21-10-2025, 07:36 PM
(Última modificación: 21-10-2025, 11:31 PM por Lucarne Ashveil.)
Entre tanto caos lo único que podía calmarlo era el sonido del mar. Incluso en momentos tensos como este. Pero por alguna razón sentia que el silencio del oceano esta vez no traia sola paz, lo sentia. La anticipación flotaba en el aire, cual si el horizonte trajera una advertencia entre el cielo y la tierra misma. Ashveil se mantenía a bordo, tenía su mirada fija en la línea donde el mar comenzaba a confundirse con el cielo. En sus alrededores la tripulación se acomodaba con la típica torpeza de quienes apenas comenzaban a convivir en cubierta; algunos más interactivos como Maria, otros más analíticos, pero al fin y al cabo en esa amalgama se hacia la unión. «Todos para uno y uno para todos». ¿Habían zarpado antes de lo previsto? Se preguntó, sin encontrar respuestas. No lo cuestionó frente a los agentes del gobierno mundial, pero de igual manera era incapaz de sacudirse de la sensación de que algo en aquel embarque no encajaba.
La voz de Odeth fue lo que le despertó de su trance mental. Una voz profunda y apacible. Ella le agradeció la capa que le otorgó, y Ash apenas sonrió, sin apartar la vista. — No tienes que agradecerme — Dijo en un tono sutil y bajo, solía usarla cuando el cansancio se le notaba en la garganta. — Es el deber de un capitán proteger a quienes aprecia y ama — Le miro de reojo rápidamente, sus seis metros de completa belleza cubiertos bajo la tela. Un alma que no debería esconderse, pero que igualmente agradecía el hecho de hacerlo. — Pronto comeremos — Miro a Thyrm, esperando que el gigante terminara su labor con el equipaje. — ¿Puedes conseguir comida? Te desplazas mas rápido y necesitamos comprar algo para saciarnos — Obviamente aprovechar el crucero para ello. El boleto no era gratis. — Perdona por no haberte preguntado si tenias hambre —, susurro cuando esta hizo mención del hambre « Y espero que esta travesía nos dé algo más que alimento. »
No tuvo tiempo de decir más, una voz externa comenzó a abrirse paso entre la tripulación. María se había agachado en la cubierta, recogiendo algo del suelo; un periódico. Desde donde estaba, Ash notó su expresión cambiar. Primero la sorpresa, luego una chispa de alarma que le conocía demasiado bien. Merlot se acercó, rápido, los pliegues de papel se desordenaban por su correr. Notaba como le miraba fijamente y cuando esta simplemente se detuvo, noto en su tono de voz la indignación y la decepción.
—Hay un problema… — dijo Merlot, tendiéndole el periódico. Lo tomo sin prisa, sintió el presagió cual demonio a su lado. Sus ojos bajaron hacia las páginas y logro verlo; su propio rostro, dibujado en tinta y una cifra al pie que marcaba un número que ni siquiera necesitó leer dos veces. Vaya que la recompensa tenía una jodida elegancia cruel. Respiro hondo lentamente mientras María mascullaba algo sobre "algodón de azúcar" y la imposibilidad de que alguien pudiera ponerle precio. Solo soltó una sonrisa.
— Haha... — Una mueca leve con tintes de ternura, se perdía entre el viento. La devoción de la peli azul era reconfortante. María era todo corazón, incluso cuando el mundo le mostraba los dientes. Y luego; el olor a tabaco. Jin estaba cerca, su figura alta y tensa se alzaba con su típica mirada afilada. En dirección al mismo periódico que Ashveil sostenía. Se lo arrebato, no se movió, lo dejo hacer. El humo le regaño un poco mientras el yakuza leía, el fruncir de su ceño decía más que mil palabras. “¿En qué os metisteis para que el periódico reconozca vuestra bandera?”, preguntó Jin finalmente en un enorme reproche sin tapujos.
El capitán guardó silencio. Ciertamente cualquier respuesta quedaría como excusa. La tensión subió a la par que el Yakuza encontraba más caras conocidas en el periódico. Y más aún cuando reconoció ql suyo. Y allí, su tono cambió; la cortesía se tiñó de amenaza. Reproches, advertencias, el humo dando estocadas cual si fueran golpes. Le recordó a Maria que debía callar, algo lógico, pero no de la manera que a Ash le agradaba. Estaba usando ese filo que más de una vez solía utilizar para controlar el miedo e los demás. finalmente le miro directamente a los ojos, sin pelos en la lengua dijo;
—Basta, Jin. —
No hubo dureza en su forma de hablar, pero si la firmeza de quien no necesitaba levantar la voz para ser escuchado. No aparto la vista. — Nadie aquí busca complicaciones y menos ella. Merlot solo hizo lo que cualquier persona habría hecho al ver esto —- Señalo hacia el periódico que Jin tenía, sin apuro. — Y si alguien está aquí levantando sospechas no es quien protege, sino quien amenaza. — No le devolvió el gesto con agresividad, pero si con bastante serenidad. Una calma cansada que era tan típica en él. — Nos mantendremos discretos — E incluso ignoro las amenazas del opuesto.
