían o alertaban a otros mercaderes de su índole. | Bien creo que son todos... | Daba un salto de manera muy natural, solo un paso, desde donde estaba una caída de de no mas de cinco metros, que al impactar comenzaría a moverse entre las cajas viejas y barriles de la zona, nadie veía nada, todo ocurría con demasiada armonía y calma para esos delincuentes del bajo mundo. Pero en cuanto su compañero no le viera arriba, esa era la señal para comenzar a moverse. Al mismo tiempo que los ahí presentes comenzaban a gritar "¿¡fuego, fuego!" entre otras palabras, el área de pólvora del almacén parecía incendiarse, no de manera caótica, pero si para que unos cuantos se entretuvieran en eso. Ahora a su aliado le tocaba deshacerse de los que pudiera de ese lado, mientras el de orbes carmesí, se comenzaría a mover para ir eliminando a más estorbos.
El incendio era algo fortuito, típico de aquellos que ya están destinados al fracaso, esta pequeña banda de traficantes que habían elegido rastrear, estaba a punto de llegar a su fin.
