[EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 1 (South Blue)
#69
Cualquier intento de mirar al cielo para contemplar las nubes fue impedido por la visión del colosal pelirrojo que entró al barco junto con el resto de sus compañeros ¿Cuál era su nombre? Después lo descubriría, por ahora le bastaba saber que, gracias a la familiaridad con la que trataba a María Merlot, seguro era ese miembro del grupo al que no lograba aún ponerle nombre ni rostro.
 
—Es curioso que haya dos gigantes en estos mismos mares —. Antes vio a uno en la fila y ahora a su compañero pelirrojo. —Debe ser complicado…todo lo que usamos nosotros deben ser como juguetes para ustedes —. No sabía si podía escucharlo hasta allá arriba, pero de todos modos intentó hablarle. —Yo también estaría triste si tuviera que dormir en la cubierta…pero…Merlot tiene razón, este no es el tipo de barco en el que precisemos camarotes —. Habría intentado darle una palmada en el hombro, pero no hace falta decir que aquello sería imposible, así que terminó el mismo encogiéndose de hombros mientras que ahora su poca atención se desviaba hacia una criatura del porte de un caballo, para ellos, pero que al lado del gigante se veía como si fuera uno de esos pequeños perros de orejas grandes y ojos saltones, aunque no fue eso lo que llamó la atención del médico, si no… ¿De dónde se supone que había salido esa cosa?
 
—¿Venderlo? —Miró al animal, examinándolo, se veía exótico y bien cuidado. —Si van a venderlo no deberían ponerle nombre, aunque me gusta…Cara Melo le queda bien —. Miró hacia arriba y, de nuevo, no vio nubes, solo una barba y cabellera pelirroja. —Si necesitas encontrar compradores, te acompañaré, aunque creo que a nuestra sirena no le hará gracia.
 
Observaba desde su sitio como la semi sirena jugaba con el animal, para luego reclamarle a ¿Thrym? Bueno, así lo llamó, sobre la propuesta. —Jmmm…piénsalo un poco, Merlot linda, seguro pagan bien por él, necesitaremos un barco y seguro querrás que tu camarote o celda, como prefieras, tenga cosas bonitas, además… ¿No te parece triste que Cara Melo quede aprisionado en un barco con nosotros? Pasaremos mucho tiempo en alta mar y él se ve como una criatura más terrestre…no podría correr con libertad ni conseguir interactuar con otros de su especie…una tragedia —. Por supuesto que sus palabras, aunque suaves y de tono casi melancólico, no tenían tristeza real, solo estaban ahí para quitarle a la peliceleste el peso de la posible venta de Cara Melo.
 
Alguien llegó para llevarse a la Montura y nadie más que María dijo algo. El médico, en cambio, se recostó de la borda, ensimismado e ignorando cualquier cosa momentánea que hicieran sus compañeros, incluido su capitán, en cambio, sus ojos fueron a parar de nuevo al puerto, para observar el movimiento apresurado, el cómo poco a poco la masa de gente parecía disminuir, bien…eso indicaba que muchos estaban en sus barcos, tal vez pronto zarparían…tal vez…Mordió el interior de su boca y alzó su cabeza para poder mirar al cielo encapotado. No parece un buen momento para navegar.
 
El viento sopló, agitó sus cabellos y tuvo que arreglarse unos cuantos mechones rosas detrás de su oreja antes de que la voz de María lo sacara de ese trance autoimpuesto.
 
Problemas.
 
Esa palabra retumbó en su cabeza, haciendo que su corazón se acelerara y le dedicara a la chica una mirada de preocupación, aunque no se atrevió a preguntar nada de inmediato, más que nada porque con la mención de “grave y catastrófico” su garganta se resecó… ¿Qué cosa tan mala podía haber ocurrido?
 
Y entonces, la noticia le cayó como balde de agua fría.
 
—¿Vale…52.200.000 berries…? —Sonrió, nervioso, seguro había escuchado mal. Podía ver el periódico en las manos de Ashveil y algunos carteles de recompensa, pero…ese tal “Algodón de Azucar” al que se refería su compañera no podía ser él, debía ser algún criminal desdichado con un apodo que coincide con el que Merlot lo llama a él…sí, debía ser eso…—Je…debes…debes referirte a…a…es que…el valor…eso…—Se estaba haciendo un lío, no podía articular nada decente. Tomó aire, cerró los ojos y volvió a inhalar el aroma a menta en su muñeca, con eso, algo pudo tranquilizarse —No sé de que hables Merlot, pero el valor de alguien depende de que parte de ese alguien estes vendiendo…y de lo que el comprador este dispuesto a dar, pero…
 
Si su olfato hubiera sido mejor, habría percibido el aroma a nicotina, pero, en ese instante, lo único que escuchó fue el sonido de su den den mushi y luego unos pasos cercanos para que frente al pequeño grupo apareciera un hombre de cabellos negros que, francamente, sentía que conocía, pero no podía deducir de dónde…de todos modos, lo conociera o no, su actitud le hizo fruncir el ceño, cruzarse de brazos y morderse los labios para no decir nada de momento. ¿Quién se creía para hablarle así a Ashveil?
 
No.
 
No duró mucho su contención.
 
