21-10-2025, 10:47 PM
Las palabras que salían con fuerza de los labios de aquel chico realmente llenaban the whole atmosphere of such a beautiful feeling, honey, porque el amor, aunque muchos no lo sepan valorar, siempre termina por colarse en los corazones más rotos y hacerlos latir al mismo compás. It’s a divine chaos, darling, una danza entre el cielo y el infierno, una locura dulce que pocas veces tengo el privilegio de presenciar. No había visto en mucho tiempo a un hombre como Owen, tan decidido, tan enamorado, tan dispuesto a arder por la mujer que ama. Y claro, Gwendolyn tiene lo suyo, devota, apasionada, pura, juntos son como un vals entre la calma y la tempestad. Pero, oh honey, el amor también tiene su castigo, y lamentablemente hoy deben separarse sin saber cuándo volverán a encontrarse, ni si el destino los volverá a unir bajo el mismo cielo.
—It’s a spectacle, the greatest spectacle the world can give us. A love, a separation, a mystery, darling— exclamé, dejando que mi voz se mezclara con la brisa marina mientras observaba a Owen descender del barco junto a su apuesto compañero. Mis ojos recorrieron al resto de mi tripulación, cada uno de ellos brillaba bajo la luz tenue del puerto, como estrellas listas para surcar el firmamento.
Caminé hacia Gwen con mi habitual elegancia, los tacones resonando con fuerza sobre la madera del barco, marcando mi presencia como una melodía. —Así que me lo tenías bien guardadito, ¿eh? ¿Comprometida con un hombre guapo y ni una palabra, darling?— dije con una sonrisa traviesa, sabiendo que mi comentario provocaría en ella esa dulce mezcla de sorpresa e inocencia que tanto adoro.
No pasó demasiado tiempo antes de que otro rostro apareciera en escena. Un hombre se acercó al muelle, dejando caer un periódico enrollado que rodó hasta los pies de Varo. Normalmente, honey, no me interesan esas cosas, a menos que hablen de mí, por supuesto, pero la reacción de mi querido vicecapitán captó mi atención. Su rostro pálido, su voz temblorosa, y ese “tenemos un problema” fueron suficientes para encender mi curiosidad.
Me incliné, vi el papel desplegado con la gracia de quien abre un regalo prohibido. Y ahí estaba, mi hermoso rostro en un cartel de recompensa, mi nombre gritando desde los titulares como si el mismísimo mundo se rindiera a mis pies. Una carcajada escapó de mis labios, sonora, descarada, deliciosa. —¿Un problema? No, no, no, honey, esto es un espectáculo.— Sentí cómo una corriente eléctrica de euforia me recorría el cuerpo, mi sonrisa se torció en algo entre orgullo y locura.
—¿Escondernos? ¿Viajar otro día?— murmuré, arrebatándole el periódico a Varo y alzándolo como si fuera una bandera.—No, mis amores. ¡Este es el momento!—
Me giré hacia mi familia, mis estrellas, mi tripulación. —¡Alana, a mi hombro derecho, darling, quiero verte brillar! ¡Mercedes, prepara algo hermoso y rico, que esta noche merece un banquete! ¡Varo, revisa los cañones, que quizás el mundo quiera saludarnos con fuego! ¡Giyuu, Eros, izad las velas, honey, que el Crimson Stage no espera a nadie!—
Entonces mi mirada se posó en nuestra dulce estrella de la paz. —Y tú, Gwendolyn, canta. Canta como nunca lo habías hecho, deja que el mundo escuche tu voz y sepa que los Piratas Cabaret han vuelto al escenario.— Levanté una mano al cielo, el viento ondeó mi abrigo carmesí y una sonrisa traviesa curvó mis labios. —¡ICEN LAS VELAS, HONEYS! ¡QUE EL MUNDO ES NUESTRO! JUSUSUSUSU!—
—It’s a spectacle, the greatest spectacle the world can give us. A love, a separation, a mystery, darling— exclamé, dejando que mi voz se mezclara con la brisa marina mientras observaba a Owen descender del barco junto a su apuesto compañero. Mis ojos recorrieron al resto de mi tripulación, cada uno de ellos brillaba bajo la luz tenue del puerto, como estrellas listas para surcar el firmamento.
Caminé hacia Gwen con mi habitual elegancia, los tacones resonando con fuerza sobre la madera del barco, marcando mi presencia como una melodía. —Así que me lo tenías bien guardadito, ¿eh? ¿Comprometida con un hombre guapo y ni una palabra, darling?— dije con una sonrisa traviesa, sabiendo que mi comentario provocaría en ella esa dulce mezcla de sorpresa e inocencia que tanto adoro.
No pasó demasiado tiempo antes de que otro rostro apareciera en escena. Un hombre se acercó al muelle, dejando caer un periódico enrollado que rodó hasta los pies de Varo. Normalmente, honey, no me interesan esas cosas, a menos que hablen de mí, por supuesto, pero la reacción de mi querido vicecapitán captó mi atención. Su rostro pálido, su voz temblorosa, y ese “tenemos un problema” fueron suficientes para encender mi curiosidad.
Me incliné, vi el papel desplegado con la gracia de quien abre un regalo prohibido. Y ahí estaba, mi hermoso rostro en un cartel de recompensa, mi nombre gritando desde los titulares como si el mismísimo mundo se rindiera a mis pies. Una carcajada escapó de mis labios, sonora, descarada, deliciosa. —¿Un problema? No, no, no, honey, esto es un espectáculo.— Sentí cómo una corriente eléctrica de euforia me recorría el cuerpo, mi sonrisa se torció en algo entre orgullo y locura.
—¿Escondernos? ¿Viajar otro día?— murmuré, arrebatándole el periódico a Varo y alzándolo como si fuera una bandera.—No, mis amores. ¡Este es el momento!—
Me giré hacia mi familia, mis estrellas, mi tripulación. —¡Alana, a mi hombro derecho, darling, quiero verte brillar! ¡Mercedes, prepara algo hermoso y rico, que esta noche merece un banquete! ¡Varo, revisa los cañones, que quizás el mundo quiera saludarnos con fuego! ¡Giyuu, Eros, izad las velas, honey, que el Crimson Stage no espera a nadie!—
Entonces mi mirada se posó en nuestra dulce estrella de la paz. —Y tú, Gwendolyn, canta. Canta como nunca lo habías hecho, deja que el mundo escuche tu voz y sepa que los Piratas Cabaret han vuelto al escenario.— Levanté una mano al cielo, el viento ondeó mi abrigo carmesí y una sonrisa traviesa curvó mis labios. —¡ICEN LAS VELAS, HONEYS! ¡QUE EL MUNDO ES NUESTRO! JUSUSUSUSU!—
Off