—Pero no a costa del respeto, no le vuelvas a hablar así — Y no lo repitió, no necesito hacerlo. Dejo caer el tema, se asomó a la baranda y pensó en un plan para salir ilesos. O al menos ellos. — El crucero no es seguro, tendremos que usar eso — Eso a la par en que Maria hablaba de llevar pepinos a Cara Melo. Y uso su fruta, para abrir un portal a su interior, un portal para que todos entraran. — Los que tengan precio a su cabeza viajaran dentro de mí, Thyrm usare tu tamaño para esconderme en cuanto lleguemos y evitar miradas. —
—Y Hyak… tienes razón… un capitán no debe dudar jamás frente a su tripulación. — Recalco, porque él sabía que aun valía la pena navegar en nombre de la libertad.
La voz de Odeth fue lo que le despertó de su trance mental. Una voz profunda y apacible. Ella le agradeció la capa que le otorgó, y Ash apenas sonrió, sin apartar la vista. — No tienes que agradecerme — Dijo en un tono sutil y bajo, solía usarla cuando el cansancio se le notaba en la garganta. — Es el deber de un capitán proteger a quienes aprecia y ama — Le miro de reojo rápidamente, sus seis metros de completa belleza cubiertos bajo la tela. Un alma que no debería esconderse, pero que igualmente agradecía el hecho de hacerlo. — Pronto comeremos — Miro a Thyrm, esperando que el gigante terminara su labor con el equipaje. — ¿Puedes conseguir comida? Te desplazas mas rápido y necesitamos comprar algo para saciarnos — Obviamente aprovechar el crucero para ello. El boleto no era gratis. — Perdona por no haberte preguntado si tenias hambre —, susurro cuando esta hizo mención del hambre « Y espero que esta travesía nos dé algo más que alimento. »
No tuvo tiempo de decir más, una voz externa comenzó a abrirse paso entre la tripulación. María se había agachado en la cubierta, recogiendo algo del suelo; un periódico. Desde donde estaba, Ash notó su expresión cambiar. Primero la sorpresa, luego una chispa de alarma que le conocía demasiado bien. Merlot se acercó, rápido, los pliegues de papel se desordenaban por su correr. Notaba como le miraba fijamente y cuando esta simplemente se detuvo, noto en su tono de voz la indignación y la decepción.
—Hay un problema… — dijo Merlot, tendiéndole el periódico. Lo tomo sin prisa, sintió el presagió cual demonio a su lado. Sus ojos bajaron hacia las páginas y logro verlo; su propio rostro, dibujado en tinta y una cifra al pie que marcaba un número que ni siquiera necesitó leer dos veces. Vaya que la recompensa tenía una jodida elegancia cruel. Respiro hondo lentamente mientras María mascullaba algo sobre "algodón de azúcar" y la imposibilidad de que alguien pudiera ponerle precio. Solo soltó una sonrisa.
— Haha... — Una mueca leve con tintes de ternura, se perdía entre el viento. La devoción de la peli azul era reconfortante. María era todo corazón, incluso cuando el mundo le mostraba los dientes. Y luego; el olor a tabaco. Jin estaba cerca, su figura alta y tensa se alzaba con su típica mirada afilada. En dirección al mismo periódico que Ashveil sostenía. Se lo arrebato, no se movió, lo dejo hacer. El humo le regaño un poco mientras el yakuza leía, el fruncir de su ceño decía más que mil palabras. “¿En qué os metisteis para que el periódico reconozca vuestra bandera?”, preguntó Jin finalmente en un enorme reproche sin tapujos.
El capitán guardó silencio. Ciertamente cualquier respuesta quedaría como excusa. La tensión subió a la par que el Yakuza encontraba más caras conocidas en el periódico. Y más aún cuando reconoció ql suyo. Y allí, su tono cambió; la cortesía se tiñó de amenaza. Reproches, advertencias, el humo dando estocadas cual si fueran golpes. Le recordó a Maria que debía callar, algo lógico, pero no de la manera que a Ash le agradaba. Estaba usando ese filo que más de una vez solía utilizar para controlar el miedo e los demás. finalmente le miro directamente a los ojos, sin pelos en la lengua dijo;
—Basta, Jin. —
No hubo dureza en su forma de hablar, pero si la firmeza de quien no necesitaba levantar la voz para ser escuchado. No aparto la vista. — Nadie aquí busca complicaciones y menos ella. Merlot solo hizo lo que cualquier persona habría hecho al ver esto —- Señalo hacia el periódico que Jin tenía, sin apuro. — Y si alguien está aquí levantando sospechas no es quien protege, sino quien amenaza. — No le devolvió el gesto con agresividad, pero si con bastante serenidad. Una calma cansada que era tan típica en él. — Nos mantendremos discretos — E incluso ignoro las amenazas del opuesto.
—Pero no a costa del respeto, no le vuelvas a hablar así — Y no lo repitió, no necesito hacerlo. Dejo caer el tema, se asomó a la baranda y pensó en un plan para salir ilesos. O al menos ellos. — El crucero no es seguro, tendremos que usar eso — Eso a la par en que Maria hablaba de llevar pepinos a Cara Melo. Y uso su fruta, para abrir un portal a su interior, un portal para que todos entraran. — Los que tengan precio a su cabeza viajaran dentro de mí, Thyrm usare tu tamaño para esconderme en cuanto lleguemos y evitar miradas. —
—Y Hyak… tienes razón… un capitán no debe dudar jamás frente a su tripulación. — Recalco, porque él sabía que aun valía la pena navegar en nombre de la libertad.
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