—Ella no te lo trajo a ti, se lo trajo a Ashveil ¿Quién te crees para llegar ante nosotros con esa actitud de mierda? —Soltó mientras lo miraba desde arriba, con un brillo en sus irises más altanero de lo que pretendía, aunque en parte eso era cubierto por sus gafas transparentes. —¿Y de qué hablas? ¿Qué bandera está en el periódico? —Acercó su cabeza para ver lo que el pelinegro leía y la preocupación que se borró por un momento con la presencia del mafioso regresó de golpe, haciendo que el médico palideciera y sintiera sus piernas débiles, de hecho, tuvo que apoyarse en Ashveil para no terminar de rodillas en el suelo.
 
—Debe…debe ser una broma…creí que…habíamos pasado desapercibidos…no…no…entonces…los 52 millones son reales —. Ojeó las páginas que el otro hombre miraba y, entre ellas, alcanzó a ver una con la cara del sujeto frente a él. No supo porque, pero es lo hizo sonreír de manera burlesca.
 
—¿Qué hiciste tu para que te reconocieran con…tan pocos millones? ¡Ah! De seguro ha de ser por esos pulmones dañados, nadie pagaría tan bien por alguien a quien puede darle cáncer en cualquier momento —. Soltó con un tono más entretenido de lo normal, como si buscara provocar al sujeto de alguna manera o, tal vez era su modo de hacerle entender que su actitud inicial le había caído como patada de mula. —Tampoco es que pueda reírme demasiado…tsk…—Volvió a su habitual seriedad, incluso tragó saliva antes de sentarse en el suelo, aunque no sin antes haber tomado un par de carteles, el suyo entre ellos y otro de un hombre pelinegro de cabello largo y bandana roja (Jensen Valentine). Entrecerró sus ojos por un momento...lo reconocía.

—¿Rojo? ¡Merlot! ¿Este no es tu hermano jurado? 57 millones...—. Sorprendido, abrió sus ojos de par en par al caer en cuenta de la cifra...aunque, ni siquiera sabía porque le sorprendía...con la cantidad de crímenes que recordaba haberlo visto cometer, no debía ser algo loco que tuviera un cartel de "se busca"...¿La habrá tenido desde antes o después que se conocieran? Solo podía saberlo si se encontraban de nuevo. —Eso es...tsk...él debería cuidarse ahora tanto como nosotros...aunque estoy más que seguro que puede hacerlo —. De repente no le hizo gracia que gente a la que podía recordar fueran criminales...El pánico volvió.

Su corazón se aceleró y de repente sintió muchas ganas de gritar… ¿Cómo le había pasado esto? Hace años hacía el trabajo, siempre fue discreto, ¿cómo es que ahora estaba en el mapa? Respiró, contó hasta diez, cerró los ojos…no debía alterarse, no ahora, por más que le temblaran las manos, debía encontrar un modo de pasar desapercibido…tal vez Ashveil tendría más capuchas o tal vez la mujer grande (Odeth) podía guardarlo bajo la de ella, sí…el cabía, a fin de cuentas, con su tamaño, él no era más que un niño ante sus ojos.

—Hey...chica…—Llamó la atención de Odeth y, aunque su intención era hablar con ella para llegar a un acuerdo para que nadie notara su presencia, la voz de Jin nuevamente lo interrumpió. ¿No había dicho antes que era de su trabajo? ¡Claro! Onizuka Jin, tal como decía el cartel…si…podía recordar ahora al tipo, pero…su actitud, por más que estuvieran trabajando juntos, no podía tolerarla.
 
—Tienes suerte de que Ashveil sea tan pacífico —. El médico se levantó y se acercó el pelinegro, para poder hablarle de modo que solo él pudiera oírlo. —No me gusta que le hables así a Ashveil, te lo dije antes… ¿Quién te has creído? Que trabajes conmigo no significa que puedas tratar como tus empleados a las personas con quienes viajo —No lo dice por estima, si no porque sin un grupo que lo ha aceptado y que pueden protegerlo, así los ve. —Ash tiene razón, no le vuelvas a hablar así a Merlot y tampoco a él…¿Sabes? Conozco bien el cuerpo humano y también sé como castigarlo, no es algo que le agradaría —. Se alejó unos cuantos pasos y sonrió como si nada hubiera pasado, cambiando de tema rápidamente,
 
—Ashveil… ¿No tendrás otra capa? O…—Volvió su vista hacia Odeth. —¿No puedes llevarme bajo la tuya, chica? —Habría esperado que la muchacha le respondiera, pero su capitán mencionó que debían usar “eso” y, francamente, no tenía idea de que es lo que hablaba.
 
—Sé que debemos ser discretos…pero… ¿Puede ser más claro? ¿Cómo se supone que entremos? —El barco empezó a moverse apenas dijo esas palabras, ni siquiera le dio tiempo de pensar en algo más, de preguntar más o de decir alguna estrategia…Suspiró y se acercó a Ashveil, contemplando el “portal” creado para que pudieran entrar. —Merlot, ven conmigo, tu también chica grande —. Tomó solo la mano de la peliceleste y, dudoso, decidió entrar al espacio que ofrecía su capitán, aunque no sin antes mirar al hombre a los ojos…¿De verdad funcionaría el plan? Suspiró y se dejó arrastrar por el portal, entrando en él en cuestión de segundos.
Estar en la fortaleza, algo que no recordaba haber hecho antes, era como estar en otro mundo. No tenía más palabras para describirlo.

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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 1 (South Blue) - por Hyákinthos - 21-10-2025, 11:12 PM

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